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Sion bajo el pacto restaurado, 54:1-

In document Isaias (página 171-174)

Los primeros versículos del cap. 54 parecen continuar directamente las ideas que aparecen en el primer versículo del cap. 50. Allí Jehovah cuestiona a aquellos de su pueblo que proclaman que ya no existe un pacto de amor entre Jehovah e Israel; que el pacto ha sido roto por iniciativa de Jehovah; que Israel ahora vive por su cuenta, sin tener que responder a nadie de su devenir histó- rico. Allí Jehovah, [página 227] echando mano de los mismos recursos retóricos de sus enemigos, les dice: ¿Dónde está la carta de divorcio de vuestra madre, con la cual yo la he repudiado...? (50:1). La respuesta que está sobrentendida es: “No hay.” Y no hay, simplemente porque Jehovah jamás abandonó a Israel de manera que dejara de ser su pueblo o su proyecto de pueblo. Prueba de ello es que sus enviados, los profetas, comunican a Israel la palabra de Jehovah que se refiere a ellos diciendo: mi pueblo (65:19), mis hijos (43:6), mis testigos (43:12), mi escogido (45:4), siervo mío (44:1; comp. 48:12; 49:3; 43:15, etc.).

Joya bíblica

Si alguno te ataca ferozmente, no será de mi parte; quien te ataque caerá ante ti (54:15).

Lo que ha sucedido con Israel de parte de Jehovah ni siquiera puede catalogarse como aban- dono u olvido de su pueblo (comp. 49:14, 15), porque aun a la cautividad fue con ellos, y volvió con ellos de allá, protegiéndolos por delante y por detrás (52:12). Lo que ha sucedido con Israel de parte de Jehovah es algo que ningún otro dios hizo jamás con su pueblo: someter a toda la nación a dura disciplina por razones de ética y de justicia (vea el [página 228] comentario de 50:1–11).

Ahora, en 54:1, el profeta retoma la analogía del pueblo de Israel como la esposa de Jehovah. No debemos exprimir demasiado las figuras retóricas en nuestra interpretación del texto. Lo que este versículo quiere decir gira alrededor de un juego de conceptos deducido de un refrán popular: ... más son los hijos de la desolada que los de la desposada.

Mientras el refrán popular expresa un hecho social del proletariado, en el sentido de que la prole crece en los estratos sociales de recursos más limitados, su uso por el profeta expresa una expectativa de que la población de la tierra de Judá que representa la desolada, se incrementará mucho más de la que queda en Babilonia. Esta última representa a la desposada (beuláh 1166, po-

seída por un “baal”, es decir por un señor o marido), la que fuera conquistada y guardada en se- clusión por su amor y señor, sea asirio, babilónico o persa, Por eso, personificando a Sion en una mujer estéril, le dice: ¡Alégrate...!, porque de pronto se va a llenar de hijos, que representan sus habitantes. De este modo, va a ser necesario ensanchar su emplazamiento territorial hasta que sea un hecho que sus descendientes lleguen a ocupar sus territorios que habían sido tomados por gentes de las naciones de alrededor y habiten las ciudades desoladas (vv. 2, 3). De esta manera, el pasado vergonzante en que Israel experimentó el dominio de Egipto, de Asiria o de Babilonia que- dará olvidado (v. 4). De nuevo, aquí viudez significa abandono, desolación, pues hay que tener en mente siempre este principio hermenéutico: No hay que exprimir demasiado las analogías. De lo contrario, a partir de este pasaje llegaríamos a estar hablando del tema de la muerte de Dios. De esto nos salva el v. 5, que dice: Porque tu marido es tu Hacedor. Tu Redentor, el Santo de Israel será llamado Dios de toda la tierra. Los vv. 6–8 amplifican mejor los detalles de la analogía.

Semillero homilético

Una invitación cordial 55:1–3

Introducción: Desde los albores de la humanidad Dios ha estado invi- tando al ser humano. Esta invitación tiene un propósito: buscar una íntima comunión con el hombre. El hombre no la merece, pero Dios le ama y por esa razón le busca para invitarle.

I. ¿A quién se hace la invitación?

1. A todos los sedientos de Dios (v.1; Sal. 2:2; 63:1). 2. A todos los necesitados (Sal. 107:5).

II. ¿Para qué los invita?

1. Para que satisfagan la sed (el vino). 2. Para que satisfagan el hambre (la leche). III. ¿Cuál es el precio?

1. Cuesta reconocer que su necesidad es espiritual. 2. Cuesta tomar la decisión de "venir a Jehovah". IV. ¿Qué ofrece Jehovah?

2. Satisfacción plena (v. 2; Sal. 107:9). 3. Salvación (v. 3; 12:2).

Conclusión: ¡Qué tal la variedad de bendiciones espirituales que nos presenta el profeta de Dios! Indudablemente éstas son para los que vienen y oyen el llamado de Jehovah. Hoy como ayer, Dios sigue lla- mando e invitando al hombre. Jesucristo extendió invitaciones cons- tantemente durante su ministerio (Mat. 11:28; Juan 4:10; 6:35, 51).

En los vv. 9, 10 se introduce, relacionado con la analogía anterior, el concepto del pacto de amor de Dios con Israel, el cual va a ser restaurado después de un breve momento (v. 7) de aban- dono que representa el cautiverio babilónico. Este pacto se describe en la analogía del pacto con Noé, del cual en Génesis 9:11 dice el Señor: Yo establezco mi pacto con vosotros. Ninguna carne volverá a ser exterminada jamás... Este pacto se basa en la eterna compasión de Dios por su pue- blo Israel.

Semillero homilético

El encuentro con Dios 55:6–9

Introducción: La parábola del hijo pródigo nos indica que el pecado es obstáculo para tener una buena relación con el Padre celestial. Pero el hijo tuvo que llegar al punto de tomar su propia decisión de volver a la casa de su padre. Tenemos verdades que son pertinentes para nosotros.

I. La necesidad de tener un encuentro con Dios (v. 7).

1. El pecado abarca los hechos, las acciones y las obras, (Gál. 5:19–21).

2. El pecado abarca pensamientos y actitudes.

3. Los resultados del pecado hacen que los efectos sean más se- rios y se acumulen.

II. La condición para tener un encuentro con Dios (vv. 6, 7).

1. El decidirse evita la muerte eterna. Dios no fuerza a la persona, cada cual tiene que tomar la decisión.

2. El decidirse trae la vida eterna.

(1) Buscad (v. 6a) abarca el deseo que nos mueve a actuar en bus- ca de Dios.

(2) Llamad (v. 6b), como Saulo, que dijo: Quién eres, Señor? (Hech. 9:5).

III. Los resultados de un encuentro con Dios (v. 7b).

1. Dios, como padre del pródigo, siempre busca, llama, y espera. 2. La misericordia de Dios es para siempre.

3. Dios puede perdonar porque Cristo sufrió en nuestro lugar (Isa. 53:4, 5, 6, 12b).

Conclusión: Un gran predicador estaba hospitalizado, delirioso, con fiebre y cerca de la muerte. Fue a una ventana donde podía mirar a su ciudad. Hizo su último llamado con estas palabras: "¡Oh, mi amado, amado pueblo, venid a Cristo!" Todavía Dios está llamando a su pueblo para venir a él.

En los vv. 11–17 se describe la gloria de Sion bajo el pacto restaurado. Las palabras del v. 11 parecen referirse más concretamente a Jerusalén, y su esplendor y riqueza inspiran, sin lugar a dudas, la visión de la Jerusalén celestial, la esposa del Cordero, en Apocalipsis 21:9–27. Sion, en medio de todas las naciones, tendrá acceso a Jehovah, como para que sus hijos, sus habitantes, sean enseñados directamente [página 229] por él. Esto, a su vez, se reflejará en su impacto en las naciones, como dice Apocalipsis 21:24: Las naciones andarán a la luz de ella... (comp. Isa. 2:3).

In document Isaias (página 171-174)

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