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Capítulo tercero Libros sagrados

II. Poemas épicos

¿Es el Mahabharata el poema épico más extenso de la literatura india?

Las literaturas hindúes remiten casi todas a la antigua tradición sánscrita y en particular a sus poemas épicos, como el Mahabharata y el Ramayana, que cuentan la historia original del dios Krisna*, la octava encarnación de Visnhu*. Las fábulas, las doctrinas filosóficas y las escuelas de retórica de origen sánscrito influyeron también de modo determinante en la evolución de la prosa y la poesía modernas de las distintas regiones del subcontinente indio. Entre las excepciones a esta regla figura el idioma tamil, que desarrolló en el sur una literatura clásica autóctona, al igual que el urdu y el sindi, enraizados en la tradición islámica.

El Mahabharata y el Ramayana describen simultáneamente los usos, costumbres, creencias y cultura de los antiguos arios. El Ramayana puede considerarse como el monumento más antiguo de la poesía sánscrita, aunque anteriormente se escribiesen los Vedas, textos que, en su mayor parte, tienen forma métrica. Aunque tanto el Mahabharata como el Ramayana son básicamente obras profanas, se recitan de manera

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ritual y confieren supuestamente méritos religiosos a quienes los escuchan.

En el Mahabharata encontramos la lucha entre dos ramas de una misma familia noble, los panduidas y los kuruidas, por la posesión de un reino del norte de la India, el Kurukshetra. El fragmento más importante del poema es un diálogo entre Krisna y el héroe panduida Arjuna, donde se reflexiona sobre el sentido de la vida. Este pasaje ha influido en los devotos del hinduismo durante siglos. El Mahabharata se escribió alrededor del año 300 a. C. y fue objeto de numerosas variaciones en torno al año 300 d. C. Está dividido en 18 libros que contienen en total unos 200.000 versos con breves pasajes en prosa intercalados. El Harivansha, uno de los últimos apéndices del poema, trata ampliamente de la vida y la genealogía de Krisna.

¿Es el Bhagavadgita un resumen de toda la enseñanza védica?

El Bhagavadgita o «canto del bienaventurado» es el texto más conocido y rezado de la India. Los hindúes de las diferentes ramas de la ortodoxia, de todas las castas y de todas las partes del país lo honran y se lo saben de memoria. Es recitado o salmodiado diariamente por millones de personas, tal como se hace en la Iglesia con los salmos. El hindú considera a Krisna como un avatar, «descenso», como Dios nacido de mujer que posee simultáneamente la naturaleza divina y la humana. Sostiene que ha habido nueve

avataras en el presente Kalpa («edad»). El hindú ve a Cristo como un avatar, aunque no

enviado a su propia tradición.

Y ¿por qué tantos avataras? La respuesta se encuentra en la Bhagavadgita donde Krisna dice:

Cada vez que haya un decaimiento de la religión, oh Bhárata, y un dominio de la irreligión, entonces Yo mismo me manifiesto.

El décimo y último avatar de nuestra Era es el Kalki Avatara, que igual como se describe en el libro del Apocalipsis sobre la segunda venida de Cristo al final de los tiempos, vendrá montado sobre un caballo blanco y blandiendo una espada de doble filo. El texto se inicia en un campo de batalla, llamado el campo del Dharma. Arjuna es un guerrero y es el que interroga a Krisna, que es el auriga que conduce su carro entre dos ejércitos opuestos. Arjuna arguye algunos proverbios religiosos que repudian el combate aunque, finalmente, termina tirando su arco y flechas al suelo y, con lágrimas, abandona su tentativa.

Ahora bien, todo esto tiene un significado. En primer lugar el campo de batalla, llamado Dharma. («recta acción») simboliza la rectitud en la vida, emparentándola con el concepto de vocación. El simbolismo del campo de batalla va contra el mal en el mundo, contra el que hemos de estar dispuestos a luchar. Por su parte, el carro representa el vehículo psicofísico que nos lleva al conocimiento de notros mismos. Y los caballos simbolizan los sentidos, las riendas su control. Si a los caballos se les consiente que escapen de la dirección de la mente, el vehículo se extravía; pero si los caballos son dominados y dirigidos por la mente según el conocimiento del atman, que aquí es Krisna,

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entonces puede continuar adelante su propio curso. Con esto llegamos al final del primer capítulo.

Los otros diecisiete capítulos son explicaciones, en forma de diálogo, de la doctrina y de la vida espiritual que debe llevarse. La mayoría de estos incluyen en el título la palabra

yoga, que significa «yugo», como el de los bueyes. Los diferentes yogas no se oponen

entre sí, se puede hablar del yoga del conocimiento (raja yoga), del yoga del amor

(bhakti yoga), o del yoga de la acción (karma yoga), pero todos se complementan, pues

no se puede amar sin conocimiento como tampoco se puede realmente conocer sin amar. En el segundo capítulo de la Bhagavadgita, Krisna le dice a Arjuna que no es el mero vivir y morir del individuo lo que es importante, ya que en cada individuo hay un centro interior, el atman, «aliento o espíritu», que puede ser conocido. Este atman es el yo auténtico que toda la tradición nos invita a conocer. El yo inferior, el yo egotista, es una entidad contingente siempre cambiante y que no tiene una realidad substancial. Como Krisna nos dice: «estos dos yoes están en guerra uno con otro». El atman, que entregamos cuando morimos, es un concepto de aceptación universal. Krisna solicita:

Que el hombre eleve su yo mediante el atman y no lo destruya; pues en verdad, el atman es el amigo del yo o su adversario. Para aquel en quien el atman ha vencido al yo (inferior), el atman es entonces su amigo, pero para aquel que es infiel al atman, el atman puede serle hostil, como un enemigo.

El hindú ve en el egoísmo, en el apego a su yo inferior, rehusando someterlo a su yo superior, el pecado cardinal del orgullo. Es entonces cuando la Bhagavadgita nos enseña a conocer lo que nosotros somos de verdad, poniendo gran énfasis en el concepto de realizar nuestras tareas sin apego a los frutos de nuestras acciones.

¿El Ramayana contiene la historia de Rama?

La palabra Ramayana significa, en sánscrito «historia de Rama». Destaca por la riqueza de sus descripciones y su lenguaje poético. Consta de siete libros y unos 24.000 dísticos, traducidos a numerosas lenguas. Comenzó a escribirse probablemente durante el siglo III a. C. y es posible que el principio y el final se añadieran posteriormente. El Ramayana narra el nacimiento y la educación de Rama, príncipe y séptima encarnación del dios Visnhu, y sus peripecias hasta conseguir la mano de Sita, con la que al final contrae matrimonio.

El autor del Ramayana fue Valmiki, si bien muchos versos del poema son incorporaciones de otros autores. La narración cuenta que reinando en Ayodhya, hace ya muchos siglos, un rey llamado Dasaratha no había tenido sucesión de ninguna de sus tres esposas, por lo que como buenos hinduistas fueron en peregrinación a varios santuarios y ayunaron suplicando a Dios que les concediera un hijo. Por fin obtuvieron respuesta a sus ruegos en cuatro hijos, de los que el mayor fue Rama. Los cuatro hermanos recibieron una completa educación en todas las ramas del saber y, para evitar futuras disputas, era costumbre en la antigua India que el rey asociara a su hijo mayor al gobierno del país, con el título de yuvaraja («el rey joven»).

En otra ciudad reinaba Janaka, quien tenía una ahijada muy hermosa, de nombre Sita, que en sánscrito significa «surco hecho por el arado», a la que habían encontrado recién nacida en un campo, como si hubiese surgido del seno de la Tierra –en la mitología india encontramos nacimientos milagrosos de personajes que solo tienen padre o madre o nacen sin padre ni madre del fuego del sacrificio, en un campo… como si cayeran de las nubes–. Sita, hija de la Tierra, era pura e inmaculada y, al llegar a la edad núbil, el rey deseaba encontrarle un esposo digno. Según las costumbres de la antigua India, las princesas reales podían escoger marido. Entonces, el padre de la princesa casadera invitó a todos los príncipes de los alrededores para que acudiesen a la corte, donde la princesa, espléndidamente ataviada, guirnalda en mano y precedida por un heraldo que iba enumerando las prendas, dotes y cualidades de cada pretendiente, pasaría por delante de ellos y colgaría la guirnalda del cuello del que eligiera como marido. Sita tenía muchos pretendientes y para poder dirimir cuál era el mejor los reta a romper un formidable arco llamado Haradhana con sus manos. Todos los príncipes fracasaron en el empeño, a pesar de esforzarse en lograrlo, menos Rama, que con graciosa facilidad tomó el potente arco en sus manos y lo quebró en dos mitades. Así eligió Sita por marido a Rama y las bodas se celebraron por todo lo alto.

Rama se llevó a su esposa a la corte de su padre Dasaratha, el cual pensó que había llegado el momento de nombrar yuvaraja a su hijo mayor y confiarle el gobierno del país. En consecuencia, dispuso todo lo necesario para la proclamación, y el pueblo entero acogió con entusiasmo la noticia.

Pero una doncella de Kaikeyi, la más joven de las tres esposas de Dasaratha, le recordó a su señora que hacía tiempo que el rey, su esposo, le había prometido otorgarle dos deseos; aunque esta no había pedido nada y había olvidado la promesa. Ahora bien, la maligna doncella empezó a socavar el ánimo de la reina, recordándole que era una injusticia colocar a Rama en el trono, cuando ella podía exigir al rey el cumplimiento de su promesa, concediendo tal honor a su hijo Bharata y desterrando a Rama durante catorce años. De este modo, Rama pierde su legítimo derecho a la sucesión y se exilio junto a su mujer y a otro de sus hermanos, Kakshmana. Y en su viaje Sita es raptada por el rey demonio Ravana, que la lleva a su isla Lanka (Sri Lanka). Con la ayuda del rey mono Hanuman y un ejército de monos y osos, Rama consigue derrotar a Ravana y rescatar a Sita. Y, más tarde, hasta recuperará su trono y reinará con sabiduría.

En una posible inclusión posterior al texto, vemos como Sita es acusada de haber cometido adulterio durante su cautividad. Exiliada, a pesar de su inocencia, da a luz dos hijos gemelos de Rama, y recibe la protección del eremita Valmiki, supuesto autor del poema. Y, al cabo de muchos años, Rama y Sita se reúnen de nuevo.

Aunque el Ramayana es esencialmente una obra profana, incorpora gran parte del material contenido en los libros sagrados védicos. Rama, Sita, Lakshmana y Hanuman son muy venerados como encarnación ideal del heroísmo principesco, la devoción conyugal y fraternal y la lealtad. La recitación del Ramayana se considera un acto religioso, y en toda la India y el sureste asiático se escenifican fragmentos de esta gran epopeya. El Ramayana ha ejercido una enorme influencia en toda la literatura india

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Capítulo cuarto