Había 19.850 judíos en China en 1935: una comunidad en Shangai y otra en Manchuria. La comunidad de Shangai estaba dominada por sefaradis de origen iraquí, descendientes de Elías Sassoon y sus empleados, que se habían instalado con sus negocios luego de la Guerra del Opio y se habían hecho fabulosamente ricos con el desarrollo de Shangai. La comunidad manchuriana en Harbin era de origen ruso y databa de la época de construcción del Ferrocarril del Oriente Chino zarista. Más tarde se había ampliado con refugiados de la guerra civil rusa.
El sionismo era débil entre los “árabes”, que eran una de las comunidades étnicas más ricas del mundo y, por lo tanto, no tenían interés en abandonar su buena vida. Los sionistas en China eran rusos. Ellos, también, eran parte de la presencia imperialista y no tenían deseos de asimilarse dentro de la nación china. Capitalistas y clase media, no tenían interés en retornar a la Unión Soviética, y su identidad judía fue reforzada por la presencia de miles de guardias blancos antisemitas refugiados en el norte de China. El separatismo sionista tenía una atracción natural y, dentro del movimiento, el revisionismo tenía la mayor convocatoria. Los judíos rusos eran comerciantes en un medio ambiente militarizado e imperialista, y el Betar combinaba una orientación capitalista e imperialista entusiasta con un militarismo que era extremadamente práctico en un contexto de guardias blancos que se habían convertido en lumpen-bandidos. El revisionismo parecía confeccionado idealmente para el mundo cruel que contemplaban en torno a ellos.
“Una parte activa en la construcción del Nuevo Orden de Asia Oriental
La comunidad de Harbin prosperó hasta la conquista japonesa de Manchuria en 1931. Muchos de los principales oficiales japoneses habían tomado parte en la expedición de 1918-22, que había combatido a los bolcheviques junto al ejército del almirante Alexander Kolchak, en Siberia, y habían asumido la obsesión por los judíos de los guardias blancos. Pronto los rusos blancos locales se convirtieron en un soporte central para el reino del Manchukuo, títere de Japón, y muchos directamente fueron reclutados en el ejército japonés. Las bandas de rusos blancos, protegidas por la policía japonesa, comenzaron a extorsionar a los judíos para obtener dinero, y a mediados de la década del 30’ la mayoría de los judíos de Harbin habían escapado hacia el sur, a la China Nacionalista, antes que soportar el severo antisemitismo.
La huída de los judíos afectó seriamente la economía manchú, y para 1935 los japoneses tuvieron que revertir su curso. Los militares tenían su propia versión distintiva de antisemitismo: había una conspiración mundial judía, y era muy poderosa, pero podía hacerse trabajar en el interés japonés. Los japoneses debían exhibir el Manchukuo ante el mundo como un santuario potencial para los refugiados judíos alemanes y también debían seguir una línea pro-sionista. Entonces, se creía, los judíos norteamericanos invertirían en el Manchukuo y calmarían a la opinión pública respecto a la invasión de China e incluso respecto a la creciente amistad de los japoneses con los nazis. Esta era una esperanza vana, ya que los judíos tenían poca influencia en la política norteamericana; además, Stephen Wise y otros dirigentes judíos norteamericanos se oponían profundamente a la colaboración con los japoneses, a quienes consideraban aliados inevitables de los nazis.
Los japoneses tuvieron mucho mayor éxito convenciendo a los judíos remanentes en el Manchukuo de que era de su interés colaborar, en gran medida este éxito se logró poniendo límites a los rusos blancos y clausurando el Nash Put, periódico de la Asociación Fascista Rusa. El dirigente de los judíos de Harbin era un piadoso doctor, Abraham Kaufman, que estaba profundamente implicado en la comunidad local. Fue alentado por el cambio en la política japonesa y, de acuerdo a un informe del ministerio japonés de asuntos exteriores, en 1936-37 él y unos amigos pidieron permiso para conformar un Consejo Judío del Lejano Oriente. Sus intenciones eran organizar a todos los judíos de Oriente y diseminar propaganda a favor de Japón, particularmente poniéndose junto a Japón en contra del comunismo. (1)
En diciembre de 1937, se realizó en Harbin la primera de tres conferencias de comunidades judías del Lejano Oriente. La decoración de estas conferencia puede verse en fotografías publicadas en la edición de enero de 1940 de Ha Dagel (El Estandarte) que, a pesar de su título hebreo, era una revista en lengua rusa del revisionismo del Manchukuo. Las plataformas estaban festoneadas con banderas japonesas, del Manchukuo y sionistas. Los betarim actuaban como guardias de honor. (2) En los encuentros hablaron gentes como el general Higuchi de la inteligencia militar japonesa, el general Vrashevsky de los Guardias Blancos, y funcionarios marioneta del Manchukuo. (3)
La conferencia de 1937 emitió una resolución, que envió a todas las principales organizaciones judías del mundo, pidiendo “cooperar con Japón y el Manchukuo para construir un nuevo orden en Asia”, (4) A cambio, los japoneses reconocieron al sionismo como el movimiento nacional judío. (5) El sionismo se convirtió en parte del establishment del Manchukuo, y al Betar se le dieron colores y uniformes oficiales. Hubo momento de tribulación en la nueva relación, como, por ejemplo, cuando el Betar tuvo que ser excluido del desfile celebrando el reconocimiento alemán del Manchukuo. (6) Pero, en general, los sionistas locales estuvieron muy felices con su relación cordial con el régimen japonés. Tan tardíamente como el 23 de diciembre de 1939, un observador de la tercera conferencia relató que había “alegría en toda la ciudad”. (7) La reunión aprobó varias resoluciones:
Por la presente esta Convención felicita al Imperio Japonés por su gran empresa de establecer la paz en Asia Oriental, y está convencida de que cuando haya cesado la lucha el pueblo de Asia Oriental comenzará su construcción nacional bajo el liderazgo de Japón. (8)
Continuaban para decir que:
La Tercera Conferencia de Comunidades Judías convoca al pueblo judío a tomar una parte activa en la construcción del Nuevo Orden de Asia Oriental, guiado por los ideales fundamentales que subyacen a la lucha contra la Comintern, en estrecha colaboración con todas las naciones. (9)
Veredicto: los sionistas colaboraron con el enemigo del pueblo chino
¿Ganaron algo para los judíos los sionistas del Manchukuo mediante su colaboración con los japoneses? Herman Dicker, uno de los principales especialistas en los judíos del Lejano Oriente, concluye que: “No puede decirse, en retrospectiva, que la
Conferencia del Lejano Oriente facilitó para gran número de refugiados asentarse en Manchuria. En el mejor de los casos, sólo se permitió entrar a unos pocos miles de refugiados.” (10) En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos penetraron en Manchuria y Kaufman fue arrestado; finalmente fue confinado durante once años en Siberia por colaboración. Ciertamente el sionismo del Manchukuo estaba profundamente inmerso en la estructura japonesa del Manchukuo. Los sionistas no apoyaron la conquista japonesa pero, una vez que los guardias blancos fueron puestos en su lugar, no tuvieron ninguna queja por la presencia japonesa. No tenían nada para ganar con un retorno del Kuomintang, y temían una revolución comunista. Nunca estuvieron complacidos con la conexión de Tokio con Berlín, pero esperaban suavizarla utilizando su influencia con los judíos norteamericanos para promover un compromiso con Washington en el Pacífico. No hay duda de que, a pesar de su disconformidad con la política de Japón hacia Alemania, los japoneses consideraban a los sionistas manchúes como sus colaboradores voluntariosos.
Notas
1. Herman Dicker, Wanderers and Settlers in the Far East, pp. 45-7.
2. Otkrytiye Tryetyevo Syezda Yevryeiskikh Obshchin Dalnovo Vostoka, Ha Dagel (Harbin, 1 January 1940), pp.21-8.
3. Dicker, Wanderers and Settlers in the Far East.
4. Marvin Tokayer and Mary Swartz, The Fugu Plan, p.56.
5. David Kranzler, Japanese Policy towards the Jews, 1938-1941, Forum on the Jewish People, Zionism and Israel (Winter 1979), p.71.
6. Dicker, Wanderers and Settlers in the Far East, p.56. 7. David Kranzler, Japanese, Nazis and Jews, p.220. 8. Kranzler, Japanese Policy towards the Jews, p. 77. 9. Ha Dagel, p.26.
20. Polonia, 1918-1939
El colapso de los tres imperios que gobernaban Polonia dio a los capitalistas polacos un estado independiente que hacía tiempo habían dejado de desear. Luego del fracaso de la insurrección contra el zarismo de 1863, habían comenzado a considerar al imperio ruso como un gran mercado y no veían razón para apartarse de él. El enemigo, argumentaban, no era Rusia sino los judíos y los protestantes alemanes que dominaban “su” mercado interno. El nacionalismo se convirtió en el protector de la clase obrera y su Partido Socialista Polaco (PolskaPartja Socjalistyczna, PPS). La Primera Guerra Mundial presenció a los Nacional Demócratas, los denominados Endeks, respaldando al Zar, y el ala derecha del PPS, liderada por Jozef Pilsudski, conformando una Legión Polaca para los alemanes, a los que consideraban el menor de los dos males, ya que pretendían regresar luego a Alemania. Sin embargo, el colapso imperialista impulsó a las dos facciones a unirse, en orden a conformar un renacido estado polaco. Pilsudski había abandonado el PPS durante la guerra y se desplazó hacia la extrema derecha; de esa manera, los dos campos podían ahora estar de acuerdo en un programa de anti- bolchevismo y la recreación de un imperio polaco. El “mariscal” Pilsudski había dado la bienvenida a los soldados judíos en su legión y todavía descartaba el antisemitismo, que identificaba con el retraso zarista; sin embargo, él no tenía control sobre aquellos generales que entraron en el ejército vía los militares zaristas Endeks, y respaldó a los pogromistas de Petliura. El asesinato y la persecución de judíos alcanzó tales proporciones que los Aliados tuvieron que intervenir e imponer una cláusula de derechos de minorías en la constitución polaca, como una condición para el reconocimiento. Sólo cuando los Endeks comprendieron que la presión de los judíos podía afectar el crédito de Varsovia con los banqueros extranjeros los pogroms finalizaron. Pero el fin de los pogroms sólo significaba que el antisemitismo estaba cambiando de forma. El régimen determinó “polonizar” la economía, y miles de judíos perdieron sus trabajos cuando el gobierno se hizo cargo de los ferrocarriles, fábricas de cigarrillos y fósforos y de las destilerías.
A principios de los años 20’, la comunidad judía polaca sumaba 2.846.000 personas –el 10,5 por ciento de la población. Estaba lejos de ser políticamente homogénea. En la extrema izquierda estaban los comunistas (KPP). Aunque la proporción de judíos en el KPP fue siempre mayor al 10,5 por ciento, los comunistas nunca fueron una proporción significativa de la población judía. Aunque el PPS siempre había dado la bienvenida a los judíos a sus filas, estaba imbuido de nacionalismo polaco y era hostil al yiddish; como resultado, el PPS de posguerra tenía pocos seguidores judíos. En su lugar la mayor fuerza de izquierda entre los judíos eran los yiddishtas del
Bund, cuya sección polaca había sobrevivido a su derrota en la Unión Soviética, pero
eran todavía una minoría diferente dentro de una comunidad mayor. En las elecciones de 1922 para el parlamento polaco (Sejm) recibieron sólo una fracción por encima de los 87.000 votos y no pudieron ganar un solo escaño. A la derecha se alzaba el Agudas
Yisrael, el partido de la ortodoxia tradicional, con aproximadamente un tercio cómodo
de la comunidad siguiéndolo. Sus miembros tomaron la posición de que el Talmud requería lealtad a cualquier gobierno gentil que no interfiriera con la religión judía. Con su conservadurismo pasivo no podía tener influencia sobre ninguno de los elementos más educados, que buscaban una solución activista al antisemitismo. Un pequeño grupo de seguidores, principalmente intelectuales, seguían a los Folkloristas, un grupo de nacionalistas yiddish de la Diáspora. Todos estos elementos, aunque cada uno de ellos por distintas razones, eran anti-sionistas.
La fuerza política dominante dentro de la comunidad judía eran los sionistas. Ellos habían ocupado seis de los trece escaños en el Sejm de 1919, y las elecciones de 1922 les dieron una oportunidad de demostrar que podían enfrentar al todavía virulento antisemitismo. La facción más grande dentro del movimiento, liderada por Yitzhak Gruenbaum, de los sionistas radicales, organizó un “Bloque de las Minorías”. Las nacionalidades no-polacas constituían aproximadamente un tercio de la población y Gruenbaum argumentaba que, si se unían, podían ser el equilibrio de poder dentro del
Sejm. El Bloque, comprendiendo a la facción sionista de Gruenbaum, junto a elementos
de las nacionalidades alemana, bielorrusa y ucraniana, tuvo 66 de sus candidatos electos, incluyendo 17 sionistas. Superficialmente, el pacto parecía haber tenido éxito, pero, en realidad, pronto mostró las divisiones tanto dentro de los sionistas como de las minorías en general. La mayoría ucraniana de Galitzia rechazaba reconocer al estado polaco y boicoteó las elecciones. Ninguno de los otros políticos nacionalistas pudo apoyar la lucha de los ucranianos y los sionistas de Galitzia, ansiosos por no antagonizar a los polacos, se mantuvieron en las elecciones como rivales del Bloque de las Minorías. Los sionistas de Galitzia ganaron 15 escaños, pero su éxito se debía a la abstención ucraniana y no podían pretender representar a la región. Incluso dentro del Bloque de las Minorías no había un compromiso de unidad a largo plazo y, luego de las elecciones, se dividió. Había ahora 47 judíos en ambas cámaras del Sejm, 32 de ellos sionistas, pero su oportunismo electoral los había desacreditado.
El fracaso del Bloque de las Minorías abrió el camino para otra aventura, organizada por los dirigentes de los Sionistas Generales de Galitzia, Leon Reich y Osias Thon. En 1925, ellos negociaron un pacto, el Ugoda (compromiso), con Wladyslaw Grabski, el primer ministro antisemita. Grabski estaba buscando un préstamo norteamericano, y necesitaba demostrar que no era un fanático inconmovible. El trato con estos dos sionistas hizo ver, al menos a los extranjeros incautos, como si el régimen fuera capaz de cambiar. De hecho, el gobierno sólo acordó concesiones menores: los conscriptos judíos tendrían cocinas kosher y los estudiantes judíos no tendrían que asistir a clases los sábados, como todos los otros estudiantes. Incluso dentro del movimiento sionista Thon y Reich eran considerados como traidores a la comunidad judía. (1)
El antisemitismo era sólo un aspecto de la línea reaccionaria de los gobiernos posteriores a 1922, y la mayoría del pueblo, incluyendo a los judíos, respaldaron el
coup d’état del Pilsudski, en mayo de 1926, en la esperanza de un cambio para mejor.
La delegación judía completa en el Sejm votó por él para presidente el 31 de mayo. (2) La posición de los judíos no mejoró pero, al menos, Pilsudski no se esforzó por incrementar la discriminación y su policía suprimió los motines antisemitas hasta su muerte en 1935. La elección de 1928 al Sejm fue la última elección nacional más o menos libre en Polonia. Los Sionistas Generales concurrieron nuevamente divididos: la facción de Gruenbaum entró en otro Bloque de las Minorías, y los de Galitzia apoyaron a su propio candidato. Pilsudski era popular entre los judíos conservadores, por poner fin a los ataques y, por gratitud, muchos votaron a sus partidarios. Esto, junto a la entrada en la arena política de los ucranianos de Galitzia, sirvió para reducir la representación judía a 22 escaños, de los cuales 16 eran sionistas. (3) Para 1930 el régimen de Pilsudski se había reducido a un estado policiaco intenso, con gran brutalidad hacia los prisioneros políticos. Pilsudski mantuvo vivo el Sejm, pero manipuló las elecciones, gobernó por encima de él, y los resultados de las elecciones de 1930 fueron mayormente sin significación alguna. La representación judía declinó
nuevamente, a once, seis de los cuales eran sionistas.
Con la intensificación de la dictadura, los parlamentarios sionistas mostraron más interés en la oposición anti-Pilsudski, pero estas tendencias fueron restringidas por la victoria de Hitler en la vecina Alemania. El sionismo polaco, inicialmente, había subestimado a los nazis. Antes de que estos llegaran al poder los diarios sionistas Haint,
Der Moment y Nowy Dziennik habían asegurado a sus lectores que, una vez que
asumiera, Hitler sería refrenado en su antisemitismo por la presencia de conservadores, como von Papen y Hugenburg, en su gabinete de coalición. Pensaban que las necesidades de la economía alemana pronto lo harían adoptar una perspectiva más moderada. (4) Una pocas semanas de Nuevo Orden destruyeron tales fantasías, y el siguiente temor de los sionistas polacos fue que el éxito de los nazis disparara una oleada de extremismo en Polonia. Cesó todo interés en un bloque opositor, y Pilsudski se convirtió en el hombre del momento nuevamente, ya que emitió algunos sonidos en contra del régimen de Berlín. (5) El brusco cambio de opinión de los sionistas en favor del dictador provocó gritos de protesta de los partidos opositores, que resistían a Pilsudski. La Agencia Telegráfica Judía informó sobre un debate acerca de la cuestión judía en el Sejm, el 4 de noviembre de 1933:
El diputado Rog, líder del Partido Campesino... denunció la actitud anti-judía de la Alemania de Hitler. El crimen que se está cometiendo contra los judíos alemanes es un crimen mundial, dijo. Polonia nunca, declaró, tomará el ejemplo de la Alemania de Hitler. Sin embargo, prosiguió, no podía entender cómo los políticos judíos que están luchando contra la dictadura alemana pueden conciliar en su conciencia el apoyo dado en Polonia a la dictadura polaca. No es una cosa buena, dijo, para las masas polacas tener en mente cómo los judíos están apoyando a sus opresores. (6)
El 26 de enero de 1934, Pilsudski firmó un pacto de paz por diez años con Hitler. Ese mismo año, las autoridades de Varsovia, observando la impotencia de la Liga de Naciones para tratar el problema alemán, decidieron denunciar el Tratado de Minorías firmado bajo la presión de Versalles. Nahum Goldmann se reunión con Jozef Beck, el ministro de relaciones exteriores polaco, en Ginebra, el 13 de septiembre de 1934, para tratar de persuadirlo de cambiar esta decisión, pero no tuvo éxito. Como de costumbre, la WZO rehusó organizar manifestaciones masivas de protesta en el exterior y, en cambio, confió en la intervención diplomática de Londres y Roma. (7) Los sionistas polacos permanecieron leales a Pilsudski hasta su muerte, el 12 de mayo de 1935, y entonces Osias Thon y Apolinary Hartglas, el presidente de la Organización Sionista Polaca, propusieron un “Bosque Pilsudski” en su memoria, en Palestina. (8) Los revisionistas palestinos anunciaron que iban a construir un hotel de inmigrantes con su nombre, en su honor. (9)
“Los obreros no han sido contaminados”
La victoria de Hitler exitó a los extremistas entre los antisemitas polacos pero, en tanto vivió el mariscal, su policía estuvo bajo órdenes estrictas de reprimir cualquier clase de agitación callejera. Sin embargo, sus sucesores, los “coroneles”, no pudieron seguir afrontando políticamente el mantenimiento de esta política. Carecían de su prestigio y sabían que tenían que adoptar una política con convocatoria popular o serían derrocados. El antisemitismo era una elección obvia, ya que apelaba a los prejuicios