• No se han encontrado resultados

El SIDA en la migración: entre París y Nueva York

I. UN CORPUS SOBRE EL VIH/SIDA EN COLOMBIA

1.2 Hallazgos

1.2.2 El SIDA y la disidencia sexual

1.2.2.1 El SIDA en la migración: entre París y Nueva York

Tanto en Luna Latina en Manhattan de Jaime Manrique como en Melodrama de Jorge Franco encontramos personajes colombianos, disidentes sexuales, que han migrado al extranjero. En la contingencia histórica que rodea a la epidemia, Lina Meruane (2014) nos hace ver el incremento en los viajes internacionales y los procesos de migración que impulsa la expansión e imposición de un modelo económico neoliberal, expresado en varias de las dictaduras latinoamericanas. Muchos de estos disidentes sexuales huyen en busca de mejores oportunidades de vida que involucran tanto la ambición por una mayor prosperidad económica como la búsqueda de un espacio para vivir libremente su sexualidad en el extranjero. En varias narrativas

y producciones culturales latinoamericanas encontramos estas diásporas y desplazamientos, como es el caso de la famosa novela autobiográfica de Reinaldo Arenas Antes que anochezca, donde el protagonista usa su homosexualidad para huir del régimen revolucionario cubano que perseguía a los homosexuales. Cabe recordar aquí también la reconocida canción de salsa “El Gran Varón” de Willie Colón, donde se relata la historia de un personaje llamado Simón, que igualmente huye al extranjero para olvidar las reglas impuestas por su padre, quien desde pequeño lo interpela como hombre, formándolo para trabajar en lo mismo que él (“con mano dura, con severidad”), buscando así reforzar la masculinidad de su hijo. La canción nos cuenta: “al extranjero se fue Simón/ lejos de casa se le olvidó aquel sermón/ cambió la forma de caminar/ usaba falda lapiz labial/ y un carterón”. Los versos expresan esta misma narrativa de la migración, de la búsqueda por un espacio fuera del lugar de origen donde la sexualidad puede ejercerse con disidencia, lejos de un régimen sexual y político represivo.

Sin embargo, Lina Meruane ve en el SIDA el fracaso de aquella utopía, la contracara de un sistema neoliberal supuestamente globalizado. Reinaldo Arenas (2010) desarrolla la enfermedad en Nueva York y prefiere la muerte voluntaria una vez se le hace imposible seguir escribiendo. En el último capítulo de la novela se despide con una nota que dicta:

Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. [. . .] Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país. (p. 343)

Similarmente, la canción de Willie Colón nos relata al final que “en la sala de un hospital/ de una extraña enfermedad murió Simón/ es el verano del 86/ al enfermo de la cama 10 nadie lloró”. La fecha, la falta de duelo, la caracterización de Simón, son matices que nos permiten inferir que aquella enfermedad extraña es el SIDA. En mi opinión, las novelas de Jaime Manrique y Jorge Franco pueden inscribirse, desde sus especificidades contextuales, en esta misma narrativa del disidente sexual que viaja en búsqueda de mayor libertad y mejores oportunidades, y que desarrolla o contrae la enfermedad en el extranjero.

Luna latina en Manhattan está narrada desde la perspectiva de Sammy, colombiano nacido en Barranquilla, donde conoce a su amigo Bobby en el Colegio Americano cuando eran pequeños. La narración hace ver que la infancia de ambos fue profundamente desgraciada en aquella “ciudad de machos”. Cuando tiene siete años, Sammy viaja a Estados Unidos con su madre y se instalan en Queens, Nueva York, lugar construido en la narración como equivalente a una pequeña Colombia. En el caso de esta novela, es Bobby quien está muriendo de SIDA y a quien acompaña la narrativa de una mayor expresión de su sexualidad en el extranjero. Nos cuenta Sammy sobre él:

Después de que me vine a los Estados Unidos dejé de verlo cuatro años, hasta que una mañana se presentó de improvisto en nuestra casa, aquí en Queens. Casi no lo reconozco. Había crecido mucho y estaba esbelto, y se había vuelto extrovertido. […] Desde el primer día me contó que era gay – eso fue a fines de los setenta – y que no aguantaba la vida en Colombia como homosexual. Se había venido a los Estados Unidos para ser, como dijo, ‘un marica libre’. (Manrique, 2003, p. 61-62)

Igualmente, en la novela podemos notar cómo la enfermedad de Bobby y su consecuente muerte hacen replantear el proyecto de vida de Sammy. Por un lado, al saber de la aparición del SIDA en Estados Unidos, su madre busca casarlo rapidamente con Claudia Urrutia, una colombiana de clase alta que vive igualmente en Nueva York (y que es lesbiana, además). Y por otro lado, después de la muerte de Bobby, Sammy decide repensar su sexualidad, salir del clóset con su mamá y rehusarse a casarse por imposición con una mujer. Desprenderse de aquel ambiente colombiano en Nueva York que es Queens en la novela significa a su vez liberarse de un modelo normativo de la sexualidad que coarta la libertad de Sammy. Aunque ocurra en el mismo espacio geográfico, el objetivo de Sammy es en efecto “migrar” de Colombia, ya sea en la forma del país donde vivía con su madre o de Queens, con el fin de vivir su sexualidad con mayor libertad y lejos de imposiciones.

Por otro lado está la novela de Jorge Franco, que es indiscutiblemente un escritor del canon colombiano contemporáneo con obras tan famosas como Rosario Tijeras y Paraíso Travel. A pesar de que estas obras han recibido tanto la atención del público general como de la crítica literaria, Melodrama (2006) no ha corrido con la misma suerte. La novela nos cuenta la historia de Vidal, un hombre homosexual colombiano que migra a París, donde se le revela mediante exámenes médicos que tiene una enfermedad incurable que pronto va a matarlo.

Después de que su madre Perla le descubre una mancha en el cuello11 su médico le anuncia el diagnóstico que, hundiendo a Vidal en una fuerte depresión, lo conduce a desaparecer de su madre y sus conocidos. Vidal narra la historia, con una conciencia especial sobre su escritura, y conceptualiza su enfermedad igualmente como producto de una libertad sexual que adquirió en París, donde empezó a frecuentar saunas (hammanes) y donde dio rienda suelta a su deseo con muchos hombres. Este doble vínculo entre libertad sexual y la enfermedad como su consecuencia es planteado una y otra vez por Vidal mismo, que reflexiona acerca de su enfermedad a través de toda la novela mientras visita los saunas que frecuentaba:

De pronto me pregunté qué hacía yo en el lugar del crimen. Había una posibilidad de que estos baños de la Gare de Lyon fueran el comienzo de mi fin. Recién llegué a París vine muchas veces, sobre todo el primer año, y no me parecía gratuito regresar cuatro años después. […] Gracias a los [hammanes] de aquí y allá voy despeñadero abajo. (Franco, 2006, 80-81)

En la novela están muy presentes las metáforas de la enfermedad como castigo y, partiendo de allí, la narración busca reconstruir precisamente ese “principio del fin”, entendido como la serie de eventos que llevaron a que él contrajera la enfermedad. Huir de Colombia, un lugar representado en la novela como conservador y violento (es la época de Pablo Escobar), carente de oportunidades para el progreso económico y social, es una de estas causas. Considero así que este podría ser un foco de investigación interesante, (abordado con amplitud en el libro Viajes Virales de Lina Meruane) que pemite explorar las relaciones que hay entre las migraciones hacia las metrópoli económicas en el extranjero, la disidencia sexual y el SIDA, en el contexto de las decádas de los 80 y 90.