2.3 Aportes al Desarrollo de los Grupos y Psicoterapia de Grupo

2.3.2 Psicoterapia de Grupo

En relación, a la historia de la Psicoterapia Grupal, podemos afirmar siguiendo a Shaffer (1989), que los modelos de terapia de grupo, tienen su precursor en los grupos de trabajo social surgidos a final del siglo XIX, los cuales tenían un fundamento más comunitario y centrado en problemas y propósitos concretos. Estos se fueron paulatinamente ocupando de las necesidades más inmediatas de sus miembros. Pero, el primer tipo de grupo considerado como grupo terapéutico, donde los miembros compartían un problema o síntoma y un espacio, comunes, nació en el campo de la medicina, a principios del siglo XX, con Joseph Hersey Pratt, para pacientes con tuberculosis incapaces de internarse en un tratamiento. El grupo estaba constituido por 20 miembros atendidos en forma externa y consistía en una especie de aproximación psicológica, “inspiradora, persuasiva y de apoyo” (p. 2) unida al control de sus pautas y cuidados. Con la sofisticación de este acercamiento, Pratt resaltó la importancia de un clima de apoyo mutuo y la influencia que puede tener un paciente sobre otro.

Luego, en 1918 un psiquiatra llamado Edward W. Lazell, al usar esta aproximación con veteranos de guerra diagnosticados como esquizofrénicos, el modelo médico de terapia de grupo se extendió al tratamiento de desórdenes mentales. El desarrollo de estos grupos, destacó la utilidad para instruir, aconsejar, apoyar y el desarrollo de la identificación entre los miembros.

Terapia de Grupo Psicoanalítica

Cerca de 1930, distintos psicoanalistas integraron los conceptos freudianos a la terapia de grupo, llegando a hablar de “Grupo de análisis”, el fenómeno de la transferencia en los grupos y la utilización de la asociación libre en estos.

La consolidación del psicoanálisis de grupo se produce en la década del ’50 y se debió a los esfuerzos de Samuel Slavson, Alexander Wolf y Emanuel Schwartz. Estos tres autores integraron en forma sistemática los conceptos psicoanalíticos a la terapia grupal, fundamentalmente resistencia, transferencia y la interpretación. La tarea del terapeuta consistía en interpretar al paciente como sus actitudes hacia él o hacia los otros, correspondía a una expresión de su resistencia a la conciencia, al insight, o a una transferencia de una temprana y generalmente dolorosa forma de relacionarse con sus padres (Shaffer).

Slavson (1962) plantea a la grupalidad como básica en nuestra subsistencia biológica y mental, además del requisito fundamental de una psiquis sana. Constituyen la extensión natural de la relación con la madre y la manera de recomponer aquellas interferencias con el desarrollo sano, producto de la extensión o reducción inadecuada de las distintas fases de entrenamiento del niño hasta su etapa adulta. Slavson parte en la década del ’30 con su “Terapia de Actividad Grupal” que enfatiza la expresión de los conflictos y sentimientos infantiles en distintas actividades, la que va teniendo algunas mutaciones y avance en la edad de su población objetivo, pues parte con niños con trastornos conductuales y de carácter, hasta que en 1950 llega a una “Terapia de Entrevista Grupal” que era básicamente una Terapia de Grupo Analítica.

Inicia sus postulados a partir de las teorizaciones freudianas sobre los grupos (Freud, 1940/1920), rescatando la capacidad vista en el grupo por Freud para el rápido mejoramiento sintomático de la neurosis y la importancia que el padre del psicoanálisis otorga al líder, en la formación y el funcionamiento de los grupos, como objeto de la catexia libidinal de los integrantes, la cual mantiene unido al grupo. Slavson vincula la figura tratada por Freud “el líder de la horda primitiva” con la figura del padre.

Según el autor, debido a que los grupos pequeños se asemejan a las familias, existe en ellos una estimulación mayor a reactuar las actitudes y conductas condicionadas por el medio familiar. En este sentido, en todo grupo pequeño se establece la constelación familiar imaginaria, el líder representando al padre y el grupo a la madre. Consistentemente con esto último, la aceptación y aprobación del grupo son fundamentales, más que la autoridad del líder. A modo de explicación para esta relevancia del grupo, Slavson afirma que en todo grupo y psicoterapia grupal aparecen todos los aspectos de la identificación mencionados por Freud: “en primer lugar, la identificación es la forma más originaria de ligazón afectiva con un objeto; en segundo lugar, pasa a sustituir a

una ligazón... (de este tipo), mediante introyección del objeto; y, en tercer lugar, puede nacer a raíz de cualquier comunidad que llegue a percibirse en una persona” (pp. 101) (como base de la empatía).

Los procesos de identificación presentes en el grupo son en parte los responsables de la rápida disminución sintomática que presenta el individuo en el grupo de terapia. Sin embargo, Slavson (1962) es claro en afirmar que la psicoterapia grupal analítica sostiene que los progresos sólo pueden aceptarse como relativamente permanentes cuando los problemas se elaboran en la transferencia y por medio del análisis de las resistencias. Por elaboración Slavson entiende el acceso al examen y control del yo de las ansiedades ligadas a situaciones traumáticas, a través de la manifestación en los sentimientos y reacciones actuales del paciente.

El grupo alteraría el funcionamiento del yo de los participantes, aumentando la ansiedad, al constituir fuentes de tensión entre los miembros quienes además de la seguridad identifican una amenaza recíproca, potenciándose sentimientos tales como la agresión, la hostilidad, el miedo y el retraimiento. Los grupos como las familias activan los impulsos a la dominación, la sumisión y la búsqueda de status, despertando tanto recelos concientes como sentimientos inconscientes y reprimidos. La ansiedad aumentada genera el traspaso de parte de los controles yoicos (super yo) al grupo, así como se aportan el carácter y la cultura de ese grupo particular. El desarrollo creciente de las fuerzas del yo de cada miembro, se relaciona con la capacidad que adquiere para manejarse con la ansiedad y la prevalencia de las restricciones del yo sobre los impulsos del ello.

Finalmente, Slavson (1962) identifica las siguientes características correctivas en el grupo: su realidad, las identificaciones y transferencias múltiples e inevitables, la influencia catalítica de unos sobre otros, su potencialidad como campo de funcionamiento del propio yo, las oportunidades para mejorar la autoimagen y el modo como refleja reacciones y conductas.

Más tarde, tomará fuerza el concepto de “trasferencia múltiple” que manteniendo la influencia del psicoanálisis más ortodoxo, da cuenta de la transferencia se manifiesta también hacia los otros miembros del grupo, y refiere al cambio del foco del psicoanálisis del individuo al grupo. Principalmente en respuesta a Foulkes, Bion y Ezriel quienes defienden una aproximación de dinámica grupal a la psicoterapia, que enfatiza la idea del grupo como una entidad con sus leyes propias.

También, Whitaker y Lieberman desarrollaron su propio acercamiento de dinámica de grupo a la psicoterapia grupal, que aunque no asumen explícitamente las orientaciones psicoanalíticas, suscribieron muchas de sus concepciones acerca de la estructura y desarrollo de la personalidad, así como la visualización del síntoma como un conflicto entre la expresión de un impulso y su resistencia.

Los aportes de la Teoría de Campo de Kurt Lewin (1952) propiciaron que algunos modelos de terapia de grupo se centraran en el proceso de grupo más que en las características del análisis del psicodinamismo del paciente de la terapia analítica de grupo (Shaffer, 1989).

Psicoterapia de Grupo Humanista

Para Shaffer esta orientación se desarrolla a partir de una aproximación existencial de la psiquiatría y psicopatología que se origina en Europa, particularmente con el trabajo de Ludwing Bwinswanger y Medard Boss, que llega a Estado Unidos con la publicación de “Existencia” (1958), estimulado por psicoterapeutas como Rogers, Whitaker y Malone, quienes ya habían experimentado con un enfoque existencial, permitiéndose más apertura y una relación más emocionalmente intensa con sus pacientes. En sus inicios, este enfoque presentaría cierta similitud con el modelo de los dinamismos de grupo, al desarrollar el concepto de motivaciones no concientes.

Lo nuevo de este acercamiento tuvo que ver con una fuerte dimensión humanista, que enfatizaba el “ser” del paciente y la irreductibilidad de su experiencia psicológica. Rechazaba la interpretación, puesto que coloca al terapeuta en el lugar del experto que sabe lo que realmente le pasa al paciente, entendido como un mero objeto. En cambio, para la terapia de grupo humanista, fuertemente fenomenológica o experiencial, el dato principal, será la experiencia subjetiva del propio paciente.

Hobbs (1966) describe en la terapia centrada en el grupo, similitudes con la terapia centrada en el cliente (Rogers), el objetivo y la comprensión de la naturaleza de la personalidad humana y las maneras en que cambia. Este autor releva la ventaja que presentaría esta modalidad para las personas normales que atraviesan situaciones difíciles, y que muestran una común

discrepancia entre los que son y lo que quieren llegar a ser. Algunas semejanzas entre ambas definidas por Hobbs: un clima que depende de las personalidades en juego; la orientación hacia un genuino sentimiento de aceptación, una disminución de la necesidad de defenderse de la ansiedad que provoca la situación de terapia y un aumento de la sensación de libertad para examinarse a sí mismo; la seguridad de la comprensión y el respeto del otro; la confianza y el deseo tácito de que el individuo se haga responsable de su propia vida.

El autor observa en el grupo un progreso importante hacia la cohesión tanto de contenido como, lo más importante, en sus sentimientos. En tanto el rol del terapeuta consiste en intentar reconstruir el campo perceptual del individuo en el momento que se expresa y comunicar este entendimiento hábil y sensiblemente.

Una de las diferencias observadas entre la TCG (Terapia Centrada en el Grupo) y la TCC, consiste en la posibilidad, dentro de la situación grupal, de enfocar la adecuación de las relaciones interpersonales y proporcionar una oportunidad inmediata para descubrir formas nuevas y más satisfactorias de relacionarse, que repare las experiencias del individuo en su grupo familiar de origen. Otra diferencia se plantea en el aprendizaje del significado de dar y recibir apoyo y comprensión de una forma más sana. También en el grupo operaría una “facilitación social” que permite a los individuos hablar en la situación grupal acerca de sus experiencias traumáticas con mayor soltura que en sesión individual.

Hobbs describe el proceso de la terapia grupal, determinando un número pequeño de participantes (6), para que resulte efectiva, y criterios amplios de agrupamiento como edad. Estos grupos se reunirían dos veces por semana por un tiempo algo mayor a una hora. En cuanto a su funcionamiento, el terapeuta actúa con el supuesto, que el grupo puede comenzar sin su orientación, conociendo sólo el objetivo de reunión. Típicamente ocurre que los miembros comienzan a contar cosas de sí y sus problemas, para luego pasar a centrarse en temas que determinan la discusión, pudiendo ser centrales (presentes siempre y profundizados progresivamente) o más secundarios y efímeros. En cuanto a los sentimientos, a Hobbs le parece que los grupos tuvieran que atravesar por períodos violentos donde se expresan sentimientos negativos, lo que podría constituirse en una forma de probar la aceptación y seguridad del grupo.

A partir de lo anterior la terapia centrada en el grupo, no confía demasiado en la interpretación, no existe un esfuerzo por parte del terapeuta de inducir a hablar a los miembros. Hobbs plantea un símil con el enfoque analítico de Foulkes, en que se invita a los participantes a expresarse en términos de la asociación libre.

Muchas psicoterapias de grupo parten del supuesto humanista de que el agente curativo no es tanto la anulación de la represión y sus mecanismos de defensa aliados, como la anulación del autoengaño en relación a la identidad del propio yo. Esta identidad se lograría en el autentico encuentro mutuo, entre dos personas, el “Yo-Tú” entre dos seres humanos. (Shaffer, 1989). El rol del terapeuta consiste en comprender y compartir al igual que el paciente, su propia experiencia, para revelar también su verdadero ser. También desde esta concepción puede sentirse libre para usar vías intuitivas, para compartir sus fantasías y admitir sus sentimientos frente a sus resistencias. El terapeuta debe asumir el rol de un participante más de tanto en tanto, entregar parte de sus conocimientos como ser humano, y ayudar a los miembros a la expresión más fluida de sus sentimientos, utilizando su propia capacidad para moverse entre la fantasía y la realidad y la posibilidad de reaccionar a los sentimientos y fantasías propias, en la interacción con los integrantes del grupo.

Se produce en el grupo una red de acción recíproca, es decir que se hace inevitable que cualquier cambio en un miembro ocasione cambios en los demás. También el miembro tiene la oportunidad directa de comparar y contrastar su modo de obrar con, y con el de, los otros, también se familiariza con nuevas formas de sufrimiento y de resolución de problemas. El terapeuta debe mantener la situación como terapéutica esto es, segura y de aprendizaje constructivo. Es importante que la situación permita, aliente y demuestre la repetición del comportamiento disfuncional, para su consiguiente procesamiento.

Para Yalom la terapia de grupo tiene la ventaja de:

- Infundir esperanza (la fe tanto del terapeuta como del paciente en sí misma puede ser terapéutica).

- La universalidad (el compartir el sufrimiento y el avance de otros facilita la aceptación de si mismo y del entorno).

- Ofrecer información (reduce la angustia y la actitud ante ella evidencia muchos mecanismos patológicos).

- Altruismo (se refiere a la asistencia entre los miembros)

-Recapitulación correctiva del grupo familiar primario (y de otras relaciones dando más material y alternativas de corrección).

- El desarrollo de las técnicas de socialización y de la conducta de imitación.

- El aprendizaje interpersonal (ayuda a desarrollar un concepto de sí mismo, reduce las distorsiones perceptivas para con los otros, permite experiencias emocionales correctivas, se transforma en un microcosmo social de patrones conductuales tratables en el aquí y ahora).

- La cohesión de grupo (se ha demostrado que los pacientes que perciben la entrega de afecto tiene mejor pronóstico de recuperarse, se sienten más inclinados a la expresión y exploración, a la integración y a la aceptación personal; de todas formas no es un factor curativo per se, sino una condición necesaria para la eficacia de la terapia).

Se pueden obtener datos útiles de los pacientes tras finalizar el tratamiento, aunque un grupo de investigadores demostró que recién al investigar cuatro años después las reacciones de los pacientes, estos podían comentar mejor los aspectos negativos de la experiencia.

Terapia en Grupo Gestáltica

La terapia gestáltica tiene una fuerte influencia del Psicodrama de Moreno6, incluso Shaffer

postula que este enfoque puede ser descrito como esencialmente una técnica psicodramática donde el paciente puede desempeñar todos los roles involucrados en su problema, los cuales no sólo incluyen los otros significante, sino también sus distintos sentimientos, sus partes del cuerpo e introyectos ( p. 9). Sin embargo, el planteamiento es distinto, pues no pretende aproximarse en forma diferente a las situaciones de vida, sino que única y consistentemente a despertar la conciencia del paciente, aquí y ahora, en su continuo. Para esta facilitación del contacto, el

6 El Psicodrama, es creado por Jacob Levi Moreno, en 1910. Como estudiante descubre los efectos posiblemente

terapéuticos de la espontaneidad presente en la fantasía de los niños, al jugar. Estos aprendizajes los formaliza en su Teatro de la Espontaneidad en Viena en 1921, para luego utilizar el concepto Terapia de Grupo en 1932. Para Shaffer, a pesar de sus tempranos inicios, el legado del Psicodrama para el desarrollo de las Terapias de Grupo es difuso y dentro de este destaca principalmente un elemento: el Rol Playing, muy difundido entre los líderes de distintos tipos de grupos. Otras técnicas psicodramáticas serían usadas principalmente por el enfoque gestáltico. En cuanto los más significativos aportes del psicodrama al desarrollo de las terapias de grupo, en este enfoque el problema del paciente se pone en el escenario, lográndose la Identificación Empática del resto del grupo, con el protagonista, gracias a la Acción dramática. En el proceso, el protagonista podría llegar a experimentar la Catarsis, explotando sus sentimientos ocultos con respecto

terapeuta dispone de variadas técnicas que típicamente involucran una exageración de muletillas y conductas, incluso las no verbales.

La terapia de grupo Gestalt parte como Grupo de Encuentro, pero con una perspectiva teórica que le confiere características particulares. El grupo Gestalt se diferencia de estos en que el terapeuta trabaja básicamente en un nivel intrapsíquico, con cada uno de los miembros por turno, no atendiendo a la dinámica entre ellos. Esto significa que la Terapia Gestalt no es una terapia de Grupo sino que una Terapia En Grupo. Se hace en grupo imitando la forma privilegiada de Perls, parta exponer su teoría.

La forma más usada en la década de los ’70 era el taller de enseñanza, diseñado por Perls, que permite al terapeuta trabajar con un solo paciente a la vez rodeado de espectadores. Esta modalidad es denominada el “banquillo de los acusados” (Polster y Polster 1973). Para Perls, este modelo combinaba los mejores aspectos de terapia individual y de grupo, resulta económica, los espectadores obtendrán teóricamente un progreso en su conciencia y la naturaleza pública podría intensificar la labor terapéutica (Perls, 1978). Sin embargo, Latner (1973) avisa sobre el peligro de la posibilidad que el participante se esfuerce en representar un rol y el papel demasiado activo por parte del terapeuta. Un peligro aún más grave es el mensaje que varias experiencias buenas en un tiempo limitado, puedan sustituir el trabajo constante y disciplinado del desarrollo a una mayor conciencia.

Polster y Polster plantean la posibilidad de superando la técnica del “Banquillo de los acusados” utilizar el método del “Banquillo flotante”, donde la atracción del interés del grupo por una persona particular y en un momento particular es un fenómeno grupal orgánico, observándose un esfuerzo concertado para maximizar el contacto e identificar todas las posibles fuentes de deflexión. Así, el terapeuta, cuenta con que las interacciones grupales proporcionen una fuente segura para el auto conocimiento en las relaciones interpersonales. De hecho los autores plantean, especulando la existencia de la sabiduría grupal, la inevitabilidad que surja apoyo para cualquier comportamiento que un miembro ensaye.

Para Latner (1973) lo que resulta diferente en el trabajo en grupo es la escala de interacción y la naturaleza de los lazos que unen a los miembros de los grupos. Las polaridades tienden a

dividirse en el grupo, pero su resolución es la misma. La dinámica de la interacción es semejante a la del terapeuta y consultante pero mucho más complicada.

Para Perls (1974) el trabajo frente a un grupo motivado es útil, partiendo del hecho de que toda relación es proyectiva y debe integrarse en una interacción: acepto lo que me hacen porque yo me lo hago a mí mismo y los sentimientos que me perturban debo arrojarlos hacia fuera. Las técnicas más famosas usadas por Perls son: la “silla caliente”, la “silla vacía”, el “diálogo de polaridades”, que también se ocupan en la “exploración de sueños”, en la cual el sujeto pasa a identificarse con cada parte de su sueño.

Según Petit, un grupo Gestalt clásico, está constituido por personas que quieren o liberarse de un malestar generalizado o dar sentido a su vida. De estas distintas motivaciones se da paso al desplazamiento de la búsqueda de un sí mismo auténtico, lo que se constituye en la verdadera motivación para la participación regular. El trabajo en grupo para Petit aporta a la relación

In document SATISFACCIÓN EN PARTICIPANTES DE UN TRATAMIENTO PSICOTERAPÉUTICO GRUPAL PARA HOMBRES QUE EJERCEN VIOLENCIA BASADO EN EL ENFOQUE GESTÁLTICO (página 50-76)