golpeó con violencia durante mis primeros años. Era un tiempo para jugar con mis juguetes los juegos inocentes de mi infancia, no para convertirme, a la fuerza, en un juguete sexual maltratado por manos adultas; unas manos que en lugar de cuidarme, me ultrajaron. Ponerme aquel disfraz de Batman y poder escalar hasta esa altura me daba la sensación de libertad, de que podía volar y salir de allí, lejos de un abuso sexual que no entendía. Con el paso de los años, seguiría disfrazándome para escapar de la hostilidad que me ofrecía el mundo. Cambié el disfraz de Batman por el oscuro disfraz del hombre lujurioso que se impulsa agarrado del sexo compulsivo. Mediante la lujuria sexual, escaparía a donde yo quisiera. Podría volar a los montes misteriosos y atrayentes del sexo anestésico, más allá de las fronteras de mi casa. Mediante el sexo, visitaría mundos increíbles, llenos de personas increíbles. Mucho tiempo me tomó entender que estos mundos nada podían ofrecerme, salvo engaño, falsedad y más dolor.
Así me pasé media vida escapando, volando de la mano de la lujuria sexual. No pude aprender de aquel primer encuentro doloroso en la altura del portón de la casa de mi infancia: Sí, podría volar embriagado por la lujuria sexual, pero tarde o temprano caería. Podría escapar por un rato, por meses o años, pero nada ni nadie evitarían que mi vida acabara estrellada contra el piso.
La lujuria sexual nunca me ofreció una buena salida ni una solución para mis problemas. Con dolor aprendí que la lujuria sexual no resta problemas, sino que los multiplica. Escapando de un matrimonio que no resultaba, la lujuria sexual nunca me sugirió que le metiera ganas y esfuerzo para resolver sus conflictos y fortalecer sus debilidades. El sexo me permitió escapar, pero su escape siempre fue fugaz, como el vuelo fracasado desde el portón de mi casa hasta el suelo de donde me levantó mi abuela. Sí, el sexo me permitió escapar, pero nunca me dio una salida real a mis problemas. Por eso, me la pasé repitiendo escapatorias que fallarían siempre. Por lo tanto, en el círculo vicioso de la lujuria sexual, mis problemas seguirían creciendo mientras tuviera el disfraz puesto y me empeñara en tratar de escapar.
Si has vivido escapando de tu realidad, utilizando el sexo como salida, hoy Dios te abre su puerta hacia la libertad, pues con Él no tendrás que ponerte más disfraces, ni saltar al abismo para destrozar tu vida una caída tras otra. Con Él, tus problemas no se multiplicarán mientras la lujuria sexual te lleva a dar un paseo anestésico. Y si dejas de escapar, algo te prometo: de la mano de Dios nunca más tendrás que salir huyendo.
MIS ARGUMENTOS SOBRE EL TEMA
205. La lujuria sexual es experta en escapatorias fallidas. La salida que te ofrece nunca da resultados y
acabas en el mismo sitio. El único cambio será el aumento de tus problemas.
206. Mientras la guerra se desata y el enemigo procura destruirte, mirarás a Dios y solo a Él. Serás fiel.
No intentarás escapar escondido bajo el manto de la lujuria sexual. Nunca olvides que todas las escapatorias que te proponga la lujuria tienen el propósito de condenarte.
207. ¿Utilizas tus actuaciones sexuales para escapar de tu realidad? La lujuria sexual no es una puerta de
escape que te ofrece una solución, sino que es una trampa disfrazada que te ofrece una caída hacia la destrucción.
208. ¿Recuerdas los espejos de las ferias que te hacen ver más alto o más ancho de lo que eres en
realidad? Lo mismo hace la lujuria sexual con nosotros: Distorsiona nuestra realidad y nos hace ver como no somos. No le compres este truco de espejismos a la lujuria sexual.
209. Cuando tu carne quiera escapar saltando al precipicio del sexo compulsivo, escucha la voz del
Espíritu de Dios dentro de ti que te dice: «No temas. Yo estoy contigo. No te abandonaré». ¿Ves que no tienes que escapar? 210. Una escalera rota, una soga podrida, una alarma que no suena, un extintor vacío... todo esto, al igual que la lujuria sexual, te ofrecen una falsa esperanza de escapatoria que en el momento de la emergencia no funcionan, no te sirven de nada. 211. Si te das «escapadas» para anestesiarte con sexo, ¿de quién escapas en realidad? Si pretendes jugar al escondite con la lujuria sexual, ella no te dará tregua ni escapatoria. Tarde o temprano te encontrará.
212. Quien vive atado a la lujuria sexual muestra una falsa fachada de seguridad y valentía ante el
mundo. Tu falsa fachada no te hace más fuerte; solo te engaña para que no enfrentes el problema. ¡Hoy puede ser diferente!
213. La lujuria sexual es un paracaídas roto que usarás cuando tu avión apunte en picado hacia la tierra.
¿Crees que escaparás de tus problemas al saltar del avión? ¡No saltes, no escapes, enfréntate a ti mismo sin usar al sexo como escapatoria!
214. Te verás arrinconado en el último piso de tu vida cuando un incendio de problemas amenace con
arrasarlo todo. Ahí y entonces, la lujuria sexual te ofrecerá como escapatoria que saltes al vacío... ¡Vaya amiga!
Recuerda, si te quitas el disfraz de tu impureza, podrás vivir como nunca antes: Con tu frente en alto, debido a que tu Dios perdonador es el que la levanta.