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Sección III “La solución de la antinomia de la razón pura”

3. La solución de la antinomia y las actividades de síntesis

El idealismo trascendental nos ofrece un punto de vista privilegiado en el tratamiento de la antinomia. Desde este punto de vista podemos considerar las actividades sintéticas que conforman la antinomia y advertir por qué son falsos todos los enunciados involucrados en

ella. En tanto las representaciones del mundo involucradas en la antinomia constarían de series completas de condiciones fenoménicas, estas series siempre deberían ser conformadas por síntesis empíricas, por un cierto regressus empírico que supone duración. Tal regressus no puede encontrar en la experiencia nada incondicionado. Pero tampoco puede completar un regressus infinito. En consecuencia, dichas series íntegras de

condiciones fenoménicas son inexistentes y los juicios que se pronuncian sobre ellas son

falsos (A504-5-6/B532-3-4). Aunque la tercera y cuarta antinomia admitan un segundo modo de resolución, esta primera solución negativa vale para los cuatro conflictos cosmológicos245. Veamos esto en los cuatro conflictos.

Consideremos la primera antinomia. En ella se discute (tesis) si el mundo tiene un comienzo en el tiempo (si es finito en lo que respecta a sus eventos pasados) y si tiene un límite en el espacio (si es finito en el espacio) o (antítesis) si no tiene comienzo en el tiempo ni límite en el espacio (si es infinito en ambos sentidos) (A426-7/B454-5)246. Estas representaciones enfrentadas del mundo (o de la cantidad absoluta del mundo) deberían ser conformadas por medio de una síntesis empírica. Tal síntesis debería conformar un objeto empírico (el mundo) a través de un regressus que recorra la totalidad de eventos pasados en el tiempo y la totalidad de cuerpos extendidos en el espacio. Tal objeto sería una serie íntegra de condiciones fenoménicas. En tanto empírica, tal síntesis será ejecutada en el tiempo y supondrá cierta duración. Esto implica que no podremos contar con una serie

íntegra infinita de condiciones fenoménicas. Pues, esto supondría una síntesis empírica íntegra e infinita, lo que resulta contradictorio. Por el otro lado, la síntesis empírica es

incapaz de detenerse en un elemento empírico que resulte una condición incondicionada. Pues la experiencia no puede ofrecer semejante cosa.

Esto conduce a la conclusión de que no hay serie íntegra de condiciones fenoménicas en lo que respecta a la cantidad. Y por tanto, debe tenerse por falsas ambas afirmaciones enfrentadas. Este es el fundamento basado en las operaciones epistemológicas

245 Es una opinión bastante extendida aquella según la cual la solución de la antinomia que aquí llamamos

negativa (o disipación de la antinomia) se aplica exclusivamente a las antinomias matemáticas. Entre ellos,

Guyer, Kant and the claims of knowledge, p. 406. En el mismo sentido, H. Röttges sostiene que mientras Kant resuelve las dos primeras antinomias con una respuesta con la forma “ni...ni...” –ni la tesis ni la antítesis–, las antinomias dinámicas son resueltas bajo la forma “tanto...como también...” –tanto la tesis como la antítesis–. Cfr. Röttges, “Kants Auflösung der Freiheitsantinomie”, pp. 41-42. De la misma manera, Allison, “Kant’s refutation of realism” p. 236 y Kant’s transcendental idealism, p. 365.

246 El análisis detallado de la primera antinomia desde el punto de vista de las actividades de síntesis en ella

del sujeto cognoscente de aquella estrategia utilizada por Kant para resolver el conflicto cosmológico (i.e. disipar la contradicción). No hay serie íntegra de condiciones fenoménicas en términos de cantidad, sólo hay un regressus empírico que conforma una serie de condiciones empíricas. Ésta es tan extensa como haya llegado a constituirla el

regressus en cuestión. Con lo cual, no hay una serie completa dada y, por tanto, tal serie no

es en sí misma finita ni infinita247.

“Lo que se ha dicho aquí de la primera idea cosmológica, a saber, de la totalidad absoluta de la cantidad en el fenómeno, vale también para todas las restantes” (A505/B553). Es decir, este mismo razonamiento vale para todos los conflictos cosmológicos. En todos ellos, se trata de responder “todas las preguntas [acerca] de si [cada todo pensado en las ideas cosmológicas] ha de ser producido por una síntesis finita o por

247 “[S]i [...] niego que él [el mundo] sea una cosa en sí misma, entonces el conflicto contradictorio de ambas

afirmaciones se convierte en un [conflicto] meramente dialéctico, y como el mundo no existe en sí (independientemente de la serie regresiva de mis representaciones), entonces no existe ni como un todo

infinito en sí, ni como un todo finito en sí. Sólo se lo encuentra en el regressus empírico de la serie de los

fenómenos, y no en sí mismo. Por eso, cuando ésta es siempre condicionada, nunca está dada enteramente, y el mundo no es, entonces, un todo incondicionado, y por consiguiente no existe tampoco como un tal, ni con cantidad infinita, ni [con cantidad] finita. Lo que se ha dicho aquí de la primera idea cosmológica, a saber, de la totalidad absoluta de la cantidad en el fenómeno, vale también para todas las restantes. La serie de las condiciones sólo se encuentra en la síntesis regresiva misma, y no en sí, en el fenómeno, como en una cosa particular dada antes de todo regressus. Por eso, deberé también decir: la multitud de partes en un fenómeno dado no es, en sí, ni finita ni infinita, porque el fenómeno no es nada que exista en sí mismo, y las partes sólo son dadas mediante el regressus de la síntesis que descompone, y en él; regressus que nunca es dado de manera absolutamente íntegra ni como finito, ni como infinito. Eso mismo vale para la serie de las causas ordenadas unas sobre las otras, o para [la serie que va de] la existencia condicionada hasta la incondicionadamente necesaria, -la cual [serie] nunca puede ser considerada ni como finita ni como infinita, en sí, en su totalidad; porque ella, como serie de representaciones subordinadas, sólo consiste en el regressus dinámico, pero no puede existir antes de éste, en sí misma, como una serie de cosas subsistente por sí” (A504- 5-6/B532-3-4).

“[E]lla [la regla de la razón pura] no puede decir qué sea el objeto, sino cómo debe realizarse el regressus

empírico para llegar al concepto completo del objeto. Pues si ocurriese lo primero, ella sería un principium

constitutivo, [y un principio] tal nunca es posible por razón pura. Por consiguiente, nunca se puede tener, con ella, la intención de decir que la serie de las condiciones para un condicionado dado sea, en sí, finita o infinita; pues con ello una mera idea de la totalidad absoluta, [totalidad] que sólo es producida en ella misma, pensaría un objeto que no puede ser dado en ninguna experiencia, ya que a una serie de fenómenos se le otorgaría una realidad objetiva independiente de la síntesis empírica. Por consiguiente, la idea de la razón sólo le prescribirá a la síntesis regresiva en la serie de las condiciones una regla según la cual ella progresa desde lo condicionado, por medio de todas las condiciones subordinadas unas a otras, hacia lo incondicionado, aunque éste nunca sea alcanzado. Pues lo absolutamente incondicionado no se encuentra en la experiencia” (A510/B538).

En la primera antinomia el regressus empírico se extiende in indefinitum, es decir, indefinidamente. En tanto se trata de una síntesis que se encarga de agregar unidades independientes que conforman un todo que no preexiste a la adición de sus partes, no se puede tener a priori un concepto de la cantidad del objeto en cuestión (extensión en tiempo y espacio), sino sólo en la medida en que se ejecute la síntesis empírica en cuestión (cfr. A513/B541).

una síntesis que progrese infinitamente”, lo que “no es alcanzado por ninguna experiencia posible” (A483/B511).

Respecto de la segunda antinomia, las posiciones enfrentadas sostienen que (tesis) las sustancias del mundo son simples o constan de partes simples y (antítesis) que nada en el mundo es simple, sino que todo es compuesto (A434-5/B462-3). Estas posiciones suponen que en la división de la materia se conformaría una serie completa de condiciones fenoménicas (partes de la materia). Tal serie puede ser concebida como finita (concluyendo en un último elemento incondicionado y simple), o infinita. En tanto el mundo se compone del agregado de sustancias, la división íntegra de éstas supone buscar la última parte componente del mundo.

Ambas posiciones versan sobre una serie íntegra de condiciones fenoménicas. En este caso, las condiciones son las partes componentes del todo dado. Ambas afirmaciones presuponen que se trata de una serie en sí misma existente. Pero en tanto se trata de una serie de fenómenos, ella debe ser conformada por medio de una síntesis empírica (un

regressus empírico). La serie finita concluiría en una parte simple de la materia. Esto

exigiría que el regressus empírico alcanzara una condición incondicionada, lo que resulta imposible. La serie infinita íntegra exigiría una síntesis empírica infinita e íntegramente concluida, lo que también resulta imposible. Esto hace necesario rechazar ambas posiciones enfrentadas. No existe una serie íntegra de condiciones fenoménicas en términos de su división. La división de los fenómenos es empírica y, por tanto, llega tan lejos como efectivamente sea llevada a cabo. No hay, por tanto, una serie de condiciones que exista en sí misma. No puede decirse, entonces, que ésta sea finita o infinita248.

En la tercera antinomia se afirma que (tesis) debe haber en el mundo causalidad por libertad y (antítesis) que todo en el mundo debe estar sujeto a la causalidad por naturaleza

248 La división del fenómeno puede progresar in infinitum, es decir, infinitamente. A diferencia de lo que

ocurría en la primera antinomia, aquí no se trata de una síntesis por medio de la cual se agreguen condiciones que se encuentran por fuera de la totalidad alcanzada por la síntesis. En este caso, se parte de un todo dado y sus partes se encuentran contenidas dentro de dicho todo. Aunque dichas partes estén contenidas dentro de los límites del todo, la síntesis que recorre tales partes es empírica y debe ejecutarse efectivamente en tiempo y espacio, lo que supone cierta duración. Aunque la totalidad de partes esté contenida en el todo, su cantidad no está determinada a priori y con independencia de la ejecución de la síntesis empírica. Así, tales partes no están ya dadas en el regressus empírico. Este regressus puede avanzar en tal división al infinito, sin que por ello podamos decir que efectivamente haya infinitas partes. Así, la materia es infinitamente divisible, se puede progresar siempre en su división. Pero no puede decirse que conste de infinitas partes ya dadas (cfr. A512- 3/B540-1).

(A444-5/B472-3). Esta antinomia es enunciada en términos de causalidad por libertad y

causalidad por naturaleza. Al no hacerse una referencia explícita al concepto de mundo, se

podrá hacer una reinterpretación de estos enunciados que los haga admisibles desde el punto de vista del idealismo trascendental. Pero, estas afirmaciones, comprendidas en el sentido que el realismo trascendental les da, quieren decir: existe una causa incondicionada en el fenómeno (de modo tal que la serie de causas fenoménicas se remonta hasta una primera causa incausada); o bien: la cadena de causas en el fenómeno es infinita. Es decir, en ambas (en la tesis y en la antítesis) se trata sobre el mundo concebido como una serie completa de condiciones fenoménicas en términos de causa.

La solución negativa o destructiva que dio Kant para las antinomias anteriores debe aplicarse también a esta antinomia. La serie de condiciones fenoménicas entendidas en términos de causa que aquí se considera debería ser formada por una síntesis empírica. Pero esta síntesis no puede arribar a una condición incondicionada, es decir, a una causa incausada. Pues todo evento en el tiempo es precedido y causado por uno anterior. Esta síntesis tampoco puede conformar una serie infinita íntegra de causas. Pues eso requeriría una síntesis de duración infinita que esté a su vez concluida. No hay síntesis empírica que pueda conformar y constituir un objeto empírico acorde a lo pensado en tesis y antítesis. La serie de causas fenoménicas (en tanto éstas sólo existen en la intuición y en tanto son alcanzadas por el regressus empírico) será tan extensa como la conforme la síntesis regresiva. Esto no permite afirmar que la serie de causas que conforma al mundo sensible sea finita o infinita249.

Con respecto a la cuarta antinomia, las posiciones enfrentadas sostienen que (tesis) debe haber un ente necesario y (antítesis) que nada es necesario, sino que todo es contingente (A452-3/B480-1). Los enunciados son formulados como refiriéndose a la

existencia o inexistencia de un ser necesario. Esto permitirá reinterpretar las afirmaciones

enfrentadas omitiendo toda referencia a la existencia de una serie absolutamente completa de condiciones fenoménicas. Pero estos enunciados, según el sentido que les da el realismo trascendental, quieren decir: la serie completa de entes contingentes que conforma al

249 Esteves también sostiene que la tesis y antítesis de la tercera antinomia son falsas (en tanto se las tome

como las entiende el realismo trascendental); pero pueden llegar a ser verdaderas si se las despoja del realismo trascendental. Cfr. Esteves, “Mußte Kant Thesis und Antithesis der dritten Antinomie der “Kritik der reinen Vernunft” vereinbaren?“, p. 169-170.

mundo asciende hasta un primer ente que ya no es contingente, sino necesario (y, por tanto, la serie de entes es finita); o bien: la serie completa de entes contingentes que conforma al mundo cuenta con infinitos entes. En ambos casos, se trata de entes fenoménicos entendidos como en sí y se considera a la serie de condiciones como dada íntegramente (sea finita o infinita).

Nuevamente, ambas posiciones deben ser rechazadas y, por tanto, la solución negativa es aplicable aquí también. La serie de fenómenos nunca es completa, no está dada más allá del regressus empírico que la conforme. Contra la pretensión de la tesis, debe decirse que no podemos tener experiencia de un ente necesario, que no sea precedido y condicionado por un evento anterior. Contra la pretensión de la antítesis, debe considerarse que no podemos contar con la serie completa infinita de condiciones fenoménicas. Pues, tal serie supondría un regressus empírico infinito concluido, lo que resulta contradictorio. En consecuencia, ambas posiciones, entendidas en los términos propios del realismo trascendental, deben ser rechazadas. Puede admitirse un progreso indefinido que ascienda a condiciones cada vez más remotas en esta serie de entes contingentes.

Como se ha podido apreciar, se encuentra justificada la afirmación de Kant según la cual la solución presentada para la primera antinomia vale para todas las restantes. Creo que todas las conclusiones que hemos alcanzado hasta aquí se derivan necesariamente de los supuestos fundamentales del idealismo trascendental en lo que respecta a la problemática de la cosmología racional, a saber: que es imposible que lo incondicionado o absoluto sea dado en la experiencia; que es imposible conformar una serie íntegramente dada de condiciones fenoménicas por medio de una síntesis empírica; ese supuesto fundamental del idealismo trascendental implica la inexistencia del mundo como una serie íntegra efectivamente existente. En consecuencia, admitida la distinción fenómeno- noúmeno y la diferencia entre la síntesis propia de lo puramente conceptual y aquella otra propia de lo fenoménico, no puede sino advertirse que la serie íntegra de condiciones fenoménicas –presunto objeto de conocimiento de la cosmología racional– es una entidad inexistente, cuyo concepto contradictorio hace falsos a todos los juicios sobre el mundo, debiendo así rechazarse todas las afirmaciones en juego en la antinomia.

La síntesis empírica que ejecuta el regressus de lo condicionado dado a condiciones cada vez más remotas se efectúa en concordancia con la máxima subjetiva (amplia) que

ordena la búsqueda de lo incondicionado. En otras palabras, el principio que la razón pura presentaba como constitutivo del objeto de la cosmología, se revela como un principio

regulativo que sólo ordena progresar perpetuamente en la experiencia y ejecutar el regressus de condicionado a condición de modo tal de ir siempre más lejos. En lugar de

contar con un principio que constituye un objeto conformado por una serie íntegramente dada de condiciones fenoménicas, contamos con un principio que regula el regressus empírico, ordenando alcanzar siempre condiciones más remotas (cfr. A508/B536 y ss.).

Así, para las cuatro antinomias vale que: (1) no contamos con el objeto de la cosmología. La serie íntegramente dada de condiciones fenoménicas no es un objeto posible de la experiencia. (2) Consecuentemente, los juicios que afirmen, supongan o impliquen que tal serie es finita o infinita serán falsos, al presuponer erróneamente la existencia de tal entidad. (3) La síntesis que estaría involucrada en la conformación de una serie de fenómenos debe ser empírica y, por tanto, la serie conformada nunca sería incondicionada ni íntegramente dada. La síntesis empírica ejecutada sobre fenómenos no puede concluir en una condición incondicionada, ni conformar una serie infinita íntegramente dada. La serie sólo sería tan extensa como lejos haya efectivamente llegado el

regressus empírico. En consecuencia, nada sabemos sobre una serie completa de

condiciones fenoménicas.

Como vemos, la solución que ofrece Kant consiste en considerar adecuadamente las síntesis empíricas involucradas en la formación de cada uno de los presuntos objetos de la cosmología racional, distinguiendo pertinentemente entre las síntesis puramente conceptuales (que permiten representar series íntegras de condiciones nouménicas) de las síntesis empíricas(que sólo se ejecutan bajo la forma del tiempo y suponen duración). Habiendo estudiado suficientemente la solución destructiva o negativa, podemos pasar a la solución positiva de la tercera y cuarta antinomia.