SOLUCIÓN DEL PROBLEMA

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Considerando la homosexualidad como una enfermedad o desviación de los instin-tos naturales, se piensa, actualmente, que la solución del problema debe buscarse en el campo médico más que en el legal. El anormal debe ser sometido a tratamientos especiales, tendientes a lograr su curación física, generalmente desde un punto de vista endocrinológico, e inducirlo después a que siga una política de readaptación en insti-tutos especiales. Se ha comprobado que la reclusión en cárceles comunes es contrapro-ducente, porque no va a la raíz del mal, y crea un medio ambiente propicio para el recrudecimiento de la homosexualidad.

Si la tendencia a la inversión sexual se manifiesta desde la niñez, la criatura nece-sitará, de manera especial, la tolerancia y comprensión de sus padres y maestros.

El homosexual congénito no es un delin-cuente, es un enfermo, cuya peligrosidad o influencia nociva comienza cuando quiere llevar a otros individuos"a participar de su desviación, y cuyas incursiones en el terre-no de la criminalidad son determinadas por la atmósfera especial que crea alrededor suyo, y a la cual también la sociedad lo relega.

La ley no puede castigar a un enfermo, pero si debe arbitrar medios para obligarlo a Curarse y para impedir, con sanciones ade-cuadas, que incite a otros a participar en su desviación.

BIBLIOGRAFÍA. — Adler, C., Perversiones y

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Aires.

HONESTIDAD.* El vocablo se toma en cuanto aparece como bien jurídico prote-gido en el Título III del Código penal ar-gentino.

"... Los delitos contra la honestidad pueden definirse desde el primer momento y del modo más empírico y amplio, como los delitos de lascivia o lujuria.

"Pero unas veces se trata de la honesti-dad particular, propia de una o varias per-sonas, cualquiera sea su sexo, y otras de la honestidad familiar, que se desenvuelve en el interés de toda una de estas comuni-dades, sin que, por último falte otra apli-cación más extensa de la idea que penetra más allá de una simple agrupación fami-liar, en toda una comunidad general, o ña-nacional" (i). La expresión, cuestionada y no uniforme, como se verá, pretende fijar el aspecto prevalente dentro de la complejidad del bien jurídico" protegido ( 2 ) .

Los delitos comprendidos en el título son: adulterio (art. 118) (3), violación y estupro (arts. 119 a 124) (*); corrupción y ultrajes al pudor (arts. 125 a 129) (5) y rap-to (arts. 130 y 131). Tal diversidad de con-tenido lleva a dificultar el intento de la síntesis que comprenda las notas comunes a tan dispares figuras penales, pues "si una correcta clasificación de los delitos debe ser informada de la calidad de los mismos, en orden a su subjetividad jurídica, en ese tí-tulo no debería figurar el adulterio .algunos casos de violación, abuso deshonesto, rapto y corrupción de menores y mujeres, dado que en el primero no queda afectada la ho-nestidad del cónyuge ofendido por la inmo-ralidad del adulterio del otro, y en los otros no es una condición la honestidad de la víctima, la que muy bien puede ser una

pros-tituta" (e).

Ello no obstante, "nuestro código, al em-plear la palabra honestidad, para erigir en delitos ciertos hechos que la ofenden, no ha querido referirse sino a los que importan

* Por el Dr. MAKIO H. PENA.

(1) Bernaldo de Quirós, C., Derecho penal,

2* ed., II, pág. 180, Cajica, Méjico.

(2) Véase Núñez, J. M., voz BIEN JURÍDICO, II,

pág. 88 de esta Enciclopedia, y las consideracio-nes que hace M. López Rey y Arrojo en ESTUPRO,

XI, pág. 236 id.

(3) Desarrollado por Luis Jiménez de Asúa en esta Enciclopedia, I, pág. 531.

( 4 ) Trab. cit. en nota 2.

(5) La corrupción de mayores y de menores de

edad está desarrollada por Juan Antonio Nicolás Vitullo en IV, págs. 925' y 937 de esta obra. El

abu-so deshonesto, por José Peco, en I, pág. 136. (6) González Boura, O., Derecho penal, III,

un ataque-al pudor" (?) que puede aceptar-se como "aceptar-sentimiento que aceptar-se refiere a la nor-malidad y a la moralidad de los actos se-xuales" ( > < ) .

Partiendo de criterio parecido, Soler, lue-go de señalar la inconveniencia de que una interpretación apresurada "considere que en este punto la ley hace referencia al concepto religioso de honestidad, es decir, a la idea de que es deshonesta toda relación sexual fura del matrimonio" proporciona una defi-nición condicional considerando este bien jurídico como "una exigencia de corrección y respecto impuesta por las buenas costum-bres en las relaciones sexuales" ( » ) .

La crítica apuntaba a las deficiencias téc-nicas deslizadas en quien tuvo a su cargo la preparación del trabajo que dio origen al Código actual, cuando decía: "Ideas de ca-rácter religioso y social que gravitan en el mundo civilizado hacen que se considere, por lo menos exteriormente, que las rela-ciones sexuales no son lícitas sino dentro del matrimonio. Fuera del mismo constitu-yen o un pecado o un delito, según los ca-sos. La familia se encuentra organizada ba-jo la base del matrimonio, siendo por consi-guiente, lógico y justo que se exija la fide-lidad conyugal y se impida él libertinaje. Se considera por tanto que las personas ba-jo,ese punto de vista tienen derechos y de-beres. A cierta edad y en determinadas con-diciones, cada uno es dueño de su propio ser y se encuentra en libertad de proceder co-mo le parezca, sin más límites que los deter-minados por sus creencias o sus convenien-cias. Pero en todo tiempo se entiende que es un delito atacar el orden familiar, los sentimientos de honor individuales y la pro-pia integridad física. De aquí IQS castigos colocados en la ley para los delitos contra la honestidad" (i°).

El esfuerzo generalizador intentado con la descripción del eminente penalista argen-tino que iba transcripta, no encuentra eco total, ya que también se piensa que estos delitos "no tienen la misión común de tu-telar un mismo bien jurídico" ( n ) .

Las dificultades planteadas motivaron que en los proyectos posteriores conocidos, el contenido del título aparezca bajo otras de-nominaciones. El de 1937 mantiene el

ac-(7) Gómez, E., Tratado de Derecho penal, III, pág. 1G, Cía. Arg. rte Editores, Bs. Aires, 1940.

(8) Manfredini, M., Deliti contra la moralitá

pubblica e il buon costume. Deliti contro la. fami-glia, pág. 188, Milán, 1,934.

(9) Soler, S., Derecho penal argentino, III, pá-gina 328, La Ley, Bs. Aires. 1945.

'(W> "KtoreTio ViO. ^-. "£'' C-í/ai^í. "itwal* -i, vui, antecedentes, IV, pág. 208, H. A. Tommassi, Bs.

Aires, 1923.

(11) Pontán Balestra, C., Manual de Derecho penal, "Parte especial". I, pág. 190, Depalma, 1951.

tual (12) ; en el de 1941 es sustituido por el de "Delitos contra las buenas costumbres" en virtud de que "si bien responde a la mis-ma orientación, delimita mejor su conteni-do" (i») ; el de 1951 bajo el título "Delitos contra la moralidad pública" comprende a aquellos que atentad contra la libertad se-xual y separadamente, las ofensas al pu-dor y al honor sexual (") ; en el antepro-yecto- de 1953, se los reúne en el Título V "Delitos contra la honestidad y las buenas costumbres" (15). En el proyecto que actual-mente tiene a consideración el Congreso Nacional, el título III está dedicado a los "Delitos contra el pudor y la moralidad se-xual" cambio aconsejado en razón de que su "sentido y alcance son más comprensi-vos y exactos, puesto que precisan en cali-dad de núcleos centrales de su tutela al pu-dor, como sentimiento individual y colec-tivo y a la moralidad sexual como particu-lar aspecto de las sanas costumbres socia-les y que, suprimida la figura delictiva del adulterio, constituyen los bienes o derechos real y principalmente tenidos aquí en cuen-ta, cualquiera sea el modo de su ofensa" (10) .

BIBLIOGRAFÍA. — La citada en el texto y notas. HONOR. Defínelo la Academia de la Len-gua como la "cualidad moral que nos lleva al más severo cumplimiento de nuestros de-beres respecto del prójimo y de nosotros mismos", "gloria o buena reputación que sigue a la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de que se las granjea", "honestidad y recato en las mu-jeres, y buena opinión que se granjean con estas virtudes", "obsequio, aplauso o cele-bridad de una cosa", "dignidad, cargo o empleo" y, finalmente, "concesión que se hace en favor de uno para que use el título y preeminencias de un cargo o empleo co-mo si realmente lo tuviera, aunque le falte el ejercicio y no goce gajes algunos".

Basta leer los conceptos precedentes para advertir que el tema del honor en su al-cancé jurídico, ha de estar desarrollado en otras voces de esta obra.

Baralt, citado por Cabanellas (Diccionario

de Derecho Usual, t. II, pág. 321) expresa

que la distinción entre honor y honra está en que en el primero hay algo convencional (12) Véase el texto en Gómez, E., op. cit., III, pág. 534.

(13) Peco, J., Proyecto de Código penal,

pagi-no, 723, La Plata, 1941.

(14) Código penal (Proyecto del P. E.), pá-gina 106, Dir. Gral. de Pub. Bib. y Are., Bs. Ai-(15) El texto no esta impreso, habiendo sólo ejemplares mimeograliados

( 1 6 ) Proyecto de Código penal, ed. of. 1960,

y arbitrario, dependiente de las costumbres y de las preocupaciones de cada época y de cada país; en tanto en cuanto la segun-da expresa una calisegun-dad invariable inheren-te a la naturaleza misma de las cosas. A nuestro juicio, es evidente que entre honor y honra existen ciertos matices diferencia-les aún cuando no tan profundos como los que señala el autor mencionado, ya que tam-poco el concepto de honra es invariable, si-no cambiante conforme a las diversas épo-cas y países. Esto se advertirá fácilmente, cualquiera sea el elemento que se tome co-mo ejemplo para señalar en qué, consiste la honra, y de modo muy especial si a la misma se quisiese dar un contenido sexual. La valoración de los actos humanos en lo que a la honra se refiere, está muy in-fluida por los usos y costumbres locales y pueden pasar de ser hechos intrascendentes hasta constituir acciones delictivas. Honrar a los padres pudiera presentarse como uno de los sentimientos humanos más elogiables y quien no lo hiciese así podría ser tachado de carecer de honra. Pero la manera de practicar ese sentimiento cambia fundamen-talmente, ya que mientras en unos pueblos constituye obligación moral defender la vi-da de los progenitores ancianos aun a costa de su sufrimiento, en otros —seguramente los menos— el acto piadoso y reverencial para con los familiares ancianos consiste en darles muerte. Y no se diga que el ejem-plo es extremado, en el sentido de que úni-camente los pueblos salvajes o semisalvajes practican la segunda norma. Quien hoy día en los países de civilización occidental die-se muerte voluntariamente a. un descen-diente quedaría automáticamente deshon-rado por la comisión de taL delito. Pero hace unos siglos en pueblos de tan alta civiliza-ción y de tan alto sentido jurídico como tenía el romano, el ejercicio de la patria potestad permitía disponer de la vida de los sometidos a ella. Y así por este estilo se podría argumentar con respecto a otros ejemplos relativos a la honra. .En cualquier supuesto es de señalar que la idea del ho-nor es siempre, en opinión de Baralt, arbi-traria y cambiante. A este tenia ya nos he-mos referido en otro lugar de esta obra.

Finalmente en la Partida IV, Titulo XXXVI, Ley II se da el nombre de honor a la renta que el monarca concedía a los señores, ricos-hombres o caballeros en algu-nos lugares de su señorío, como por ejem-plo, cuando les cedía todas las rentas de al-guna villa o castillo, liberándoles del gra-vamen de que le sirviesen a su costa o con cierto número de tropas en la guerra, aun con la condición tácita de servirle lealmen-te. Este honor, se lee en la Enciclopedia

Ju-rídica Española, t. XVIII, pág. 289, "lleva

consigo el señorío, o sea el gobierno de la villa, castillo o lugar, con el ejercicio de la jurisdicción civil y criminal, y se conservaba en la persona del agraciado durante su vi-da, si no daba motivo para que le fuera retirada" (V. DELITOS CONTRA LA HONESTIDAD. DELITOS CONTRA EL HONOR. DESHONOR. HO-NESTIDAD. HONORES. (M. O. y F.)

HONORARIOS.* SUMARIO: 1. Planteamien-to. 2. Concepto y definición. 3. Antecedentes históricos. 4. Desarrollo y evolución de con-ceptos. 5. Fijación. 6. Naturaleza de la re-lación y prescripción.

1. Planteamiento. El tema corresponde sea aquí tratado en abstracto, fijando la fisonomía jurídica de esta forma de retri-bución a fin de lograr, en sus grandes ras-gos, fijar las causas que motivaron su dife-renciación de otras que se le asemejan, pero que tienen caracteres y consecuencias dis-tintas.

Al tratar de cada una de las actividades profesionales que se remuneran con

honora-rios (i) el tema reaparece necesariamente.

El mismo puede aquí ser examinado de modo orgánico, como institución autónoma, de tal manera que sus consecuencias, la forma de percepción, sus elementos, deben encontrar-se junto a la institución principal a la que se incorpora; y, en consecuencia, en la loca-ción de obra y en la localoca-ción de servicios, como en especial al tratar de esa forma general de remuneración que es el salario, que lo absorbe cuando se trata de activida-des profesionales prestadas en base a un estado de subordinación.

2. Concepto y definición. No cabe, en manera alguna, confundir el vocablo

sala-rio con los honorasala-rios. No son diversas

mo-dalidades, ni siquiera variaciones de matiz, sino que sustancialmente no coinciden los términos sueldo, estipendio, jornal, paga,

haberes, etcétera con honorarios ( - ) . Si bien

la Academia Española define ios honorarios como "gaje o sueldo de honor" y como "es-tipendio o sueldo que se da a uno por su trabajo en algún arte liberal", no sería po-sible comprender, ni siquiera en la amplitud de la definición que del sueldo da ("remu-neración asignada a un individuo por el desempeño de un cargo o servicio profesio-nal"), dentro del sueldo los honorarios, ya que estos "no son los sueldos o salarios fijos y periódicos".

Por honorarios se entiende la retribución que recibe por su trabajo quien practica un

* Por el Dr. GUILLERMO CABANELLAS.

(1) Como se hizo ya en la voz ABOCADO, en el

t. 1 de esta Enciclopedia.

( 2 ) Cfr. Pérez Botija. Salarios, pág. 7, Madrid, 1944.

arte liberal. Es voz que se emplea siempre en plural, proviniendo del latín honorarius, adjetivo que se aplica a un beneficio o re-tribución que se da con honor. Esta idea o concepto deriva de que en Roma se deno-minaron honQrés a los oficios o empleos pú-blicos que, por concepción especial, llevaban consigo el derecho de percibir una parte de los impuestos*

Por extensión se da el nombre de honora-rios a los derechos de misas y predicación; y ello en razón al origen de este beneficio, causa por la cual no tenemos inconveniente en hacer nuestra vieja definición que con-sideraba al honorario como "gaje o estipen-dio de honor que se da a alguno por su tra-bajo", llevando actualmente el plural a fijar el estipendio que se concede por ciertos tra-bajos, generalmente los de los profesionales liberales, en que no hay relación de depen-dencia, ni jurídica ni técnica, como tampoco económica, entre las partes, y donde fija libremente su retribución el que desempeña la actividad o presta los servicios, aplicán-dose sobre todo con referencia a los esti-pendios que por su trabajo perciben los abo-gados, médicos, notarios, arquitectos, pro-curadores, etcétera.

3. Antecedentes históricos. Ningún estu-dio tan completo, aún en el presente, sobre la naturaleza de los honorarios como el que desarrollara von Ihering en su obra El fin

en el Derecho («). Señala que la antítesis

del trabajo oneroso y el trabajo gratuito, en la antigua Roma, corresponde a la opo-sición del trabajo corporal al trabajo inte-lectual. "Solamente aquél, no éste, tiende la mano al salario". Esta concepción se en-cuentra en todos los pueblos, ya que el tra-bajo corporal es un hecho sensible. "El que a él se somete lo siente; un tercero Jo ve, y no sólo ve el acto mismo del trabajo sino que comprueba el resultado. Únicamente el trabajo corporal merece salario, porque sólo él ha costado un sufrimiento; porque según el informe concepto que uno se forja, sólo él crea. El trabajo intelectual, por el con-trario, no es considerado como trabajo, no fatiga al hombre, no le causa ningún es-fuerzo".

Destaca Ihering cómo en la antigua Roma se consideraba como un deshonor el hecho de pagar un trabajo intelectual. "Sólo se pagaba el trabajo manual; por eso era tan despreciado. En efecto, el salario (merces) lo convierte en una mercancía (merx); se alquila (locatur, de locus), se compra como tal". Por el contrario, el servicio del hombre libre no es un ministerium,, sino un rnunus; "no consiste en una acción corporal; su.

ac-(3) Ed. Atalaya, Bs. Aires, págs. 56, 57, 58, 59, 96, 97, passim.

tividad es toda intelectual, y presta el ser-vicio, no por un salario, sino por benevo-lencia (gratla, gratis). Constituye una com-placencia (munificencia, beneficium,

ofi-cium) en relación con la dignidad del

hom-bre lihom-bre (líber, liberalitas), y que no impone a la otra parte más que un deber de reco-nocimiento (gratiae, gratum facere-gratifi-catio) El munus puede, sin embargo, según

las circunstancias, ser devuelto

(remune-ran) hasta en dinero; pero esta

remunera-ción no es una merces; aparece como honor

(honorarium) como un regalo honorífico

que no ofende la dignidad de las partes". Destaca cómo "durante siglos la sociedad y el Estado romanos se mantuvieron bajo el imperio de la idea de que los servicios pú-blicos estaban suficientemente asegurados sin ser retribuidos, como entre nosotros el agua para beber: indispensable y sin em-bargo gratuita".

Pero no se renunciaba en el pueblo roma-no a todo salario como recompensa, siroma-no que los servicios prestados no eran retribui-dos en moneda sonante. La retribución que recibían, quienes prestaban esos servicios, era el honor, la consideración, la populari-dad, la influencia, el poder. Y formula Ihe-ring a modo de conclusión: "Cuando había

honores las gentes corrían en pos de las

fun-ciones; no siendo así, las funciones debían ir a buscar al hombre". El salario que se tenía en perspectiva no era de naturaleza

econó-mica; tenía sólo un valor ideal.

4. Desarrollo y evolución de conceptos. Una evolución en las ideas habría de con-sagrar junto al salario ideal un salario eco-nómico, pero sin confundir uno con el otro. El trabajo del artista y el del científico se uniforman; y hasta parecen en determinado momento confundirse con el trabajo social, esto es, el que realiza el artesano, el agri-cultor y el mercader. Pero en tanto que en éste reina el dinero como fin y móvil de la actividad que se despliega, en el arte y en la ciencia los esfuerzos del individuo tien-den a otro fin que no es el dinero. "Con esta última esfera se relacionan el arte y la cien-cia, el servicio de la Iglesia, el del Estado.

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