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Respecto del trabajador social y sus funciones en el consumo televisivo

2.Respecto a las trabajadoras sociales

3. Respecto del trabajador social y sus funciones en el consumo televisivo

Como se mencionó con antelación las trabajadoras sociales discursivamente coinciden en generar autonomía respecto al consumo televisivo de los niños y jóvenes, sostienen que es necesario ofrecer alternativas en los productos televisivos, reflexionando acerca de si un contenido es propicio (“acorde”) o no para su edad, afirmando que es necesario acercarles una gama de posibilidades, en algunos casos, para que ellos puedan optar por los programas de su predilección. Si bien en el discurso se evidencia un consumo crítico, en la práctica pareciera no llevarse a cabo completamente, cuestión que puede relacionarse con la dinámica institucional, con los objetivos que persiguen como institución y las actividades previstas consensuadamente que no incluyen hasta el momento la problematización del consumo televisivo . A pesar de no mirar televisión las profesionales tienen conocimiento de los productos televisivos y pueden discernir entre contenidos apropiados y aquellos que no lo son según su percepción. Del discurso de las entrevistadas se deduce que programas como los de Tinelli, Susana Giménez y Rial son contenidos inapropiados para los niños y niñas, debido a diversos motivos, tales como el contenido y el horario.

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TS: Sí, hemos tenido que regular (…) En un momento teníamos que miraban Tinelli, cuando nosotras nos enteramos de eso, entre el horario, el chico a esa hora debería estar durmiendo, era nuestra lectura y el

producto ¿no? Y además nosotros acá tenemos nenes chiquitos para

consumir ese programa por ahí uno más grande bueno, cada cual elige lo que mira. Y lo tuvimos que poner como regla, Tinelli no se mira.”

Quizá producto de estas concepciones aparecen en los discursos palabras como “control”, “selección de contenidos”, “límites”, “regulación”, “acuerdos”, “reglas”. Retomando los aportes de Kaplún (1987) estas palabras mencionadas anteriormente parecieran estar relacionadas con los modelos educativos comunicativos que ponen énfasis en los contenidos y énfasis en los resultados dado el lugar pasivo que se le otorga a los niños y niñas en el proceso de conocimiento, a los niños/as se les informa qué deben mirar y qué no, los contenidos ya están seleccionados, regulados, fijados, no construyen con ellos el conocimiento.

Las profesionales no sólo consideran importante qué es lo que miran sino también en algunos casos cuánto. Una de las entrevistadas manifiesta que se trata de que los niños no estén todo el día mirando televisión sino que puedan realizar otras actividades (por ej. actividades al aire libre). Quizá se valore más las actividades al aire libre con otros niños que estar al interior mirando televisión. En lo que se refiere a las actividades, generalmente están previstas, programadas y pensadas por los profesionales de las instituciones. El “control” parece vincularse a la organización de actividades asociadas al deporte, talleres, actividades de apoyo escolar o de concurrencia a instituciones educativas, entre otras, evitando que existan “espacios libres” (imprevisibles e incontrolables) en los que estén demasiado tiempo frente al televisor. Se puede entrever que se prescinde de la palabra de los niños al momento de planificar las actividades y asimismo podría suceder que con esta modalidad no haya lugar para la espontaneidad, la reflexión y la construcción en torno a lo que pueda acontecer en el cotidiano. Una reflexión que pueda involucrar a los niños y niñas y no sólo

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se restrinja a la mirada de los profesionales. El hecho de limitar el consumo televisivo o no considerarlo de ninguna manera una actividad que pueda desarrollarse en el interior de la institución en algunos casos, pareciera limitar la posibilidad de generar espacios de reflexión en torno a lo que consumen los niños/as y jóvenes en los programas televisivos. Parece ser que se privilegian otras actividades, por lo general relacionadas al aire libre, negándose la situación del consumo televisivo como una actividad de recreación y significación de la realidad (Fuenzalida, 2008 ); se trabaja negando u omitiendo la problemática. En todo caso sería oportuno conocer los fundamentos que tienen las profesionales para considerar que una actividad es más adecuada que otra. Si privilegian las actividades al aire libre y no el consumo televisivo es porque si bien en el discurso no queda explícito habría cuestiones con las que no estarían de acuerdo. Cuestiones que se deberían abordar, resolver, desmitificar. Si las profesionales manifiestan no consumir televisión ¿De dónde provienen los argumentos en relación a algunos programas que no consideran adecuados para los niños y jóvenes? Pareciera que del discurso que circula socialmente:

Lo televisivo ya te digo a mí se me dificulta porque yo no miro porque no tengo acceso al cable. Sí Tinelli ya lo conozco y sé lo que es…” Las entrevistadas asocian el consumo televisivo a la distracción, a la recreación, el momento en que comienza la relajación y culmina el día, el espacio donde se olvidan de sus problemáticas. En este sentido, puede hacerse una relación con la teoría de los usos y gratificaciones, ya que los sujetos utilizarían de la televisión lo que les provocaría placer y gratificación. Sin embargo, esta teoría hace hincapié en el individuo, que como sujeto elige de acuerdo a sus preferencias y gustos, mientras que en las dos instituciones que poseen televisión se argumenta que la elección de la programación se realiza en forma grupal (o direccionada en algunos casos) ya que los sujetos que asisten consumen la televisión grupalmente. Por lo tanto aparecen diversas dimensiones a tener en cuenta, tales como el horario en el que se permite consumir televisión, que el contenido sea “apto” para todos los sujetos presentes, que las profesionales acepten la programación elegida, entre otros.

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Por otro lado, tal como se mencionó anteriormente, las funciones de asistencia, gestión y educación están presentes en el ejercicio profesional diario de las trabajadoras sociales entrevistadas. Las profesionales coinciden en que su función ante el consumo televisivo es la de educación. Andrea A. Oliva sostiene al respecto que

“En cuanto a la función de educación, se trata tanto de la transmisión de conocimientos e información como de la acción de dirigir. Considerando que la educación siempre es un hecho político, esta función ha sido utilizada para el disciplinamiento o, contrariamente, ha servido para estimular la emancipación de las clases trabajadoras.” (Oliva 2006:75) Evidenciando el componente político de las elecciones y la importancia de poder distinguir las posibilidades al momento de la elección. Cuando los niños miran televisión optan por ver un programa y no otro, y cuando esta elección no responde a su voluntad y es el adulto quien lo elige, también responde a un posicionamiento y a una ideología acerca de qué considera que los niños deben mirar, y en contrapartida qué no deben mirar. La función de la educación está vinculada al acceso a la información que se le provee a los niños, la cual es efectiva al momento de tomar decisiones, como así también a la posibilidad de mostrar alternativas, problematizar, discutir, desarmar ciertos estereotipos e ideales que aparecen en el cotidiano. En este sentido, una de las entrevistadas que durante la entrevista negó tener conocimiento sobre los programas televisivos actuales por no consumir televisión, luego de la entrevista desarrolló una anécdota en la que a partir de mirar junto a su sobrina “Peppa Pig” pudo problematizar con ella estereotipos de género que el programa reproducía y naturalizaba. En este sentido, este tipo de investigaciones se constituye como un disparador para replantear hasta qué punto la televisión perdió su peso (según las entrevistadas) y darse cuenta que cotidianamente hay aspectos que se pueden trabajar desde la función educativa en las instituciones. Asimismo también es interesante visualizar que la influencia que perciben de los medios de comunicación las trabajadoras sociales lo hacen generalmente externo a la institución. Quizás este distanciamiento respecto a la institución del consumo

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televisivo se deba a que en tres de las cinco instituciones no se contaba con un televisor en la misma. Las entrevistadas consideran que las instituciones deben problematizar y resolver otras cuestiones que no necesariamente coinciden con el consumo televisivo, desde su óptica.

Dos de las cinco entrevistadas hicieron hincapié en la necesidad de reconocer que hay ciertos contenidos con un alto valor educativo y cultural que merecen ser promovidos e incentivados (Canal Encuentro, Canal Paka-Paka, por ejemplo). Otra de las profesionales afirmó que hay que mostrar distintas posibilidades, que quizás los niños no conocían (como los canales de música por ejemplo). Por lo que se evidencia que tienen cierto posicionamiento tomado en torno al consumo televisivo que va en concordancia con la función educativa.

Otra posibilidad de interpretación nos ofrece pensar esta situación en términos de “correlación de fuerzas”, y el acceso al poder, al saber y al hacer. Faleiros (1992) propone la lectura de la correlación de fuerzas existente, ya que “es a partir de

la correlación de fuerzas que se establecen los límites y posibilidades de la práctica profesional” (Mallardi, Coll; 2013: 18). El avance del neoliberalismo en la coyuntura actual y el creciente peso que los medios de comunicación han tomado en cuanto a la reproducción de ciertas ideologías, creencias, valores, etc. no debe ser leído ingenuamente, sino a partir de la relación con la historia, economía, política, relaciones internacionales, etc. Es decir, es necesario un análisis de la correlación de fuerzas a nivel social para poder analizar la correlación de fuerzas que se da al interior de las instituciones. En este sentido, si bien las profesionales aseguran tener autonomía en cuanto a su intervención profesional, se encuentran muchas veces sin recursos y con escasas posibilidades de gestionarlos a través de otras instituciones que debieran poseerlos. Al interior de las instituciones las profesionales afirman trabajar en conjunto con todo el equipo, consensuadamente. Este análisis que el profesional como intelectual puede realizar es imprescindible para concretar el fortalecimiento del poder popular, el profesional del Trabajo Social debe asumir el desafío de facilitar el acceso de la población al saber sobre ella misma, a los recursos disponibles y al poder de decisión (efecto de auto organización). Es esencial que los niños comiencen por comprender su entorno social, por conocer las posibilidades, por pensarse parte de una sociedad, proveerles las herramientas para que logren un consumo crítico, una concientización. Es por ello que el trabajo social debería comenzar a

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cuestionarse sobre el papel de los medios de comunicación y su rol como educador social. En este sentido, la educación se constituye como un proceso permanente, en que el sujeto va descubriendo, elaborando, reinventando, haciendo suyo el conocimiento, ya que el objetivo último es la liberación del sujeto.

El trabajador social (en rol de comunicador según Kaplún) es reconocido como un sujeto presente, pero no tutelar, no como dueño de la verdad a transmitir, no como dirigente, sino como acompañante y estimulador del proceso de análisis y reflexión, brindando herramientas, fomentando la problematización. En este sentido una de las profesionales sostiene que la función principal del trabajador social es problematizar, preguntar y respecto a la presente investigación agrega:

está bueno lo que plantean, es algo nuevo, para mí al menos. Si bien trabajo en un Centro Cultural y la televisión es un bien cultural, problematizar el contenido, problematizar la vida cotidiana de los chicos en relación a este recurso me parece que es bastante bueno y que me parece que podríamos tomarlo como un eje de trabajo también, desde xxx, así que me sirve, lo agarro, lo tomo.”

Otra de las profesionales sostiene que la formación profesional no te prepara para todo lo que la realidad te depara en el trabajo cotidiano

es complejo, es difícil, no crean… yo te juro salí… cuando me topé con XXX sentí que no sabía nada… después uno se relaja y ahí decís “no, hay contenidos que la carrera te brinda”, hay otros que no, que uno se los tiene que ir haciendo en cada área. (…) todas esas cosas uno las tiene que ir adquiriendo como profesional, buscando herramientas, y no es tan fácil…”

Por lo que plantea la necesidad de seguir formándose constantemente, problematizando, indagando, ya que la formación profesional es un punto de partida y es necesario enriquecer la teoría con la práctica y viceversa.

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Las entrevistadas reconocen en su discurso que desde las instituciones se trata de fortalecer la participación política y ciudadana:

“Se trabaja sobre tres ejes o tres objetivos grandes, por un lado, primero es el acceso a bienes culturales de calidad, ehh por otro la participación política y ciudadana, fomentar lo que serían referentes barriales, y el último es trabajar sobre la economía social.”

En este sentido, pareciera que el foco de la función educativa de la trabajadora social está colocado en la formación cívica y política de los jóvenes, sin embargo no se abre la posibilidad de generar espacios de reflexión en torno a los contenidos televisivos que tienen un fuerte impacto en la sociedad actual como parte de la formación política. Es decir, pareciera ser que la formación de “referentes barriales” se realiza de manera fragmentada y desvinculada de la totalidad de elementos que conforman los discursos y hechos políticos y sociales.