(op. cit., p. 27 de la versión española).
No cabe duda de que ya casi cerca del año 2000 este ti po de postulados son sin duda frecuentes, pero suponían una opción muy novedosa en el momento que estamos tratando. Obviamente en 1960 esta conceptualización suponía abrir la puerta a temas que habían estado vedados pero también sig nificaba, y eso nos parece mucho más importante, que la psi cología debía ocuparse de las representaciones, las intencio nes y las metas de los organismos y debía hacerlo tratando de describir de manera jerárquica y organizada el comporta miento humano. De una vez por todas, debían desecharse las descripciones demasiado moleculares y era preciso generar formulaciones más molares, como las que había empezado a ofrecer Chomsky en el campo del lenguaje. En definitiva, la idea de plan ha dado lugar, con el tiempo, a que los psicólo gos se dediquen a estudiar aspectos como las estrategias, las estructuras, la metamemoria, los Scripts, los mapas cognitivos y conceptos similares tan en boga en la psicología cognitiva actual. Es decir, se partía de una concepción del hombre co mo un ser propositivo y reflexivo cuyo comportamiento no puede ser analizado y comprendido al margen de su contex to interno. Es decir, no se puede prescindir de la manera en que dicho comportamiento ha sido adquirido y concebido por el propio sujeto.
Por otro lado, la manera en que se defiende el concep to de ejecución o actuación (performance) supone también un ataque frontal al postulado conductista de que la psicología debía estudiar solamente el comportamiento observable. “Di remos que un ser vivo está ejecutando un plan cuando de he cho ese plan está controlando la secuencia de operaciones que ese ser vivo está llevando a cabo... la ejecución de un plan no tiene por qué terminar en una acción manifiesta: especial- i In tro du cc ió n a l a p sic ol og ía co gn iti va
ió n a l a p sic ol og ía co gn iti va
54 mente en el hombre parece ser verdad que hay planes para re coger o transformar información, al igual que hay planes pa ra guiar acciones... un organismo puede almacenar y proba blemente lo hace, muchos planes distintos, además de los que está ejecutando en un momento dado” (op. cit., p. 28).
A partir de estos dos conceptos no resulta sorprenden te en absoluto que se formule la idea de imagen de la siguien te manera: “la imagen es todo el conocimiento acumulado y organizado que el organismo tiene acerca de sí mismo y de su mundo. Naturalmente, en la imagen hay muchas cosas ade más de imágenes... la imagen incluye todo lo que el organis mo ha aprendido —tanto valores como hechos— sometido a la organización impuesta por conceptos, imágenes o relaciones cualesquiera que él haya llegado a dominar” (op. cit., p. 28).
Independientemente de que el término imagen fuera más o menos afortunado, lo que probablemente resulta eviden te a cualquier aficionado a la actual psicología cognitiva es que este concepto ha dado lugar a lo que hoy día suele considerarse memoria a largo plazo, es decir todo el bagaje de conocimien tos que el sujeto ha ido adquiriendo y elaborando a lo largo de su vida y que puede actualizar o no, según las oportunidades de que disponga. Así las cosas, lo que para Miller, Galanter y Pri- bram (1960) resultaba una necesidad imperiosa era estudiar a fondo y en detalle las relaciones entre las imágenes y los planes, o lo que es lo mismo, entre lo que el sujeto conoce, en todos los sentidos, y lo que hace, entendiendo por esto último no sólo la acción manifiesta sino también las intenciones y las metas.
De hecho, ya en el comienzo de su obra, estos autores lanzan como primeras hipótesis las siguientes formulaciones:
- Un plan puede aprenderse, y convertirse así en parte de la imagen.
- Los nombres que tienen los planes deben comprender 5 una parte de la imagen de los seres humanos, ya que el hecho
d e s e r c a p a z d e e je c u ta r ta le s o c u a le s p la n e s d e b e fo rm a r 55 p a r te d e la im a g e n q u e u n a p e r s o n a t ie n e d e s í m ism a .
El conocimiento debe incorporarse al plan, puesto que de otra forma no podría proporcionar una base para guiar la conducta. Así, las imágenes pueden formar parte de un plan.
- Sólo se pueden hacer cambios en las imágenes ejecutan do planes para recoger, almacenar o transformar información.
- Sólo pueden efectuarse cambios en los planes, me diante información extraída de las imágenes.
- La transformación de descripciones en instrucciones es, en el caso de los seres humanos, un simple truco verbal.
Resulta bastante claro que si sustituimos los términos planes e imágenes por sus alternativas en los estudios actua les, las conclusiones generales de las investigaciones de los úl timos años han mostrado que este estilo de teorización se en contraba bastante bien orientado.
Llegamos, por fin, al ejemplo del martillo. Así, una vez pertrechados con las armas ofensivas de los conceptos que acabamos de describir, Miller, Galanter y Pribram (1960) ini cian, en el capítulo segundo de su obra, un duro ataque al bastión conductista. Intentan, nada más y nada menos, que desmontar la idea de que el par estímulo-respuesta es la uni dad de análisis más adecuada en la psicología. Para ello, par ten de una crítica inicial al concepto de arco reflejo, puesto que es el que dio origen al E-R.
Su argumentación se basa, fundamentalmente, en dos aspectos. Por un lado, el esquema clásico del arco reflejo, a sa ber, “estímulo-receptor-nervio eferente-fibras de conexión-ner vio eferente-efector-respuesta”, hacía tiempo que la propia neurofisiología lo había sustituido por los conceptos de re troacción y de servomecanismo. Y por otro, no parecía que tu-
c ió n a l a p sic ol og ía co gn iti va
In tro du cc ió n a l a p sic ol og ía co gn iti va
viera sentido seguir utilizando en nuestra disciplina ideas que habían quedado desechadas en su propio ámbito de origen.
De ahí se desprendía que resultaba mucho más útil la llamada “hipótesis cibernética”, es decir, la concepción según la cual el aspecto esencial en el funcionamiento del sistema nervioso es el bucle de retroacción. Así lo formulaba Wiener: “Mantengo la tesis de que el funcionamiento físico del ser vi vo y la forma de operar de algunas de las más nuevas máqui nas de comunicación son paralelas precisamente en lo que respecta a sus intentos análogos de controlar la entropía me diante retroacción. Ambos poseen receptores sensoriales que constituyen una etapa de su ciclo de operación: Esto es, en ambos existe un aparato especial que recoge información del mundo externo a bajos niveles de energía, y que la pone a dis posición de la operación tanto del individuo como de la má quina. En ambos casos, ésos mensajes externos no se reciben puros, sino a través de las posibilidades de transformación del aparato, sea éste animado o inanimado. A continuación, la in formación adopta una nueva forma aprovechable en las si guientes etapas de la actividad que se desarrolla. Tanto en el animal como en la máquina, esta actividad se hace efectiva so bre el mundo externo y en ambos casos se devuelve hacia el mecanismo regulador central información acerca de la acción realizada sobre el mundo exterior, y no meramente acerca de la acción propuesta.” (Wiener, 1954, pp. 26-27, citado por Mi- 11er, Galanter y Pribram, 1960, p. 53 de la versión española).
Así, basándose en este tipo de aportaciones, se presen taba la alternativa al E-R, es decir la secuencia Test-Operation-
Test-Exit (T.O.T.E.) (Evaluación-Operación-Evaluación-Sali
da), que puede verse en las figuras 1.1, 1.2 y 1.3 (tomadas de Miller, Galanter y Pribram, 1960, pp. 45-47 de la versión espa ñola). En la primera de ellas se muestra el plan para fijar un clavo con un martillo en su consideración más simple. Es de-
cir, se parte de la idea de que la acción de clavar tiene dos componentes, alzar y golpear, y un proceso de evaluación que termina cuando la cabeza del clavo no sobresale. En ese caso, es preciso introducir una representación un poco más compleja del plan que se muestra en la figura 1.2, que inclu ye el proceso de evaluación de la acción al alzar. Por último, en la figura 1.3 puede verse el plan completo con todos los bucles de retroacción incluidos.
Figuras 1.1, 1.2 y 1.3. Representación del plan para fijar un clavo (Tomado de Miller, Galanter y Pribram, 1960). Figura 1.1
Evaluación
del clavo (la cabeza no
sobresale) (la cabeza sobresale) U (J 3 73 C¡_ Martillo ión a l a ps icol ogí a cog nitiv a
In tro du cc ió n a la ps ico lo gí a c og ni tiv a (el martillo está
Evaluación levantado) • Evaluación
del martillo del martillo
(el martillo está bajado)
Alzar Golpear
(el martillo está bajado) (el martillo está
levantado)
Figura 1.3
Como se ha dicho tantas veces, este sencillo esquema puede parecer un tanto simplista. Nuestra experiencia docen te nos indica que, invariablemente, cuando es expuesto por
primera vez produce una mezcla de escepticismo e hilaridad 59
contenida en los alumnos, aunque se insista en que su aparen te sencillez es absolutamente intencionada. De hecho, Miller, Galanter y Pribram (1960) pretendían mostrar cómo hasta un acto muy simple, no digamos ya los procesos superiores, de bía ser conceptualizado de manera cualitativamente diferente a como lo habían sido hasta entonces los distintos aspectos del comportamiento humano.
En cualquier caso, lo cierto es que este tipo de análisis es el que se ha impuesto en la psicología cognitiva actual, aunque, como se ha indicado anteriormente, no se hayan asumido to dos los presupuestos de la obra de Miller, Galanter y Pribram (1960). Así, no hay más que echar un vistazo a los estudios de hoy en día sobre atención, memoria, representación, compren sión del lenguaje o desarrollo cognitivo para encontrar una multiplicidad de modelos consistentes en diagramas de flujo, bucles de retroacción y reglas de distintos tipos. De hecho, si se comparan las figuras y conceptos de las últimas páginas con las que se incluirán en el capítulo 3 cuando expongamos más detenidamente la idea de programa y su influencia en la psi cología cognitiva a través de la metáfora computacional (véase pp. 124-158), se verá fácilmente su semejanza.