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Resumen del primer capítulo

1. LA NATURALEZA MORAL DEL HOMBRE

1.7 Resumen del primer capítulo

En este capítulo se analizaron algunos rasgos de la persona desde la perspectiva humanista de tres autores italianos: santo Tomás de Aquino, desde el Tratado de los Actos Humanos, básicamente; Antonio de Rosmini-Serbati, rescatando algunas posturas de su obra Antropologia in servigio della scienza morale; y, Romano Guardini, en su libro Mundo y persona. Se revisaron algunos supuestos en los que descansan las definiciones clásicas de hombre, y se sostuvo, junto con los autores mencionados, que la dimensión moral es un elemento definitorio del ser del hombre. Asimismo se hizo la distinción entre razón práctica y voluntad, y finalmente, se buscó tomar distancia entre la autonomía de la voluntad en Kant y la voluntad guiada de la tradición tomista.

Lo expuesto en este capítulo no significa que la ética en el hombre sea suficiente para su descripción total, pero es una dimensión no compartida con otras especies que puede

66 aportar elementos definitorios para acercarnos a lo que el hombre es.

Por tanto una visión de la ética tiene una parte fundamental en el sentido que se cimienta en una antropología filosófica, incluso metafísica y ontológica. La idea de que la transición entre ser y ente, ente y ser desemboca en el acto de ser nos da argumentos para sostener la viabilidad del proyecto hombre como persona, que se potencia en su individualidad, en su valor intrínseco, y sobre todo en su dignidad inconmensurable. Las implicaciones en esto son evidentes.

Asimismo se afirmó que las cosas tienen de bien cuanto tienen de ser, pero el sujeto debe tender a ese bien, no como una característica dada sino como búsqueda, un logro que se puede alcanzar o no. La construcción del ser es responsabilidad del sujeto, en él está inscrita la ley moral que tiende a su propio fin, que es su bien. Se alcanza, se objetiva, con el hábito de la acción, y de la intención que dirige la voluntad en esa dirección. Pero no compartimos el sentido de la obligación del modo como lo define Kant.

Que las acciones podamos catalogarlas como buenas o malas ya sea por su intención, ya sea por su objeto, es algo que tiene que ver con el problema mismo de toda moral y del lenguaje que la acompaña: resolver si la bondad o la maldad está en el sujeto o en las cosas mismas requiere de un análisis que aún no ha sido objeto de esta parte del trabajo. Lo que sí se puede advertir es que si la bondad o maldad están en el sujeto, tarde o temprano se estará argumentando a favor de un pluralismo axiológico, del que precisamente estamos tratando de huir si lo que queremos es un principio del orden práctico.

Para que pueda haber alguna certidumbre es necesario hallar en las obras humanas un conjunto de principios que determinen

67 lo que el hombre significa. Al parecer existen principios que permanecen inalterables.

El hombre es un misterio que se devela sólo a sí mismo en el pensamiento y acción, pero no por ello es ininteligible o insondable. Se debe hacer énfasis en que lo espiritual del hombre lo ubica en un estadio diferente al resto de las criaturas. No hay una negación de la espiritualidad de otras realidades, pero la posibilidad de conciencia y autoconciencia marca la diferencia del ser del hombre.

Algunos procesos vegetales y animales permiten intuir que existe una inteligencia detrás de esos procesos —por ejemplo la polinización—. En los animales se suma la sensación (e incluso la emotividad), pero la voluntad es un fenómeno privativo del hombre. Guardini trabajó ampliamente en este sentido de voluntad, espiritualidad y trascendencia, que queda anclado a la libertad.

La ética es la lógica de la moral y parte de principios evidentes (sólo para quien quiere comprenderlos y practicarlos con un poco de honestidad intelectual) que de otro modo, no sólo el entendimiento sino la vida misma, se convierten en una contradicción. Es difícil aceptar que pueda existir un principio que sea universal, porque los paradigmas de comprensión son mutables, temporales y contextuales. Pero si se piensa digamos, en la ley universal de la gravitación de Newton, vemos que se aplica en todas las circunstancias; aun habiendo ingravidez, la ley no cambia.

Lo mismo se puede decir del principio de no contradicción, "una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido". En acepción ontológica Aristóteles en su Libro IV de La Metafísica afirmó que: "nada

68 puede ser y no ser al mismo tiempo". Incluso el principio puede aplicarse a las creencias: "Nadie puede creer al mismo tiempo y en el mismo sentido una proposición y su negación", y se pueden citar otros dos ejemplos: El principio de identidad, "toda entidad es idéntica así misma", o el principio del tercero excluido según el cual "la disyunción de una proposición, y su negación, es siempre verdadera". Estos ejemplos sólo sirven para ilustrar que los primeros principios de la razón especulativa son axiomáticos, y basta con entender las premisas, se puede inferir la validez de la conclusión.

Los llamados primeros principios, son juicios especiales que son evidentes o per se notae porque no requieren demostración, sino que su verdad salta a la vista comprendiendo únicamente los términos implicados en la relación. Esta relación no requiere de un proceso de razonamiento intelectivo al cual necesariamente debamos recurrir para comprender su trascendencia, de hecho, aun desconociéndolos, estarían siendo efectivos. Comprender los términos implicados es condición suficiente y la búsqueda de una demostración del tipo empírico, como muchos aspiran, es innecesaria, dado que no se aplica de ese modo, aunque exista una relación dialógica.95 No existe salto categorial alguno.

Por último, no es de menor importancia que la razón es capaz de determinar cuáles son los medios lícitos y cuáles no lo son para alcanzar los fines; en ello la dimensión moral de la acción está intrínsecamente abordada desde una perspectiva racional. Por eso en los primeros principios de la razón práctica, el ente encuentra la dirección de sus acciones, la búsqueda de los medios, y la causa última de su existir. En el

69 hacer se encuentra el ser bajo un estadio normativo racional pero al mismo, trascendente.96 Y de esto precisamente es que nos ocuparemos en el siguiente apartado sobre el concepto de la sindéresis en algunos autores clásicos.

El hombre por tanto es una unidad múltiple ante lo diverso, pero al mismo tiempo unívoco como resultado del acto de ser. Su humanidad estriba en su determinación para actuar bajo la voluntad que se sabe o no como ente moral, pero que aún en la ignorancia no escapa de la consecuencia de sus actos. Por tanto en la decisión es que el ser humano se manifiesta como moral en la lógica de la ética que, como veremos, no es contingente.

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