Psicosis de los padres en los hijos
Micheline Enríquez (1986) realizó en la clínica, investigaciones en la profundi- zación teórica de los efectos y daños psíquicos de la psicosis de los padres sobre sus hijos. Encuentra en diversos casos clínicos de padres con hijos en la etapa de la niñez, la implicación de éstos en el delirio, haciéndolos aliados, cómplices e incluyéndolos en sus delirios, siendo también depositarios de dicha actividad deli- rante. En estas investigaciones se retoman las exposiciones de Ferenczi en 1932 donde extrae que los adultos introducen por la fuerza, contenidos psíquicos dis- placenteros en los infantes.
Enríquez (1986), enuncia que el encuentro con la paternidad, surge proyec- tivamente, en un deseo de muerte de ese hijo ante la amenaza de muerte para el padre, emanado de una potencia primitiva que prohíbe la sucesión generacional, provocando una catástrofe psíquica en el padre del mismo sexo que el del hijo. Esta situación provoca consecuencias en el lugar del niño como discurso. Discurso constitutivo de su propia historia identificante que será dirigido por el padre deli- rante y su cónyuge que se enfrenta a una situación frágil y hasta quizá, el derrum- be psíquico. Así, el niño queda atrapado en una posición identificatoria que lo fija por causa de la locura parental, aunque ésta sea pasajera. Este poder que se per- cibe confusamente, puede crear historias de orígenes, concepciones de herencia y transmisión entre las generaciones ya que, en situaciones problemáticas familia- res es recordado, pudiendo precipitar la "culpabilidad sacrificial" que ninguna tentativa de reparación podrá satisfacer, siendo sólo la puesta en acto del sacrifi- cio de su vida mental o física. Por otra parte, es posible también, que pueda indu- cir una megalomanía inconsciente, provocando en el sujeto una búsque da de poder o sumisión excesiva, comprometiendo al narcisismo en sus aspectos maso- quistas mortíferos.
El progenitor psicótico deja ver y comprender a su hijo que la angustia y el sufrimiento psíquico, siendo este inconmensurable, no se pueden atribuir a una
pérdida, un duelo o una depresión. El sufrimiento se liga con una persecución, con una voluntad de hacer el mal. La dimensión proyectiva del sufrimiento psi- cótico le confiere un carácter desrealizante, destructor y psicotizante, imponiendo al niño un sentido al srcen del sufrimiento, designando un perseguidor respon- sable de los males. El sufrimiento depresivo no crea estas confusiones de sentidos. Green (1983) plantea que las consecuencias traídas por la depresión de una madre por duelo, hace a la experiencia de una pérdida de sentido, aboliendo el placer compartido de la comunicación y la relación madre-hijo. El niño, a su vez, hace la desinvestidura de la cual es objeto, pudiendo generarse mutilaciones o aguje- ros psíquicos, dejando huellas que más adelante pueden reencontrarse o reinves- tirse. El hijo se incluye en la proyección parental ocupando un lugar privilegiado como soporte de esta proyección y como destinatario del discurso delirante, obli- gándolo a compartir y padecer el sufrimiento psicótico.
Enríquez (1986) piensa que en los psicóticos hay una imposibilidad de asu- mir el riesgo de una descendencia que pueda ser portadora de lo mismo y de lo otro. Para un psicótico, la descendencia implica una amenaza real de destrucción para él, reactivando un deseo de muerte que tuvo por objeto a los propios padres. El odio y el deseo de asesinato por parte del padre, que deposita en otros amena- zando caer sobre el propio hijo, son un odio y un deseo de asesinato hacia el hijo y hacia su poder de transmisión de la vida y de su propio nombre. Cuando un hijo de padre psicótico llega a consulta, expresa una demanda de reconocimien- to y de identificación urgente, donde un rechazo puede causarle un derrumbe catastrófico. Llega con un desconocimiento total de la patología familiar y sin racionalización acerca de la suya propia. Teme volverse loco, se encuentra enfer- mo, donde el depositario es su propio cuerpo, presentando una demanda de cui- dados de ayuda psíquica, no una demanda de sentido. Presenta una sintomatología polimorfa, dejando ver un grave conflicto identificatorio, encontrando una salida parcial de huída, apatía, depresión del vacío, enfermedad somática, todas las for- mas de pasividad letal, no sexual en su origen.
La defensa que prima en estos sujetos es la idealización del poder atribuido a una instancia exterior. Es común, que esta instancia sea encarnada por la madre (Aulagnier, 1984). Genera una autoprohibición que le impone al ego, obtener información que pudiera demostrarle el abuso de poder que existe sobre su pen- samiento y que no le revele, que no puede existir algún sujeto con derecho de darle o rehusarle su lugar en el sistema de parentesco. Esta renegación total o par- cial de la realidad familiar patógena, corresponde al "delirio de herencia" donde el niño es explícitamente englobado en el delirio parental. Si esta defensa se des- morona precipitadamente, existe el riesgo del desmoronamiento psicótico, ya que la desidealización es demasiado dolorosa para estos hijos de psicóticos, y el adqui- rir un saber, o hasta despertar el deseo de saber, adquiere un carácter persecuto- rio, reaccionando negativamente al análisis en la cura.
Estos casos, que surgieron en la clínica sobre el abordaje de lo negativo (Green, 1986), abrieron otros campos de investigación de referencia en la actua- lidad, como los estudios de los avatares y estatutos de lo transgeneracional (Baranes, 1993), así como los trabajos de Abraham, Torok, Enríquez, Faimberg, Tisseron, Guillaumin, Guyotat, pusieron en evidencia las dimensiones y conteni- dos srcinales de la transmisión (Kaës, 1998). Desde esta perspectiva se piensa en los dispositivos psicoanáliticos empleados en este tipo de clínica y en la clínica familiar, con las diferentes patologías que se expresan, tanto en lo psíquico como en lo somático.