emergeli cia, más posibilidades hay de que la responsabilidad ante la necesi-
RESUMEN DEL CAPITULO SEPTIMO
1. Desde la perspectiva individualista, propia del sistema capitalista, la acción prosocial tiene que explicarse como la elaboración de tenden- cias hedónicas. Sin embargo, constituye una forma de relación hu- mana tan original y básica como el comportamiento egoísta. 2. La acción prosocial es aquella cuyo producto beneficia a otras perso-
nas, independientemente de si también es beneficiosa para el propio sujeto o de si se realiza involuntariamente.
3. Por lo general, se ha tomado como algo evidente el determinar qué es beneficioso para la sociedad. Sin embargo, si una sociedad se basa en un conflicto de clases, lo que sirve a los intereses de unos puede perju- dicar a los intereses de otros. Por eso, el carácter prosocial de una ac- ción siempre es relativo,
4. El modelo del intercambio social considera que la acción prosocial constituye un intercambio de bienes que requiere reciprocidad y/o tiende hácia un equilibrio. Este modelo se basa en un racionalismo utilitarista, según el cual el individuo siempre busca su propio benefi- cio.
5. Algunos psicólogos explican él comportamiento prosocial como la consecuencia de ciertas normas: la norma sobre la responsabilidad, que exige ayudar a quienes dependen de uno; la norma de dar, que requiere acudir en auxilio de otros en situaciones de emergencia; o ciertas normas perlonales que reclaman un comportamiento altruis- ta.
6. El modelo más usual remite los comportamientos psicosociales a las mismas estructuras psíquicas de la moralidad.
7. Se pueden distinguir tres importantes tipos de acción prosocial: la cooperación, la solidaridad y el altruismo.
8. La cooperación es aquella acción cuyos fines y costos son comparti- dos por las personas participantes. Se opone a la competencia, donde todos buscan el mismo fin, pero sólo uno puede alcanzarlo. Hay in- dicios sólidos.de cine la cooperación es más efectiva que la competen- cia para lograr el éxito y la productividad.
9. La cooperación interpersonal ha sido estudiada por medio de juegos experimentales, según el modeló del "dilema del prisionero". Tres variables son importantes en la cooperación: una buena comunica- ción entre los participantes, un equilibrio en su respectivo- poder y la claridad y acuerdo sobre los objetivos perseguidos.
10. La cooperación intergrupal sigue una dinámica independiente de la cooperación interpersonal. Un conflicto entre grupos puede estimu-
lar la cooperación intragrupal.
11. La solidaridad es el acto por el cual alguien comparte voluntariamen- te la responsabilidad por las consecuencias de lo que hacen otros. 12. La vivencia de la responsabilidad requiere captar una situación como
problemática y vinculante para uno mismo. La institucionalización de la responsabilidad frente a las principales licesidades humanas constituye un avance social, pero puede propiciar la irresponsabili- dad de los individuos.
13. Según los estudios de Latané y Darley, la presencia de otras personas suele conducir al desentendimiento respecto a la propia responsabili- dad. Sin embargo, hay que examinar qué aspectos de la responsabili- dad personal son socialmente estimulados o inhibidos.
14. Para ciertos psicólogos, la solidaridad remite a un modelo de equidad social, según el cual las personas tienden a lograr relaciones en que se equilibren costos y beneficios. Este modelo predice que las personas tenderían a cómpensar a los socialmente perjudicados por su propia acción, lo que no parece muy real. Lerner ha planteado que las personas desarrollan una motivación por la justicia que busca un equilibrio entre el destino de los individuos y lo que les es debido. 15. Los actos de solidaridad suponen una toma de conciencia sobre si-
tuaciones de injusticia social, que pretenden resolver en parte com- partiendo las cargas debidas a la desigualdad.
16. El altruismo es el sentimiento o norma que lleva .a buscar el bien aje- no aun a costa del propio. Es un hecho que se dan actos de altruismo y que no son reductibles a formas solapadas de egoísmo. El altruis- mo está relacionado con la empatía o capacidad de asumir los senti- mientos ajenos.
17. El mantenimiento de una actitud altruista requiere unos valores que la fundamenten y que la hagan socialmente aceptable. Con frecuen- cia la búsqueda de la microjusticia interpersonal no coincide sino que sirve de trampa a los principios de la macrojustcía social.
18. La historia psícosocial de la acción prosocial parte del supuesto que el ser humano está abierto a la acción prosocíal y que su desarrollo se realiza en un contexto social que la estimula o inhibe, y que institu- cionaliza algunas de sus formas. Sobre este contexto hay que ver y analizar los factores que condicionan la aparición concreta de una acción prosocial.
CAPITULO OCTAVO VIOLENCIA Y AGRESION SOCIAL
1. LOS DATOS DE LA VIOLENCIA: EL CASO DE EL SALVADOR. "Desde hace ciento ciencuenta años, en guerras, acciones policíacas, choques y crímenes, ataques y defensas, una persona dio muerte a otra cada minuto del día y de la noche en el Occidente civilizado. En los últi- mos cincuenta años, durante los cuales, por término medio, se ha tripli- cado la esperanza de vida, la pausa entre una y otra muerte violenta se ha reducido a un tercio, a unos veinte segundos" (Hacker, 1973, pág. 19). Estas cifras, a pesar de ser escalofriantes, ya no llaman la atención de los salvadoreños que experimentan una situación,de continua muerte en su propia existencia. Día tras día, el salvadoreño medio confronta la cercanía de una muerte violenta, ya sea por causa de sus convicciones, ya sea como víctima inocente de una lucha cuyas consecuencias directas o indirectas nadie puede eludir. Pero la guerra civil que desde 1981 asola El Salvador hunde sus raíces en una historia de opresión secular, verdadera matriz de la violencia que hoy impera en el país. Por ello, un análisis rea- lista de la violencia en El Salvador exige un recordatorio histórico; ya que
la continua conculcación de los derechos humanos más fundamentales ha producido una acumulación explosiva de aspiraciones frustradas, de anhelos pisoteados, de reivindicaciones reprimidas.
En 1932 y como secuela dé la grave crisis mundial, una rebelión po- pular, sobre todo de los sectores indígenas salvadoreños, fue ahogada en sangre (Anderson, 1976). Desde entonces, el régimen salvadoreño ha mantenido sus estructuras de dominación apoyándose en un rígido control militar o paramilitar de los movimientos sindicales y populares, sin que los proyectos reformistas ensayados por distintos gobernantes hayan alterado en lo fundamental los esquemas de opresión. A comienzos de la década de los setenta se fueron perfilando los términos de un grave conflicto social, al emerger en forma cada vez más organizada las rei.
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2658 vindicaciones populares y cerrarse una tras otra todas las vías ae solucton
de que disponía el sistema. Con el golpe de Estadd de 1979, el conflicto entró en una fase de formalización y aceleramiento que desembocó a co- mienzos de 1981 en una verdadera guerra civil (Martín-Baró, 1981).
La perspectiva histórica es necesaria para encontrar el sentido psico- social de las diversas formas de violencia. De hecho, la guerra es la reali- dad más totalizadora en la vida actual de El Salvador (1983), e incluso las otras muchas formas de violencia que aparecen sólo se pueden entender adecuadamente por referencia al contexto de confrontación bélica. Tres son, en concreto, las principales formas de violencia que se distinguen en la vida social de El Salvador: la violencia delincuencial, la violencia
represiva y la misma violencia bélica. Las tres materializan, cada una a 'su
manera, la anomia o pérdida del control social ocurrida en el país, así co- mo la desintegración de unos esquemas viables de convivencia.
En primer lugar, está la violencia delincuencial. La delincuencia constituye un problema que afecta en diversa manera a toda sociedad. A la km de las teorías sobre la delincuencia (ver Pitch, 1980), cabe esperar que el deterioro económico estimule algunas de sus formas más obvias, como el robo o la proStitución juvenil. No es sorprendente entonces que en El Salvador, donde el desempleo o subempleo (que es un desempleo crónico o disimulado) alcanza tasas superiores al cincuenta por ciento de . la población económicamente activa, el hambre y la desesperación empu- jen a muchos hacia la violencia como último recurso para satisfacer sus necesidades basicas. Ahora bien, en un medio donde impera la violencia militar, la confrontación sirve de estimulo y paraguas a la violencia delin- cuencial. Diversos factores vinculados a la desintegración social contri- buyen a la proliferación de la violencia delictiva; la corrupción que inva- de gran parte de las instituciones, en particular todo el sistema de justi-. cia; la impunidad lograda mediante la connivencia o el compadrazgo político; el abandono por parte de los cuerpos de seguridad de sus fun- ciones cívicas, al dedicar sus esfuerzos a la confrontación político- militar; la oportunidad de amparar el acto delictivo con el nombre de los insurgentes; la facilidad para lograr armas; y, finahhente, la frecuencia con que se presentan situaciones propicias a ta realización del acto delic- tivo. El resultado de todos estos y otros factores es que las tasas de robo violento, de asaltos, secuestros y homicidios se han elevado acelerada- mente en el•contexto de guerra civil en que se encuentra El Salvador.
En segundo lugar, está la violencia de la represión politica (ver Re- cuadro 31). Cuantitativa y cualitativamente constituye la marca que ha es- tigmatizada a El Salvador en los últimos años, y que lo ha convertido en foco central de crítica de todas las instituciones defensoras de los de- rechos humanos. Según calculos conservadores, en el lapso de tres años 24,544 salvadoreños han caído víctimas de la represion política, lo que significa un promedio de 22 asesinatos por día (ver Figura 8). Las víctimas pertenecen a todos los sectores sociales, aunque campesinos y
obreros llevan la peor parte. Los hechores son los llamados cuerpos de se- guridad (es decir, los cuerpos policiales), fuerzas combinadas del ejército o simplemente bandas paramilitares vinculadas a los mismos cuerpos de seguridad o que operan con su apoyo y connivencia. Resulta interesante subrayar que el clímax de la violencia represiva se da en el primer se- mestre de 1981, cuando las fuerzas gtibernamentales responden a la pri- mera ofensiva militar de los insurgentes con una ola represiva contra los simpatizantes o los simples sospechosos de simpatizar con el movimiento revolucionario.
FIGURA 8
POBLACION CIVIL ASESINADA POR CAUSAS POLITICAS