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Prevención y seguimiento

In document @LOGOTERAPIA2010 (1) (página 126-128)

Hemos hablado de la imagen logoterapéutica del hombre, basada en el axioma de la «libertad de la voluntad», y también hemos visto las distintas ramas de esta ciencia médica orientada al conocimiento de la motivación más primitiva del ser humano: la «voluntad de sentido». Pero todavía nos falta tratar el axioma del incondicional «sentido de la vida», sobre el cual se fundamenta la visión logoterapéutica del mundo y que es un elemento imprescindible en la prevención de crisis y el seguimiento de pacientes. Los índices de recaídas en personas que han padecido un trastorno mental alcanzan niveles alarmantemente elevados. Debido a ello, hay que encontrar los medios necesarios para estabilizar a los pacientes de tal manera que puedan y quieran hacer su vida desde la responsabilidad hacia ellos mismos, sin recaer de nuevo en su sintomatología patológica al más mínimo suceso desagradable que se presente. Un cuidado preventivo de este género no deberá basarse en la enfermedad superada, sus causas y su desarrollo, sino en aquello que «protege», es decir, en una filosofía vital positiva que proporcione al antiguo enfermo un «apoyo en lo espiritual».

Los elevados índices de recaídas en psicoterapia están relacionados con la estructura de carácter neurótico de muchos pacientes. Dicha estructura propende a poner en marcha mecanismos de exageración e intensificación, a quedarse pegada en lo irrelevante, a tomar lo accesorio por la vía trágica y a reaccionar convulsivamente ante acontecimientos que no merecen tal agitación. La excitabilidad, tanto en lo psíquico como en lo vegetativo, genera problemas en vez de resolverlos. ¿Qué podemos deducir de todo para prevenir la recaída? Una advertencia: si con las personas con antecedentes neuróticos se habla sin parar sobre sus problemas, se quedarán mentalmente atascadas en ellos y no registrarán que los problemas forman parte de la vida cotidiana y representan desafíos al espíritu humano antes que obstáculos insalvables con los que hay que tropezar forzosamente. La única alternativa son conversaciones que permitan a estas personas comprender lo libres que son en realidad y lo mucho que pueden conseguir si, en contra de sus ideas de impotencia, renuncian a un poco de comodidad, incluidas las «ventajas» de estar enfermo.

Un programa terapéutico de cuatro niveles, que presenté por primera vez en 1982 en un Congreso Mundial de Logoterapia celebrado en Hartford (Connecticut), ha dado resultados óptimos a este respecto. Contiene tres niveles de seguimiento y pone a los pacientes bastante a salvo de sus descontroles neuróticos en una contemplación corregida de la vida. Por este motivo, lo describiremos brevemente a continuación.

Nivel 1

El primer nivel consiste en la terapia logoterapéutica individual indicada para el trastorno existente en cada caso.

Nivel 2

En el segundo nivel se propone la participación en un grupo de desreflexión para sofocar la tendencia crítica a la hiperreflexión todavía latente en casi todos los pacientes en convalecencia tras su tratamiento. Supongamos, por ejemplo, que una persona ha padecido un trastorno psicógeno del habla y se ha sometido a tratamiento en el nivel 1. Ahora ya puede volver a hablar con normalidad y recibe el alta de la terapia. ¿Acaso no intentará esta persona observarse en secreto en su vida cotidiana para ver si su voz vuelve a desaparecer? ¿Acaso no caerá presa del pánico ante cualquier indicio de afonía? ¿Y no será precisamente esta intensa concentración que acecha en el fondo de su mente la que hará resucitar algún día el problema? El grupo de desreflexión puede ahuyentar hasta cierto punto este peligro, porque, en él, el paciente aprende a separarse de su concentración en sí mismo y a arrinconar en gran medida las posibilidades negativas de su vida para dedicarse preferentemente, y con todas sus fuerzas, a las positivas.

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En el Diario de un cura rural, de Bernanos, hay una bella frase que dice: «Odiarse es más fácil de lo que creemos; la merced consiste en olvidarse». Ahora bien, si se nos permite modificar esta afirmación, entonces podremos decir algo que tantas personas neuróticas no son lo suficientemente capaces de recordar: mucho más importante que despreciarse en demasía o considerarse en demasía, mucho más importante que esto sería olvidarse completamente de uno mismo, es decir, no pensar nunca más en uno mismo y en todas las circunstancias interiores, sino estar interiormente entregado a una tarea concreta cuya realización está personalmente reservada y exigida a cada uno. No nos liberamos de nuestras dificultades personales examinándonos a nosotros mismos ni mirándonos al espejo, sino renunciando a nosotros mismos a través de la entrega a una cosa merecedora de tal obra. (Frankl, 64)

Nivel 3

Como tercer nivel del programa he ideado un «círculo de meditación logoterapéutica» que también se presenta en forma de grupo y comprende, aproximadamente, unas diez sesiones. El círculo de meditación se propone ofrecer lo que Frankl denominaba «apoyo en lo espiritual», es decir, el anclaje del antiguo paciente en una filosofía positiva de la vida. En este punto ya no se discute sobre el variopinto ir y venir de la vida de los componentes del grupo ni sobre ningún suceso actual, sino sobre lo que verdaderamente importa, y siempre sorprende el nivel que alcanzan y lo interesantes que son las conversaciones que se pueden llegar a entablar con ellos.

Estos diálogos versan sobre el sentido del sufrimiento, la relación entre carácter y salud, los sistemas de valores y cuestiones de conciencia personales o el hecho inevitable de la muerte. Son meditaciones con las que los participantes maduran, crecen, ganan distancia con respecto a lo banal y avanzan hacia lo verdadero. La anticipación mental a posibles situaciones críticas que, a pesar de todo, podrían tener su sentido, les ayuda a protegerse de las mismas y a soportar posibles frustraciones, en vez de responder a ellas con la enfermedad. Los modelos antiguos y los presentimientos de buenas noticias procedentes de lo espiritualmente inconsciente se hacen un poco más conscientes.

A diferencia del grupo de desreflexión, en el círculo de meditación logoterapéutica no existe ninguna cláusula, pero tampoco se eligen libremente los temas de discusión. En cada sesión, el director del grupo trae a colación un asunto determinado y señala aspectos del pensamiento frankliano, eventualmente aderezados con citas convenientes de grandes filósofos o poetas, para que sean los propios pacientes, por supuesto, quienes elaboren toda la información en un brainstorming. Hay que recordar que los temas introducidos son completamente asequibles para personas con poca formación, las cuales, a menudo, tropiezan incluso con una sabiduría intrínseca que reconoce los enunciados logoterapéuticos como algo que siempre han llevado latente sin estar formulado. Frankl hablaba a este respecto de una « metafísica de la vida cotidiana» que él acostumbraba a inducir en sus pacientes.

Espero que el lector entienda correctamente este concepto. No sólo se trataba de hacer, por así decirlo, transparente la vida cotidiana —aparentemente tan gris, banal y anodina—, es decir, hacernos visibles a través de ella hacia lo eterno, sino que, finalmente, se trataba de hacer ver cómo este eterno remite a lo temporal, a lo cotidiano, como el lugar de un encuentro constante de lo finito con lo infinito. Todo lo que creamos, experimentamos y sufrimos en el tiempo, lo creamos, experimentamos y sufrimos simultáneamente para toda la eternidad. Mientras asumamos la responsabilidad del acontecimiento, mientras éste sea, por tanto, «historia», nuestra responsabilidad se verá extraordinariamente gravada por el hecho de que no podemos eliminar de este mundo lo que no acontece. Pero, simultáneamente, se apela a nuestra responsabilidad: precisamente para traer al mundo lo no acontecido y hacerlo en el marco de nuestra obra diaria, en el marco de nuestro día a día. Es así como lo cotidiano se convierte en la pura realidad, y esta realidad, en la posibilidad de obrar Y, por ello, la metafísica de la vida

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cotidiana nos saca de la vida cotidiana, pero para volver a llevarnos, de manera consciente de nuestra responsabilidad, a la vida cotidiana. (Frankl, 65)

Nivel 4

El cuarto nivel consiste en una última conversación individual sobre cualquier tema, cuyo objetivo es el de disolver definitivamente la relación terapeuta-paciente. Los antiguos pacientes no deberán sentirse más como tales y la imagen que tienen de sí mismos deberá ser la de una persona sana y adulta. Por ello, en este nivel hay que adoptar una conducta totalmente «aterapéutica». Se puede charlar con los pacientes curados de lo que ellos deseen, pero no hay que mostrar nunca el más mínimo interés en cualquier dificultad que pudieran tener, porque ahora les toca a ellos curarse a sí mismos. Prácticamente, es como un «examen final»: deberán demostrar que son lo suficientemente maduros y que pueden andar por su propio pie; en general, se suelen ver así y se muestran orgullosos de la autonomía conquistada. Naturalmente, no se le negará la ayuda a quien esté seriamente afectado, pero, antes, los pacientes curados deberán comprobar si la herramienta logoterapéutica que han obtenido y su propio «poder de obstinación del espíritu» les bastan para curarse a sí mismos. Sólo así se podrá minimizar el enorme peligro de recaída y ayudar de una vez por todas a aquellos cuya alma ha cedido (quién sabe desde cuándo) a la tristeza.

Sobre los valores de la vida

Seguidamente presentamos una selección comentada de algunos de los temas que se utilizan no sólo en el «círculo de meditación Iogoterapéutica», sino también para el «trabajo de formación existencial» (Theodor Rütter), los «seminarios de aprendizaje de la vida» y las conversaciones de supervisión.

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