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EL SÓCRATES DE LAS NUBES

7. EL FILÓSOFO, EL COMEDIÓGRAFO Y LA COMEDIA LAS NUBES

7.1 EL SÓCRATES DE LAS NUBES

Si se trata de retratar y hacer reír valiéndose de la figura de Sócrates, nadie mejor que

Aristófanes, que hace del filósofo uno de los personajes principales de su comedia Las nubes.

Aristófanes es el representante más connotado en la Grecia clásica del género literario conocido

como comedia, término que proviene del griego Koomos y significa regocijo popular, algazara, festejo ruidoso, utilizando un colombianismo, recocha. En la comedia predomina el tono satírico

de censura y de burla, para zaherir y divertir al mismo tiempo70.

La fecha exacta del nacimiento y muerte de Aristófanes permanecen en la oscuridad, se cree que

data de 445 a 450 a. C. como fecha probable de nacimiento y 385 a. C para la muerte. Oriundo

de Atenas, vivió por un tiempo en Egina, donde pasaba largas temporadas, motivo por el cual era

considerado un extranjero. Todavía se discute sobre el número de comedias que escribió lo

mismo que su autenticidad; sin embargo, se le atribuyen cuarenta años de actividad como autor

dramático y más de treinta piezas, de las cuales conocemos solamente once. Durante su vida,

Aristófanes recibió numerosos premios, lo cual demuestra la gran aceptación que tuvo como

autor por parte del público ateniense.

En Las nubes, el comediógrafo Aristófanes exagera los rasgos del carácter de Sócrates, lo hace

ver como maestro de sofismas, como pervertidor de la masculinidad de los jóvenes, como

enemigo de los dioses y, por tanto, ateo. En pocas palabras, Aristófanes lega a la posteridad la

figura de un Sócrates volando por las nubes, un personaje caricaturesco, risible y fuera de todo

sentido de la realidad.71

Sin embargo, se cree que Aristófanes y Sócrates fueron en verdad muy buenos amigos; y que

esta puesta en escena de Aristófanes no perjudicó en nada esta relación amistosa, tanto que el

mismo Platón hace que Aristófanes tome la palabra en El banquete uno de sus diálogos mayores.

El protagonista de Las nubes es Estrepsiades, campesino, agricultor y pastor, casado con una dama de alta sociedad de la ciudad, que le obliga a aparentar riqueza y a gastar gruesas sumas de

dinero en la crianza de su hijo Fidípides. Acosado por las deudas, Estrepsíades decide que su hijo

debe aprender a moderar sus gastos y cambiar su forma de actuar y para tal efecto lo quiere enviar al “caviladero”, lugar en donde se encuentran hombres doctos que se dedican a pensar, liderados por Sócrates, el máximo pensador. Ante la negativa de su hijo, es el mismo

Estrepsiades quien termina visitando el caviladero.

Estrepsiades pronto se da cuenta de que este lugar no era precisamente lo que él creía; entregados

a las más extrañas reflexiones, los hombres que allí habitan pierden el tiempo

inmisericordemente, de la mano de su maestro Sócrates, que hace su aparición montado en una

71“Aristophanes presents Socrates as saying and doing many laughable things; he makes him a laughingstock. Yet

he does the same to all his characters, at least to all of his important characters, regardless of whether they stand for the new ways or for the old. Following this thought to its conclusion, one might say that Aristophanes celebrates everywhere the triumph of unreason or madness”. Strauss, Leo. Socrates and Aristophanes. The University of Chigago Press, Chicago & London, 1996, p. 11.

canasta, volando por los aires, molesto por la llamada de un “efímero mortal”. Al preguntarle a Sócrates qué hace montado en esa canasta, éste responde “viajo por los aires y estoy observando el sol”. Una ruda metáfora del autor para mostrar cómo los habitantes del caviladero se mantienen por encima de la casta de mortales apuntalados en la tierra. Estrepsiades pide a

Sócrates que descienda para que le enseñe, pues quiere aprender a hablar para eludir el pago de

sus cuentas pendientes, ya que los acreedores y prestamistas están a punto de embargarlo por la

cantidad de deudas que ha adquirido.

Sócrates hace entonces una especie de invocación a los dioses y a las nubes para que se posen sobre el pobre mortal endeudado que es Estrepsiades. Las nubes, explica Sócrates “nos proporcionan conocimientos, diálogo, saber, capacidad de asombrar, facundia y habilidad para enredar las cosas y derrotar a los rivales” (Aristófanes, Las nubes, 319). De manera muy forzada, Sócrates convence a Estrepsiades de que las Nubes, que en escena son el Coro, están presentes y visten como mujeres, argumento ante el cual nuestro personaje principal no se puede

resistir. Estrepsiades pide a las nubes que hagan lo que quieran con él “golpes, hambre, sed, suciedad, frío, mi piel a tiras para un odre, si he de librarme de las deudas y cobrar entre la gente

fama de duro, elocuente, audaz, resuelto, desvergonzado, urdidor de embustes, lengua suelta,

pilar de los tribunales, código viviente, castañuela, zorro, viales, astuto, ladino, escurridizo,

embaucador, punzante, canalla, revoltoso, brusco, basura” (Ibid., 440-450)72.

Las nubes dejan en manos de Sócrates la instrucción de Estrepsiades, que accede a regañadientes a entrar al caviladero totalmente desnudo; al preguntarle a Sócrates a cual discípulo terminará

pareciéndose, Sócrates le responde que a Querefonte. A Estrepsiades le disgusta esa perspectiva y responde “¡Ay, mi madre… seré un muerto!” A esta altura de la obra ya se ha hecho alusión por lo menos a dos discípulos de Sócrates en su existencia real como maestro, Pródico y

Querefonte, siendo los dos severamente criticados por el autor y comediógrafo, Aristófanes.

Sócrates se muestra en todo contrariado por la conducta de Estrepsiades a quien reconoce como

un hombre salvaje, tonto, mentecato, olvidadizo en todo. Al preguntarle por qué no saca su

camastro, Estrepsiades responde que a causa de las chinches. Así descubrimos que el caviladero

está lleno de odiosos insectos. Sócrates inicia la instrucción de Estrepsiades haciéndole algunas

preguntas de extrema insensatez, a las cuales éste responde de manera igualmente insensata,

hasta el punto en que Sócrates termina enojándose y llamándolo salvaje y tarugo en su propia

cara.

Luego de una tanda incomprensible de preguntas y respuestas, Sócrates ordena a Estrepsiades

tenderse en un camastro y meditar, luego sale de escena. En el camastro Estrepsiades es picado

sin misericordia por las chinches. Sócrates regresa y lo increpa por no meditar; sin embargo, lo

anima una y otra vez para que deje volar su pensamiento, tal como hacen los jóvenes, que atan

Sócrates se muestra impaciente e inmisericorde con la dificultad de Estrepsiades para aprender,

lo declara no apto para el conocimiento llamándolo vejestorio desmemoriado y torpe como

ninguno. Ante la incapacidad de Estrepsiades para aprender, el Coro le aconseja enviar al

caviladero a su hijo Fidípides. Estrepsiades retorna a su casa sin muchas esperanzas.

Ya frente a su hijo, Estrepsiades alardea de los conocimientos que dice haber adquirido gracias a

Sócrates, entre ellos que Zeus no existe. Fidípides cree que su padre se ha vuelto loco; éste lo recrimina y no le permite que hable mal de “contén tu lengua y no digas nada inadecuado de unos hombres instruidos y con cabeza, cuyo espíritu ahorrativo les impide cortarse el cabello y

ungirse nunca con aceite o ir a los baños públicos a lavarse” (Ibid., 839), y lo invita a entrar al caviladero a aprender en su lugar.

Con mucho trabajo Estrepsiades convence a su hijo de visitar el caviladero, Sócrates los recibe

pero renuncia enseguida a instruir a Fidípides. Entra en la casa y de ésta salen dos personajes, el

Discurso o Sabiduría Justa y el Discurso o Sabiduría Injusta, que están enfrascados en una

disputa. Discurso o Sabiduría Injusta increpa al otro diciendo que aunque no sirve, logra

convencer y vencer. El Corifeo los insta a dejar de discutir y propone que Fidípides los escuche a

los dos y escoja el mejor de entre ellos.

Los discursos se trenzan en una discusión que es ganada de lejos por el Discurso de Sabiduría

Estrepsiades que su hijo Fidípides “va a salir convertido en un sofista hecho y derecho”, conocimiento que adquirirá en el caviladero y que le va a facilitar defender a su padre y enfrentar

a sus acreedores.

Enseguida, Estrepsiades se enfrenta a dos de sus acreedores, Pásias y Aminias, a quienes

despacha con frases destempladas, negándose a pagarles el dinero que les adeuda. A su segundo

acreedor, Aminias, lo amenaza con un punzón y lo saca corriendo en estampida. En últimas, al decir del Coro, Estrepsiades consigue lo que estaba buscando desde hace tiempo “su hijo será un portento para expresar ideas contrarias a la justicia, y podrá vencer a todos cuantos dispute,

aunque diga canalladas. Quizá, quizá un día deseará que el niño hubiera sido mudo” (Ibid., 1319).

En la siguiente escena, Estrepsiades aparece malherido, se queja y pide socorro, su propio hijo

lo ha golpeado, cuando el padre le pregunta por las razones de esta conducta Fidípides responde

retándolo a escoger entre los dos razonamientos el fuerte o el débil, el justo o el injusto.

Estrepsiades lo fustiga y le pide que le demuestre si es justo que un hijo golpee a un padre.

Volviendo al motivo de su disputa, el hijo cuenta que su indignación se debe a que el padre le

ordenó cantar durante una cena mientras bebían, considerando esta orden como una antigualla,

Fidípides cree que es motivo suficiente para abofetear y patear a su padre. Durante la cena,

Fidípides accede a cantar una retahíla de versos de Eurípides que disgustan profundamente a su

padre, éste lo llena de injurias y Fidípides responde echándosele encima, propinándole algunas

Fidípides justifica la tunda que ha dado a su padre diciendo que es lo que merece por

menospreciar a un poeta de la talla de Eurípides, el hijo remata su discurso alabando esta nueva costumbre “qué grato es meterse en asuntos nuevos y fuera de lo común y poder despreciar las leyes establecidas.” (Ibid., 1400).

Señalando a su maestro Sócrates, Fidípides dice que ha sido él quien le ha enseñado a ser tan

hábil con las palabras y razonamientos, gracias a los cuales puede justificar que un hijo golpee a

su padre. Valiéndose de estos mismos argumentos engañosos el hijo llega a la conclusión que

puede golpear incluso a su propia madre. Estrepsiades desesperado se queja ante las Nubes. A

continuación, el Coro lo declara culpable por haberse entregado a sendas de mala vida. Como

recurso último y desesperado, Estrepsiades decide ir al caviladero y acabar de una vez por todas

con Sócrates y Querefonte. Fidípides se niega a acompañarlo, su padre lo recrimina diciendo que

es obligatoria la obediencia a Zeus, pero el hijo ya fue convencido en el caviladero que Zeus no

existe y en su lugar lo que en verdad reina es el Torbellino. Aún más desesperado, Estrepsiades

culpa a Sócrates de todas sus desgracias. Pide consejo ante la estatua de Hermes y cree escuchar

que el dios le aconseja sacar una antorcha y prepara una barreta para quemar el caviladero.

Acompañado por su criado, prende fuego al caviladero donde se encuentran Sócrates y sus

discípulos, que se asan y se sofocan ante el fuego asfixiante y reciben este castigo por haberse

alzado en contra de los dioses. Con este castigo ejemplar que Estrepsiades propina a Sócrates y a

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