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LOS SENDEROS

In document Regardie Israel - Un Jardín de Granadas (página 71-104)

Una de las muchas dificultades halladas al presentar un esquema nuevo o una interpretación nueva de la filosofía es el prejuicio popular contra la terminología nueva. Es posible que se hagan objeciones al alfabeto hebreo y a los términos utilizados por la Cábala por parte de personas que pueden pasar por alto el hecho de que en el estudio de la astronomía, la física o la química, por ejemplo, debe aprenderse una nomenclatura completamente nueva. Incluso en el comercio se usa un sistema completo de palabras y términos faltos de sentido sin un conocimiento de los métodos y procedimientos comerciales. La terminología usada por la Cábala es debido a varias razones.

En hebreo no existen números (que proceden de los árabes), pero cada letra del alfabeto se usa para un número. Este hecho proporciona la base sobre la que descansa la Cábala apartándose de ideas corrientes sobre números y letras. Cada letra hebrea tiene un valor múltiple. Primero, tiene su posición individual en el alfabeto; segundo, tiene un valor numérico; tercero, se atribuye a alguno de los treinta y dos Senderos del Árbol de la Vida; cuarto, tiene una atribución en las cartas del Tarot, y quinto, tiene un símbolo definido o significado alegórico cuando se escribe sin abreviar.

Blavatsky escribe: “Cada cosmogonía, desde la primera a la última, está basada, interrelacionada y totalmente entrelazada con los números y las figuras geométricas... Por consiguiente, hallamos números y figuras usadas como una expresión y un registro de pensamientos en

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cada escritura arcaica.” Ginsburg, refiriéndose al alfabeto hebreo, afirma: “Ya que las letras no tienen ningún valor absoluto –ni pueden usarse como simples formas, sino servir como el medio entre la esencia y las formas; y como palabras, asumir la relación de la forma con la esencia real y de la esencia con el embrión y pensamiento no expresado-, un gran valor está unido a estas letras y a las combinaciones y analogías de que son capaces”.

Los triunfos del Tarot proporcionan una serie de símbolos, pero la gran dificultad hasta ahora experimentada en su atribución a las veintidós letras el alfabeto hebreo es que estos triunfos están numerados del I al XXI, acompañados por otra carta señalada con el 0, que ha sido siempre el obstáculo, siendo atribuido por diversas personas a las diferentes letras del alfabeto, dependiendo –aparentemente- de su capricho en cualquier momento. Debería estar bastante claro que el único lugar lógico para esta carta Cero es el anterior al I, y cuando se sitúa así las cartas adquieren un sentido de secuencia definido, profundamente explicatorio de las letras.

Es esencial aquí el señalar algo al contemplar la naturaleza de los símbolos revelados por el Tarot y utilizados por el Zohar y el Sepher Yetzirah. El simbolismo que tan a menudo es claramente y decididamente fálico, se usa simplemente para formar procesos y conceptos cósmicos y metafísicos más preparados para la comprensión por parte de la mente humana. Blavatsky se sintió repetidamente ofendida por el uso del simbolismo sexual y por esta causa atacó las formas de expresión cabalísticas con acaloradas injurias. Su indignación era innecesaria, pues en la Cábala nunca se ha usado ningún método de interpretación lascivo. No puedo dedicarme a explicar su disgusto por la Cábala de forma satisfactoria. La única explicación que parece remotamente posible es que, descendiendo como ella de una noble familia rusa, donde el antisemitismo estaba en todas partes, cualquier cosa que oliera a judío era profundamente censurable. Sus

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continuos ataques a los zoharistas, más su real ignorancia de los libros de la Cábala –corroborado por el hecho de que cite principalmente a Levi (que sabía muy poco acerca de ello) y a Knorr von Rosenroth, ambos eran católicos romanos-, puede quizá explicarse de esta manera.

El simbolismo fálico fue usado en su mayor parte porque se creía que el proceso creativo en el Macrocosmos es paralelo, en un grado señalado, al del pequeño mundo del hombre. El excelente libro de viajes de Nicholas Roerich titulado “Altai- Himalaya” nos da una buena apreciación de este punto de vista:

“Observa cuán remarcables son las comparaciones fisiológicas trazadas por los hindúes entre las manifestaciones cósmicas y el organismo humano. La matriz, el ombligo, el falo y el corazón, todos ellos han sido desde hace mucho tiempo incluidos en el sistema sutil de desarrollo de la célula universal”.

Y respecto a este tema del falicismo hay que referirse a “la psicología del inconsciente” de C. J. Jung, según el cual hay una gran interpretación equivocada del término “sexualidad”. Por ella, Freud entiende “amor” e incluye allí dentro todos los sentimientos tiernos y emociones que han tenido su origen en una fuente erótica y primitiva, incluso si su objetivo primario se ha perdido totalmente y ha sido sustituido por otro. Y debe también recordarse que los mismos psicoanalistas enfatizan rigurosamente el lado psíquico de la sexualidad y su importancia además de su expresión somática. El Sepher Yetzirah afirma:

“Veintidós letras como base. Él las dibujó, las labró, las pesó, las intercambió, y formó a través de ellas el conjunto de la creación, y todo lo que debería ser subsecuentemente creado.” Esta cita es fundamental en la filosofía de números de la Cábala, indicando que la existencia de estas letras y la señal que dejan en cada partícula de la creación constituye la armonía del cosmos. La posición idealista de que “los

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pensamientos son cosas” es análoga, y en el Sepher Yetzirah las veintidós letras o grupos de ideas se consideran las formas y esencias subyacentes que hacen surgir el universo entero manifestado en toda su claridad.

El Árbol de la Vida consiste en treinta y dos Senderos de Sabiduría, de los cuales las diez Sephiroth se consideran como los principales Senderos o ramas, cuyas correspondencias son las más importantes, y las veintidós letras, los Senderos inferiores que conectan las Sephiroth, armonizando y equilibrando los conceptos atribuidos a los diversos números. Al referirnos a estos veintidós Senderos restantes seguiremos el mismo procedimiento que con las Sephiroth yendo sobre cada detalle, dando varias correspondencias, prestando particular atención a la forma y significado de las letras, junto con una cuestión importante que se refiere a su pronunciación que parece no haber sido presentada antes de forma sistemática en tratados sobre la filosofía de los números de la Cábala.

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א – A (Aleph)

Primera letra del Alfabeto Hebreo.

Sendero N° Once del Árbol de la Vida, uniendo Kether a Chokmah. Valor Numérico, 1.

Nos puede servir de ayuda para hallar una explicación satisfactoria de esta letra el que represente un yugo de buey o la cabeza de un buey, formando los cuernos la parte superior de la letra. Esto es muy significativo pues cuando la letra se pronuncia como Aleph y se escribe sin abreviar Alph אלף significa un buey o un toro, un símbolo magnífico para indicar el poder reproductor de la naturaleza. A Aleph se le atribuye la Cruz Swástica, casi א por su forma, o el Rayo de Thor –un glifo excelente para expresar el concepto de movimiento primordial del Gran Aliento que, poniendo el Caos en movimiento giratorio hace surgir un centro creativo.

Aleph tiene rasgos de Kether, y es denominada “La Inteligencia Centelleante”. Hoor-para-Kraat, el Señor del Silencio egipcio, representado con un dedo sobre sus labios, es una de sus atribuciones, como lo son también Zeus y Júpiter, haciendo particular hincapié en el aspecto de estos dos dioses como partes elementales de la naturaleza. La atribución hindú es el Maruts (Vayu) refiriéndose al aspecto aéreo de א, como sucede también con las Valkirias del Panteón escandinavo. El animal apropiado para Aleph es el águila, el rey de las aves, ya que aprendemos de la mitología clásica que el águila era sagrada para Júpiter, cuyos sacrificios, puedo añadir, generalmente consistían en toros y vacas. Su elemento es el Aire, corriendo a la ventura de aquí para allá, siempre ejerciendo presión y tendiendo a bajar.

Su triunfo del Tarot es el 0, El Loco, implicando así este despropósito aéreo de la existencia. La carta muestra a una persona vestida como un bufón, sosteniendo un bastón sobre su espalda del que cuelga un fardo. Delante de él se abre un

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precipicio, mientras un perrito faldero ladra a sus pies detrás de él. En su túnica está el dibujo que simboliza el Espíritu. “Spiritus” es la palabra latina que significa Aire o respiración. El abanico como arma mágica se atribuye a Aleph haciendo una clara referencia al Aire. Su color es el azul celeste; sus joyas son el topacio y la calcedonia; y su perfume es el gálbano.

בּ - B (Beth)

Segunda letra del alfabeto.

Sendero N° Doce del Árbol, uniendo Kether a Binah. Valor Numérico, 2.

“B” es un sonido de actividad interna, produciéndose en un espacio cerrado por los labios y la boca –por tanto, en una casa simbólica-. Su pronunciación es Bes, traducida por “Casa”.

El Sepher Yetzsirah afirma que la letra B reina en Sabiduría. La Sabiduría es naturalmente el dios Hermes, y su atribución planetaria es, en consecuencia, Mercurio. Thoth y su cinocéfalo y Hanuman están incluidos como correspondencias. Este Sendero, llamado “La Inteligencia Transparente”, participa de la naturaleza de Chokmah y Hod, ambos son mercurianos. La concepción alquímica del Mercurio universal era la de un principio fluido, movido e inestable, incluso cambiante. Esto puede justificar el mandril o mono al servicio de Thoth, pues el mono está inquieto, siempre moviéndose y nunca inmóvil, tipificando la Ruach humana que debe ser tranquilizada. El Odín noruego –el vagabundo infinito-, se atribuiría posiblemente aquí precisamente por esta razón. Es el espíritu de la vida que, de acuerdo con las leyendas, no crea el mundo por sí mismo sino que únicamente “lo planea” y “lo ordena”. Todo conocimiento

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surge de él, y es también el inventor de la poesía y de las runas nórdicas.

Su arma mágica es la vara de Caduceo, que hace particular referencia al fenómeno Kundalini que surge mientras se realizan prácticas de yoga, particularmente Dharana y Pranayama.

Su carta del Tarot es la I, El Mago, que está de pie cerca de una mesa sobre la cual hay varios útiles mágicos, su espada, copa, pantáculo y cetro, mientras que en su mano derecha sostiene una varita levantada. Señala al suelo con su mano izquierda, afirmando así la fórmula mágica “que lo que está arriba es igual a lo que está abajo”. Sobre su cabeza, como una aureola o nimbo está ∞, el símbolo matemático del infinito. Ya que Mercurio y Thoth son los dioses de la Sabiduría y de la Magia, está claro que esta carta es una atribución armoniosa.

La almáciga, el macis y el estoraque son los perfumes de este duodécimo Sendero; el ágata es su joya; la verbena su planta sagrada. El ibis es su ave sagrada, que hace mucho tiempo se observó que tenía la curiosa costumbre de permanecer sobre una pata durante largos períodos de tiempo y para la fértil imaginación de los antiguos esto sugirió la absorción en meditación profunda. En la práctica del Yoga hay una postura llamada El Ibis donde el practicante se mantiene en equilibrio sobre una pierna. Los rituales, además, señalan a Thoth como: “Oh, Tú, el de la cabeza de ibis.”

Debo ahora referirme a un punto importante de la gramática hebrea. Los sonidos de algunas de las letras del alfabeto hebreo cambian cuando un punto, llamado el “dogish “, se sitúa en estas letras. La letra B cambia en V cuando el punto en el centro se omite, así ב. Es totalmente necesario que se recuerde este pequeño detalle ya que adquiere gran importancia en el trabajo de investigación posterior, sabiendo el escritor por experiencia que las investigaciones de un cabalista altamente experimentado han sido dificultadas

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extraordinariamente por éste y hechos similares que han sido omitidos de su entrenamiento cabalístico elemental.

גּ - G (Gimel)

Tercera letra del alfabeto.

Sendero N° Trece del Árbol, uniendo Kether a Tiphareth Valor Numérico, 3.

Si nos remitimos al esquema veremos que este Sendero une la primera Sephirah con la sexta, cruzando el Abismo que, en la simbología cabalística, se concibe como un estéril desierto de arena donde mueren los pensamientos y los egos empíricos de los hombres, “criaturas estranguladas al nacer”, como señala la expresión. Ahora Gimel ג es la letra dada a este Sendero, y cuando es pronunciada גמל Gimel, significa un Camello. El camello es el convencional “barco del desierto”.

El título de este Sendero es “La Inteligencia Unificadora” y su atribución yetzirática es la luna. Su carta del Tarot es la II, la Sacerdotisa de la Estrella de Plata, representando a una mujer en su trono, coronada con una tiara, el Sol sobre su cabeza, una estola sobre su pecho, y “la señal de la Luna en sus pies”. Está sentada entre dos pilares, uno blanco (masculino) y el otro negro (femenino), comparable a los pilares laterales, derecho e izquierdo, del Árbol de la Vida, y la ley masónica. Es, en un cierto sentido, la Shechinah, y nuestra Dama Babalón de acuerdo con otro sistema.

En el viejo sistema de grados de la Rosacruz, la Tríada de los Supremos constituye el Colegio Interno de los Maestros, y se llama el Orden de la Estrella de Plata. Ya que el Sendero de Gimel o la Luna, une la Tríada de los Supremos con Tiphareth, sirviendo como medio de entrada al Colegio Interno, se observará que los símbolos del Tarot son consistentes. Algunos estudiantes han asignado esta carta a Beth.

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Artemisa, Hecate, Chomse y Chandra son las deidades atribuidas, todas ellas son divinidades lunars. Su color es el Plateado, el color resplandeciente de la Luna; el alcanfor y el acíbar son sus perfumes; la adularia y la perla son sus joyas. El perro es sagrado para Gimel, probablemente a causa de que la cazadora Artemisa siempre tenía perros en su presencia. El arco y la flecha, por la misma razón, son sus instrumentos mágicos simbólicos.

Cuando se omite el dogish Gimel tiene un sonido suave, similar a la J inglesa.

דּ - D (Daleth)

Cuarta letra del alfabeto.

Sendero N° Catorce del Árbol, uniendo Chokmah a Binah. Valor Numérico, 4.

Ya que este Sendero une, en la región de los Supremos, el Padre a la Madre, lógicamente anticiparíamos correspondencias que expresarían la atracción de lo positivo por lo negativo, y el amor del macho por la hembra por lo cual el Yod y el Heh formarán la unidad primordial. Su atribución astrológica es Venus ♀, la Dama del Amor. La pronunciación de esta letra como Daleth significa una “Puerta” que incluso en el simbolismo freudiano posee el significado de “la matriz”. Los colores son el verde y el verde esmeralda. Las joyas son la esmeralda y la turquesa; las flores son el mirto y la rosa: las aves son el gorrión y la paloma. La equivalencia mágica es el cinto, de acuerdo con la leyenda de que quienquiera que llevara el ciento de Afrodita se convertiría en un objeto de amor y deseo universal.

El nombre de este Sendero Catorce es “La Inteligencia Luminosa”, y sus dioses son Afrodita, Lalita –el aspecto sexual de Sakti, la esposa de Shiva- y Hathor, con forma de vaca.

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Para intentar ilustrar una vez más la implicación de la idea de un Dios, aporto una cita adecuada que será memorizada y aplicada en profundidad. Esta cita procede de “Hipólito de Eurípides”, de Gilbert Murray:

“La creencia real de la Afrodita de Eurípides, si uno puede atreverse a dogmatizar sobre tal tema, fue seguramente no lo que deberíamos llamar una divinidad sino más bien una fuerza de la naturaleza, o un espíritu desarrollando su labor en el mundo. Para negar su existencia no se debería decir simplemente: ‘No existe tal persona’, sino ‘No existe tal cosa’; y tal negación sería un desafío contra hechos obvios.”

La divinidad del amor en la mitología nórdica era Freyja, la hija de Njord, una deidad tutelar jupiteriana.

La carta del Tarot es la III, La Emperatriz, que tiene en su mano derecha un cetro que es un globo coronado por una cruz, el sigilo astrológico de Venus. Sus ropas repiten el símbolo, y al lado de su trono está un escudo en forma de corazón que tiene también el signo de Venus. Enfrente de ella está un campo de trigo, haciendo énfasis en el hecho de que es una divinidad no sólo del amor sino también de la agricultura. Lleva una guirnalda verde sobre la cabeza, y un collar de perlas.

Para dar una pequeña explicación de cómo la agricultura podría estar asociada a la Diosa del Amor, debo remitir a mis lectores a “Los Problemas del Misticismo”, del Dr. Silberer, en cuyo libro se puede hallar un valioso material. Al mismo tiempo no debe pensarse que yo confirme la totalidad de las conclusiones de Silberer. Como ya he indicado, “Los Problemas del Misticismo” pueden mostrar al lector cuidadoso cómo podría haber surgido la asociación antes mencionada.

Daleth es una letra doble, y consecuentemente se pronuncia una “th” fuerte como en “the” y “lather” cuando hay un dogish.

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ה – H (Heh)

Quinta letra del alfabeto.

Sendero N° Quince, uniendo Chokmah a Tiphareth. Valor Numérico, 5.

Su pronunciación es Héh, cuya palabra significa una Ventana. Su título yetzirático es “La Inteligencia Constituyente”, y su atribución astrológica es Aries, el signo del Carnero, regido por Marte ♂, y en el cual el Sol ⊙ está en exaltación. Sus atribuciones son, por consiguiente, pasión y marcialidad.

Sus dioses son: Atenea, en la medida en que protegía al Estado de sus enemigos; Shiva y Marte. Minerva es también una atribución, pues se creía que había guiado a los hombres en la guerra, donde iba a conseguirse la victoria mediante la prudencia, el valor y la perseverancia. El Mentu egipcio es también un Dios de la guerra, representado con la cabeza de un halcón. El Tyr escandinavo es una atribución de este sendero, pues es el más osado e intrépido de los Dioses, y es quien reparte valor, coraje y honor en las guerras.

La lanza es el arma apropiada; la flor es el geranio y la joya es el rubí, a causa de su color.

La carta del Tarot es la IV, El Emperador, que viste una túnica roja y está sentado en un trono –en su corona hay rubíes-, sus piernas forman una cruz. Sus brazos y cabeza forman un triángulo. Tenemos, por tanto, el símbolo alquímico del azufre (un triángulo sostenido por una cruz), un principio energético poderoso, el Gunam hindú de los Rajás, y como cualidades tenemos la energía y la voluntad. En los brazos de su trono están grabadas dos cabezas de carnero, indicando que esta atribución es armoniosa.

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ו – V (Vau)

Sexta letra del alfabeto.

Sendero N° Dieciséis del Árbol, uniendo Chokmah a Chesed. Valor Numérico, 6.

Vau es su pronunciación y significa un “Clavo”. Se usa como un símbolo del falo. Este uso se confirma por el signo zodiacal del Toro, que, como ya hemos señalado, es un glifo de la fuerza universal reproductora. El falo, en el misticismo de la Cábala, es un símbolo creativo de una realidad creativa, la voluntad mágica. Para que sirva de ayuda en la comprensión

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