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Pues sienta en aquel cojín a la parte de ti que se acuesta y liga con

In document Psico Gestalt III (página 131-141)

Introducción a las técnicas de la terapia gestáltica

CUENTOS PARA NO VIVIR

T.: Pues sienta en aquel cojín a la parte de ti que se acuesta y liga con

los tíos.

Cuentos para no vivir

Normalmente empleo el mismo lenguaje que suelen emplear mis pacientes, respetándolo como su código de lenguaje y de esa forma evito los choques de comunicación, a menos que sean palabras indefinidas, como «eso», «aquello», «cosas»... que devuelvo al paciente con el fin de concretar su expresión y que hablemos sobre realidades y no indefinidos pues la comunicación fácilmente se deterioraría. Cuando no es una palabra indefinida como «tío», o «hacer uso del matrimonio», etc., no sólo la respeto, sino que la utilizo. Incluso muchas veces el paciente cambia su uso por otra palabra similar, en cuyo caso y notando que el cambio ha sido significativo, pasamos a trabajar con ello. Por ejemplo, en el párrafo anterior, si ella, después de mi intervención, hubiera dicho «chico» o «señor»..., hubiéramos trabajado en ello.

A partir de aquí proseguimos con un diálogo en «sillas calientes» en el que sacó en conclusión que así se sentía menos sola, pero trata por todos los medios de evitar el sentimiento.

Un dato curioso que me gustaría señalar aunque no surgió en el desarrollo de esta sesión es la ¿casualidad? en el principio del cuento. «Caperucita vivía con su madre... su madre le dice que tenga cuidado con el lobo».

Curiosamente esta paciente es huérfana de padre, vive con la madre y ¿sería mucho decir que el «ten cuidado con el lobo» es un mensaje ulterior de «procura encontrarte con el lobo»? En cuyo caso Caperucita es sólo una niña obediente para que la madre pueda dejar de hacerse cargo de ella, dejándola en manos del lobo para que le «alivie» su soledad. Siendo este lobo la figura del padre.

Trabajando en ti mismo

¿Cuál es tu sentimiento con respecto a este cuento?

¿Qué sentimientos te despierta Caperucita?

¿En qué se parece tu vida a la de Caperucita? ¿Cómo te sientes al reconocerlo?

¿Qué le dirías a X?

¿En qué puntos difiere esta versión de la que tú conoces o recuerdas?

Las diferencias de versión ¿te aportan algún dato acerca de ti mismo?

Trabajando, de lleno, en ti mismo

¿Recuerdas algún cuento de tu infancia que te gustara mucho, que fuera tu favorito? (Escríbelo a continuación, sin preocuparte de su veracidad; exprésalo espontáneamente basándote en tus recuerdos).

Después de escrito, NO lo repases, transcríbelo en primera persona, como si tú fueras el personaje principal; y en presente, como si ocurriera aquí y ahora. (Toma conciencia de tus sentimientos de las reacciones de tu cuerpo de las tensiones...).

¿Qué has descubierto con respecto a ti mismo?

Cuentos espontáneos o imaginativos

Muchas veces el sujeto no logra identificarse con ningún cuento clásico y/o ampliamos la proyección de su personalidad con un cuento espontáneo, inventado por la propia persona.

Con esto conseguimos que el sujeto utilice su imaginación para proyectar su situación presente tal y como se vive. No hemos de olvidar que nosotros creamos nuestras propias fantasías y que al reconocer nuestras propias creaciones cobramos fuerzas para cambiar nuestro mundo. Como ya es sabido, las técnicas proyectivas constituyen un grupo de métodos psicológicos que se caracterizan por permitir respuestas libres a estímulos estructurados, según la mayor o menor formalización de los mismos. Se puede, por ejemplo, mostrar a una persona una mancha de tinta y preguntarle a qué se parece o qué es lo que ve en ella. Las técnicas proyectivas utilizan diversos recursos, desde los estímulos absolutamente inestructurados —como arcilla para modelar— hasta los muy estructurados —como una fotografía—.

En el caso de los cuentos, tendríamos un estímulo inestructurado para que el sujeto lo estructure en función de su personalidad.

La consigna dada al sujeto es: <Invéntate un cuento, que sea tuyo, que no se parezca a ninguno de los que conoces; no importa la extensión, ni el tema; el que tú quieras».

Normalmente, el cuento creativo (inventado), a diferencia del clásico, suelo utilizarlo como tarea asignada. Esto es, aquella que el sujeto realiza por su cuenta, fuera de la sesión terapéutica. Puede aducirse que, al tener tiempo para pensarlo, el sujeto puede estructurarlo mejor e incluso copiarlo o pedir que lo hicieran por él. Eso es algo que no puedo negar pero en el caso de que lo copiara o que se lo hicieran, el sujeto estaría actuando en contra de su proceso terapéutico y en contra de su propia decisión de sentirse bien, pero por otra parte, en la utilización posterior del material surgirían discrepancias y sin duda, saldría a la luz su acción, lo que nos aportaría material de trabajo acerca de su personalidad.

Y en cuanto a que lo estructuren mejor, soy de la opinión de que no porque se cuide la estructura el contenido y el cómo expresarlo el paciente deja de expresar su yo; antes bien, manifiesta de una forma más palpable cómo se vive a sí mismo.

Con un cuento narrado directamente en la sesión, el paciente tiene más posibilidades de coartar su personalidad en función de su ansiedad, de su «salir del paso» o simplemente puede bloquear; no obstante, puede hacerse.

Al hacerlo por escrito y con tiempo, vierte su modo de ser, ya que el «obsesivo» va a cuidar la forma de narración, el «histérico» va a seguir destacándose y el «descuidado» va a seguir mostrándose cómo es. Y la práctica me lo demuestra.

Una vez obtenido el cuento, lo utilizo n una doble vertiente:

• Para obtener datos acerca de cómo se vive (Análisis Estructural). • Para trabajarlo gestálticamente con el sujeto.

Análisis estructural

Una vez obtenido el cuento, éste nos aporta datos desde un punto de vista formal o desde el del contenido.

Desde el punto de vista formal podemos tener en cuenta:

• El lenguaje, si es espontáneo o muy elaborado...

• El tipo de estructuras sintácticas y gramaticales que emplea; aquí suelo aplicar con frecuencia la Neurolingüística.

• La repetición de determinadas palabras, frases...

El empleo de palabras características o representativas (por ejemplo, en el cuento de la nube, la repetición de «una margarita» —ver más adelante el cuento completo— hace pensar en una identificación del sujeto).

Y desde un punto de vista del contenido, tenemos todas las normas de las técnicas, proyectivas, esto es:

• Persona principal como identificación del sujeto. • Localización de su situación en su entorno. • Análisis de su entorno.

• Los elementos secundarios como personajes determinantes en la vida del sujeto.

• El tema.

• El desarrollo de la acción.

Siempre trabajo los dos aspectos, tanto el formal como el del contenido, con el propio sujeto. No suelo esconderle información, pero es él quien la descubre durante la sesión o sesiones.

La forma de abordaje sería similar como al trabajar sueños en psicoterapia gestáltica.

Analizando la forma de trabajo, tenemos que en primer lugar llega el sujeto, a la sesión, con su cuento.

Un aspecto a considerar es que el psicoterapeuta no debe olvidar las tareas asignadas. Si el sujeto llegase a la sesión con un cuento o con cualquier otro material derivado de una tarea asignada, y el psicoterapeuta no hiciera uso de ello, lo desdeñase o simplemente lo olvidase, supondría un desprecio o un castigo para el paciente. Con ello sólo conseguiríamos crear una barrera en el proceso terapéutico. Por lo tanto, siempre que asignemos una tarea, en la sesión siguiente debe de trabajarse con ella o con su ausencia, en el cómo y en el para qué de su incumplimiento.

Estamos en el inicio de la sesión y el sujeto trae su cuento. Le pido que lo lea en voz alta.

Una vez leído en voz alta, tal y como lo trae, le pido que identifique al protagonista, y una vez identificado le insto para que vuelva a narrar el cuento en primera persona, como si él fuera el protagonista; y en presente, en el aquí y ahora.

1. Para conocer la forma de trabajar sueños en Psicoterapia Gestalt, ver el libro de F. PERLS: Sueños y Existencia (Ed. Cuatro Vientos, S. Chile).

Volvemos a encontrarnos con la toma de contacto de sentimientos personales por parte del sujeto, tal y como ocurría con los cuentos clásicos.

Al llegar a este punto, añado un elemento más que en el descrito anteriormente, puesto que le pido al sujeto que, utilizando la estructura del cuento transforme los acontecimientos imaginados en las situaciones reales de su vida con las que coincida, de forma simbólica, su cuento. Podríamos decir que todos los acontecimientos narrados en el cuento corresponden a

acontecimientos pasados, presentes e incluso futuros de la vida del sujeto. Y le pido que los identifique.

Cuando hay un elemento poco claro, que el sujeto no llega a localizar en su vida real, o cuando resulta interesante ahondar más en su vivencia, realizamos unas «sillas calientes» hasta descubrir, integrar y aceptar su realidad.

Aquí nos encontramos con tres aspectos. Hay un punto intermedio del cuento en donde el sujeto está describiendo su presente. Todo lo narrado anteriormente corresponde a su pasado, en donde resulta interesantísimo constatar los hechos que sigue trayendo a su presente. Ya que un recuerdo es un acontecimiento en donde se vivió en su momento la carga emocional, y cualquier situación pasada que el sujeto traiga al presente, con el mismo contenido emocional de antaño, lejos de ser un recuerdo, es un elemento sin elaborar que el sujeto mete en su aquí y ahora, llamándole «recuerdo» y «pasado» para evitar su emoción.

Pasado el punto intermedio es donde el sujeto localiza su presente, corresponde a su visión futura, cómo va a evolucionar su vida. No deja de resultarme sorprendente el que todos los sujetos aportan en este final del cuento la solución simbólica a su problema y los modos de conseguirla. Cuando el sujeto descubre esto contamos con una gran luz sobre el cómo y el para qué trabajar y sólo hemos de aplicar la metodología, los modos más pertinentes a la situación, cara a cerrar situaciones emocionales del sujeto.

En este final observamos las posibilidades que se brinda el sujeto para su futuro. Así un cuento que termina bien nos ofrece la disposición del paciente. Si la solución es personal o si se refugia en un cambio del entorno o de algún otro personaje secundario; en este último caso o si la solución que aporta es una salida mágica, tendremos que trabajar para que el protagonista del cuento (con el que e) paciente se identifica) logre dar con una solución personal, llevando al paciente hacia el autoapoyo.

Cuando el cuento carece de un final claro hemos de instar al sujeto para que perfile el final o encuentre un final claro que sea de su elección.

Y cuando el cuento termina de una forma pesimista o negativa, nos sirve de alerta para prevenir supuestas acciones futuras del paciente que le puedan hundir más en su situación neurótica, pasando a trabajar en esos

sentimientos negativos que le dificultan la asunción de su yo y la aceptación de sí mismo.

En este apartado vamos a transcribir varios cuentos espontáneos, obtenidos como tarea asignada, pero como en los cuentos clásicos, vamos a incluir la sesión posterior con el fin de englobar al lector en el marco emocional y terapéutico creado.

Te sugerimos que, como en el apartado anterior, no leas los cuentos de corrido, sino que trabajes con ellos de uno en uno. Déjate llevar por tus sentimientos, y no juzgues ni opines... vívelos, sólo así estarás trabajando

en tí al mismo tiempo. Al final de cada cuento tienes una facilitación para trabajar de forma más

concreta en ti mismo.

Asimismo, al final de cada cuento hemos añadido una breve explicación teórica de la situación descrita.

Cuento primero

Mujer, veinticinco años; dificultad de estabilidad con la pareja y necesidad de atención y reconocimiento; soltera.

Era una soleada mañana de verano. El río bajaba por entre los espesos matorrales, donde se ocultaban las de ranas y los pájaros comenzaban a cantar pidiendo su desayuno,

Al otro lado del río había una gran blanca, rodeada de árboles y flores, con una parte de tierra plantada verduras y frutales, a los que regaba un pozo situado en una esquina del jardín.

La niña que vivía en esta gran casa era Laura, dulce, obediente, que adoraba vivir en el campo y ver crecer las flores.

Esa mañana, Laura, medio dormida aún sobre la cama, oyó los gritos de su madre que, desde la cocina, la obligaba a levantarse para desayunar.

La niña, de mala gana, se levantó y salió al jardín. «Hoy está todo muy bonito», pensó. «Me sentaré en la hierba». Estaba tranquilamente sentada

cuando de repente oyó una voz que salía de un hormiguero y vio, a su lado, una pequeña hormiga que estaba durmiendo.

—«Oye, oye», la dijo, dándole un golpecito con el dedo. —« ¿Es que no oyes que te están llamando?».

La pequeña hormiga se despertó sobresaltada y viendo a Laura, la dijo:

—« ¿Qué quieres?».

—« ¿No has oído como te llamaban?», respondió Laura. —«Si, pero es que tengo tanto sueño... », replicó la hormiga. —«Yo siempre pensé que las hormigas erais muy trabajadoras y apenas dormíais», explicó la niña.

—< ¡Bah!, eso es una tontería> sólo trabajan las obreras», dijo la hormiga.

—«Y tú ¿no eres obrera?», preguntó Laura.

La hormiga la miró indignada y la dijo:

—«Nada de eso, yo no trabajo, estoy estudiando».

—«¿Si?’>, dijo la niña sorprendida. « ¿Las hormigas estudiáis?». —«Por supuesto, ¿qué te has creído?», contestó la hormiga. —«¿Y qué estudias?’>, preguntó Laura.

—«Medicina».

—«Y, ¿para qué?», insistió la niña.

—«Pareces un poco tonta, y además, muy preguntona. Estudio medicina para curar a mis hermanas cuando nos pisan los hombres, porque ¿sabes?, ellos no te dan un golpecito con el dedo, como tú, éstos llegan y te pisan porque sí, pero —y apareció una sonrisa maléfica en su cara— cuando los picamos, ¡menudos picotazos los damos! y encima con lo grandotes que son, ¡mucho más que tú!» —«Claro, son más grandes, porque yo soy una niña’>, explicó Laura. —«Y eso ¿qué es?, preguntó la hormiga.

—«Pues no sé cómo explicarte; sé que naces y eres pequeña y que pasa el tiempo, vas creciendo y te conviertes en una niña y después de mucho tiempo eres adulto. Bueno, supongo que tú habrás sido antes más pequeña, ¿no?», respondió Laura.

—«Ah!, ya entiendo. Claro, yo antes era pequeña y recuerdo que me divertía mucho con mis hermanos y amigas», dice la hormiga.

—« ¡Qué suerte!», exclamó Laura, «yo no tengo amigas, mamá no me deja salir, ¡tengo tantas cosas que hacer!’, cuando no limpio la

casa, riego el jardín, y si no, hago mis deberes o ayudo a hacer la comida».

—«Menos mal que no soy una niña» dijo la hormiga.

—«Pues a mi me hubiera gustado haber nacido hormiga», apuntó Laura, «así podría jugar con todas mis amigas».

—«Todo no es tan bonito, ya te he dicho, que nos pisan los hombres», explicó la hormiga, «y, además, ¿sabes qué es lo más pesado?, continuó la hormiga, «que no puedes dormir, porque como somos tantas tenemos que dormir muy apretadas».

—«Bueno, no me importa, porque si me pisan los hombres, tú me curarías y si me divierto por el día, no me importa dormir apretada», dijo la niña.

—«Despierta, Laura, ¿no me oyes?, el desayuno está puesto» la dijo su mamá, mientras la agitaba con su mano.

—«Ya voy mamá», contestó.

Y Laura se levantó, miró por la ventana la hierba del jardín y soñó con ser hormiga.

T.: ¿Para ti quién es la protagonista? X.: Pues... la niña... Laura...

T.: ¿Quieres contar ahora el cuento en primera persona, como si tú

fueses Laura, y en presente?

X.: A ver...

Es una soleada mañana de verano. El río baja por entre los espesos matorrales donde se ocultan las ramas y los pájaros comienzan a cantar pidiendo su desayuno... ¡qué lírico!... (Este comentario es una forma de evitar los sentimientos).

Al otro lado del río hay una gran casa blanca, rodeada de árboles y flores, con una parte de tierra plantada de verduras y frutales, a los que riega un pozo situado en una esquina del jardín... Esto me recuerda a la casa de S. (la pareja) en N. (justificación para evitar otro sentimiento).

Bueno, ahora viene..., la niña..., yo, que vivo en esta gran casa, soy... yo, dulce y obediente (risas), que adoro vivir en el campo y ver crecer las flores. Esa mañana, yo, medio dormida aún sobre la cama, oigo los gritos de mi madre que desde la cocina me obliga a levantarme para desayunar... la verdad es que mi madre me despertaba así, a gritos; a mí me hubiera gustado que me despertara dulcemente pero siempre lo hacía a gritos, ¡me desagrada más! (voz infantil y soñadora).

La niña... yo... de mala gana, me levanto y salgo al jardín. «Hoy está todo muy bonito», pienso.

«Me sentaré en la hierba».

Estoy tranquilamente sentada cuando de repente oigo una voz que sale del hormiguero y veo, a mi lado, una pequeña hormiga que estaba durmiendo.

—< ¡Oye!, ¡oye!», le digo dándole un golpecito con el dedo, « ¿no oyes que te estoy llamando?».

La pequeña hormiga se despierta sobresaltada y viéndome, me dice.

—< ¿Qué quieres?».

—« ¿No oyes cómo te llamo? respondo yo

—«Sí, pero es que tengo tanto sueño... », replica la hormiga.

—«Yo siempre... pienso... que las hormigas sois muy trabajadoras y apenas dormís», explico yo.

—«iBah!, eso es una tontería, sólo trabajan las obreras», dice la hormiga.

—« ¿Y tú no eres obrera?», pregunto yo.

La hormiga me mira indignada y me dice:

—«Nada de eso, yo no trabajo, estoy estudiando».

—« ¿Si?», digo yo sorprendida, « ¿alas hormigas estudiáis?». —«Por supuesto, ¿qué te has creído?», contesta la hormiga. —« ¿Y qué estudias?», pregunto yo.

—«Medicina».

—«Y, ¿para qué?», insisto yo.

—«Pareces un poco tonta, y además muy preguntona; estudio medicina para curar a mis hermanas cuando nos pisan los hombres, porque ¿sabes?, ellos no te dan un golpecito con el dedo, como tú, éstos llegan y te pisan porque sí, pero —y aparece una sonrisa maléfica en su cara— cuando los picamos, ¡menudos picotazos les damos! y encima con lo grandotes que son, ¡mucho más que tú!».

—« ¡Claro!, son más grandes porque yo soy una niña», explico yo. —« ¿Y eso qué es?», pregunta la hormiga. —«Pues no sé como explicarte; sé que naces y eres pequeña y que pasa el tiempo, vas creciendo y te conviertes en una niña y después de mucho tiempo eres adulto. Bueno, supongo que tú habrás sido antes más pequeña, ¿no?», respondo.

—« ¡Ah!, ya entiendo. Claro, yo antes era más pequeña y recuerdo que me divertía con mis hermanos y amigas», dice la hormiga.

«! ¡Qué suerte!», exclamo yo, «yo no tengo amigas, mamá no me deja salir... la verdad es que yo no tenía amigas porque mi madre no me dejaba salir... ¡bueno!, ahora tampoco las tengo... sigo con el cuento... « ¡Tengo tantas cosas que hacer!, cuando no limpio la casa, riego el jardín, y si no, hago mis deberes o ayudo a hacer la comida». —« ¡Menos mal que no soy una niña!», dice la hormiga.

—«Pues a mí me hubiera gustado haber nacido hormiga», apunto... yo, «así podría jugar con todas mis amigas».

—«Todo no es tan bonito, ya te he dicho que nos pisan los hombres», explica la hormiga, además, ¿sabes qué es lo más pesado?», continúa la hormiga, «que no puedes dormir, porque como somos tantas,

In document Psico Gestalt III (página 131-141)