Resultados en torno a la satisfacción en el Tratamiento de Enfoque

In document SATISFACCIÓN EN PARTICIPANTES DE UN TRATAMIENTO PSICOTERAPÉUTICO GRUPAL PARA HOMBRES QUE EJERCEN VIOLENCIA BASADO EN EL ENFOQUE GESTÁLTICO (página 151-160)

4.2 Aspectos Metodológicos

4.2.1 Resultados en torno a la satisfacción en el Tratamiento de Enfoque

Con respecto a la caracterización de la violencia, es importante señalar de partida la existencia de heterogeneidad con respecto a este punto, encontrándose todas las direcciones de la violencia presentes en la literatura, incluso aquella en que la mujer dirige su violencia hacia el hombre. En la mayoría de los casos se encontraron altos indicios de gravedad de la problemática, comprometiendo principalmente la salud mental de los involucrados. En todos los entrevistados pudo observarse antecedentes de violencia en su familia de origen.

Según es comprendido el fenómeno de la violencia conyugal, en la presente investigación, esta se explica desde una perspectiva ecológica, en la cual un nivel primordial de trabajo lo constituye el nivel individual. Resulta interesante plantear el cuestionamiento con respecto a la posibilidad de realizar una intervención terapéutica, en hombres que ejercen violencia doméstica; entendida como alternativa a otras sanciones o a otros procedimientos de rehabilitación. Esta inquietud se relaciona con la alta tasa de deserción (Baloaín, 1993) y el porcentaje de logro moderado de estas terapias. Cabe recordar que los resultados numéricos indican que un 48% de los casos muestra la interrupción del maltrato, 14% señala una cambio del tipo de violencia, y un 35% carece de esta información (Villela, 1997).

Por otra parte, el factor evaluado negativamente por la mayoría de los asistentes a la terapia entrevistados, fue la necesidad insatisfecha de continuar el tratamiento. Asimismo, desde el análisis del material esquematizado en el cuadro número 3 (página 154) llama la atención la vinculación que

se hace con este grado de satisfacción y la profundización en tiempo o en atención individual del espacio terapéutico. De esta manera podemos observar que otro factor altamente incidente son los tiempos reducidos de tratamiento que determina el tribunal, que interfieren directamente con una mayor profundidad de cualquier proceso terapéutico.

El aspecto de la duración de la terapia no es sólo un factor relacionado con las determinaciones del juez. Existe un ordenamiento y un sistema social que explica la restricción, y es que los hombres que van a terapia, frecuentemente presentan reparos para asistir más tiempo, debido a que son los proveedores de su familia y dado el bajo nivel de ingresos de la mayoría, no pueden o no se les permite descuidar su trabajo. Por otra parte, el gobierno no otorga fondos suficientes a este tipo de proyectos. De hecho, desde hace un par de años atrás, el Centro de Atención y Prevención de VIF de la Municipalidad de Santiago, tiene un muy reducido espacio para la Atención, dedicándose fundamentalmente a la Prevención a nivel comunitario.

Por otra parte, los entrevistados evaluaron que el contexto legal prioriza los intereses de la mujer por sobre los del hombre, brindando un marco injusto al tratamiento de la problemática. De esta manera, aparte de las resistencias al tratamiento que impone la tendencia al aislamiento social, y la dificultad para cuestionar su accionar y sus pensamientos, existen otras que se relacionan con la situación específica del hombre que llega a tratarse. Estas últimas se refieren al contexto de terapia coactiva y/o al forzamiento para iniciar el tratamiento (presiones familiares, sociales, de distinto tipo). Un aspecto importante de la ley V.I.F. (1994) dice relación con las penas a los agresores intrafamiliares, que no sólo incluyen la terapia sino también reclusión, multas o trabajos para la comunidad. Sin embargo, la obligatoriedad es un aspecto altamente mencionado por los equipos que trabajan con los agresores.

Conjuntamente con lo anterior, la vinculación que la atención de estos hombres, tiene con una institución que tradicionalmente está al servicio de los derechos de las mujeres, determina mayores resistencias en los consultantes a todo lo que sea de carácter femenino, por ejemplo el compartir sentimientos y experiencias con otros.

Consistentemente, Baloain (1993) plantea que el tratamiento de hombres que ejercen violencia es considerado uno de las de más alta deserción, debido a que culturalmente el hombre ha sido socializado para no pedir ayuda, tienden a externalizar la responsabilidad de sus agresiones, se

muestran muy resistentes para trabajar estos aspectos y les cuesta comprender que la terapia no tiene por objetivo reconciliarlos con sus parejas. Además, desde la dinámica de la relación es posible que el arrepentimiento del hombre, posibilite que la mujer reduzca sus presiones para que su pareja vaya a terapia.

También relacionado con lo anterior, prima en el grupo de entrevistados el intento de solución a través de la proposición de buscar ayuda en salud mental para su mujer, y la separación propuesta desde sus parejas. El cumplimiento de esta última medida dependió de la decisión de la mujer. En los casos que se concreta y mantiene la separación los entrevistados muestran su disconformidad, la que aún persiste, independientemente que el entrevistado se encuentre en una nueva relación de pareja. Cabe recordar que desde la esquematización propuesta en el Cuadro 3 (página 154) la satisfacción o insatisfacción con el proceso terapéutico generalmente se asoció al grado en que el contexto de atención privilegia la mantención y mejoramiento de la relación de pareja en que se encuentra el hombre al momento del ingreso.

Los obstáculos anteriormente descritos, en el trabajo terapéutico con Hombres que ejercen Violencia, han sido usualmente enfrentados con la evaluación anterior del paciente, para reconocer sus contraindicaciones. Incluso se plantea como posibilidad el hecho de configurar el espacio de encuentro entre terapeuta y paciente, sólo en una instancia de control social. Sin embargo, también se esboza, que la asunción de la responsabilidad, por lo menos ante el terapeuta, es un proceso que continúa durante la terapia. Además, un aspecto ventajoso de las terapias humanistas, lo constituyen las condiciones resaltadas por Rogers de autenticidad, empatía y aceptación incondicional, lo que facilita la disminución de las resistencias. Conjuntamente, el enfoque gestáltico en particular, desde su visión holística de las conductas y problemas del ser humano, permitiría trabajar con hombres que ejercen violencia, sin adentrarse en esta problemática directamente, pues no es necesario centrarse en aquellas temáticas cargadas de significados, lo que reduce sus resistencias iniciales.

Habiendo revisado la preponderancia de las resistencias en los consultantes, el contexto judicial y el tiempo determinado para el proceso terapéutico, como obstáculos presentes para cualquier terapia, dentro del grupo de hombres, permeables a una intervención terapéutica en grupo, se plantea la interrogante sobre la capacidad explicativa del enfoque gestáltico y su consiguiente poder como enfoque terapéutico, en estos casos.

En el primer aspecto de esta doble necesidad, nos encontramos con el hecho que es posible observar un paralelo entre la forma hipotética en que el hombre que ejerce violencia conyugal construye su identidad y las alteraciones del contacto que para Perls determinan el comportamiento anormal. Corsi (1994) plantea que la identidad del “hombre violento” se estructura a partir de los procesos contradictorios y complementarios de focalizarse en los logros y la represión emocional. Para Barudy estos trastornos se deben a la carencia de experiencias de sintonía en las relaciones tempranas, y a los contextos que interfieren con el desarrollo integral. Siguiendo a Ferreira, los modelos paternos, aparecen frustrantes y no entregando afecto verdadero o al menos que propenda hacia la integración madura.

Para la terapia Gestalt, el resultado de las tensiones organismo-ambiente determinan una interrupción en la formación de Gestalt, con una consiguiente frustración de necesidades, que fundamentan el carácter neurótico, en un intento egotista de suprimir nuestro contacto con el ambiente, a través de mecanismos que se hacen crónicos como la introyección, la proyección y la confluencia, entre otros. De esta manera se dificulta el contacto, nos resignamos a identificarnos con un rol, con una imagen ideal de sí; para este caso preferentemente, la internalización del modelo masculino tradicional (Larraín, 1993), y coherentemente con el enfoque Gestalt, negamos partes de nosotros mismos, que aspiran por integrarse, y es posible que en una pareja confluente, se proyecten en el otro.

Es importante relevar el hecho que la confluencia está presente tanto como mecanismo de evitar el contacto con lo que se “es”, como en la descripción de la mayoría de las parejas que experimentan violencia. Para Ferreira, habría en el hombre violento una mezcla extraña de amor y temor por la mujer, debido a que internamente se sienten aún como niños asustados, temiendo al abandono, aspirando a adquirir seguridad y auto-defendiéndose permanentemente. Para la autora, las mujeres intuyen que el hombre las necesita, aunque ellas podrían mantenerse autónomamente están atrapadas en el miedo y la dependencia, en la casa se perciben infantilizadas.

En este escenario, una base teórica gestáltica posibilita comprender el mecanismo a través del cual se estructura la personalidad y se construyen las relaciones que favorecen la aparición de actos violentos en el seno de la pareja. Además, el enfoque gestáltico aparece como completamente compatible con la perspectiva ecológica frecuentemente utilizada para entender y tratar con la

violencia, debido a la perspectiva ecológica y de integración e interdependencia del individuo en su campo o contexto.

En tanto en el aspecto práctico, en el lado de las desventajas, nos encontramos con la demostración, a través de investigaciones, de la dificultad que se le presenta a los terapeutas gestálticos para trabajar con personas que no están dispuestas a una exploración de sí mismos, ni menos a una confrontación de su modo de entender y relacionarse con el mundo. Otro aspecto que hacen difícil la aplicación del enfoque Gestáltico a la problemática de los hombres que ejercen violencia, está el requisito de tolerar y mantenerse en contacto con las situaciones difíciles y exigentes, la necesidad de que el consultante llegue a ver con claridad que es el mismo, quien se tiene que encargar de su problema. Además, clientes reactivos pueden entrar en conflicto con los enfoques muy directivos y provocativos como la Gestalt.

Por otra parte, con respecto al enfoque gestáltico y al hecho que se trabaja centrándose en el darse cuenta es posible que gran parte del tiempo que se utiliza se centre más en quejarse de la situación actual de vida, en lugar de enfrentarse al hecho que los conduce a esta situación.

Continuando con la revisión de los resultados, llama la atención la amplia presencia de atribución de la violencia conyugal a aspectos de la pareja, a un año o dos de terminado el tratamiento. Aparejado a esto los entrevistados dieron bastantes argumentos para confirmar su adecuación en su rol de esposo y padre. Esto confirma las experiencias realizadas en el trabajo con hombres que ejercen violencia; impresiona el hecho que se cumple la característica descrita por Corsi (1994) de externalización de la responsabilidad por la violencia.

Desde los resultados anteriormente expuestos, al parecer la atribución de la violencia fue reducidamente afectada por el proceso terapéutico. Debido a los postulados de la Gestalt, se espera de los logros de este enfoque un cambio global, total en el sujeto, así como de un aumento de la comprensión global de su situación. El aspecto de la responsabilidad por la violencia, no es menor, en cuanto encierra una problematización del sujeto. En este sentido la mayoría de los entrevistados se observa aún centrando su apreciación de la situación en los factores externos y no en el problema de la violencia.

Un aspecto de gran relevancia es la afirmación que en el caso que existiese, el contexto legal habría sido el factor decisivo para el término de la violencia. Sin embargo, también se atribuye el término o la disminución de las agresiones, en algún grado a la terapia. Lo anterior nos plantea la disyuntiva sobre qué es lo que actúa en la eliminación del síntoma, por lo menos en casos que han sido tratados con un enfoque terapéutico gestáltico, durante seis meses.

Con respecto a la satisfacción con el tratamiento, todos los entrevistados coincidieron en relevar la calma adquirida, el goce o disfrute, productos de asistir a la terapia, y la sensación de ir avanzando a lo largo del proceso. Esta característica estaría dada por el formato del tratamiento de la problemática en grupo, puesto que Baloain (1993) postula que el grupo presentaría una alta efectividad debido a que posibilita el trabajo con la estructura y la interacción con otros, y reduce el aislamiento social y emocional.

De esta manera, otro elemento de gran realce lo constituye el hecho que para los entrevistados el aspecto de la grupalidad fuera el más mencionado tanto en forma neutra como positivamente evaluado. Esto estuvo asociado a la presencia de elementos que daban cuenta de integración grupal. Destacando distintos aspectos, los entrevistados mencionaron positivamente, una mayor o más profunda comunicación en el grupo, y la posibilidad de compartir y a la vez contar con un espacio contenedor y ampliar la visión del problema. Se postula como relevante el efecto de disminución de la angustia, asociado a la percepción de una problemática menos grave para sí que en el caso de los otros participantes. Resulta relevante señalar, que aunque la identificación grupal se evidenció fuertemente, un aspecto percibido como bastante distintivo, constituyó el grado de separación con la familia (esposa e hijos), lo que dio cuenta de una percepción de mayor gravedad en los otros, y muestra cual es el aspecto más problemático, asociado a la situación de violencia, para los entrevistados. En virtud de lo anterior, cabe señalar que algunos elementos reportados se relacionan con aspectos propios de la psicoterapia grupal desde sus inicios, sin importar el enfoque, como su utilidad para instruir, aconsejar, apoyar y el desarrollo de la identificación entre los miembros.

La terapia Gestáltica en grupo, presenta desde la teoría aporte específicos, por sobre aquellos existentes en una terapia de grupo. Factores como la alianza terapéutica, la activación de la participación del cliente, la actitud y el refuerzo positivo del terapeuta y las sesiones de problema- solución (que se centran en la solución de lo que pasa aquí y ahora), aumentan la toma de

responsabilidad del cliente. En el mejor de los casos, facilita la apertura en un espacio virtual íntimo y luego permite que ese otro se verifique, se refleje en los otros participantes. De esta manera, el siguiente paso que es observar los efectos benéficos que tiene este mayor contacto con una experiencia de crecimiento que facilita la terapia, podría tener su correlato en las impresiones y aporte (supervisados por el terapeuta) de los otros integrantes del grupo.

En cuanto a los logros concretos fueron señalados el mayor auto-conocimiento, pero prominentemente en su relación de pareja, la relación entre la aparición de violencia y la propia vivencia de violencia en su familia de origen, cambios en la forma de enfrentar conflictos y una impresión de mayor control sobre sus reacciones frente a un conflicto de pareja. Otros logros más modestos fueron algunas estrategias de comportamiento en la relación de pareja, agrupables bajo el concepto de aumento de tolerancia; algo similar ocurrió con una mejora en la comunicación en términos de cantidad, profundidad, expresión emocional y empatía. Se evidenció aún más modestamente una mayor independencia y creación de espacios individuales al interior de la pareja. Otro aspecto relevado son distintas afirmaciones agrupables bajo el concepto de contacto con los recursos personales, utilizados principalmente para hacer cambios en su relación con su pareja.

Con respecto a lo anterior, resulta importante señalar que desde la terapia gestáltica se espera una disminución de la dependencia o confluencia con la pareja, dado el énfasis en la identidad personal, y la definición de lo que es el sí mismo, frente a la posibilidad de confluencia. Este auto-descubrimiento resulta primordial, toda vez, que razonamos junto a los teóricos de la violencia conyugal, que un factor involucrado en las dinámicas violentas, se relaciona con la dependencia emocional de la pareja y la restricción de los espacios individuales. Sin embargo, a partir del material analizado, la mantención de estilos de relación rígidos fue una constante en el grupo y aunque no todos evidenciaron una relación de pareja confluente, tampoco ocurrió lo contrario y no se refirieron cambios en el estilo de relación, sino que cambios superficiales, de conductas particulares y tiempos de comunicación.

Algunos de esto logros figuran entre los objetivos del grupo terapéutico, propuestos por Martínez et al. (1997), quienes plantean la detención de la conducta violenta (a través del reconocimiento y distintas técnicas para el auto control), disminuir el aislamiento emocional y social, mejorar el reconocimiento y expresión de emociones y las habilidades comunicacionales y revisar los roles estereotipados de género.

En las entrevistas, fue señalado el aprendizaje de contenidos transmitidos verbalmente por el terapeuta como un dato significativo, lo que se une a la percepción del psicólogo tratante como un consejero u orientador. Este aspecto resulta relevante dado que desde el enfoque gestáltico se espera que este rol se corresponda con la visión de un facilitador de la experiencia del paciente, que presenta experimentos para aumentar el contacto y que aporta al propio conocimiento y conciencia. El rol del terapeuta se trata de llevar al paciente a la etapa explosiva, definida por Perls (1969), usando las herramientas de la conciencia, el experimento y el encuentro entre el paciente y los otros. El terapeuta debe mantener la situación como terapéutica, esto es segura y de aprendizaje constructivo. De todas maneras, es posible que el rol de facilitador sea menos posible de ser apreciado y que los entrevistados no estén refiriéndose a este, debido a que las preguntas para conocer este aspecto debieran ser más intencionadas. Asociado a esto, es posible encontrar algunos indicios de visualizar al terapeuta como modelo, en su interacción con otros, lo que podría estar ofreciendo un atisbo de la evaluación positiva de un buen contacto (condición exigible a cualquier terapeuta Gestalt desde la teoría), señalada o entendida, más bien, como adecuación conductual.

A partir de las investigaciones revisadas, este enfoque se percibe más eficaz en la actualidad que otras terapias humanistas menos directivas, sumándosele a esta ventaja el hecho que utiliza una mayor cantidad de técnicas. Además, ha demostrado posibilidades en el trabajo con el reconocimiento, expresión y significación de emociones. Por otra parte, se ha constatado la importancia de la empatía y el arousal emocional asociado a la reflexión y se han destacado, aunque todavía modestamente, los efectos de la terapia Gestalt en el trabajo con traumas de la infancia, violencia doméstica y criminalidad.

Con respecto a lo anterior, fueron recordadas variadas actividades, sin embargo, sólo algunos evidenciaron una descripción más acabada de estas y menos lograron encontrarle un sentido útil relacionado con la maduración personal. En este sentido llama la atención del recuerdo de actividades aparentemente destinadas a la resolución de temas inconclusos. Este aspecto es un trabajo que relevan las terapias de tipo humanista y que al parecer permanecen en el recuerdo de los participantes. Otras actividades mencionadas, fueron el trabajo con los sueños, los dibujos del propio mundo emocional y los dibujos en equipo, las imaginerías y la relajación, la conciencia postural.

A modo de síntesis, es importante señalar que para los sujetos, el hecho que la terapia se haya realizado en grupo aparece altamente relevante, en relación a su apreciación de cambios en su nivel de conciencia. Es decir, para los entrevistados, el grupo constituyó un factor de crecimiento, mucho más potente que la terapia en sí misma. Por otra parte, fueron capaces de explicar la labor

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