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La relación entre la ascesis y el espíritu capitalista

In document La ética protestante y el espíritu del c (página 181-200)

L Los fundamentos religiosos del ascetismo laico

II. La relación entre la ascesis y el espíritu capitalista

1. Ver Dowden (loc. cit.) en una hermosa descripción en la que singular mente caracteriza. En cuanto a la teología de Baxter, subsiguiente a su aleja miento progresivo de la rigurosa fe en el “doble” Decreto, conduce de un modo bastante aceptable la introducción a cada uno de sus diversos escritos publicados en las Work of the Puntan Divines (de Jenkyn). Su tentativa de combinar la univeral redemption y la personal election no llegó a satisfacer a persona alguna. Por nuestra parte, consideramos que lo fundamental es sólo que, hasta en su momento, él fue perseverante en la personal election, es decir que, por lo que respecta a la ética él se mantuvo en el punto definitivo de la doctrina de la predestinación. Es importante asimismo hacer hincapié en su amortiguamiento de la concepción “forense” de la justificación que supone aproximarse un tanto a los bautizantes.

2. Th. Adams, John Howe, Matthew Henry, J. Janeway, St. Charnock, Baxter y Bunyan elaboraron Tratados y sermones, respectivamente, los cuales se encuentran recopilados, en una selección algo arbitraria, por cierto, en diez tomos de Works of the Puntan Divines (Londres, 1845-48). Con anterioridad, al mencionarlas por primera vez, indicamos los escritos de Bailey, Sedgwick y Hoornbeek.

3. Igualmente podríamos hacer referencia a Voet y otros representativos más continentales de la ascesis profana. Brentano cae en un error al asegurar que tal desarrollo fue “tan sólo anglosajón”. Al seleccionar nos basamos en el afán de ceder la palabra, aun cuando no de un modo exclusivo, antes bien en lo factible, a la corriente ascética de la segunda mitad del s. XVII, casi cuando ya ocurría su cambio en utilitarismo. Lamentablemente, hemos de prescindir en este momento de la interesante labor de dar a conocer el vital modo del ascetismo protestante, recurriendo particularmente a las fuentes literarias biográficas (entre las cuales sería preferible valernos de la cuáquera, que aún no estamos del todo versados en ella).

4. Ya que resultaría igualmente provechoso servirnos de los trabajos de Gisbert Voet, como de las conversaciones sostenidas entre los sínodos hugonotes o lo escrito por los baptistas holandeses. Es sumamente lamentable el hecho de que Sombart y Brentano haya fijado su atención en aquello que de “ebionítico” tiene la doctrina de Baxter, en lo que tan reiteradamente he insistido, para sacarme a relucir el espíritu reaccionario (capitalista) de su doctrina. Por de pronto, para hacer uso de dicha literatura es necesario, antes que nada, conocerla como es debido y. además, tener a la vista que yo he tratado, precisamente, de probar que, no obstante el “antimammonismo” de la doctrina, la esencia de esta piedad ascética, a la par que en las economías monacales, originó el racionalismo económico, debido a que recompensaba aquello que era concluyente esto es: los ímpetus racionales, por motivaciones ascéticas. Así, pues, de ello es únicamente de lo que se trata, no habiendo en nuestros raciocinios otro eje que no sea éste.

5. Así en Calvino, el cual no era tampoco un partidario de la riqueza bur guesa ni mucho menos (ver sus iracundos acometimientos a Venecia y Amberes, Comm. in Jes. OP III, 140 a, 308 a).

6. Véase: Saint’s everlasting rest, cap. X y XXI. Bailey, Praxis pietatis, pág. 182, o también, Matthew Henry (The worth of the soul, Works of the Pur. D pág. 319): “These that are eager in pursuit of wordly wealth despise their soul not only because the soul is neglected and the body preferred beforeit but because it einployed in these pursuits: Psalm 127, 2” (bien que en la dicha página figura la consideración que más adelante mencionaremos en relación a lo pecaminoso de cualquier desperdicio de tiempo, principalmente en recreations). Así, en la totalidad de la literatura piadosa del puritanismo anglo-holandés. Véase, por ejemplo la filípica de Hoornbeek (loe. cit. 1, K, e. 18) en contra de la avaritia (independientemente, también en este autor interviene alguna que otra influencia sentimental-pietista. Al respecto, ver el panegírico de la tranquillitas animi grata a Dios en pugna a la sollicitudo de esta vida). Bailey destaca también: ‘ No es fácil que un rico alcance la bienaventuranza”, refiriéndose a la bien sabida sentencia bíblica (loe. cit., pág. 182). Los catecismos metodistas inducen a desistir de “acumular tesoros en el mundo”. Ello es fácilmente comprensible con el pietismo. Pero, con los cuá 9 acontecía exactamente lo mismo. Cf. Barclay loc. cit., pág. 517:

and therefore beware of such temptation as to use their callings and engine to be richer”. 7. Ya que se juzgó también con mucho rigor tanto la riqueza como la inclinación por instinto tras el lucro. Así vemos como, en 1574, en los Países Bajos fue declarado por el sínodo subholandés, en respuesta a una pregunta, que a los “prestamistas”, si bien

ejercen de una manera legal su actividad, no se les debe aceptar a la comunión; y por el sínodo provincial de Deventer, en 1598 (art. 24), la prohibición abarcó a los empleados de los banqueros, en tanto que con el de Gorichem, en 1606, se fijaron las severas y degradantes condiciones mediante las que podían ser admitidas las mujeres de los “usureros”. En 1644 y 1657 aún se debatía si era o no posible aceptar a los banqueros a la comunión (lo cual dicho sea en contra de Brentano, que hace mención de sus ascendientes católicos, pese a que, desde hace miles de años, han existido en todos los ámbitos comerciantes y banqueros de origen extranjero. Aún más, Gisbert Voet se tomaba la libertad de eliminar a los “trapezitas” (lombardos, piamonteses) de la comunión (Disp. theol., IV, Ants. 1667, De usuris, pág. 665). De igual modo acontecía en los sinocos de los hugonotes. Ahora. bien, esta índole dentro del capitalismo no es, en absoluto, la clásica representante de una manera de pensar y de conducirse que concierna a los fines de nuestro trabajo: nada nuevo representaba en conexión a la Edad Antigua ni Media.

8. El punto se encuentra desarrollado hondamente en el cap. X de la Saint’s everlasting rest: Aquel que pretendiera reposar perpetuamente en el “albergue” que Dios le otorga en posesión, ofendería a El, aun en esta vida. El reposo confiado en la riqueza conseguida es precursor, casi siempre, de la ruina. Si fuésemos dueños de todo aquello que pudiéramos poseer en el mundo, ¿sería cuanto esperábamos obtener? En este mundo jamás se dará un estado de ánimo en el que no se desee nada, pues, por voluntad divina, no debe ser.

9. Chr. Direct., L. págs. 375-376: “It is for action that God maintalneth us and our activities: work is tremoral as well as the natural end or power It is action that God is most served and honoured by. . . The public welfare or the good of many is to be valued aboye our own”. Ahí queda señalado el punto en donde, más tarde, las teorías liberales habrán de desplazar la voluntad divina por distintas maneras de ver estrictamente utilitarias. Por lo que se refiere a las fuentes piadosas del utilitarismo, ver más adelante, en el texto y supra, nota 145.

10. El precepto de enmudecer —en base a la amenaza bíblica en cuanto a la pena por “toda palabra inútil”— ha constituido, desde los cluniacenses, un reputado medio ascético de educación en el control personal. Baxter se ocupa también, extensa y copiosamente, en todo lo concerniente al pecado de la conversión inútil. Con anterioridad, Sanford (loe. cit., pág. 90 y s.) estimó la significación caracterológica. La melancholy y moroseness de los puritanos, que llegó tan hondo en el sentimiento de sus contemporáneos, constituía el resultado del rompimiento con la despreocupación del status naturalis, encontrándose sometida, igualmente, a los mismos objetivos, la sentencia en contra la conversación hueca. Washington Irving (Brace bridge Hall, capt. XXX), cuando trata de hallar la causa, así sea en el calculating spirit del capitalismo, como en los efectos de la libertad en el plano de la política, que promueve en el hombre el sentido de la responsabilidad, hemos de tomar en consideración ante esto que en los pueblos latinos no se dio el mismo fruto, así como que en Inglaterra la realidad era ésta: primeramente, el puritanismo hacía aptos a sus seguidores para la creación de instituciones libres, haciéndoles adquirir, a un tiempo, una preponderancia mundial; además, tuvo la virtud de valerse del “cálculo” (nombre que Sombart da a ese spirit), del cual está constituido, en efecto, el capitalismo, considerado como instrumento del capitalismo, convirtiéndolo en principio para que el hombre pueda gobernarse.

11. Loe. cit., 1, pág. 111. 12. Loe. cit., 1, pág. 383 y s.

13. Barclay (loe. cit., pág. 14) opina de un modo similar acerca del valor del tiempo, sumamente estimativo.

14. Baxter (loe. cit., pág. 19) dice así: “Keep up a high esteem of time and be every day more careful that you lose none of your time, then you are that you lose none of your and silver. And if vain recreation, dressin festings, idie taik, unprofitable company, or sleep, be any of them temptations to rob you of any of your time, accordingly heighten your warchfulness”. Y Matthew Henry (Worth of the soul, W. of the Pur. Div., pág. 315) expresa: “Those that are prodigal of their time despise their own souls”. De igual modo vemos aquí la ascesis protestante moverse por caminos trillados sobradamente. Nos hemos ya habituado a conceptuar como algo específico del hombre profesional moderno eso de “no tener tiempo”, y a formar dictamen (tal hizo así, por ejemplo, Goethe en Wanderjahren) de la medida del avance capitalista en relación a los cuartos de hora que se dan en los relojes (de igual modo lo encontramos en el Capitalismo de Sombart). Sin embargo, es preciso no olvidemos que era el monje, precisamente en la Edad Media, quien vivía con el tiempo distribuido, así como las campanas de las iglesias tenían la primordial misión de prestar el servicio tan necesario de repartir el tiempo.

15. Cf. los debates de Baxter acerca de la profesión, op. cit., 1, pág. 318, en donde se halla este pasaje: “Question: But may 1 not cast off the world that 1 may only think of my salvation? Answer: You may cast off all such excess of wordly cares or business as unnecessarily hinder you in spiritual things. But you may not cast off all bodily employment and mental labour in which you may serve the common good. Every one as a member of Church or Commonwealth must employ their parts to the utmost for the good of the Church and the Commonwealth. To neglect this and say: 1 will pray and meditate, is as if your servant should refuse your greatest work and tye himself to some lesser casier part. And God hath commandeth you sorne way or other to labour for your daily bread and not to uve as drones of the sweat of others only”. El mandato de Dios a Adán: “con el sudor de tu frente . . y la amonestación de san Pablo: “aquél que no trabaje no debe comer” se mencionan en calidad de confirmación. Como es bien sabido, los cuáqueros, hasta aquellos de nivel adinerado, siempre mandaron sus hijos a estudiar profesiones (por razón ética, no precisamente utilitaria, conforme aconsejaba Alberti). 16. El pietismo, en cuanto a su índole sentimental, se desvía de algunos de os puntos que aquí hay. Pero, por lo que respecta a Spener (Theol. Bedenhen, II, pág. 445) le asiste aún la razón (pese a que se guía con mentalidad luterana al aseverar que el trabajo es servicio de Dios) de que la ansiedad de los legocios profesionales aleja de Dios (lo cual es igualmente una motivación luterana, constitutiva de una contraposición frente al puritanismo totalmente significativa).

17. Loc. cit., pág. 242: “It’s they are lazy in their calling that can find no me for huly duties”. Y es por ello que para él las ciudades —en las que reside burguesía consagrada al lucro racional— son, preferentemente, la sede de das las virtudes ascéticas. Baxter así se expresa de sus tejedores en Kiddmins :r: “And their constant converse and traffic with London doth much tu omote civiiity and piety among tradesmen” (tomado de su

autobiografía, of the Pur Div pag XXXVIII) Muchos eclesiásticos habrá por lo menos alemanes, que se sorprendan al leer en la actualidad que, el acercamiento a las grandes urbes puede contribuir al fortalecimiento de las virtudes. Igual mente, el pietismo poseía ideas semejantes. Spener, por ejemplo, así se expresa de un colega: “Se comprobará, cuando menos, que entre el considerable número de seres malvados que habitan en las ciudades, existen, por el contrario, algunas almas buenas capaces de realizar el bien, pues en los pueblos es raro hallar en alguna ocasión algo que pueda considerarse bien hecho” (Theol. Bedenken, 1, 66, pág. 303). Realmente, el campesino casi no cuenta en el modo racional ascético de conducirse; su glorificación ética pertenece al modernismo. No nos deslizamos aquí llevados por tales manifestaciones y otras más, que bien podrían ser atrayentes para destacar la ascesis en su condicionamiento clasista.

18. Ver, como ejemplo, este pasaje: (loe. cit., pág. 336 y s.): “Be wholly taken up in diligent business of your lawful callings when you are not exercised in the more inmmediate service of God”. “Labour hard in your calling”. Y este otro (ídem): “See that you have a calling which will find you employment for aH the time which Gods immediate service spareth”.

19. Hace poco tiempo, Harnack ha señalado con insistencia (Mitt. des Ev. Sor Kongr., serie 14, 1905, núms. 3-4, pág. 48) q la determinada estimación ética del trabajo, así como de su ‘ dignidad’ no constituía en esencia, una concepción propia y, tampoco, peculiar del cristianismo.

20. Para el buen entendimiento acerca de la base en que se apoya esta trascendental resistencia existente, a ciencia cierta, a partir de la regla benedictina, sería necesario reflexionar en el tema más ampliamente, lo cual no nos es dado ahora.

21. De igual modo en el pietismo (Spener, loc. cit., II, págs. 429, 430). He ahí la peculiar formulación del pietismo: la fidelidad profesional que nos fue dictada como pena de resultas del pecado sirve para mortificar la propia voluntad nuestra. La actividad profesional, a modo de servicio de amor a nuestros semejantes, constituye un deber de gratitud por la gracia divina (concepción luterana), por lo que no es agradable a los ojos de Dios que sea realizada por la fuerza y fastidiosamente. (loe. cit., III, pág. 272.) En consecuencia, el cristiano ha de “mostrarse tan diligente como un hombre del mundo” (fdem, pág. 278). Indudablemente, ello permanece bastante a la zaga de la idea puritana.

22. Conforme a Baxter, ello tiene como finalidad a sober procreation of children. Spener opina de igual modo, bien que con algunas concesiones a la burda doctrina luterana, que juzga fin secundario impedir la inmoralidad (que sería irreprimible de otro modo). Si al coito se le agrega la concupiscencia, se cae en lo pecaminoso aun en el matrimonio. De ahí la opinión de Spener en el sentido de que es consecuencia del pecado, convertir un hecho natural y estimado por Dios, en algo unido de manera indisoluble con carnales sensaciones y, consiguientemente, en un pudendurn. En la concepción de muchas direcciones pietistas existe la idea de que en el matrimonio cristiano la forma superior es aquella en la que se conserva la virginidad; en inmediata escala inferior, aquella en la que se restringe el comercio sexual a la procreación de los hijos y, así, sucesivamente, hasta llegar a la del matrimonio concertado solamente por finalidades eróticas u otros motivos cualquiera extrínsecos que están conceptuados como concubinatos en el plano de la ática. No obstante, aun cuando la finalidad de dichos matrimonios celebrados sea

extrínseca, se consideran superiores a los motivados por fines exclusivamente eróticos, ya que en los otros media una consideración racional, cuando menos. No es imprescindible hacer mención en este momento de la teoría morava y su práctica. La filosofía racionalista (Chr. Wolff) admitía la teoría ascética desde el punto de vista de que aseverar que aquello que está ordenado a una finalidad como medio, no podrá convertirse nunca en un fin último (de este modo: la concupiscencia y su goce satisfecho). En Franklin se descubre todo esto tras el velo del utilitarismo, coincidiendo en un punto de vista similar al de los médicos modernos, para quienes la “castidad” constituye una limitación al comercio sexual de lo deseable por cuanto a la salud se refiere. Bien sabido es que, hasta de manera teórica, los ha habido que se han manifestado en torno a la modalidad de esta práctica sexual. Mientras que todo esto puede llegar a ser objeto de consideración racional, de hecho lo ha sido en el mismo sentido. El racionalismo sexual relativo a la higiene y el puritano van por caminos diferentes. Tan sólo en un punto “están de acuerdo”. Veamos: un entusiasta partidario de la “prostitución higiénica” sustentaba en una conferencia —acerca de los lugares de lenocinio y las reglas que los regían— la licitud del comercio sexual fuera del matrimonio (conceptuado como útil desde el punto de vista higiénico), y tomaba como ejemplo a Fausto y Margarita, en donde se manifiesta transfigurado. Si a Margarita se le considerara como prostituta y el impetuoso imperio de las humanas pasiones se equiparase con el comercio sexual por motivos higiénicos, sería caer en pleno en la mentalidad puritana. Así la doctrina tan común entre los médicos de hoy en día, conforme los cuales un asunto que incumbe muy profundamente a los problemas más delicados de la personalidad y la cultura, esto es, el de la continencia sexual, corresponde únicamente al foro médico (entiéndase, especialista): para los puritanos, el especialista equivale al teórico moral; en tanto que para los médicos, es el higienista. Sin embargo, aunque con signo invertido, en ambos casos predomina el mismo principio, un tanto innoble por cierto, de la “competencia” encaminada a la resolución del asunto. Claro está que el potente idealismo de la concepción puritana, con todas sus mojigaterías, fue capaz de exponer pruebas positivas, aún visto desde el ángulo de lo higiénico y eugenésico, en tanto que el modernismo de la higiene sexual, teniendo que invocar ineludiblemente a la “despreocupación”, corre el riesgo de desfondar el vaso del que se sirve para beber. Como se comprenderá, no es posible llevar a cabo en este momento un debate acerca del hecho que, en virtud de la racional explicación de las relaciones sexuales en los pueblos bajo el influjo ejercido por el puritanismo, el acoplamiento matrimonial se afinó, llegando a espiritualizarse, y brotaron flores de hidalguía en el maridaje, ignoradas en el medio patriarcal que perdura aún entre nosotros, hasta allí donde se congrega la aristocracia del espíritu. (Justamente en la “emancipación” femenina han concurrido factores de ascendencia bautizante, la defensa de la libertad de conciencia femenina y el clamor por extender la idea de clerecía universal a las mujeres han sido las brechas primeras dentro del patriarcalismo.)

23. Tal consejo lo hallamos muy reiteradamente en Baxter. Comúnmente, se busca el apoyo bíblico en los pasajes citados por Franklin: Sentencias de Salomón, 22, 29. Asimismo, el merecimiento del trabajo en las Sentencias de Sal., 31, 16. Cf. loe. cit., 1, pág. 382;pág. 377, etc.

24. En una ocasión, el propio Zinzendorff expresa: “no se trabaja porque se vive, antes bien se vive por el trabajo, y en tanto no se trabaja, se perece o se duerme” (Plitt, 1, pág. 428).

25. Un símbolo de los mormones concluye, también (conforme a las citas), de este modo: “Mas no es posible que un cristiano sea un mozo de cuerda o un holgazán y, al mismo tiempo un bienaventurado. Su destinación es ser aguijoneado de muerte, y arrojado de la colmena”. Era, por excelencia, la sobresaliente disciplina —exacto medio entre el claustro y la manufactura— la que colocaba al hombre frente a la disyuntiva de

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