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RELACIÓN ENTRE CONDUCTAS SUICIDAS Y ABUSO/ DEPENDENCIA AL ALCOHOL O DROGAS

In document Cerebro y drogas medilibros.com.pdf (página 178-180)

El comportamiento suicida incluye un amplio espectro de conductas descriptibles de acuerdo con su objetivo y letalidad, desde los pensamientos acerca de quitarse la vida, la planeación suicida, la obtención de los medios para hacerlo y el intento de suicidio hasta el suicidio perpetrado (Organización Mundial de la Salud, 2002). En este sentido, la Or- ganización Mundial de la Salud (2005) puntualizó que los factores de riesgo para que se cometa un acto o un intento suicida son muy complejos y se influyen de modo recíproco. Se ha reconocido la relación de las conductas suicidas con algunas enfermedades men- tales, en particular la depresión y la esquizofrenia (Beautrais, 2000; Fortune, Seymour & Lambie, 2005; Mann et al., 2005), así como con algunos trastornos de la personalidad (Chapman, Specht & Celluci, 2005; Fortune et al., 2005; Herrera, Dahlblom, Dahlgren & Kullgren, 2005).

Son diversos los aspectos sociodemográficos vinculados con las conductas suicidas, entre ellos la precariedad económica, que dificulta cubrir las necesidades básicas de supervivencia (Beautrais, 2000; Fergusson, Woodward & Horwood, 2000; Ruangkanchanasetr, Plitponkar- npim, Hetrakul & Kongsakon, 2005; Tomori, Kienhorst, Wilde & van den Bout, 2001); los antecedentes de tentativa suicida personales o familiares (Campo et al., 2003; Hawton et al., 2002; Qin, Agerbo & Mortensen, 2002); la exposición a sucesos estresantes durante la in- fancia o la adolescencia, como la pérdida de un ser querido (Campo et al., 2003; Fergusson et al., 2000; Herrera et al., 2005; Tomori et al., 2001; Yang & Yang, 2000; Wagner, Silverman & Martin, 2003); ser víctima de abuso sexual (Fortune et al., 2005) o abuso físico y emocio- nal (Beautrais, 2000; Chapman et al., 2005; Fortune et al., 2005; Mann et al., 2005; Wagner, Cole & Schwartzman, 1995); y el bajo rendimiento y la deserción escolares (Campo et al., 2003; Gonzalez-Forteza, Berenzon-Gorn, Tello-Granados, Facio-Flores, & Medina- Mora, 1998). Mención aparte merece la relación entre las conductas suicidas y el abuso de drogas o alcohol de la persona que intenta suicidarse o sus familiares, ya que la probabilidad de un intento de suicidio se incrementa cuando la persona o sus padres padecen toxicoma- nías (Fortune et al., 2005; Ruangkanchanasetr et al., 2005; Yang y Yang, 2000).

La vinculación entre las conductas suicidas y el abuso de alcohol se ha señalado en di- versos estudios. Por un lado, se ha considerado que el consumo abusivo del alcohol incre- menta de 60 a 120 veces la probabilidad de cometer o intentar un suicidio (Sher, 2006). En un estudio de seguimiento, entre los 14 y 27 años se observó que el consumo de drogas ilícitas y alcohol incrementa en tres veces el riesgo de intentar suicidarse (Christoffersen, Poulsen & Nielsen, 2003). De igual manera, Rossow et al., (1999), en un estudio longitu- dinal de 25 años, observaron que el abuso del alcohol incidía en el número de intentos de suicidio en hombres conscriptos, aunque no en los suicidios consumados.

Una variable a considerar de manera especial es la edad. Al revisar los factores de ries- go relacionados con los intentos de suicidio en jóvenes de 18 a 24 años captados en una sala de urgencias se observó que el abuso de alcohol y el tabaco son de los más relevantes (Donald, Dower, Correa-Velez & Jones, 2006). En especial, en jóvenes de 13 a 19 años se han vinculado los intentos de suicidio con intoxicaciones agudas de alcohol, aunque no así con su consumo crónico ni con el uso de drogas ilegales (Rossow, Grøholt & Wichstrøm, 2005). Wunderlich et al., (2001) refirieron datos semejantes en jóvenes de 14 a 24 años

de edad y observaron que el abuso de alcohol y drogas es un factor de riesgo para presen- tar intentos suicidas en hombres, mas no en mujeres. Por el contrario, Sher (2006) consi- dera que el efecto de la intoxicación aguda de alcohol es mayor en las mujeres, al incrementar el riesgo de intentar el suicidio. En México se ha comunicado que un 20% de los adolescentes con intento de suicidio alcanza los criterios establecidos en el DSM-IV para ser considerados con trastornos por sustancias y, en el caso de los mayores de edad, el porcentaje se eleva al 28% (Borges et al., 2010).

En general, las evidencias señalan que el abuso del alcohol podría estar relacionado con las conductas suicidas en jóvenes, sobre todo en adolescentes. En este sentido, es impor- tante señalar que en México el incremento del número de suicidios se observa en particu- lar en jóvenes de 15 a 24 años; en el año 2007, el suicidio en estas edades representó el 28% del total de suicidios (Borges et al., 2009). En la zona metropolitana de Guadalajara, de manera específica entre los años 2001 y 2005, el 48% de los intentos de suicidio se presentó entre estas mismas edades (Sánchez-Loyo & García de Alba, en prensa).

Con respecto a las adicciones y las conductas suicidas, en general, los estudios también señalan que cualquier tipo de adicción eleva el riesgo para presentar conductas suicidas. En alcohólicos se identificó que un 23.6% de ellos había intentado suicidarse, aunque se constataron diferencias en función del sexo, ya que este porcentaje fue del 42.5% en las mujeres, mientras que en los hombres fue del 18.6%. En otro estudio realizado en una población femenina con adicciones múltiples se observó que un 44% había intentado suicidarse en promedio 2.4 veces (Swift, Copeland & Hall, 1996).

Los puestos de socorro y áreas de urgencias son los puntos donde se atiende de forma inicial a los sobrevivientes de intentos de suicidio. En estos lugares se ha observado que el consumo de alcohol incrementa los intentos de suicidio en mujeres hasta 55% de los casos que ingresan, en comparación con 18% de quienes no tienen antecedentes de consumo de alcohol (Watson, Kershaw & Davies, 1991).

Al llevar a cabo el seguimiento de pacientes con múltiples intentos de suicidio recibi- dos en los servicios de urgencias en Australia, se advirtió que un 33% de los hombres y un 5% de las mujeres habían consumido alcohol antes de intentar el suicidio; 76% de los pacientes sufría trastornos psiquiátricos y además el 34% presentaba alcoholismo y el 27% farmacodependencia. Los autores concluyeron que el abuso de alcohol y drogas predice la reincidencia de las conductas suicidas en un lapso de 12 meses (Vajda & Steinbeck, 2000) y, asimismo, es importante considerar la interacción entre trastornos psiquiátricos y adicciones.

Bennett et al., (2002) registraron durante un año el número de casos de ingresos por intento de suicidio a las salas de urgencias de tres hospitales en Nueva Zelanda y notifica- ron que el 29% de los pacientes había consumido alcohol y 4% había consumido drogas ilegales antes y durante el intento de suicidio.

Con base en los estudios mencionados, podría concluirse que existe una relación no- toria entre el suicidio y el consumo y abuso de alcohol y drogas ilegales y que tal relación abarca dos dimensiones. Por una parte se identifica un consumo de alcohol o drogas en exceso antes del intento de suicidio, lo cual se ha señalado de forma amplia en las publi- caciones. Esto podría deberse a que el consumo de sustancias genera un incremento de la impulsividad de los pacientes con intento de suicidio (Grunebaum et al., 2005; Jimenez Genchi, Sentíes Castella & Ortega Soto, 1997) y propicia intentos de suicidio no planea-

dos (Wojnar et al., 2009). Por otra parte, los trastornos de alcoholismo o farmacodependen- cia producen un deterioro paulatino y constante de los mecanismos de control cognitivo general, así como alteraciones en la regulación emocional, lo que incrementa con ello la aparición de conductas suicidas recurrentes, desde la ideación suicida hasta el suicido consumado, utilizando además medios suicidas más violentos que aquellas personas que no consumen drogas e intentan suicidarse (Pompili et al., 2010). De igual modo, queda de manifiesto que existen características individuales, como la edad, el sexo y los anteceden- tes psiquiátricos, y socioculturales, ya que se reconocen diferencias entre países que con- tribuyen a la manifestación del comportamiento suicida.

Dado que todo comportamiento y sus alteraciones tienen como sustento el funciona- miento del sistema nervioso central, a continuación se revisan los estudios relacionados con las bases neurales del comportamiento suicida.

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