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REPLANTEAR LOS CONTRADICTORES COMO MAESTROS

In document Las Leyes Espirituales Del Universo (página 36-38)

Si partimos del hecho de que todo ser humano es único e irrepetible, es lógico que no veamos las cosas de la misma manera. Lo normal, en consecuencia, es el desacuerdo, no el acuerdo, por ello los conflictos son inevitables; no podemos eliminarlos de nuestra vida, solamente aprender a manejarlos.

Los conflictos son, además convenientes, porque nos permiten percibir las situaciones desde diferentes ángulos comprendiendo mejor nuestras propias posiciones al confrontarlas con las de los demás. Esto nos facilita crecer en sabiduría y a movernos hacia un mundo en el que podamos vivir en paz con el prójimo a pesar de nuestras diferencias.

Los conflictos son los parteros del desarrollo en el ámbito individual y social. El intelectual colombiano ya fallecido, Estanislao Zuleta en uno de sus trabajos más conocidos Elogios a la dificultad 26 decía que hablar de una sociedad armónica era plantear una contradicción en los términos, porque el conflicto es inherente a la naturaleza humana. Sociedad implicaba para él, pluralismo, admitir diferentes percepciones de la realidad. Una sociedad armónica no era, por tanto, en su visión, la que no tiene conflictos sino la que era capaz de identificarlos y resolverlos en forma pacífica. En otros de sus ensayos Sobre la Guerra, planteaba que solo una sociedad madura para reconocer y resolver sus conflictos estaba preparada para la paz. Crecemos en consecuencia como individuos y como sociedad no a pesar de nuestros conflictos, sino gracias a ellos.

Peter Drucker, citado antes, decía que la regla básica de las buenas decisiones era que

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Aprender a fluir. Editorial Kairos, Barcelona 1998. Hay resumen disponible a solicitud de los interesados, pidiéndolo al e-mail señalado en la nota de pie de página No 2.

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Tomado del libro Elogio a la Dificultad y otros ensayos. Edición a cargo de Alberto Valencia. Fundación

éstas surgen de la discrepancia y que el líder efectivo deliberadamente provoca más discordia y desacuerdo que consenso, pues esto le ayuda a entender mejor las situaciones y le provee de criterios y alternativas para solucionar problemas o aprovechar oportunidades, en forma más eficiente y efectiva.

Debemos darle la bienvenida a los conflictos porque al desestabilizar la mayor parte de nuestros modelos mentales y pautas de comportamiento, nos permiten enfrentar nuevas realidades sacándonos de la rutina y produciendo apertura hacia las transformaciones individuales y sociales.

Los grandes conflictos generalmente reflejan momentos de transición en los que lo que ha de morir todavía no lo ha hecho del todo y lo que ha de vivir reemplazando lo ido, apenas está en proceso de nacimiento. Las crisis personales pueden ser entendidas, a su vez, como el conflicto entre un modo de vida que se rechaza pero del que se conocen las reglas y otro que se desea, pero cuyas consecuencias no están claramente definidas. Cuando aparecen generalmente están anunciando una transformación.

Desde las perspectivas anteriores los conflictos son positivos. Si no los tenemos deberíamos crearlos para aprovechar su enorme poder de catalizar el propio desarrollo y el de los demás.

Los conflictos se personifican en nuestros contradictores.

Un contradictor no es sólo alguien que nos lleva la contraria, sino aquel que además nos enerva con su presencia haciéndonos perder el control de nosotros mismos. Una persona frente a la cual nos sentimos descalificados como seres humanos. Alguien cuya presencia no podemos evitar aunque queramos. En síntesis: un individuo que nos parece insoportable pero con quien estamos forzados a tratar. Podemos considerarlo como una especie de torturador psicológico que tiene el poder de proporcionarnos malos ratos.

Si tienes en tu vida a alguien que reúna estas condiciones eres afortunado, porque el factor más importante para producir un ser humano de características excepcionales es un contradictor, ojalá con mucho poder sobre la vida de uno. Desgraciadamente como decía Carlos Castaneda, refiriéndose a estos especimenes, “[…] en nuestros días las

personas interesadas en su propio crecimiento tienen que llegar a extremos para encontrar un contradictor que valga la pena. La mayor parte del tiempo tienen que conformarse con insignificancias.”

Los contradictores son nuestros maestros en la práctica de la ecuanimidad y en la deflación del EGO. Ellos nos enseñan auto control y a fijar nuestro centro de valoración personal en lo que nosotros pensamos de nosotros mismos y no en lo que piensan los demás. Nos ayudan, por otra parte, a tomar mejores decisiones pues el contradictor encarna generalmente el lado opuesto de nuestras posiciones, el negativo de nuestros positivos y el positivo de nuestros negativos. Vale entonces la pena escucharlos con atención.

Los contradictores pueden igualmente ser vistos como nuestros dignos rivales, aquellos cuya confrontación nos hace crecer. Son tan necesarios que si no tenemos uno deberíamos salir a buscarlo.

Nada tan útil para desarrollar la maestría del dominio de uno mismo como el tratar con personas arrogantes en posiciones de poder. En estas circunstancias puede un buscador del auto control desarrollar las competencias necesarias para poder mantener elevada la serenidad y la auto estima frente a cualquier agresión al EGO.

Sólo debemos considerar terminada la labor educativa de nuestro contradictor cuando éste haya perdido el poder de quebrar nuestra serenidad o deteriorar la imagen que tenemos de nosotros mismos. En ese momento debemos buscar otro, que ponga a prueba lo que ya hemos aprendido y nos desafíe con sus críticas destructivas, a seguir creciendo como seres humanos, porque individuo sin contradictor tiende a creer que no requiere mejorar y a desarrollar exceso de complacencia consigo mismo.

El error de cualquier persona que se enfrenta a un contradictor es tomar demasiado en serio su EGO así como las acciones de su contradictor. Lo que generalmente nos agota en una situación como ésta, es el deterioro que sufre nuestra importancia personal cuando las acciones de los demás nos hacen sentir inútiles y estúpidos. En estos casos hay que recordar que nadie nos puede hacer sentir algo sin nuestro consentimiento. El otro es dueño de sus actos, cada uno de nosotros de la respuesta que demos a ellos. Los contradictores mal intencionados, son nuestros más valiosos maestros, no perdamos la oportunidad de tener uno o varios en nuestra vida.

In document Las Leyes Espirituales Del Universo (página 36-38)

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