Gracias a la revelación moderna sabemos que el sumo sacerdocio es una extensión de Jesucristo mismo, un símbolo de Su ser y poder. Se le reveló al profeta José Smith que el nombre completo y propio del sacerdocio es "el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios". Orden es una palabra rica y amplia con diversos significados, todos instructivos en esta acepción, uno de los cuales es: "Según el modelo o ejemplo de; igual que; semejante a".
Una forma aparente en que Cristo es como el sacerdocio que lleva Su nombre reside en Su naturaleza eterna. Se nos dice que el sacerdocio es "sin principio de días ni fin de años, preparado de eternidad en eternidad, según [la] presciencia [de Dios] de todas las cosas".
De Cristo, que fue hecho sumo sacerdote por mano de Su Padre, también se dice que "no tiene principio de días ni fin de años, y que es lleno de gracia, equidad y verdad".
Es evidente que hay muchos otros paralelismos entre Cristo y el sacerdocio, pero una contribución igualmente provocadora a la simbología del Libro de Mormón es la forma en que este enlace directo entre Cristo y este poder se extiende a todos los que le siguen y son ordenados al sacerdocio. Alma aborda el motivo para la ordenación de todo hombre al sacerdocio, y su indiscutible conexión con Cristo, en el discurso sobre el significado simbólico del mismo.
Mientras predicaba a Zeezrom y a los habitantes de Ammoníah, dijo: "Quisiera que os acordaseis de que el Señor Dios ordenó sacerdotes, según su santo orden, que era según el orden de su Hijo, para enseñar estas cosas al pueblo.
"Y esos sacerdotes fueron ordenados según del orden de su Hijo, de una manera que haría saber al pueblo el modo de esperar anhelosamente a su Hijo para recibir la redención...
"Y estas ordenanzas se conferían según esta manera, para que por ese medio el pueblo esperara anhelosamente al Hijo de Dios, ya que era un símbolo de su orden... Y esto para esperar anhelosamente de él la remisión de sus pecados".
Entonces, Alma procedió a dar esta precisa descripción de la "manera" en que se ordenaban los sacerdotes en la antigüedad. Estos hombres (y también Jesús) fueron:
• Llamados y preparados desde la fundación del mundo. • Llamados según la presciencia de Dios.
• Llamados a causa de su fe excepcional, buenas obras y rectitud ante Dios. • Llamados porque no endurecieron sus corazones ni cegaron sus mentes. • Libres para escoger el bien o el mal, y escogieron el bien.
• Llamados para enseñar los mandamientos de Dios a los hijos de los hombres. • Ordenados con una santa ordenanza.
• Santificados, con sus vestidos emblanquecidos mediante la sangre del Cordero. • Incapaces de contemplar el pecado sino con repugnancia.
• Hechos puros e invitados al reposo de Dios.
Al considerar estas semejanzas entre los hombres y lo divino, no podemos sino imaginar cuáles deben haber sido las cualidades cristianas de Melquisedec para que su nombre fuera el sustituto del "Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios". Seguramente habría tenido que reflexionar en todas las virtudes simbólicas que se esperaban de cualquier poseedor del sacerdocio (véanse más arriba), aunque sin duda tendría cualidades cristianas adicionales.
Alma suplicó a los hombres de Ammoníah: "Humillaos así como el pueblo en los días de Melquisedec, quien también fue un sumo sacerdote según este mismo orden de que he hablado, que también tomó sobre sí el sumo sacerdocio para siempre". Y entonces procedió a decir más cosas sobre Melquisedec de lo que se conoce de él en cualquier otra parte de las Escrituras. Fíjese en los claros ejemplos simbólicos de Cristo:
• Fue rey de la tierra de Salem (Jeru-salén)".
• Su pueblo había aumentado en la iniquidad y abominaciones, se habían extraviado y se habían entregado a todo género de iniquidades.
• A pesar de semejante oposición, él ejerció la fe.
• Recibió el "oficio del sumo sacerdocio según el santo orden de Dios". • Predicó el arrepentimiento a su pueblo.
• Estableció la paz, y por eso se le llamó Príncipe de Paz. • Reinó bajo su padre.
Alma destacó que hubo muchas otras figuras importantes antes y después de Melquisedec, "mas ninguno fue mayor que él; por tanto han hecho de él mención más particular".
Ciertamente no puede haber tributo más grande ni adulación más generosa que la de ser tan semejante al Hijo de Dios que el nombre de uno pueda ser sustituto del Suyo en el título de la fuerza más poderosa del universo: el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios.
LA LIAHONA.
En el Libro de Mormón se halla cierta cantidad de referencias a símbolos de Cristo, incluyendo la explícita comparación que Jacob hace de Abraham e Isaac con el Padre y el Hijo. Puede que un comentario extenso al respecto sea más que suficiente.
Cuando Lehi y su familia huían de la inminente toma y destrucción de Jerusalén, el Señor les proporcionó una "esfera esmeradamente labrada", una especie de brújula hecha de bronce que tenía dos agujas, una de las cuales "marcaba el camino que [debían] seguir por el desierto", mientras que la otra puede que estuviera fija o indicara alguna dirección conocida o permanente (¿el Norte?, ¿Jerusalén?).
Está claro que este instrumento era mucho más que una brújula, pues también llevaba información escrita. En cierta ocasión, Lehi "vio las cosas que estaban escritas sobre la esfera", y "temió y tembló en gran manera"; lo cual sugiere un mensaje con cierto significado y suponemos que de considerable longitud. Las palabras, al igual que las dos agujas, "funcionaban [y aparecían] de acuerdo con la fe, diligencia y atención que nosotros les dábamos", registró Nefi. Las palabras eran "una escritura nueva que era fácil de leer, la que nos daba conocimiento respecto a las vías del Señor; y se escribía y cambiaba de cuando en cuando, según la fe y diligencia que nosotros le dábamos".
Posteriormente, Alma observó una sombra y figura de Cristo en este director que marcaba el camino, la verdad y, en última instancia, la vida para sus seguidores. Tal y como le dijo a su hijo Helamán: "Fue preparada para mostrar a nuestros padres el camino que habían de seguir por el desierto.
"Y obró por ellos según su fe en Dios; por tanto, si tenían fe para creer que Dios podía hacer que aquellas agujas indicaran el camino que debían seguir, he aquí, así sucedía; por tanto se obró para ellos este milagro, así como muchos otros milagros que diariamente se obraban por el poder de Dios...
"[Pero] fueron perezosos y se olvidaron de ejercer su fe y diligencia, y entonces esas obras maravillosas cesaron, y no progresaron en su viaje".
"Y ahora", concluyó Alma, "quisiera que entendieses, hijo mío, que estas cosas tienen un significado simbólico; porque así como nuestros padres no prosperaron por ser lentos en prestar atención a esta brújula (y estas cosas eran temporales), así es con las cosas que son espirituales.
"Pues he aquí, tan fácil es prestar atención a la palabra de Cristo, que te indicará un curso directo a la felicidad eterna, como lo fue para nuestros padres prestar atención a esta brújula que les señalaba un curso directo a la tierra prometida.
"Y ahora digo: ¿No se ve en esto un símbolo? Porque tan cierto como este director trajo a nuestros padres a la tierra prometida por haber seguido sus indicaciones, así las palabras de Cristo, si seguimos su curso, nos llevan más allá de este valle de dolor a una tierra de promisión mucho mejor".
El llamado del Libro de Mormón es siempre: "Mirad para que podáis vivir". Tanto si se trata de mirar un asta sostenida en alto por un profeta de Dios o mirar hacia abajo a una esfera semejante a la Liahona, es lo mismo. Ambas marcan el camino que conduce a la vida eterna. De hecho, son símbolos del Camino a la Vida Eterna. Todas las cosas son símbolos de Cristo.