“LA ADQUISICIÓN DE LA ESCRITURA”
B) ESCRITURA Y HABLA
2. PROCESOS IMPLICADOS EN LA ESCRITURA
¿Cómo llega a dominarse la escritura, siendo tantas y tan diversas sus facetas?
Aunque, en comparación con la cantidad de investigaciones que se han llevado a cabo sobre lectura, la Psicología de la Escritura ha estado realmente descuidada (Ellis, 1984), posiblemente porque es extremadamente difícil manipular las condiciones de producción escrita. Lo cierto es que desde mediados de los setenta hemos empezado también a disponer de algunos trabajos experimentales sobre los procesos psicológicos implicados en la lectura, además de las descripciones clínicas y estudios correlacionales más tradicionales sobre sujetos con trastornos de aprendizaje. De ellos, paulatinamente, comienza a emerger una descripción relativamente plausible del proceso de escritura experta que, sin ninguna duda, habrá de sernos útil en la comprensión de las dificultades específicas de este ámbito.
2.1. LA ESCRITURA DE PALABRAS Y EL DOMINIO ORTOGRÁFICO
En los sistemas alfabéticos, cuando se escriben palabras aisladas (por ejemplo, al escribir la lista de la compra) se trata de convertir una cadena fonológica en los grafemas que la representan. Generalmente, se parte del significado que se quiere expresar (excepto si las palabras son dictadas) y se elige la palabra que representa ese concepto; a partir de ese momento, intervienen los mecanismos específicos de escritura para obtener la forma ortográfica correspondiente. La investigación en este campo ha puesto de relieve que, al igual que en la lectura, existen dos rutas posibles, la fonológica y la ortográfica:
(a) La vía fonológica, llamada también indirecta o no léxica, utiliza los mecanismos de conversión o reglas de correspondencia fonema-grafema (RCFG) para obtener la palabra escrita. Su uso implica un análisis auditivo inicial de la palabra en su forma hablada, la habilidad para separar después en esa palabra hablada las unidades fonológicas que la componen (es decir, la capacidad para segmentarlas en sus fonemas), el conocimiento práctico de las RC que permiten asignar a cada fonema hallado un grafema en particular y, finalmente, la habilidad de sintetizar de nuevo la palabra (ahora ya en su forma escrita), a partir de las unidades constituyentes.
En el caso del castellano, como se señaló hace un momento, esas RCFG pueden ser tales que a un fonema le corresponda siempre, sin excepción, un determinado grafema (por ejemplo, a /p/ siempre le corresponde P), o bien puede darse el caso de que un fonema sea representado con un grafema u otro dependiendo de algún criterio en particular, que puede ser siempre el mismo («todas
las terminaciones de los pretéritos imperfectos de la 1ª conjugación se escriben con B») o depender del contexto vocálico inmediato («el fonema /z/ se representará con el grafema Z si va seguido de A, O ,U y con el grafema C si va seguido de E, I»). Evidentemente, las RCFG serán tanto más difíciles de llegar a dominar cuanto más opciones haya para elegir a la hora de escribir un fonema.
Teniendo en cuenta esta diversidad de RCFG, en las lenguas más transparentes, el uso de esta vía sería casi suficiente para asegurar una producción correcta de cualquier palabra, incluso si es previamente desconocida para el individuo, pero cuanto más «opaco» sea un sistema de escritura en cuanto a sus reglas de conversión, más limitada resultará la vía indirecta para garantizar una correcta representación, ya que no podrá dar cuenta de la ortografía apropiada de las palabras irregulares, las palabras homófonas o de cualquiera de aquéllas que contienen fonemas que se pueden representar por más de un grafema (poligráficas) sin que exista un RCFG que pueda sacar de dudas, lo que hace necesario postular una segunda vía para ello.
Tomemos, por ejemplo, el caso de la palabra caballo: si se utilizan todas las posibles correspondencias fonema-grafema, surgen múltiples formas como son «kavallo», «cabayo», «kaballo», «kavayo», etc., todas fonológicamente correctas, de modo que sólo se puede saber cuál es la adecuada si se ha escrito antes, o se ha visto escrita, y se tiene almacenada su representación ortográfica en la memoria a largo plazo. Al igual que ocurre con la escritura de otras muchas palabras como /xefe/, /bizio/, /bentana/, /albino/, /bino/...
(b) La vía ortográfica: Este último caso supone el recurso a una vía denominada ortográfica, directa, visual o léxica; en él, se recurre a un almacén (el léxico ortográfico o grafémico) en donde estarían almacenadas las representaciones ortográficas de las palabras que ya han sido procesadas con anterioridad. Resulta necesaria para escribir palabras que contienen sonidos que se pueden representar por más de un grafema, palabras homófonas y palabras irregulares o excepcionales (bastante raras en castellano y casi siempre importadas de otros idiomas); en estos casos, aunque la representación de la palabra sea fonológicamente adecuada, se pueden originar errores ortográficos puesto que no existe una regla precisa de correspondencia fonema-grafema.
Como en la lectura, los procesos de escritura de palabras tienen que automatizarse para poder alcanzar el nivel de dominio en su forma más compleja, la composición de un texto, siendo importante resaltar a este respecto que el conocimiento fonológico juega un gran papel en la escritura de palabras; para algunos autores, incluso mayor que en la lectura (Cuetos, 1991; Cuetos y Valle, 1988;...).
Además de los mecanismos señalados, en la escritura manual se deben añadir los procesos necesarios para la utilización de los patrones motores de las letras y de sus alógrafos (distintas formas de una misma letra), almacenados en la MLP; dichos patrones indican la forma, dirección, secuenciación y tamaño de los rasgos de las letras. Además, es necesaria la coordinación grafomotriz fina para dirigir el trazo, aspecto al que los niños y los profesores dedican una gran atención y esfuerzo y que, salvo dificultades motoras graves, todos los niños llegan a dominar. 2.2. LA ESCRITURA DE TEXTOS (COMPOSICIÓN ESCRITA)
Hasta los años setenta, son escasos los modelos psicológicos de la composición escrita, pues han sido investigaciones de tipo cognitivo las que han impulsado el avance en este tópico de la psicología de la escritura, intentando explicar los procesos que lleva a cabo el escritor para producir un texto, las operaciones, estrategias y conocimientos que debe poseer y cómo interactúan entre sí todos estos aspectos.
Aunque para conseguir este fin se han empleado diferentes metodologías de investigación, los modelos más logrados proceden del análisis de protocolos de pensamiento en voz alta durante el proceso de escritura, siendo el de Flower y Hayes (1981, 1983), probablemente, uno de los más ampliamente aceptados por la mayoría de los especialistas en el tema. Dicho modelo identifica tres grandes determinantes generales del proceso de composición escrita:
(a) La memoria a largo plazo (MLP). La persona que intenta escribir un texto tiene almacenados en su memoria una serie de conocimientos relevantes para su propósito, entre los que estarían el conocimiento del tema o de la información específica que quiere transmitir, el conocimiento de la audiencia a la que va destinada el texto, que le permitirá adoptar la perspectiva de los lectores potenciales o el conocimiento del lenguaje escrito y sus convenciones: las RCFG, las reglas gramaticales, la sintaxis, los esquemas formales sobre la estructura que pueden adoptar los textos, etc.
(b) El contexto de producción del texto. Está modulado por los objetivos de la escritura e incluye los aspectos motivacionales (para ¿qué? se escribe, la intencionalidad que se persigue con el texto), las características de la audiencia (a ¿quién? se dirige) y la interpretación de la tarea que hace el escritor. En función de todos ellos, el texto que se va produciendo, se está reelaborando continuamente hasta su versión final.
(c) El procesamiento propiamente dicho: Es decir, los procesos y operaciones concretas que lleva a cabo el escritor, en los que influyen todos los factores citados anteriormente. En relación con este último aspecto, se proponen tres procesos básicos de producción de la escritura:
1. El proceso de planificación, que consiste en la búsqueda de ideas e información y en