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4. ANALISIS DE LOS RESULTADOS

4.3 Provincia de Corrientes

Se visitaron en la provincia un total de 15 grupos. Si bien estaban previstos y organizados encuentros con 17 grupos, en el transcurso del trabajo de campo no se pudo acceder a 2 de ellos, en ambos casos por razones ajenas al equipo de encuestadores.

La cobertura espacial fue amplia -abarcando 9 departamentos de distintas áreas de la provincia-, lo que permite contar con una muestra constituida por productores con distintos perfiles socioproductivos. En efecto, la configuración territorial correntina muestra, a grandes rasgos, dos zonas con sistemas productivos diferenciados. Por un lado, el Oeste provincial se caracteriza por la presencia de productores muy pequeños, dedicados, en general, a la horticultura (donde el tomate es uno de los principales cultivos). En este sentido, cabe apuntar que los departamentos de Goya y Lavalle concentran el 50% de las explotaciones agropecuarias de menos de 5 has de toda la provincia, según los datos del Censo Nacional Agropecuario 2002. Por su parte, en el Este se despliega la producción ganadera -que constituye la actividad más importante de la economía correntina-, sobre explotaciones de mayor tamaño y con relativamente mejores niveles de rentabilidad.

Así, 7 de los grupos visitados se dedican a la actividad pecuaria, 4 a la horticultura, 2 a la apicultura, 1 al cultivo de arroz y 1 a la provisión de cajones de madera para la producción hortícola.

Todos los grupos son pequeños: ninguno excede los 10 integrantes y más de la mitad no supera los 5 miembros. Se trata, en general, de productores familiares de subsistencia o descapitalizados, que comercializan pequeños excedentes en mercados locales y que deben recurrir a la venta de su fuerza de trabajo fuera del predio para aumentar los ingresos. En la mayor parte de los casos son propietarios de las tierras que trabajan, observándose además otras formas de tenencia de la tierra, tales como el arrendamiento y la ocupación. En muchas ocasiones, la ocupación se da sobre parcelas en sucesión familiar o propiedad de parientes. Por otra parte, si bien no se cuenta con información completa, se encontraron miembros de varios grupos para los que el trabajo extrapredial constituye su principal actividad. Se trata de productores apícolas que “buscan otra alternativa”, o de pequeños ganaderos u horticultores que a su vez trabajan de peones o capataces en explotaciones vecinas.

Desde el punto de vista de la forma jurídica que asumen, casi la totalidad son grupos informales. Sólo 1 constituye una Cooperativa y 2 son Sociedades de Hecho. Adicionalmente, excepto la Cooperativa (que tiene una antigüedad de 10 años), todos son de reciente conformación (posterior al año 2003).

El nivel de asistencia a las reuniones pactadas con los equipos de encuestadores fue alto (en 10 de los grupos se registró la presencia de la mayoría de sus integrantes), pese a las condiciones climáticas adversas en parte del recorrido (intensas lluvias) que dificultaron la accesibilidad a los lugares de encuentro.

Características de los grupos

Prácticamente la totalidad de los grupos (87%) se conformó de manera autónoma a partir de lazos preexistentes de vecindad o familiares. El objetivo principal de la integración fue acceder al crédito ofrecido por el PRODERNEA, del cual se enteraron -y fueron estimulados- en la mayoría de los casos por los técnicos del Programa. Asimismo, las relaciones con los técnicos suelen ser anteriores al PRODERNEA, puesto que, en general, éstos se vinculan o han participado de otros programas o instituciones públicas de apoyo a la población rural (Programa Social Agropecuario, INTA, SAP, entre los más mencionados).

Otro aspecto importante en relación a la situación de los grupos al inicio del PRODERNEA, es la experiencia asociativa previa. En este sentido, la mayor parte de los grupos tiene algún tipo de experiencia anterior, ya sea como parte integrante de una cooperativa, de una asociación de productores o como beneficiarios de otros programas.

El mecanismo mediante el cual se formula el proyecto constituye una primera experiencia organizativa, que sentará una de las bases de funcionamiento a futuro. En este aspecto, las formas han sido diversas, aunque, en general, se observa la participación de los productores. El rol del técnico en todos los casos ha sido importante, ya sea proponiendo y elaborando el proyecto (27%); adaptando las ideas que ya tenían los beneficiarios a los requisitos formales del programa (33%); o bien participando con los miembros del grupo de una formulación conjunta a través del intercambio de propuestas (40%). En esta instancia cabe señalar que si bien los entrevistados manifestaron haber discutido y planteado sus necesidades, en algunos casos se percibió que el técnico orientaba sobre el destino de los fondos y los requisitos de acceso al crédito (“quetenían que tener propiedad”, “les dijeron que tenían que juntarse y por eso formaron el grupo”, “había plata para ganadería”). En este sentido, no está claro si fueron decisiones personales del técnico o bien respondían a lineamientos de la institución o programa de la que forma parte.

El perfil socioproductivo de los miembros de los grupos, especialmente en aspectos como el tamaño de las explotaciones, el tipo de actividades que desarrollan o los mercados a los que acceden, condicionan los procesos de integración de los mismos. En este sentido, en Corrientes, los grupos visitados presentan una alta homogeneidad interna. La mayor parte de las explotaciones (60%) se ubican en estratos similares de tamaño y comparten niveles de capitalización semejantes. Además, los integrantes de cada grupo desarrollan las mismas actividades (87%) y acceden al mismo tipo de mercado (local, en el 60% de los casos).

Como se desprende de la información presentada, los grupos visitados en la provincia de Corrientes suelen ser homogéneos al interior; se han conformado a partir de relaciones de proximidad, de manera relativamente autónoma; han participado de la formulación de los proyectos que presentaron y portan algún tipo de experiencia asociativa previa.

Estos indicadores hacen suponer mejores condiciones relativas iniciales, las cuales incidirán en el tipo y densidad de la trama de relaciones que se establezca y en la autonomía del grupo para organizarse. Sin embargo, la permanencia de las organizaciones sostenida en el tiempo requiere de un largo y complejo proceso de desarrollo y fortalecimiento de capacidades, sobre todo cuando se trata de grupos altamente vulnerables, como es el caso de los beneficiarios del PRODERNEA. Por este motivo, es necesario trascender la mera sucesión de uniones para acceder a créditos, asistencia técnica o capacitación circunstanciales, como pareciera percibirse en algunos de los grupos visitados. La lectura crítica de los indicadores mencionados, en ocasiones nos enfrenta a la evidencia de una reformulacion sucesiva de grupos de permanentes beneficiarios a merced del asistencialismo disponible en cada momento, constituyendo formas renovadas de contención de la pobreza y no de construcción de capital social.

Organización de los grupos

En general, se observa una relativa estabilidad en la composición de los grupos: el 60% no buscó integrar nuevos miembros, en tanto la salida de integrantes es nula o escasa. Por su parte, no hay grupos que presenten una alta rotación. En los casos en que se ha producido desgranamiento, no ha estado vinculado a un inadecuado manejo de los conflictos grupales. Como contracara, muchos grupos privilegian preservar el orden construido, mostrándose reacios a incorporar nuevos miembros. Evidencian un cierto recelo a los “desconocidos” y asocian los grupos numerosos a un aumento de los conflictos que prefieren omitir (“Que no seamos demasiados nos ayuda a no tener problemas”). En este sentido, el requisito de firmar una “garantía solidaria” parece ser un factor restrictivo al ingreso de nuevos integrantes, ya que requiere de fuertes lazos de confianza previos. Así, la garantía solidaria no es un mecanismo al que se arriba luego de un período de promoción y construcción de lazos de confianza sino que estos lazos entre los miembros del grupo deben preexistir a la incorporación al Programa pues en ellos se funda la posibilidad de sostener dicho mecanismo. Asimismo se ha observado que genera situaciones de zozobra e insatisfacción en aquellos grupos en los que algún integrante ha dejado de pagar y se ha retirado, ya que pese al buen funcionamiento que puedan tener, están en “falta” y en una situación de riesgo (“No sabemos qué pasa. Si nos dan una solución o quedamos fuera. Seguramente tiene que venir ‘alguien’ del PRODERNEA y así sabemos si podemos seguir o nuestro grupo cae”). Por otra parte, en aquellos casos en que

hay bienes en común la permanencia en el grupo es la que garantiza el uso de esos bienes.

Los indicadores vinculados a las reuniones del grupo resultan de interés a la hora de evaluar los aspectos organizativos. Si bien las relaciones de proximidad (vecindad o parentesco) que fundan la mayor parte de los grupos entrevistados implican la existencia de alguna forma de encuentro, de lo que se trata aquí es de ver en qué medida esos vínculos se resignifican para constituir redes que permitan a los productores superar los distintos tipos de limitantes que enfrentan.

En lo referido a la frecuencia y convocatoria de las reuniones, las situaciones son diversas. Poco más de la mitad de los grupos (54%) se reúne esporádicamente, con o sin una frecuencia fija establecida. La convocatoria depende de los técnicos en un 40% de los grupos, mostrando una mayor autonomía los grupos que se reúnen periódicamente.

Por su parte, en 13 de los casos observados (87%), la mayoría de los miembros del grupo asisten a las reuniones. Si bien asistencia no es sinónimo de participación efectiva, es indudablemente una condición necesaria para un funcionamiento plural.

Se observa una mayor asiduidad y participación en las reuniones en aquellos grupos que, a su vez, forman parte de estructuras organizativas de mayor envergadura y que cuentan con su propio organigrama y esquema de funcionamiento. Este es el caso de los productores entrevistados en el departamento Mercedes. Allí, desde hace más de una década, funcionan Comisiones de Productores por Paraje, las que se reúnen mensualmente. A su vez, dos delegados por paraje participan en el Consejo de Desarrollo Rural que se reúne cada dos meses en la localidad de Mercedes convocada por el Municipio y el INTA, con la presencia de funcionarios municipales y representantes de distintas instituciones y organizaciones locales. En estas reuniones se plantean los problemas de diversa índole que preocupan a la población rural (educación, salud, infraestructura, abigeato, productivos, comerciales, etc.). En 4 de los 5 grupos visitados en los distintos parajes se constató un amplio conocimiento de esta forma de funcionamiento y participación en las mismas (incluso una integrante de uno de los grupos era delegada de su paraje). En general, mostraron sumo interés en la discusión de sus problemas con las distintas

autoridades y señalaron algunos de los resultados positivos de sus gestiones (reparación del edificio escolar, sala sanitaria, capacitaciones, etc.). Asimismo, se mostraron entusiastas con algunas experiencias comerciales organizadas desde la Municipalidad y el INTA, con la participación del PRODERNEA, como son los remates feria anuales para la venta de ganado de los pequeños productores, o las Ferias de Mercadeo que se organizan para las distintas festividades en la ciudad de Mercedes. La excepción fue uno de los grupos que, si bien conocía estos mecanismos de participación e incluso a la delegada de su paraje, no parecía interesarse en ellos. Este caso constituye un típico ejemplo de los grupos conformados al solo efecto de acceder al crédito y sin interés por otros “beneficios” que pueda aparejar el vínculo con otros.

Ninguno de los grupos con información disponible prevé mecanismos de registro de las reuniones, cuando éstos existen corren por cuenta de los técnicos. Ni siquiera en los grupos que pertenecen a una cooperativa o asociación de productores se ha generalizado esta práctica, pese a que en ambos casos declaran sí llevarlos en las reuniones de esas organizaciones.

La agenda de los temas a tratar constituye un indicador de la dinámica grupal así como de los horizontes y objetivos que el grupo se va definiendo, con mayor o menor autonomía. La circulación de información y la discusión de ideas en el ámbito de las reuniones tienen como eje principal las cuestiones productivas. Si bien no es una práctica mayoritaria, en el 26% de los casos son los técnicos los que proponen la agenda del grupo. Aún en aquellos grupos que muestran un mayor grado de participación y organización, se observa una escasa autonomía respecto de los técnicos, no sólo en los aspectos productivos, sino en los comerciales y organizativos (“los técnicos llevan nuestras inquietudes al intendente”, “sin ellos no podríamos caminar para salir”, “el que sabe todo es el ingeniero”).

La mayor parte de los grupos (73%) declararon tener mecanismos participativos para la toma de decisiones; en general, basados en el consenso. No obstante, es necesario aclarar que según lo observado por los grupos de encuestadores, en no pocos casos se pusieron de manifiesto liderazgos muy marcados, de los cuales se desconocen las bases de su legitimidad, y que permiten poner en duda la efectiva participación en las decisiones de la mayoría de los miembros.

En cuanto a la división de roles, son minoritarios (20%) los grupos que se han dado algún tipo de organización en este sentido. Un 33% tiene una asignación meramente formal de roles, en tanto un número significativo (40%) no logró brindar información al respecto, lo que sugiere la inexistencia de esta práctica.

Teniendo en cuenta los indicadores analizados, se observa que los grupos, en general, no han logrado avanzar en prácticas organizativas autónomas. En muchos casos parece no superarse el plano formal, tanto en la participación como en la distribución de roles. Por su parte, la estabilidad de los grupos y el consenso, muestran evidencias de vincularse, en realidad, con una baja tolerancia al conflicto. En cuanto a la agenda y el registro de las reuniones, tienen una alta dependencia de los técnicos, sin superar las temáticas productivas.

Producción y comercialización

El 60% de los grupos tienen bienes en común y la mayor parte de ellos se ha organizado para el manejo y mantenimiento de los mismos. En muchos casos, la obtención de un crédito del PRODERNEA para su adquisición fue el motivo para la conformación del grupo.

La compra de insumos en forma conjunta es una práctica que se verifica en alrededor de la mitad de los casos. En tanto la comercialización conjunta -ya sea de toda la producción o de una parte de ella- alcanza al 53% de los grupos. Cabe aclarar que tanto en los grupos dedicados a la horticultura como a la ganadería, el acceso a mercados es un tema crucial. La relación de fuerza vigente entre una oferta atomizada y una demanda concentrada deteriora aún más la baja rentabilidad de los pequeños productores. No obstante, la organización productiva de manera asociativa es una instancia aún muy incipiente en los grupos de beneficiarios. Los remates-feria para pequeños productores ganaderos organizados por la Municipalidad de Mercedes y el INTA -con el apoyo del PRODERNEA- son un camino para acercar a los pequeños productores a nuevos mercados. Asimismo, en otro grupo fue mencionada la experiencia de venta de los productos de la chacra (zapallo, remolacha, batata) de varios productores de la zona en el mercado concentrador de Corrientes, a partir de una logística organizada por el INTA y la provincia. Por su parte, si bien no se entrevistó

ningún grupo que participara de la Feria Franca, esta experiencia fue levantada por productores asistentes al Taller realizado en Yapeyú.

Participación de mujeres y jóvenes

De los grupos visitados, la mayoria son mixtos (67%) y sólo 1 está integrado exclusivamente por mujeres. Por su parte, ninguno está conformado solamente por jóvenes, en tanto 6 no registran la presencia de ningún menor de 30 años.

En relación con su participación en las entrevistas, se observó que en prácticamente la mitad de los grupos hubo mujeres presentes en la entrevista y en la mayoría de los casos participaron activamente, incluso liderándola. Si bien sólo un grupo estaba constituido exclusivamente por mujeres, se mencionó que en las colonias o parajes había muchos grupos de mujeres de Prohuerta y PSA. También se observó que participan activamente en las capacitaciones organizadas por las distintas instituciones, demandando por sus temas de interés “nosotras vamos diciendo qué capacitaciones queremos”. Las artesanías consituyen una fuente de ingresos importantes en estas familias: “ …entonces hay más jóvenes que en otros parajes de la zona. Quedan porque hay esa fuente de trabajo que es la artesanía”.

Por otro lado, hay que mencionar la activa participación que tuvieron algunas mujeres (que evidenciaban un importante liderazgo) en el Taller realizado en Yapeyú.

En cambio, la inclusión y participación de los jóvenes es más incipiente. No sólo se los encuentra en pocos grupos, sino que su asistencia a la reuniones y participación en las mismas es más acotada.

La migración juvenil es una preocupación permanente en las familias rurales. La escasa o nula posibilidad de los padres de integrarlos en sus propias explotaciones, la imposibilidad de acceder a nuevas tierras y la falta de otras alternativas laborales hace que estos jóvenes abandonen sus lugares de origen. Otro factor coadyudante son los bajos niveles educativos en la zona rural, donde sólo pueden concurrir hasta el 6º nivel. No sólo no existen colegios rurales para finalizar el ciclo obligatorio, sino que el nivel con que terminan la escolaridad en sus respectivas zonas es muy baja. Muchas familias rurales optan por mudarse a una localidad cercana donde sus hijos puedan tener una escolaridad mejor,

quedando el padre de familia en la explotación, lo que con el tiempo redunda en un envejecimiento de la población rural. Fue un comentario ampliamente repetido por las familias entrevistadas, los participantes al Taller de Yapeyú y los distintos informantes, la preocupación por la falta de futuro de los jóvenes en el ámbito rural: “Acá pasa una cosa: los hijos terminan la primaria y después se van al pueblo a hacer la secundaria y nunca más vienen. El del campo que se va al pueblo, ese no viene más. Eso es lo que pasa acá. Cuando terminemos los pocos viejos que quedamos, el campo muere. Y muere el campo y después no se qué va a pasar...”

Por otro lado, uno de los grupos entrevistados comentó que a partir de la necesidad de bajar costos de producción, se formuló en colaboración con el INTA, un proyecto con los jóvenes para hacer semilleros de arroz. En esta colonia –muy activa- son muchos los jóvenes que se quedan a trabajar con sus padres, ya que pueden tener una inserción laboral en la misma chacra. Sin embargo, señalaron la necesidad que tienen los arroceros de rotar sus tierras por el desgaste de este cultivo y la dificultad para arrendar nuevas tierras debido a la aparición de las compañías dedicadas a la forestación, que han restringido cuando no virtualmente “cerrado” el mercado de tierras.

Vínculos con otras organizaciones y con el PRODERNEA

En general, se observa que alrededor de un 60% de los grupos ha gestionado otros apoyos crediticios, se vincula con otras organizaciones o participa en algún tipo de redes socioproductivas. Muchos grupos manifestaron haber participado de otros programas públicos (PSA, FOPAR, SAP, PROHUERTA), o recibir el apoyo de instituciones de diferentes niveles de gobierno (Ministerio de la Producción, Dirección de Cooperativas, Municipio, INTA, INVICO). Sin embargo, esto no aparece como una densificación de la trama institucional a partir del PRODERNEA, sino de una estrategia de supervivencia promovida por los técnicos