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QUINTA MONROY 2003-2004, CHILE PROCESO PARTICIPATIVO PROYECTO Y OBRA

DÓNDE Y QUIÉNES

CAPÍTULO 2. ESTADO DE LA CUESTIÓN

2.2 ASENTAMIENTOS INFORMALES EN LATINOAMÉRICA Casa formal y ciudad informal en Latinoamérica

2.2.2 QUINTA MONROY 2003-2004, CHILE PROCESO PARTICIPATIVO PROYECTO Y OBRA

En el caso de Chile, el gobierno federal ha buscado desde la última década del siglo pasado el bienestar social por medio de la instalación de infraestructuras urbanas básicas y urbanización de los barrios informales, con metas propuestas a corto y a medio plazo, priorizando la urgencia de urbanizar los asentamientos informales. El Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, MINVU, desarrolló el Programa Chile Barrio en el 1996, dentro del Programa Nacional de Desarrollo de la Pobreza, con la determinación de integrar a las familias que viven en asentamientos informales, cambiando su condición de vida, y no solo, la de su vivienda, sino procurando mantener a las familias en el mismo sitio donde se encontraban, para no desvincular su identidad con el lugar y aprovechar la infraestructura urbana ya existente. Fueron contabilizados, en todo el país, en el estudio desarrollado junto a la Universidad de Chile en el año 1996, 972 asentamientos precarios, donde vivían 105.888 familias.

Dentro de este Programa se encuentra el caso del proyecto de la Quinta Monroy en Iquique, donde, en la década de 1960, se originó una ocupación irregular en un terreno del centro de la ciudad, lo que más tarde se llamaría como la Quinta Monroy (Fig. 2.2[7]). La primera opción del gobierno fue trasladar a los y las habitantes hacia otro poblado, pero fue rechazada por las 97 familias residentes. Su principal argumentación para rechazar la reubicación era los vínculos que había creado la población entre sí y con el barrio, siendo un tema de afecto social y con el territorio. En este primer hecho se demuestra el sentimiento de incertidumbre y temor que predomina en las familias que habitan las urbanizaciones de los barrios informales al pasar por una intervención urbana desde el estado, que se constata en este estudio: la falta de confianza con la administración y la duda surgida por salir del terreno para dar comienzo a las obras y no poder volver al barrio donde crecieron sus hijos e hijas, por culpa del incumplimiento del proyecto.

Entre los años 2003 y 2004, el estudio de arquitectura Elemental, con el arquitecto Alejandro Aravena a la cabeza como director ejecutivo, con la filosofía arquitectónica de “Incluir a la comunidad en el proceso”53, logró encontrar la fórmula para un desafío, instalando a las familias en un terreno pequeño

del centro de la ciudad, con un elevado precio por metro cuadrado de suelo, generando un proyecto con un bajo presupuesto y buscando una densidad alta de población con edificaciones de baja altura, para respeto del conjunto urbano.

Partimos de la premisa del estudio Elemental para exponer el proyecto como caso de ejemplo latinoamericano de participación comunitaria en el proceso de diseño arquitectónico, llegando a una

53 Título de su charla en TED Conferences: ¿My architectural philosophy? Bring the community into the process.

2.2[7]. Quinta Monroy, situación original e implantación. Fuente: Elemental.

Latinoamérica: Chile

aproximación de solución coherente y consensuada. El estudio de arquitectura procuró hacer partícipe a la población como estrategia para resolver la cuestión económica y social, planteada en las directrices del Programa Chile Barrio del Ministerio de la Vivienda y Urbanismo: mantener las raíces y las identidades locales.

Alejandro Aravena, director del estudio Elemental y Premio Pritzker 2016, en su charla TED Conferences54,

comenta que la mayor dificultad para resolver la ecuación presupuestaria del proyecto de la Quinta Monroy era asumir el coste del terreno situado en pleno centro de Iquique sin incrementar el presupuesto y sin dañar el confort y la habitabilidad de las nuevas viviendas. La obra preveía un gasto de 10 mil dólares para el coste por vivienda de terreno, diseño e infraestructura, lo que suponía la mitad del coste habitual de una vivienda social en Chile. El coste restante se dejaría libre para ser asumido por el futuro propietario que definiría la ampliación de la célula inicial (Fig. 2.2[8]). Se generó entonces un diseño participativo, incluyendo las familias en el proceso para comprender las limitaciones del mismo y prolongar su proceso de desarrollo al tener la adquisición propia de la vivienda. En cada reunión las familias y los técnicos llegaban a acuerdos, proponiendo elementos que formarían parte de la dinámica del barrio, como formar cuatro sub-grupos para el diseño de implantación, que conformarían cuatro patios semipúblicos donde cada grupo controlaría el acceso, demandando espacios de integración comunes y la formación de los grupos por la afinidad de los vecinos y las vecinas, entre otros condicionantes.

La solución acordada fue desarrollar una estrategia arquitectónica, social y económica, haciendo frente a la oferta del mercado y a las demandas de las familias. Se propuso una célula inicial con el presupuesto otorgado por el gobierno, y respetando un espacio entre vivienda y vivienda, para que cada familia pudiera gestionar el crecimiento de la unidad de acuerdo con sus necesidades. Este planteamiento resultó en la construcción de módulos de 6,00 x 6,00 x 2,50 m en planta baja conformando la estructura rígida y portante de la vivienda, con una sala de estar, cocina y baño, previendo la posibilidad de aumentar la superficie habitada de la vivienda hasta los 72m2. Las unidades de primera planta se diseñaron

inicialmente en 25 m2, en módulos de 6,00 x 6,00 x 5,00 m, con posibilidad de ampliación también hasta

los 72 m2, compuestas por sala de estar, cocina y un baño en el altillo.

El proyecto está compuesto por 93 viviendas, con una superficie de 5.025 m2 respetando la directriz de

aumentar la densidad de viviendas definida por el MINVU, procurando no repetir el perfil de desarrollo de ciudad horizontal latinoamericana. Todo el conjunto creó así una estructura preparada para recibir las

54 Véase charla en:

<http://www.ted.com/talks/alejandro_aravena_my_architectural_philosophy_bring_the_community_into_the_process?share=1e b92aec11&language=es#t-204641>

2.2[8]. Parte superior: plantas de la unidad de planta baja; parte inferior: plantas de apartamentos de planta primera con altillo. En rojo posibles ampliaciones (s/escala). Fuente: Elemental.

Latinoamérica: Chile

posibles futuras ampliaciones por parte de sus habitantes, utilizando en lo esencial, que en este caso era la estructura portante, materiales constructivos de buena calidad como fueron el hormigón armado, los bloques de hormigón, la madera y el vidrio.

La propuesta compositiva y arquitectónica de Elemental logró combinar el contexto geográfico, sus habitantes y las necesidades demandadas por ellos y ellas mismas, primordial en la filosofía del trabajo de diseño participativo. Alejandro Aravena resume en su discurso la importancia del elemento humano en el proceso de diseño: “Ya sea entonces la fuerza de la auto-construcción, la fuerza del sentido común o la fuerza de la naturaleza, todas esas fuerzas deben ser traducidas a una forma y lo que esa forma está modelando y formando no es cemento, ladrillo o madera, es la vida misma. El poder de síntesis del diseño, es solo el intento de colocar en el núcleo más íntimo de la arquitectura la fuerza de la vida.”

2.2[9]. Izquierda. Quinta Monroy, fotografía de reunión con los habitantes para explicar la propuesta en maqueta. 2.2[10]. Derecha. Imagen de reunión en la Casa Central para presentación del proceso de proyecto. Fotografías: Elemental.

2.2[11]. Quinta Monroy, antes de la intervención. Fotografía: Cristóbal Palma.

2.2[12]. Obra en fase de finalización. Fotografía: ídem.

2.2[13]. Quinta Monroy, intervenida por la comunidad. Fotografía: ídem.

Latinoamérica: México

2.2.3 México, 2000-2016. Dos propuestas de arquitectura sostenible y urbanismo participativo