Escritor y dramaturgo madrileño.
IV. 2 1 1 Precedentes más «lejanos»: la política imperial durante el siglo
Los hunos fueron progresivamente expandiéndose durante el último cuarto del siglo IV no solo por amplias zonas de Ciscaucasia, sino también a lo largo de las costas septentrionales del Mar Negro para, hacia finales de dicha centuria y comienzos de la que nos ocupa, llegar hasta los cursos bajo y medio del Danubio y convertirse en consecuencia en la preocupación
principal para el Imperio romano de Oriente durante la primera mitad del siglo V1.
Por lo que respecta al ámbito que nos ocupa, los años 395, 396 y 397/398 fueron testigos de una intensa actividad predatoria huna tanto en Armenia y Mesopotamia como en el interior de Asia Menor e incluso en la meseta irania2, lo que implicó que entre el Imperio romano de
Oriente y la Persia sasánida volviesen a surgir tensiones en torno a una cuestión que parece había sido debatida con anterioridad por parte de ambos «superpoderes»: la defensa compartida de las Puertas Caucásicas. Según el testimonio contenido en el De Magistratibus de
Juan Lido, sus orígenes se remontarían a la II Paz de Nisibis del año 3633 (Iohan. Lyd., De Mag.
III, 52-53), si bien en opinión de Roger C. Blockley: «lo único que el pasaje de Juan de Lido nos
permite concluir es que el asunto concerniente a la defensa del Cáucaso podría haber surgido durante el
1 Para más detalles al respecto vid. Maenchen-Helfen (1973), pp. 26-51; Thompson (1996), pp. 26-32; Jin Kim (2013), pp. 43-69.
2 En relación a las mismas y sus consecuencias vid. Cameron (1970), p. 125; Maenchen-Helfen (1973), pp. 51-59 -quien incluye un exhaustivo análisis de las principales fuentes que narran dichos acontecimientos-; Blockley (1992), p. 47; Thompson (1996), pp. 31-32; Blockley (1997), p. 114; Heather (1997), pp. 501-502; Greatrex y Greatrex (1999), pp. 65-75 -para un análisis exhaustivo tanto de las fuentes como de los topónimos que en ellas aparecen-; Greatrex y Lieu (2002), pp. 17-19 -igualmente una recopilación de los principales testimonios escritos-.
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tercer cuarto del siglo IV; y que fue discutido de forma inconclusa hasta el reinado de Anastasio I, y que no hubo acuerdo»4.
Por lo tanto, y a pesar del buen entendimiento existente entre las cortes de Constantinopla y Ctesifonte durante la tutela ejercida por Yazdegerd I sobre el futuro Teodosio
II durante la década de los diez5, no parece que se produjese cambio alguno al respecto. Es más,
en todo caso se consolidó la preeminencia sasánida en Transcaucasia mediante la construcción
de la fortaleza de de Iouroeipaakh/ Biraparakh en el Paso de Dariel6, lo que convertía la defensa
de la misma en una cuestión esencialmente sasánida7.
El breve estallido de las hostilidades entre ambas partes tras el fallecimiento del primero entre 421 y 422 no parece que cambiase nada al respecto en opinión de una amplia mayoría de especialistas8, a pesar de que Al-Tabari (V, 858) se refiera a la existencia de pagos anuales9. Tras
la conclusión de la paz las relaciones continuaron siendo más o menos cordiales entre ambos poderes durante el reinado de Bahram V, pudiendo haber cambiado la situación tras la nueva reapertura de las hostilidades en 440/441 y la conclusión de un nuevo acuerdo a finales de ese mismo año -441-, cuando tanto Juan de Lido como Juan Malalas refieren la posibilidad del pago de tributos al respecto por parte de Constantinopla (Iohan. Lyd., De Mag. III, 52-53) y el Ps. Josué Estilita habla de un compromiso de «asistencia mutua» (Ps. Jos. Styl., § 9-10) 10.
Nuevamente Roger C. Blockley sugiere la posibilidad de que durante el reinado de
Marciano, los romanos volviesen a pagar tributo a Yazdegerd II11, aunque es posible que
Constantinopla hubiese desdeñado previamente dicha posibilidad bien por motivos económicos, obligada a pagar crecientes tributos a los hunos12, bien por motivos estratégicos,
4 «...all that the passage of Lydus allows us to conclude is that the issue of the defense of the Caucasus might have emerged first during the third quarter of the fourth century; that it was discussed inconclusively until the reign of Anastasius; and that there was no agreement». Vid. Id. (1985), p. 66.
5 Al respecto vid. infra., p. 92, n. 57.
6 Para su localización vid. cap. III, p. 59, esp. n. 20.
7 Al respecto vid. Bandy (1983), p. 328; Blockley (1992), p. 55 -quien data el evento a mediados del reinado de Yazdegerd I-; Braund (1994), p. 270.
8 En relación al conflicto vid. infra., p. 92, esp. n. 59.
9 Al respecto vid. Blockley (1992), p. 58, n. 41; Isaac (1997), p. 443; Greatrex y Lieu (2002), p. 42; Mazza (2005), p. 192, n. 92.
10 Al respecto vid. Blockley (1992), p. 61; Mazza (2005), pp. 198-200. 11 Vid. Id. (1992), p. 69, n. 14.
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negándose a financiar las sucesivas campañas sasánidas contra los «hunos» kidaritas primero13
y heftalitas14 después en su frontera nororiental15.
Sea como fuere, de lo que tenemos constancia es que durante la segunda mitad del siglo V dicha cuestión se enquistó más si cabe puesto que tanto en 464/465 como nuevamente en ca. 467 tenemos constancia de sendas peticiones por parte de Peroz I a León I exigiendo el envío de oro para contribuir con la defensa de las Puertas Caspias (Prisc., Fr. 41.1, 47). La última de ellas,
muy posiblemente, estuvo directamente relacionada con la incursión saragura16 que tuvo lugar
durante dicho año y que afectó notablemente a Iberia y Persarmenia17. Puesto que en estos
momentos la atención del emperador estaba focalizada en su expendición contra los vándalos, es posible que finalmente pudiera haber cedido ante las reiteradas demandas sasánidas y, en
consecuencia, contribuir con las exigencias monetarias18; una política que pudo incluso haberse
perpetuado durante el reinado de Zenón, quien habría ayudado al shāhanshāh de este modo en sus campañas contra los heftalitas (Ps. Jos. Styl., § 10)19.
La política imperial, sin embargo, dio un nuevo y definitivo giro cuando Peroz I falleció en campaña luchando contra los «hunos blancos» en 484, circunstancia que obligó a realizar a Balash, su sucesor, a realizar importantes concesiones a éstos. Ello fue hábilmente aprovechado por Zenón para cesar los pagos alegando el incumplimiento por parte persa de una de las cláusulas que contenía el tratado del año 363, según el cual la ciudad de Nisibis (Nusaybin, Turquía) debía ser devuelta a los romanos puesto que había permanecido ya por espacio de ciento veinte años bajo soberanía persa20.
13 Sobre la identidad de los kidaritas vid. Zeimal (1996), pp. 123-137; Grenet (2005), passim; Xiang (2012), pp. 243-301; Jin Kim (2013), pp. 36-37.
14 Por lo que respecta a los heftalitas, también conocidos como «hunos blancos», vid. Lippold (1974), pp. 127-137; Litvinski (1996), pp. 138-165; Bivar (2003), pp. 198-201; Jin Kim (2013), pp. 37-39.
15 Al respecto vid. Bivar (1983), pp. 213-214; Frye (1983), pp. 143-152; Dignas y Winter (2007), pp. 97-98; Jin Kim (2013), p. 37; Payne (2015), pp. 284-288.
16 Para sus orígenes y llegada a la zona de Ciscaucasia y el mar Negro vid. infra., pp. 110-111, esp. n. 186. 17 Se trata de un evento bastante controvertido, pues desconocemos si se trata de la misma gens que firmó un acuerdo de colaboración con los rebeldes armenios ca. 451 -vid. Blockley (1992), p. 73, n. 12; Mazza (2005), p. 210, n. 164-, si fue la consecuencia de la embajada enviada a Constantinopla el año anterior -vid. Golden (1990), p. 258; Id. (2011), p 284; Alemany (2013), p. 234- o se debió al conflicto abierto en esos momentos entre Iberia y Persia. A este último respecto, como muestra, vid. Thompson (1982), p. 242 -en relación a las hostilidades existentes entre ambas-; Biró (1997), pp. 54-55, 60 -para el 466 como hipotética fecha de dicho acontecimiento-; Alemany (2013), p. 234, nn. 6, 8-.
18 Así lo cree, entre otros, Rubin (1986), p. 685; contra Blockley (1992), p. 75, n. 32 -quien considera inciertas las evidencias escritas-.
19 Vid. Blockley (1992), p. 83.
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