5. CASOS
5.1. MARIA, BUSCA UN ESPACIO
5.1.2. LAS RELACIONES FRÁGILES Y APASIONADAS DE MARIA CON LA TERAPEUTA
La niña siempre mostró en la relación conmigo la necesidad de encontrar un objeto que pudiera recibir y comprender sus confusiones, rabias y tristezas producidas por el abandono de sus padres y la recuperación de la tía y la abuela.
Se mostró celosa y temerosa de perder la relación y el amor conmigo. Preguntaba ansiosamente por los demás pacientes que podían entrar al consultorio e invadió la caja de juguetes de lo demás niños.
Frecuentemente entraba al baño por la necesidad de botar el miedo y la rabia, dejándomelo y así poder sentir la tranquilidad de la contención. También expresó su manía, su necesidad de agotar repitiendo una y otra vez la misma escena del cuento, ocupando todos los espacios del consultorio, hablando y moviéndose de manera acelerada e inquieta lo que puede estar conectado con el conflicto entre las tres mujeres y la identificación con ellas.
El continente de la caja de juguetes, en un comienzo me permitió ver la necesidad de usarlo y controlarlo por parte de ella, “solo yo guardo mi cosita” y en ocasiones lo
simbolizaba como la caja del castigo, “la caja horrenda”, aquella en la que fue dejada por sus padres.
Diferenciaba el espacio y el tiempo de consulta, a pesar que siempre se le dificultó terminar la sesión, por lo general saludaba y se despedía con un abrazo cogiéndome las piernas. En el colegio cuando nos veíamos no la sentía incómoda o molesta al saludarme, sentía que siempre diferenció mi posición con la de ella en los juegos así como las actividades que hacíamos. Como terapeuta y como nuevo objeto recibí sus emociones y su tiempo en consulta de manera permanente y cumplida. María mostró curiosidad por mí, por mis objetos personales, mis horarios y mis trabajos.
Desde la primera sesión me mostró que yo podía ser la madre buena o la madre mala al igual que ella lo sentía con sus figuras maternas: su tía, la mamá y la abuela, en ciertos momentos podía ser extremadamente melosa y en otro momento muy hostil.
En el proceso psicoterapéutico creamos un vínculo que me permitió entender y pensar con María el abandono sufrido, la confusión, la escisión y sus identificaciones con los buenos y los malos. También se creó la posibilidad de un espacio seguro para evacuar todo lo que le molestaba en función de pecho-inodoro que mencionaba Meltzer (1967/1976). A partir de la quinta y sexta sesión, la relación entre María y yo cambió un poco lo que se expresó en modificaciones en la dinámica del juego, lo que produjo que ella expresara su rabia ante un posible abandono mío, por lo era importante la contención y tolerancia para poder pensar.
Adicionalmente, la confusión con sus tres figuras maternas fue puesta en mí, convirtiéndome en una cuarta, pasando de mamá-marcela a mamá-psicóloga- marcela a tía- psicóloga-marcela. Las relaciones con la terapeuta se modificaron en los tres momentos.
En las primeras sesiones explora las posibles reacciones de la terapeuta y muestra su voracidad, sus angustias y confusiones.
“T. Lo vamos hacer los jueves a esta hora.
M. Me voy a desmayar, Marcela bonita, cosita bonita, te quiero (me coge los cachetes). Huy esta muñeca esta despelucada, huy que pena ¿Te molesta, lo de despelucada?
T. Puedes decirme con tranquilidad todo lo que quieras, no me molesta.”
“M. Voy al baño, Marce, no aguanto, es de verdad. No te importa ¿si uso tu baño? T. No me importa. (Sale del baño, y se queda mirando todos los juguetes).”
Expresaba su necesidad de ser contenida como en las etapas más primarias tanto orales como anales, señalándome transferencialmente sus experiencias, mostrando estar entrampada en una experiencia al quedarse encerrada en el baño y señalando el lavamanos roto probablemente como otra versión de la caja mala donde fue abandonada
María trasgredía la caja de juguetes de los demás pacientes a pesar de la indicación de no hacerlo. Así me mostraba su tendencia al control y denigración, como mecanismos de ataque, y a su voracidad oral.
“M. Tengo hambre y tengo que entrar al baño” “M. Hoy quiero leer cuentos.
T. Le muestro en donde están y sacamos el cajón de cuentos.
M. Huy ¿me prestas el baño? ¿Me puedes esperar? ¿Por qué te has ido hoy temprano del colegio?
M. Huy tu lavamanos está roto, no hay agua. ¡Me quede encerrada! T. Voltea la chapa, primero la pequeña.
M. Ah ya. No hay agua. T. (Le abro la llave)
M. Ah ya. ¿De verdad todooss esos cuentos? Vamos a ver cuál.
T. (Abre el cajonero y encuentra dos bolsas, abre las dos, a pesar que le digo que para cada niña que viene al consultorio es una bolsa y que vamos a dejar lo de cada uno, se muestra de mal genio y abre la bolsa de la compañera).
M. Todo es mío, todos se quedan conmigo.
Me mostraba la angustia que le generaba el querer estar conmigo dentro del consultorio y dejar a su tía fuera, haciéndome sentir la confusión de las tres figuras maternas y la necesidad de complacerlas, y su necesidad de que todas fueran suyas.
También expresaba la necesidad de ayuda y reconocía que el consultorio era un lugar para poderlo hacer. Sin embargo, en muchas ocasiones acudía a controlarme para disminuir la ansiedad de un posible abandono mío. Al final de esta sesión, se observa, como siempre, su dificultad para terminar el juego y la necesidad de tenerme en su casa.
“M. Hola Marce (me abraza las piernas, por un minuto), hoy quiero contarte de mi colegio (Entra al consultorio y observa a la tía), Chao Marta (tía) bonita, te amo, bonita, bonita (no deja cerrar la puerta del consultorio vuelve a salir y le da un abrazo a la tía) adiós. Y responde la tía, ¿A qué horas sale? (le respondo la hora)” M. ¿Esta cama para qué es? y ¿Por qué la pusiste?
T. Es por si tú te quieres acostar como estás haciéndolo ahora y contarme lo que quieras.
M. Y si uno tiene un yeso, muletas o silla de ruedas, o con un pie malo, ¿cómo se acuesta?
T. No solo si uno está enfermo de una pierna sino cuando uno tiene algo que lo molesta adentro, cuando uno está triste o bravo por algo.
M. ¿Por qué no me pones dos citas, martes y jueves?, es que tú eres la psicóloga del corazón, ¿A qué horas llegas al colegio?”
“M. Tienes que alzarme. Me tienes que dar comida” “T. Te has sentido como MkDuff, muchas veces.
M. Si Marce, (baja el tono de voz), se va para el diván y dice aguagutata.
Ya sé Marce si me hago aquí el diván hacemos una de bebé, aquí de Sra. grande, aquí de perrito, para el jueves, Soy MkDuff.
M. (Le dice a su tía) Quiero que Marce se venga con nosotros ella es Lucy (la señora que adopto a MkDuff en el cuento). Chao Marce”
En la sesión siguiente, siguió presentando dificultad para terminar el juego pero finalmente lo logró y se fue con su tía quien generalmente la esperaba en la sala de afuera.
T. Esto me acuerda a que a veces no se ponen de acuerdo entre tu mamá, tu tía y tu abuela, tú no quisieras que eso pase.
M. No me quiero ir, me quiero quedar acá (acostada en el diván), tengo que ir al baño.
T. Cuando sale del baño le digo, vamos a dejar aquí, nos vemos el próximo jueves. M. No quiero irme, chao Marce.
T. Chao M.
En la siguiente sesión, intentó adoptar una posición de bebé haciendo la mímica de coger mi seno izquierdo, inmediatamente dice, “Ay perdón”. Acá mostró su regresión a etapas primarias y la necesidad de alimento psíquico. En este momento recordé lo dicho por la abuela acerca de la lactancia de María y cómo la sostenía la madre: “colgaba como una ruana, no alcanzaba el pezón, no le hablaba”.
En esta sesión y las tres posteriores, María creó una confusión conmigo como madre buena y madre mala, aunque es la confusión de los objetos y de ella misma: la buena y la destructiva hasta llegar a un punto de confusión de no saber si existe o no. Oscila entre la seducción y la dominación.
M. (Trae el dibujo) T. Cuéntame qué es.
M. Nada, algo loco, jajaja (Burla)
T. ¿Quieres hacer otra cosa?
M. Gracias, por no respetarme (se va a la puerta y no habla). T. Mientras tanto sigo con la plastilina
M. Vuelve a leer a MkDuff. ¡Yo no sé pintar!
“M .Estoy muy brava contigo, porque no respetaste mi dibujo. ¿Me dejas ir al baño?, ¿amigas? Quiero una galleta. Mala, voy a destruir en un santiamén (destruye el jardín en plastilina).Listo ya te lo destruí.
Marce va a hacer mi amiga, voy al baño T. (Sale del baño), por hoy dejamos aquí
M. Chao Marce, gracias Marce, ¿A qué horas te vas?”
“M. Que te borro, no mentiras. Es que queda chévere el lago espiral, que ingenua, no en serio que ingenua, ¿Qué es eso?
T. Sigo haciendo el lago
M. Vas a dañarlo, en serio, no colorees se gasta la tinta, te digo la verdad se gasta, la verdad.”
“M. Marce ya no existe en el tablero, marce ya no existe. Sigue borrando lo de ella, la salchicha, el borrador ya no voy a existir más como tú, tienes que hacer algo por mí, tienes que ser generosa, (se pega en la cola) me volví plana (se voltea a mostrarme la cola)”.
En un segundo momento, María aceptó a su cuidadora-terapeuta nuevamente, al final de la sesión se despide mostrando la necesidad de vincularse conmigo y no sentirse abandonada.
M. Chao marce, te amo. T. Chao Mari.
M. (sale del consultorio y le dice a su tía” Mami le dije a Marce, mami”, ella le responde, eso puede pasar porque se parece a decir Mari.
María me aceptó como su cuidadora con tranquilidad y pensó que el alimento que iba a recibir podía calmar sus “animales salvajes” que la perseguían y la desintegraban.
M. La cuidadora hacía mucha comida, gracias por cuidarnos, quien pidió hojas puedes venir, te amo cuidadora, ahora voy a pensar en bambú, oh nosotros queremos fuera de nuestra territorio, quien le falta de maíz y hojas ¡Emm! que delicia, agua vamos amigo le está gustando la comida, la Sra. cebra le doy pasto o sí, para mí. Conejo las zanahorias para ti con los animales salvajes ya te las tiro y yo también me voy a comer unos ricos frijoles. Todos comemos ¡que delicia! A dormir un ratito, ahora podemos tomar agua de su pantano. Echarse a dormir, cierto, ya están llenos ya saben que este corral para todos animales salvajes.
Después de esta sesión, donde tolera e integra sus partes salvajes, se sentía con la tranquilidad de comentarme sobre el maltrato físico por parte de la tía, considerándose diferente a ésta. Al acercarse el final del primer semestre y salir a vacaciones de fin de año, volvió a demorarse en las despedidas y a tirar los juguetes cuando los guardaba en la caja. Ante esto, trataba de contenerla y le mostraba que no la quería tirar o abandonar, asegurándole que nos seguiríamos viendo.
M. Abracito. (No quiere terminar el juego)Tira uno por uno de los animales a la caja de juguetes despidiéndose por 10 minutos.
T. Chao Mary. M. Chao Marce”
“T. Gracias Mari. Quería contarte que ahora vienen vacaciones como en el colegio y vamos a dejarnos de ver por unos días.
M. No quiero, pero quiero cuando volvamos dos o tres días al menos, tres días. Toda la semana, me pusiste triste.
T. Yo sé que no te gustan las despedidas.
“T. Tienes mucha rabia, tiras todo como si te hubiera tirado hoy y no quisiera estar contigo.
M. Me mira y se sonríe, recogemos los juguetes y los guardamos en el cajón de ella. T. Chao Mari.
M. Chao Marce, me abraza y sale con su tía”.
Después de estas vacaciones María asistió a consulta con la abuela en donde pude observar la relación irritable y molesta entre ellas por su actitud con la niña y conmigo. En este momento sentí que era posible que abandonaran el tratamiento.
T. Hola María. (Cuando abro la puerta se encuentran la abuela y María sentadas, esperando entrar, María inmediatamente se levanta pero la abuela la llama en un tono fuerte y le señala la maleta del colegio, dándole a entender que no la puede dejar con ella a pesar que ella la esperaría ahí. Sin preguntas, María la recoge y la entra al consultorio).
En las sesiones siguientes, observo la necesidad por parte de la niña, de “pegarse” a mí, siente temor “que la regale”, por lo que sigo en mi posición de Marce-mamá. En esta sesión, a la despedida y cuando abrimos la puerta, unió la mano de su tía con la mía, como una forma de unir las dos madres la madre-tía y la madre-terapeuta.
“T. Bueno vamos a dejar hasta aquí, nos vamos a ver en este año los miércoles y podemos seguir jugando, los juegos se pueden acabar y después comenzar.
M. ¡NO! ya no, por fa Marce, por fa, por fa, este es un juego, se debe acabar, ahora.
T. ¿Pero no crees que el otro grupo de animales, también debe explicar cada pregunta de la encuesta? Y tú sabes que el tiempo se acaba, continuamos en la siguiente.
M. Dices que no puedes la otra consulta, que estamos enfermos. No, entonces me llevo estos animales, me llevo cinco de estos y yo te los traigo, Noooooo (Se queda acostada en el piso). Ay marce ¡por favor!
T. Quisieras pegarte a mí, te da mucha rabia volver a sentir que no nos vamos a volver a ver como en las vacaciones, pero nos vemos el próximo miércoles. Chao María.
M. Se levanta como a los tres minutos (le abro la puerta)
T. (Ya no está la abuela esperándola sino la tía).La tía la saluda y le dice, ¿Cómo te fue?
M. Ah, Súper kool. La tía le pregunta ¿Por qué tienes la maleta? Pues las tareas, ¿Mami me puedo quedar con Marce? y mañana voy, Marce se va conmigo a mi casa, vamos marce, no me importa, Adiossss”.
“M. No quiero, que nadie me vea, ni siquiera tú (Se tapa con los brazos la cabeza pero voltea a veces sus ojos para verme).
T. No quisieras que te vea o más bien que te gustaría que te encuentre y buscara tus ojos
M. Hola.
T. Hola (Se destapa y queda sentada viéndome), no te gusta cuando paramos los juegos.
M. No necesitas parar, no lo necesitas. Debes hacer hasta la madrugada o dos de la mañana, odio separarme de las cosas y de Marce.
T. De Marce, del juego, de los muñecos, de las personas (Estoy sentada y se acerca a mi rodilla)
M. Marce es mi mamá, Marce es mi mamá. T. No quieres que ésta Marce te deje, te duele.
M. Pero a mí, no a ti. Yo he mejorado, se me ha olvidado traer los libros y no los llevo a la casa y no puedo estudiar matemáticas”
“M. Yo quiero estar todo el día aquí, desde la mañana hasta la otra mañana, dos días me voy contigo, no tres, o una semana me voy contigo y la otra semana me voy con mi mamá y mi abuela, si yo fuera tu hija ¿Me regalarías a donde otra mamá?, Mary no quiere verte.
T. A veces soy como tu mamá buena y a veces soy como la mala, a veces no te quieres separar de mí porque te da miedo que no esté contigo, a veces te rabia acabar los juegos.
M. Mamá, mamá. No tú eres mi mamá, mi mamá. T. También puedo ser tu psicóloga”
“T. Bueno, María te espero el próximo miércoles. M. Mi mamá no me quiere (abre la puerta). T. (Se levanta la tía para despedirse).
M. Marce es mi mamá (Coge mi mano) y Marta, es mi mamá (coge la mano de la tía), las dos son.
TIA: Vamos que la abuela está súper mal parqueada, está lloviendo, van a llover pescados.
M. Chao”
En la sesión 19 y en las siguientes, María sintió la necesidad de pensar conmigo, como marce-mamá-psicóloga, mostrándome la cantidad de objetos malos persecutorios que la atormentan. Aquí hago referencia a “cosita” mostrándole la necesidad de no ser una cosa y al contrario poder pensar.
Puede separar la función de la mamá-tía, de la función de la psicóloga y de la función de la abuela.
“M. Son muchos animales, me ayudas, ayúdame tengo muchos animales. Pero si tú me ayudas todo es más fácil, se me hace más fácil”.
“T. Si te ayudo podemos entender qué pasó con tu mamá, como si tú fueras la cosita que no puede pensar.
M. Sí, yo soy una cosita de mi mamá, ¡No! Y de Marce y de mi mamá.
T. A veces se nos confunde, de tu mamá, de mamá-marce-tía y de mamá- marce- psicóloga.
M. No marce-mamá y de marce-psicóloga. No marce- mamá, marce- psicóloga, Co- si-ti-ta de mamá, cosita de marce- psicóloga y ¡cosa! de abuela, cosa de abuela”. Al final de las sesiones quería saber de mí, revisaba mi cartera y cada uno de las cosas que encontraba de ésta.
T. Hola Mari.
M. Hola, bien (se sienta en mi silla), hoy no llegué tarde, siempre llego tarde. T. Estas contenta por qué hoy puedes estar todo el tiempo conmigo.
M. Si ese ya lo tengo, estoy pensando, ¿ya te comiste los M yM? (Chocolates que me había traído de regalo), verdad un día de estos los traes, ¿Puedo ver tu cartera? T. De pronto necesitas saber más de mí, no adivinar tanto sobre mí.
M. ¿Qué es esto? T. Un carné
M. Centro médico Dali (Carné del consultorio), que fea, una moneda de 1000 pesos, yo veo, ¿Qué es esto?. Trae cosméticosss, ayaya, son dulces. Tu eres Marcela Álvarez ¿Qué?
“T. Bueno Mari, por hoy dejamos hasta aquí.
M. Pero, seguimos jugando cuando vuelva, te guardo la cartuchera, no botes nada, Súper.
T. Chao Mari M. Chao Marce”
Después de la sesión en que le comenté que tendríamos nuevamente vacaciones por incapacidad médica, volví a sentir el control de María hacia mí como defensa ante mi posible abandono, a pesar de que le explique que después de este receso nos volveríamos a ver como lo habíamos acordado con su tía.
Desafortunadamente, después del receso la tía me confirmó que no podía seguir con la psicoterapia de María porque debían continuar con los refuerzos en matemáticas, de 105
terapia ocupacional y de lenguaje, por lo cual acordamos con ella tener cuatro sesiones más para cerrar el proceso psicoterapéutico.
Observé, nuevamente sentimientos de hostilidad hacia mí y en otras de tranquilidad y confianza. Sin embargo el último día que nos vimos en consulta se acercó y en forma de secreto me dijo, “ya no quiero que seas mi mamá, quiero que seas mi tía”. Esto me hizo pensar que si soy la “tía” podríamos tener la posibilidad de vernos.
A los veinte días de finalizar la psicoterapia, la tía me dejó una tarjeta hecha por María en el consultorio deseando mi recuperación, pensé que podría trabajar más con María pero la situación familiar no lo permitió.
ILUSTRACIÓN 2
ILUSTRACIÓN 3
El abandono de la psicoterapia de María, trajo a mi mente la obra de Goya, “El perro semihundido”, pintura que muestra un “entre”, “un límite”, “un casi”, “me falta” que la lleva a la desesperanza. María no se permite seguir creando un ambiente confiable y fortalecido que le posibilitara pensar aprovechando su simbolismo y el vínculo de confianza creado.