44 Primera parte
A medida que el MAH se acerca a su fin, todos los indicadores muestran que el resultado previsto, lograr «La reducción considerable de las pérdidas ocasionadas por los desastres, tanto las de vidas como las de bienes sociales, económicos y ambien- tales de las comunidades y las sociedades», tan solo se ha conseguido de forma parcial.
La mortalidad ocasionada por desastres sigue siendo elevada: 1,6 millones de personas han fallecido en desastres registrados en el ámbito internacional desde el comienzo del Decenio Internacional para la Reducción de los Desas- tres Naturales en 1990, un promedio de unos 65.000 muertos al año. Este número es mucho menor al promedio de 1,24 millones de muertos en accidentes de tráfico cada año1 o al prome- dio de 1 millón de personas que mueren cada año por tuberculosis. Desde ese punto de vista, la mortalidad ocasionada por desastres podría considerarse un problema global menos crítico que las enfermedades o los accidentes.
Las pérdidas económicas ocasionadas por desas- tres registradas en bases de datos internacionales también han aumentado progresivamente desde 1990, y han alcanzado un promedio anual aproximado de 200.000 millones de dólares ame- ricanos (Munich Re., 2013). Sin embargo, esta cifra representa tan solo un pequeño porcentaje del PIB mundial, que se acercaba a los 75 billo- nes de dólares americanos en 2013,2 y no genera la misma alarma que las pérdidas de 4 billo- nes de dólares americanos del sector bancario durante la crisis financiera mundial de 2007-2009 (IMF, 2009).
El hecho de que las pérdidas ocasionadas por los desastres no hayan generado el mismo impe- rativo político o económico que el creado para hacer frente al riesgo de de enfermedades o al riesgo financiero puede estar motivado, en parte, por la manera de medirlas. En realidad, los desastres afectan los hogares, las comunidades y los países debido al impacto combinado de la
mortalidad, la morbilidad y los daños o la des- trucción de las viviendas, las infraestructuras y la agricultura. Las mediciones independientes de la mortalidad y las pérdidas económicas no logran captar la dimensión real del desastre.
Con el fin de abordar este problema y a efectos ilustrativos, puede utilizarse el concepto de años de vida humana para ofrecer una representación más clara de los impactos de los desastres, ya que proporciona un parámetro con el que se describe el tiempo necesario para producir el desarrollo económico y el progreso social. Por lo tanto, la pérdida de años de vida humana, ya sea debido a desastres, enfermedades o accidentes, es una forma de medir los retrocesos para el desarrollo social y económico (Recuadro I.1).
Cuando las pérdidas ocasionadas por los desas- tres se expresan mediante años de vida humana como moneda única (Noy, 2014), sus dimensiones potenciales quedan mejor definidas. Entre 1980 y 2012, se perdieron más de 1.300 millones de años de vida en todo el mundo en desastres regis- trados en el ámbito internacional (ibid.), lo que implica un promedio anual de 42 millones de años de vida. Expresadas de esta manera, las pérdidas ocasionadas por los desastres son más o menos equivalentes a los 43 millones de años de vida que se pierden al año por tuberculosis, alrededor de un 20% inferior a los años de vida perdidos por paludismo y alrededor de la mitad de los 90 millo- nes de años perdidos por VIH/SIDA.5
Los grandes desastres como el terremoto de Christchurch o las inundaciones de Bangkok de 2011 pueden hacer que una cantidad significa- tiva de años de vida perdidos se acumule en un único país. Nueva Zelandia perdió un total de casi 200.000 años de vida en el terremoto de febrero de 2011, equivalentes a unos 17 días por habi- tante. En Tailandia, se perdieron 4,76 millones de años de vida en las inundaciones del río Chao Phraya de 2011, cifra que se traduce en unos 26 días por persona (Noy, 2015).
10.000.000 20.000.000 30.000.000 40.000.000 50.000.000 60.000.000 2.000 1.500 1.000 500 2.500 3.000 3.500 4.000 4.500 5.000 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 Muertos Personas afectadas Daños por 100.000 habitantes
Número total de años de vida perdidos Número de años de vida perdidos por cada 100.000 habitantes La forma habitual de medir los daños ocasionados por los desastres consiste en analizar independiente- mente el número de fallecidos, heridos y personas afectadas de otra manera, así como el daño financiero que causan los desastres naturales. Con la nueva propuesta de sumar el impacto de los desastres, se intentan superar muchas de las dificultades identificadas anteriormente en la bibliografía, como la dificultad de eva- luar el impacto general de los desastres, la necesidad de llevar a cabo análisis de costo-beneficio que tengan en cuenta distintos impactos de los desastres y el problema de evaluar el daño con relación a su valor en dis- tintos países.
A pesar de ciertas diferencias conceptuales, el nuevo enfoque propuesto es similar al cálculo de la Organiza- ción Mundial de la Salud de los años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD) que se pierden por la carga de morbilidad y de lesiones.3 Todas las medidas de impacto de los desastres se convierten en «años de
vida» para poder realizar una comparación mundial de las tendencias de las pérdidas ocasionadas por los desastres. La ventaja de esta nueva medición es que da cuenta del impacto más general de los desastres sobre el bienestar humano y permite realizar una comparación de estos impactos en todo el mundo.4
(Fuente: Noy, 2015.)