• No se han encontrado resultados

Poder y democracia en América Latina

5, Poder, Estado y democracia

1. La democracia directa o participativa. Se trata de un sistema de gobierno en el cual los ciudadanos participan directamente en la toma de decisiones

5.4. Poder y democracia en América Latina

La democracia data en América Latina desde la segunda mitad del siglo XIX. Las naciones que se independizaron de España en la primera mitad de ese siglo, adoptaron como forma de gobierno la democracia liberal y representativa. Sin embargo, los países latinoamericanos han tenido dificultades para desarrollar sus democracias que se han visto oscurecidas por el arraigo del poder autoritario y de élites tradicionales acostumbradas al disfruto privado de bienes públicos.

Dos deficiencias notorias han advertido los estudiosos en las democracias latino-americanas: 1) el clientelismo, y, 2) el particularismo.

Veamos qué se entiende por cada uno de estos conceptos.

El clientelismo es "un conjunto de reglas y prácticas para la organización política, i a representación y el control de los intereses y demandas sociales, basado en la subordinación política de los ciudadanos a cambio de la provisión discrecional de recursos y servicios públicos a los que, en principio y según la ley, todos tienen acceso directo". En un régimen clientelista, el político se apropia de los recursos públicos para obtener subordinación política, pero quienes se le subordinan obtienen a cambio y discrecionalmente lo que deberían ser bienes de público acceso. El clientelismo, es por tanto, una forma de intercambio. El particularismo da cuenta de la posposición del bien público a los intereses particulares y de la

patrimonialización de los bienes públicos como objetos privados. La apropiación privada de los recursos públicos que maneja el Estado se vuelve el objetivo supremo de la política y de las prácticas democráticas (Paramio, 2002, p. 6).

Por estas y otras razones, la democracia ha tenido dificultades para consolidarse como régimen político en América Latina. Las siguientes; observaciones del politólogo Alain Rouquieu resumen bien estas dificultades:

"Generalmente se considera que las dificultades de adaptación de la democracia en los países de América Latina provienen de la no correspondencia entre la ideología y las estructuras sociales. El funcionamiento estable del sistema político competitivo no sería posible dado que requiere de actitudes y valores que se hallan en contradicción con la distribución del poder social. Dicho de otra manera, habría divorcio flagrante entre la ideología, las presuposiciones democráticas (igualdad jurídica de los ciudadanos) y la realidad social caracterizada por rígidas relaciones

de dominación, una asimetría social intangible y desigualdades acumulativas Así, las normas que deberían servir de base a prácticas ajustadas a las instituciones ajustadas a las instituciones adoptadas cumplen una función de utopía inaccesible o accesible solo por algún milagro. Un secretario de Estado boliviano declaraba en 1981: 'La Constitución será para el paraíso...', resumiendo así a su manera, realista y cínica, el fondo del problema".

"La verticalidad de las relaciones sociales", continua argumentando Rouquieu, "como la distancia a veces prodigiosa entre las ideologías institucionales y los comportamientos sociales producen una verdadera cultura política ficticia. Las falsas ventanas del universalismo jurídico ocultan el particularismo de las relaciones personales y de la fuerza. Las leyes no se hacen solo para ser aplicadas: muchas veces son promulgadas, como se dice en Brasil, para engañar a los ingleses'. Y esto, agrega Rouquieu, que América Latina "no es avara en legislaciones perfectas, de vanguardia, inaplicables e inaplicadas, esas etéreas blue sky laws que se enarbolan en las instancias internacionales. El poder judicial tampoco escapa al destino de la ley. El lenguaje popular y el folklore proverbial son reveladores al respecto. ¿Acaso no dicen aquí: 'A los amigos se les hace justicia y a los enemigos se les aplica la ley', y allá: 'La justicia es para los que llevan ruanas' ('para los descalzos', como dijo un embajador norteamericano en Honduras)? Estas distorsiones cuasi esquizofrénicas no provienen, como a veces se ha escrito al norte del Río Bravo, de una incapacidad psicológica para la democracia supuestamente propia de los pueblos y sociedades de América Latina, y hasta el mundo ibérico, sino de

Mario Posas / Julio Cesar Navarro

condiciones sociohistóricas objetivas" (Rouquieu, 1989, pp. 112-113).

La democracia latinoamericana se ha visto interrumpida a lo largo de su historia por golpe de Estados, gobiernos autoritarios y caudillos vitalicios. Sin embargo, una ola democratizadora de gran impulso se inició en todo el continente en la segunda mitad década del 80 del siglo recién pasado.

"En la entrada de la década del 90", señala un estudioso de la democracia en América Latina "se asiste en América Latina, a un escenario democrático semejante al de los inicios de los años 60, cuando también hubo elecciones libres en todos los países, con excepción de Paraguay y de Cuba que, entonces, apenas iniciaba su revolución. Tiempo después, a partir de mediados de los años 60, vino la ola de autoritarismo que alcanzó, en algunas partes, cerca de veinte años de duración. Hoy, el avance de la democracia política es evidente para todos aquellos que recuerdan las muchas dictaduras que mancharon el mapa de nuestra región en los años 70 y 80. Las elecciones volvieron a ser la principal vía para la formación de ios gobiernos" (Weffort, 1993, pp. 96-97). Tan sorprendente como el crecimiento de la democracia política, observa el mismo autor "es la profundización de una crisis económica que parece resistir a todas las formas posibles de tratamiento".

En breve, la democracia política resurge en América Latina en el marco de una profunda crisis económica.

Los regímenes democráticos emergentes han llevado adelante severas políticas de .ijuste estructural neoliberal que han significado el fin-del Estado intervencionista

y del modelo de sustitución de importaciones que dominó la vida económica

latinoamericana desde la depresión de los años treinta hasta finales de la década del setenta. En este contexto económico adverso, las democracias emergentes han terminado sumiendo al Estado latinoamericano en una crisis de ingobernabilidad. Una de las manifestaciones de esta crisis de ingobernabilidad se encuentra en las dificultades de los partidos políticos para el cumplimiento de sus funciones gubernamentales. Los partidos políticos son capaces de elegir gobiernos, pero ñenen serias dificultades a la hora de organizar gobiernos. Los partidos políticos eligen gobiernos, pero no gobiernan. Por ello, tienden a asumir conductas electorales irresponsables, porque no se consideran responsables de gobiernos que ayudaron a elegir. Son también manifestaciones de este fenómeno, por ejemplo, los candidatos presidenciales que acaban gobernando con el programa del adversario, o, los políticos que tienen un discurso para las elecciones y otro para el ejercicio

del gobierno. Otra manifestación de la crisis de gobernabilidad es la pérdida ci prestigio de la actividad política que se observa en algunos países (Weffort, 1 9 1 pp. 108-110).

En suma, si la democracia se justifica por su capacidad de promover el bienestar 1 la gran mayoría de los ciudadanos, las democracias latinoamericanas emergente han tenido la virtud de aumentar la pobreza absoluta de la población y profundiza las desigualdades sociales.

Actividades de aprendizaje

1. Elabore sendos cuadros que le permitan comparar las posiciones básicas sobre la naturaleza del Estado y las modalidades de intervención del Estado en la economía y la sociedad.

2. Cumple nuestro país con los requisitos mínimos para ser considerado como una nación democrática. Argumente.

3. Enumere, en forma sumaria, las dificultades que enfrenta la democracia en América Latina para consolidarse.