8. ARTE CISTERCIENSE
8.2. El Císter en León.
8.2.4. Santa María de Carrizo.
La fundación de este monasterio se halla en una segunda etapa dentro del arte cisterciense leones. Los dos anteriores monasterios estudiados aunque se convirtieran en cistercienses no lo eran en un principio aunque tuvieran afinidades con la orden, lo cual queda reflejado en el arte que en ellos se practica, mucho más cercano a las corrientes románicas que a las nuevas maneras cistercienses que no calarán hondo hasta mucho después, mientras que en el grupo compuesto por Carrizo, Sandoval y Gradefes, queda de manifiesto la impronta
cisterciense en todos los esquemas constructivos aunque haya cierta liberalidad a la hora de tratar los temas decorativos, donde llegan a haber hasta escenas figuradas.
Esto se debe sobre todo a que son monasterios de fundación más tardía, bajo el patronazgo de Fernando II y Alfonso IX, mejor dicho, bajo su reinado y bajo el patronazgo de los nobles más destacados de la corte, que serían los encargados de financiar las obras, las cuales casi nunca llegan a completar el plan que originalmente se tenía trazado debido al agotamiento de los caudales dinerarios y al traslado del eje de poder de la corte leonesa a la toledana.
Por su parte, el monasterio de Santa María de Carrizo fue de todos los de este grupo el que primero comenzó su construcción y el que sigue unos cánones más apegados al románico tradicional como podremos ver, muy unido a las tradiciones que predominan en el Camino de Santiago a pesar de hallarse a una cierta distancia de él.
Se funda el monasterio en el año 1176 por Estefanía Ramírez, viuda de Ponce de Minerva.
El solar elegido era el que ocupaba el palacio que los condes poseían en Carrizo. La construcción del monasterio se inició con anterioridad a la fecha de su fundación.
Según el tumbo antiguo cuando en 1174 murió el conde Ponce de Minerva ya estaban levantadas la capilla mayor de la iglesia y parte de las dependencias monásticas aunque no se hallaba ocupada por comunidad alguna. Las obras fueron continuadas por el yerno del conde y concluidas por doña Estefanía, quién otorgó el documento fundacional en 1176, con el fin de que fuese habitado por monjas bernardas, donde vivió hasta su muerte en 1183.
Exterior de Santa María de Carrizo y puerta principal.
La iglesia tiene planta de tres naves y cabecera triple semicircular. Se han cegado las arquerías de separación de las naves.
La traza general del edificio responde a modelos románicos
difundidos a través del Camino de Santiago, lo cual pude deberse a que se comenzó a edificar antes de 1174 lo que le separa de la arquitectura cisterciense debido a que se empezó a construir antes de donarse a esta congregación.
El presbiterio se compone de tres capillas semicirculares y escalonadas precedidas de un tramo recto. El ábside está iluminado por tres vanos radiales con columnillas y dos saeteras en los extremos del paramento curvo, más sencillo en su diseño y de amplio derrame interno.
Las capillas laterales son más reducidas, siguiendo la tradición benedictina y reciben luz a través de una saetera. En todos los casos los espacios semicirculares se unen a la nave mediante tramos rectos comunicados entre sí por vanos sencillos practicados en el muro.
En el edificio primitivo los soportes de los arcos son columnas adosadas que varían según el emplazamiento, situadas sobre plinto decorado en la parte superior con medios círculos enfilados, áticas de toro inferior aplastado y garras decoradas de temática floral.
Los capiteles tienen motivos vegetales, hojas carnosas de aspecto naturalistas y más esquemáticas con bolas en los ángulos, en otros rematan en forma de pequeñas almenas o en ábaco liso. Los arcos de la iglesia tienen el modelo de medio punto, tradicional de estilo románico, que se emplea en el ingreso a las capillas y como fajón en los puntos de intersección en los tramos rectos con los hemiciclos de los ábsides, en los primeros la rosca es lisa, mientras que en los fajones las aristas se
suavizan con boceles. En algunos vanos se utiliza el arco ligeramente apuntado más característico de la arquitectura cisterciense.
Los ábsides están cubiertos con bóvedas de horno con cuatro nervios para los hemiciclos, de cañón para el tramo recto de la capilla central y de aristas con claves resaltadas para los tramos laterales. Todos los nervios de las bóvedas descansan en pequeñas ménsulas. Parece que las naves tendrían techumbres de madera, aún se puede observar una armadura policromada en la de la epístola.
En el exterior el edificio es de líneas muy puras. En el ábside central, las pilastras intercaladas entre los vanos recogen el empuje de la cubierta de horno interior y dividen longitudinalmente el paramento.
Los canecillos son muy simples, presentan diversas variantes decorativas, desde los lisos o los de rollos a los que ostentan modelos de cestería o vegetales y algún ejemplo zoomórfico e incluso figurados. De los accesos aún se conservan dos originales, la puerta principal de entrada, ligeramente apuntada y abocinada. La que da acceso al claustro desde la nave sur es la más sencilla. Se abre un arco ligeramente apuntado sobre impostas. El paso desde la nave meridional al coro se efectúa por un vano de diseño goticista de fines del siglo XIII.