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Pobreza en América Latina

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4) Organizaciones para el bienestar público, en las que el beneficiario principal

4.4. Género y desigualdad social

4.6.3. Pobreza en América Latina

La pobreza es un problema secular en América Latina. Está ligada a los patrones de desigual distribución de los recursos y de las oportunidades instaurados desde la conquista y la colonización española a inicios del siglo XVI. Desde inicios de la década del 80 del siglo XX, los vaivenes que han experimentado los seculares patrones de pobreza imperantes en el subcontinente, se encuentran estrechamente relacionados con las políticas neoliberales que se han venido aplicando en la región, las fluctuaciones del modelo de crecimiento económico y la focalización distributiva de la política social.

Para 1980, el 40.5% de los latinoamericanos vivían en situación de pobreza. Estamos hablando de 136 millones de personas. De ellos, el 18.6% (62 millones de personas) vivían en condición de extrema pobreza. Entre 1980 y 1990, debido al severo impacto empobrecedor de los programas de ajuste estructural, la pobreza se incrementó en 7.9 puntos porcentuales alcanzado al 48.4% de la población (204 millones de personas). De estos, el 22.6% (95 millones de personas) vivían en extrema pobreza.

Entre 1990 y 1999, la pobreza se redujo en 4.7 puntos porcentuales. Sin embargo, se incrementó en términos absolutos. Para el año de 1999, el 43.8% de los latinoamericanos eran pobres (215 millones de personas, esto es, 11 millones de personas más que en 1990). De estos, el 18.6% (91 millones de personas) vivían en extrema pobreza. Entre 1999 y 2002, la pobreza se incrementó en 0.1 puntos porcentuales. Para 2002, la pobreza afectaba a 225 millones de personas, 10 millones más que en 1999. De estos, el 19.3% (99 millones de personas) vivían

en extrema pobreza. Entre 2002 y 2010, la pobreza se redujo en 12.5 puntos porcentuales. Para el año 2010, el 31.4% de los latinoamericanos, esto es, 177 millones de personas, eran pobres. El 12.3% de ellos (70 millones de personas), vivían en extrema pobreza (CEPAL, 2011, p. 45). Hoy como ayer, en la mayoría de los países latinoamericanos, la pobreza y la extrema pobreza continúa afectando mayoritariamente a la población rural (Cf. CEPAL, 2007).

Veamos ahora cuales han sido los patrones de la pobreza y la extrema pobreza en la región centroamericana durante las últimas décadas.

Mario Posas / Julio Cesar Navarro

Centroamérica: Indicadores de pobreza e indigencia 1990-2010

País Año

Población bajo la

País Año

Linea de pobreza Linea de indigencia

País Año Hogares Población Hogares Población

Costa Rica 1990 23.6 26.3 10.0 9.9 1999 18.2 20.3 7.5 7.8 2002 18.6 20.3 7.7 7.8 2008 14.8 16.4 5.2 8.2 2009 16.8 18.9 6.4 7.0 El Salvador 1995 47.6 54.2 18.2 21.7 1999 43.5 49.8 18.3 21.9 2001 42.9 48.9 18.3 22.1 2009 41,8 47.9 14.1 17.3 2010 40.2 47.5 13.3 16.7 Guatemala 1989 63.0 69.4 26.1 41.8 1998 53.5 61.1 26.9 31.6 2002 52.8 60.2 53.9 30.9 2006 46.7 54.8 48.3 60.9 Honduras 1990 75.2 80.8 53.9 60.9 1999 74.3 79.7 50.6 56.8 2002 70.9 77.3 47.1 54.4 2009 60.0 65.7 36.2 41.8 2010 61.2 67.4 37.0 42.8 Nicaragua 1993 68.1 69.9 36.3 48.4 1998 65.1 69.4 13.9 44.6 2001 63.0 39.9 8.6 42.5 2005 54.4 61.9 26.8 31.9 Panamá 1991 26.0 31.0 9.5 10.8 1999 15.8 19.5 4.6 5.5 2002 30.0 36.9 14.4 13.6 2009 20.6 26.4 8.2 11.1 2010 19.4 25.8 8.9 12.6

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones de las encuestas de hogares de los respectivos países (Tomado de CEPAL, Panorama social de América Latina 2011, Santiago de Chile, 2012, p. 74)

¿Qué conclusiones podemos extraer del cuadro anterior?: 1) Que Costa Ric; y Panamá son los países que tienen menos pobres e indigentes en él istmc centroamericano; 2) que Honduras, Nicaragua y Guatemala, son los países qui tienen más pobres e indigentes en el istmo centroamericano 3) que Hondura, es el país que tiene más pobres e indigentes del istmo centroamericano, y, 4) que en términos generales, la pobreza y la indigencia se ha venido reduciendo en lo: últimos años.

4.6.3.1. Estructura y dinámica de la pobreza rural

La principal causa de la pobreza rural es, sin lugar a dudas, la falta de acceso Í suficientes tierras para la mayor parte de la población rural y la baja productividac en el uso de las mismas.

Esta baja productividad se explica, en el caso de la economía campesina, por e escaso potencial productivo de las tierras que ocupan los productores, las que se caracterizan por estar ubicadas en zonas áridas, con fuertes pendientes, mala< condiciones de drenaje e irregular pluviometría. La fuerte presión demográfici sobre estos frágiles ecosistemas, ha llevado a un progresivo deterioro de los recurso-con pérdida de fertilidad, desertificación, deforestación y erosión física.

Una característica común de los hogares pobres en el mundo rural latinoamericanc es la presencia de una familia numerosa. El análisis de la estructura por edades de las familias rurales pobres muestran una concentración de hijos entre cero y cuatre años, situación que conduce a altos índices de dependencia, muy superiores a lo: ostentados por las familias no pobres.

Los pobres del campo se ven enfrentados por regla general a severas condicione: de desnutrición. Muchas pueden ser las causas de la desnutrición que afecta a lo; campesinos. Entre ellas se pueden mencionar el déficit de producción interne de alimentos, malos hábitos alimenticios, desigual distribución de los ai interior de la familia y la incapacidad de la familia para adquirir los alimento-necesarios para su desarrollo normal. Ha sido presentada también como una de las causas de desnutrición en la familia campesina el bajo nivel de instrucción de sus miembros. La población más afectada por los problemas nutricionales en laí zonas rurales son los niños y las mujeres.

Los pobres rurales también se ven afectados por pésimas condiciones de salud, le que reduce sus capacidades productivas afectando sus oportunidades de genera

Mario Posas / Julio Cesar Navarro

ingresos. Entre los principales factores que inciden en este fenómeno son los siguientes: la gran dispersión de la población, que hace difícil su acceso a servicios de salud; las adversas condiciones ambientales, la falta de servicios de agua potable y de eliminación de excretas y, por supuesto, la mala alimentación que hace que el organismo tenga poca defensa contra las enfermedades.

El analfabetismo y los niveles de pobreza rural guardan una estrecha relación con la pobreza. La baja escolaridad de las zonas rurales tiene dos componentes. Por un lado, existe una baja cobertura de los servicios educacionales y, por otra, la demanda de estos servicios no es tan dinámica como en los sectores urbanos. La débil cobertura de los servicios educacionales se explica por la fuerte dispersión de la población rural y las deficientes vías de acceso. La menor demanda por educación se explica por la condición de miseria de las familias, lo cual obliga a generar ingresos a sus integrantes desde temprana edad. Esto último es reforzado por los inadecuados programas educativos que se contraponen tanto en la forma como el contenido a la cultura del campesinado. El campesinado latinoamericano enfrenta también serios problemas de vivienda. La vivienda campesina es construida, por regla general, de materiales rústicos que el campesino obtiene de la naturaleza. Estas viviendas son generalmente de reducido tamaño y enfrentan a la familia campesina a serios problemas de hacinamiento.

Los problemas derivados de la incapacidad de las pequeñas explotaciones campesinas de seguir absorbiendo en forma creciente mano de obra familiar; la disminución de la demanda de trabajo de las explotaciones agrícolas empresariales, la saturación de los mercados laborales de las zonas urbanas, induce a los campesinos a buscar fuentes de ingresos en ocupaciones no agrícolas tales como comercio, servicios, obras públicas, artesanías, etc. (IICA, 1990).

Los principales grupos afectados por la pobreza rural son los pequeños agricultores que se dedican a la producción de subsistencia, los habitantes sin tierra y los grupos indígenas. Dentro de estos, las mujeres, los niños, los adultos mayores, los trabajadores no remunerados y los discapacitados, sueles ser los grupos poblacionales más vulnerables ante el fenómeno de la pobreza (CEPAL, 2001, p. 24).

Según un estudio reciente, una familia campesina tiene más posibilidades- de ser pobre cuando: 1) sus activos territoriales (tierra y agua) son pocos y sus ingresos dependen solo de la agricultura; 2) cuando el tamaño de la familia es grande y

el índice de dependencia económica es alto; 3) tienen pocos adultos o ninguno trabajando en mercados laborales o actividades extraagrícolas; 4) carecen de capital de migración y no participan en flujos migratorios; 5) tienen bajo nivel de escolaridad; 6) no pertenecen a organizaciones campesinas o redes locales de solidaridad, y, 7) pertenecen a un grupo étnico (CEPAL, 1999).

4.6.3.2. Pobreza urbana, empleo, género y educación

La pobreza urbana se encuentra estrechamente relacionada con la calidad del empleo. En América Latina, el sector informal de la economía genera la gran mayoría del empleo urbano. Los trabajadores que se emplean en el sector informal de la economía, obtienen bajos salarios y carecen de todo tipo de prestaciones sociales.

A fines de la década del 90, 48 de cada 100 trabajadores urbanos de la región se desempeñan en el sector informal. De estos, 32 corresponden al sector informal de sobrevivencia (trabajadores por cuenta propia de baja calificación y al empleo doméstico), mientras que solamente 16 corresponden a microempresas (subsegmento de mejor productividad). Entre 1990 y 1998, el sector informal generó 6 de cada 10 puestos de trabajo. La categoría ocupacional, en combinación con el bajo capital educativo, son factores claves para comprender los niveles de

pobreza urbana. I Aunque la pobreza urbana tiene hoy un componente mayor de subempleo, la

desocupación afecta todavía intensamente a Ios-pobres de las zonas urbanas: seis de cada diez personas desocupados, son miembros de hogares pobres. Los sectores más afectados son las mujeres y los jóvenes. Este patrón no excluye que exista una proporción relevante de trabajadores pobres en el sector asalariado. Según datos de CEPAL, en Honduras y Nicaragua, la mayoría de los asalariados y empleados públicos clasifican bajo la línea de pobreza.

La pobreza afecta más intensamente a hogares extensos y compuestos (esto es, hogares que incluyen miembros distintos al jefe del hogar, su cónyuge e hijos, ya sean parientes o no parientes), y luego a los hogares de tipo nuclear (pareja o uno de sus miembros más sus descendientes directos). Los hogares unipersonales reportan la menor probabilidad de pobreza urbana. Si bien la fecundidad ha disminuido de modo generalizado en América Latina, aún entre los pobres, los hogares indigentes siguen constituyendo un segmento de población con mayor número de cargas infantiles por hogar e índices de dependencia demográfica

Aun cuando varios estudios han postulado el incremento de los hogares de jefatura femenina como señal de un proceso de "feminización de la pobreza", las evidencias exigen realizar algunas especificaciones. Por un lado, los hogares de jefatura femenina incluyen desde casos extremadamente pobres, hasta otros acomodados, y por otro, la relación de género con pobreza no es privativa de la figura de las jefas de hogar, sino que deben incorporar su desventaja frente a las inequidades del mercado laboral. Las mujeres se enfrentan a condiciones más desfavorables que los hombres para su desempeño productivo y para la obtención de buenos ingresos. En todos los países de la región, independientemente de su grado de desarrollo relativo, las mujeres se han sumado fundamentalmente al empleo a través del sector servicios, especialmente en el sector informal, generándose un proceso efectivo de "feminización del sector informal" En 1998, la tasa de informalidad del empleo de la mujer llegó al 52% (siete puntos más alto que la masculina). Para concluir este aparte hay que indicar que las mujeres que asumen la maternidad tempranamente tienen más probabilidades de conformar hogares que reproduzcan generacionalmente la pobreza.

Las relaciones de la pobreza con las desventajas educacionales operan en ambos sentidos. Por un lado, la falta de educación genera pobreza, y, por otro, la pobreza limita las condiciones de adquisición de capital educativo y con ello se reproduce o transmite de una generación a otra. El bajo nivel de instrucción educativa de los pobres urbanos tiene repercusiones adicionales sobre la vida de los mismos. En el caso de los jefes de hogar, el menor nivel de instrucción que caracteriza a los sostenedores principales de los hogares pobres, no solo explica la insuficiencia de ingresos del hogar, sino que también va aparejado de índices de descendencia demográficos superiores a los hogares no-pobres. Al igual que los pobres del campo, los pobres de la ciudad tienen, por regla general, familias muy numerosas. En el caso de los niños y los adolescentes de hogares pobres, estos se ven afectados más intensamente por problemas asociados a la repitencia y la deserción escolar, situaciones que van asociadas a la mayor frecuencia de jefes de hogar con desventajas educacionales. Las carencias materiales de vida que acompañan la pobreza urbana, entre estas, el hacinamiento, el clima educacional del hogar, esto es, los años de estudio de los adultos, los ingresos del hogar, las condiciones de vivienda y la estructura o conformación del hogar, son factores que tienen una importancia determinante en la repetición y el abandono escolar. Estos últimos, como es obvio, actúan como limitantes estructurales para la posterior inserción productiva y social de los niños y adolescentes de los hogares pobres. Estudios

recientes han mostrado que el nivel social del vecindario o barrio en que viven los niños y adolescentes tienen efectos sobre el rezago escolar y la inactividad juvenil. En el caso de los jóvenes pobres, aun cuando sus niveles educacionales son superiores a los de sus padres, las mejorías se ven neutralizadas por cambios generales en la sociedad que han aumentado las exigencias de calificación necesarias para generar opciones de inserción productiva e ingresos aceptables respecto a años anteriores. Virtualmente, las brechas de calidad de la educación, según grupos socioeconómicos, es un factor que debe ser tomado también en cuenta. A esto hay que agregar el hecho que con mayor frecuencia los adolescentes pobres no

completan los niveles mínimos de educación requeridos para evitar los riesgos de la pobreza y abandonan prematuramente sus estudios, ya sea para trabajar o para quedar inactivos (Arriagada, 2000).

4.6.3.3. Pobreza y desigualdad

América Latina es la región del mundo que presenta el mayor nivel de desigualdad social. Es la región en que el 5% más rico recibe el 25% del ingreso nacional y el 30% más pobre recibe el 7.5%. El 10% más rico de la población tiene un ingreso que es de 84% veces más que el del 10% más pobre. La desigualdad social no solo se presente en el plano de la distribución de los ingresos. Afecta otras áreas claves de la vida como el acceso a activos productivos, el acceso a crédito, las posibilidades de educación, la salud y actualmente la integración al mundo de la informática. Esta enorme desigualdad social impide que un continente con recursos naturales de excepcional riqueza, materias primas estratégicas, fuentes de energía baratas, tierras feraces y una buena ubicación geográfica no hayan sido aprovechados para el desarrollo y el bienestar de los que habitan en el mismo (Kliksberg, s.f.).