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III Edad de

2.2.2. Ámbitos del desarrollo

2.2.2.3. Desarrollo social y de la personalidad

2.2.2.3.2. Relaciones en la mitad de la vida

En esta etapa las relaciones con las demás personas, son muy importantes, quizá de una manera diferente al modo de relacionarse antes. La interacción social tiene tres metas principales:

1. Es una fuente de información

2. Es una fuente de placer y confort o de bienestar emocional 3. Ayuda a desarrollar y mantener un sentido de sí mismo

Desde estos puntos de interacción se establece relaciones de la edad adulta media, pero en diferentes ámbitos como son:

a) Relaciones de pareja en la mediana edad

Es evidente que esta relación de pareja a esta edad debe ajustarse a ciertos cambios psicológicos y psicosociales propios del desarrollo de la etapa que viven, por tanto se enfrentan a un nuevo ajuste de roles y del ejercicio de la sexualidad. Frente a esto Undurraga, C. (2010) manifiesta que: “En este periodo se puede observar un aumento de la satisfacción marital, si la pareja ha dado cabida tanto al desarrollo personal como de pareja y siente que pueden envejecer juntos, compartiendo un pasado común, así se fortalece el vínculo creado y la identidad de pareja” (p. 94). Incluso la partida de los hijos, puede dar a los miembros de la pareja más libertades, respecto a su quehacer. Feldman, R. (2007) dirá que:

Las parejas de mediana edad citan varias fuentes de satisfacción en particular, por ejemplo según una encuesta, hombres y mujeres dijeron que su cónyuge era: “su mejor amigo”, y que sus cónyuges les agradaban como personas. También tendían a ver el matrimonio como un compromiso a largo plazo y coincidían en sus propósitos y metas. La satisfacción sexual se relaciona con la satisfacción marital general. Lo que importa no es con qué frecuencia tienen relaciones sexuales más bien la satisfacción se relaciona con estar de acuerdo acerca de su vida sexual (p. 570).

Divorcio. Sin embargo para ciertas parejas en lugar de que la satisfacción marital vuelva a aumentar después de la disminución inicial continúa decayendo, de tal manera que en algunos casos esta insatisfacción los lleva al divorcio. Por tanto la pregunta es: ¿Por qué se deshacen los matrimonios? Feldman, R. (2007), plantea que hay muchas causas: “Una es que las

personas en la adultez intermedia pasan menos tiempo juntas que en los años anteriores. En las culturas individualistas occidentales a muchos les preocupa su felicidad personal y si su matrimonio no les trae satisfacción personal sienten que el divorcio es la respuesta a sentirse más felices” (p. 570). Además, el divorcio es socialmente más aceptable que en el pasado y hay menos impedimentos legales.

Ahora cualesquiera que fuera la causa, el divorcio llega a ser especialmente difícil para hombres y mujeres en la edad adulta intermedia, especialmente para las mujeres que han seguido el rol femenino tradicional de permanecer con los hijos y jamás realizaron alguna actividad importante fuera de la casa. Feldman, R. (2007), por su parte abre una nueva ventana: “Muchas de las personas que se divorcian – de 75 a 80 por ciento – terminan casándose de nuevo, por lo regular dentro de un periodo de dos o cinco años. Es más probable que se casen con personas que también son divorciados” (p. 571). De alguna forma porque las personas que también están divorciadas, tienden a estar disponibles, pero también porque quienes han pasado por un divorcio comparten experiencias similares.

De ahí que la experiencia del segundo matrimonio no puede ser igual que el primero ya que las parejas mayores tienden a ser más maduras y realistas en sus expectativas en cuanto a pareja y matrimonio, ya que lo ven en términos menos románticos, y comparten las tareas domésticas de manera más equitativa, toman decisiones de manera más participativa, diríamos que muestran mayor flexibilidad en los roles y deberes.

b) Relaciones familiares en la mediana edad

La partida de los hijos del hogar, la pos paternidad, es un fenómeno que surge evidentemente de los cambios demográficos de esta etapa, de ahí que en la actualidad es posible que cuando el hijo menor abandona la casa, los padres aún son bastante jóvenes. Al respecto, Undurraga, C. (2010, p. 94) afirma que:

Los hijos han crecido y los padres deben redefinir la relación con ellos, haciéndola más horizontal y simétrica, lo que debería promover su autonomía e independencia. Las funciones parentales durante este período se relacionan directamente con el orientar y guiar, respetando la autonomía personal del o los hijos. La preocupación por los hijos debe ser cambiada por otros intereses, requiriéndose de un tiempo para redescubrirse como pareja.

En otra parte, también los adultos de edad media, suelen ser padres de hijos adolescentes, por tanto viven realidades propias de la adolescencia, es decir deben aceptar a sus hijos como son y no como quisieran que fueran ya que sus hijos se enfrentan a cambios físicos, emocionales y sociales que presentan los jóvenes. A esta edad también pueden vivir otros vínculos de parentesco: relaciones con los padres ancianos, relaciones con los hermanos y además pueden convertirse en abuelos.

Relaciones con los padres ancianos. En algunas ocasiones se da una inversión de roles, se encuentran con la madurez filial, que es la etapa de la vida donde los hijos aprenden a aceptar y satisfacer las necesidades de los padres, además es una etapa en la que en la mayoría de los casos se convierten en cuidadores de sus padres ancianos.

Frente a este tema Undurraga, C. (2010) manifiesta que: “El relacionarse con los Padres envejecidos le implica asumir que ya no le pueden prestar protección, sino que al contrario se impone la necesidad de hacerse cargo de ellos y aceptar que son débiles y vulnerables” (p. 95). Por tanto al identificarse con sus padres, aumenta el sentimiento de vulnerabilidad personal.

Relaciones con los hermanos. Los vínculos fraternos son las relaciones más duraderas de la vida y los conflictos en esta edad disminuyen, a pesar de encontrarse con desacuerdos ya sea por herencia o cuidado de los padres.

Relaciones con los nietos, se convierten en abuelos. Los adultos pueden convertirse en abuelos alrededor de los 45 años, y con sus nietos mantienen relaciones más estrechas, cálidas y afectuosas; la distancia no afecta necesariamente a la calidad de estas relaciones. En algunas ocasiones por razones de migraciones de sus padres, muchos abuelos se convierten en los principales o únicos cuidadores de sus nietos; esta paternidad sustituta inesperada puede ser una carga física, emocional y financiera para los adultos de mediana edad o mayores.

En este campo, Feldman, R. (2007) dice que existen estilos de ser abuelos, de ahí que expone tres grupos: “involucrados, de compañía y distantes” (p. 574). Los describe así:

Los abuelos involucrados, participan de manera activa y tienen influencia en la vida de los nietos, mantienen expectativas claras acerca de cómo deberían comportarse sus nietos, en cambio los abuelos de compañía son más relajados, en lugar de tomar la responsabilidad de sus nietos, les brindan apoyo y actúan como sus amigos; por último los abuelos distantes, son el tipo más lejano, son desapegados y distanciados y muestran poco interés por sus nietos. (p. 574).

c) Las relaciones de amistad

Por lo general en esta edad se alejan de las amistades debido a que pasaron mucho tiempo sumergidos en la paternidad, por lo que no invertían tiempo con sus amistades.

Algunos otros autores señalan que en la amistad, como en todas las relaciones humanas, la capacidad de tener profundos y verdaderos lazos, se relaciona con la calidad de los vínculos afectivos que se han establecido en la primera infancia. Sin embargo este devenir del ciclo vital con la etapa de vida adulta media también marcan las relaciones de amistad.

Undurraga, C. (2010) dirá que:

En la adultez media, se privilegian ciertos vínculos de amistad por sobre otros, y como consecuencia se reducen de manera considerable el número de amigos (Clemente, 1996), Este hecho tendría su explicación en la tendencia a la introversión que pueden tener las personas a esta edad y en el privilegio de las relaciones familiares, que adquieren mayor densidad con el emparejamiento de los hijos y la llegada de los nietos. (p. 96).

Las redes sociales en la edad adulta suelen ser más pequeñas e íntimas. En comparación con los jóvenes las personas maduras tienen poco tiempo y energía para dedicar a los amigos; están demasiado ocupados con la familia, el trabajo y con la construcción de seguridad para la jubilación. Aun así las amistades persisten y son una fuente sólida de apoyo emocional y bienestar en especial en las mujeres. Los adultos acuden a los amigos para recibir apoyo emocional, orientación práctica, consuelo, compañía y conservación; los conflictos suelen ser por valores, creencias, y estilos de vida pero pueden llegar al respeto mutuo. La importancia de la amistad varía de tiempo en tiempo.

d) Evolución familiar

Dentro de todo este contexto de las relaciones que viven las personas adultas, se abre tres espacios muy marcados como son: el síndrome del nido vacío, los hijos bumerang y los hijos sándwich, todo dependerá de la edad en la que adquirieron su compromiso en el matrimonio y de la edad en la que tuvieron a sus hijos.

De la casa llena al nido vacío. Esta es una experiencia que se relaciona con los sentimientos de infelicidad, preocupación, soledad y depresión de los padres por la pérdida de sus hijos del hogar, de ahí que Feldman, R. (2007), dice que: “Para muchos padres, una transición importante que por lo regular ocurre es la partida de los hijos, quienes tal vez hayan ingresado a la universidad, se hayan casado, unido al ejército o aceptado un trabajo lejos de casa, muchos padres reportan que se requieren ajustes importantes” (p. 572); la pérdida será difícil sobre todo para las mujeres que se quedaron en casa al cuidado de sus hijos.

Hijos bumerang: rellenando el nido vacío. Individuos en la adultez temprana que después de dejar la casa por algún tiempo, regresan a vivir en el hogar de sus padres de mediana edad; en muchas ocasiones regresan por problemas económicos, puede ser que no encuentren trabajo después de la universidad o el sueldo es bajo que no les alcanza para sus gastos, a su vez puede ser también por la ruptura de un matrimonio. Feldman, R. (2007), por tanto añade: “la reacción de sus padres es variada, si sus hijos están desempleados su regreso resulta muy enojoso, las madres tienden a ser más comprensivas con los hijos desempleados, en especial, las madres solteras agradecen la ayuda y seguridad que representan los hijos que regresan” (p. 573). En todo caso tanto algunas madres como algunos padres aceptan de buen agrado el regreso de sus hijos que a la vez contribuyen al funcionamiento del hogar.

La generación sándwich: entre los hijos y los padres, que en síntesis son las parejas que en la edad adulta intermedia deben satisfacer las necesidades de sus hijos y de sus padres ancianos, es decir los adultos que aún están cuidando de sus hijos, deben comenzar a cuidar de sus padres. Esto se debe a la situación de longevidad de los padres ya que los hijos tardan más en salir de casa.

Se convierten en cuidadores informales, sobre todo en casos en que la dependencia dura mucho tiempo, influye en la salud física y psíquica del cuidador. La investigación encuentra sentimientos de frustración, soledad, culpa, dolor e incluso ira en los adultos cuidadores. Además le supone cansancio, reducción de tiempo y libertad, conflictos en el trabajo; a la vez el cuidar a los mayores puede ser una tarea reconfortante y que puede ser catalizadora de cambios positivos en la personalidad de los adultos de mediana edad: en aquellos casos en los que prima el sentido de competencia y confianza en uno mismo y su deseo de generatividad.

e) El mundo del trabajo en la mediana edad

Las trayectorias profesionales tienen dos tipos de patrones: estable o cambiante. Las personas con patrones estables permanecen en una sola vocación y para la madurez han alcanzado posiciones de poder y responsabilidad. En cambio las personas que siguen el patrón cambiante tratan de lograr un mejor equilibrio entre lo que pueden hacer, lo que desean o esperan de su trabajo y lo que obtienen de este. Esta revaloración en ocasiones conduce a un cambio de carrera en cualquier momento de la edad adulta media.

Aunque para la mayoría de las personas de la edad adulta media representa la cima del éxito en el trabajo y el poder adquisitivo, también es una época en la que se dedican a actividades recreativas, y de tiempo; según los investigadores asumen que esta época es una de las que logran equilibrar con mayor facilidad tanto el trabajo como algunas actividades de descanso, ya que se dan cuenta que el trabajo y el ocio van de la mano para generar y aumentar la felicidad general.

Trabajo y profesión en la mediana edad. Para muchos esta etapa es como un tiempo de mayor productividad, éxito y poder adquisitivo, de ahí que los factores que representa atractivo en esta época pueden ser que sienten interés por el sueldo, las condiciones de trabajo, y algunas políticas específicas como la forma en que se calcula el tiempo de vacaciones. Por otra parte Feldman, R. (2007), afirma que: “por lo general la relación entre edad y trabajo parece positiva, cuanto mayores sean los trabajadores, más satisfacción general experimentan en el trabajo” (p. 579). Esto sucede sobre todo porque las personas de edad adulta temprana que no estén satisfechas con sus trabajos van a buscar otros que les permita sentirse bien, y porque lo trabajadores mayores tienen menos posibilidad de cambiarse de trabajo.

Desafíos laborales: insatisfacción en el trabajo. La satisfacción en el trabajo no es universal, en algunos casos las condiciones se vuelven tan malas que el resultado es el agotamiento, conocido también como “burnout”. Sepúlveda, M. (2014), en su tesis sostiene que : “Citando a Price y Murphy (1984), este proceso se caracteriza por sentimientos de fallo o desorientación profesional, desgaste y labilidad emocional, sentimientos de culpa por la falta de éxito profesional, frialdad o distanciamiento emocional, y aislamiento” (p. 14); y esto ocurre más a menudo en los trabajos que implican ayudar a otros, y en otros

casos en los que se dan cuenta que se comprometen demasiado con su labor y que hacen aportaciones menores a los enormes problemas sociales, entonces se desmoralizan.

Desempleo, fin del sueño. Para muchas personas el desempleo es una dura realidad de la vida, y las repercusiones son tanto físicas, psicológicas como económicas, más todavía si han sido despedidos ya sea por cortes personales o por avances tecnológicos. Feldman, R. (2007), afirma que: “el desempleo hace que la persona se sienta ansiosa, deprimida e irritable, su seguridad cae en picada y es incapaz de concentrarse, incluso los aspectos de desempleo que al principio podrían parecer positivos, como tener tiempo, producen consecuencias desagradables” (p. 580). Los adultos de mediana edad tienden a permanecer desempleados más tiempo y a medida que envejecen tienen menos oportunidades de encontrar un empleo gratificante.

Cambiar e iniciar una profesión en la mediana edad. Los individuos que cambian de carrera lo hacen por varias razones, unas pueden ser que sus trabajos les ofrezcan muy poco desafío, otros porque pueden dominar su oficio y ya se vuelve rutinario, o simplemente porque no les guste los cambios que realicen en su área, o lo que es común para las muchas mujeres que regresan al mundo laboral después de haberse retirado criando a sus hijos, o a su vez después de un divorcio. Feldman, R. (2007), los adultos de “mediana edad que empiezan una nueva profesión se ubican en los puestos inferiores y por eso sus compañeros de trabajo son considerablemente más jóvenes” (p. 581).

Mentores y aprendices. En esta etapa los adultos pueden encontrarse en la cúspide de su desarrollo de ahí que se propone como un tema esencial el ejercicio de la generatividad en la llamada tarea de mentor. Undurraga (2010). Un mentor no es necesariamente el más experimentado, pero sí el más dispuesto a compartir las competencias que ha venido desarrollando a los largo de los años, (p. 97), por tanto el mentor como agente de desarrollo y guía, facilita la realización de los sueños de los jóvenes, por tanto es necesario que crea en su aprendiz y le ayude a definir su camino.

Entre las funciones del mentor se encuentran: dar instrucción, protección, información para interpretar o anticipar acciones, patrocinar o dar apoyo, los mentores buscan estimular y desarrollar las habilidades intelectuales e interpersonales de sus protegidos; se aseguran de que estos no se vean expuestos a presiones que no estén preparados para manejar, favorecen la exposición de los aprendices, dándoles tareas que implican trabajar con otros profesionales influyentes. A través del ejercicio del rol de mentor, el adulto medio trasciende más allá de su propia experiencia vital y deja su huella en los que lo seguirán en el camino de la vida. (Undurraga, C. 2010, p. 97).

Para muchos adultos, el aprendizaje formal es una forma de desarrollar su potencial cognoscitivo y de mantenerse vigentes al corriente con el cambiante mundo del trabajo.