Las actividades pulsionales acaban de ser localizadas en las áreas corticales de rechas. ¿Qué relaciones mantienen con las áreas del habla, aisladas en la izquierda desde Paul Broca?1 Al describir las funciones del cerebro, los neurofisiólogos dicen a menudo que el lóbulo derecho prefiere la imagen, lo afectivo, y más aún lo senso rial. En lo que concierne al lóbulo izquierdo, se hace cargo de las actividades supe riores, com o el habla, la capacidad de contar, la abstracción en general. Las imáge nes de diagnóstico médico muestran en este caso que la aritmética activa el hemis ferio izquierdo, mientras que el hemisferio derecho adora las analogías y las com paraciones caras a la identidad de percepción de las pulsiones. Robert Sperry2 sis tematizó estas propiedades: el hemisferio “dominante” es un virtuoso de la lógica y el análisis serial. En lo que concierne al hemisferio derecho, permite una aprehen sión espacial del mundo, global e intuitiva. Se encierra en lo “sustancial” : analiza y produce imágenes preferencialmente, mientras que el hemisferio izquierdo se espe cializa en operaciones “ diferenciales” verbales y abstractas a la vez.
1. En su célebre comunicación de 1861, Broca notaba: “ El desarrollo precoz del hemisferio izquier do nos predispone, en nuestro primeros momentos, a ejecutar con esta mitad del cerebro los ac tos materiales e intelectuales más complicados, entre los cuales sin duda se ha de contar la expre sión de ideas por medio del lenguaje, y particularmente del lenguaje articulado”. En 1874, Karl Wernicke hizo la misma demostración apoyándose sobre una patología. Asimismo, fueron loca lizadas una zona de agrafía en 1881 y una zona de ceguera verbal pura en 1892. Paralelamente, desde 1876, muchos trabajos mostraron una relación entre las lesiones del hemisferio derecho v algunos problemas de la percepción del espacio.
2. R. Sperry, “Mental Unity FollowingSurgical Disconnection o f the Cerebral Hemisphere”, TheHar-
veyLectures Series, 62,1968. Robert Sperry, premio Nobel de Medicina y ñsiología en 1981, espe
cialmente conocido por sus observaciones sobre la separación de los hemisferios cerebrales.
Acabamos de ver que las pulsiones se aferran a las sensaciones y que hacen sufrir al organismo una presión constante. Varios resultados de las neurociencias muestran que este exceso pulsional se vectorializa hacia las áreas del lenguaje. Las experien cias de R. Sperry establecen una vectorialización que va de lo sensorial a lo relativo al lenguaje. Sperry realizó sus observaciones con sujetos cuyos dos hemisferios ce rebrales, es decir, el de la pulsión a la derecha y el del lenguaje a la izquierda, habían sido separados quirúrgicamente. Algunas experiencias consistieron en hacer soste ner a un sujeto split brain un objeto familiar con la mano derecha o con la mano iz quierda, mientras que no lo puede ver. A continuación, se le pide que lo nombre, según lo tenga en la mano derecha o en la mano izquierda. Se constata que la mano derecha (que corresponde al lóbulo izquierdo) puede “ hablar” : el sujeto nombra el objeto que sostiene, mientras que la mano izquierda sabe reconocerlo, pero el su jeto no puede nombrarlo. La información táctil se extiende al hemisferio derecho, pero la decodificación verbal no se efectúa a la izquierda. Así, la vectorialización es demostrada, incluso si esta prueba aún no dice que se trate de una simbolización de lo pulsional por efecto de lo verbal.3
Otros trabajos corroboran la vectorialización derecha/izquierda de la pulsión hacia el habla. Cada hemisferio trata a las percepciones de forma separada, como lo muestran otras experiencias realizadas gracias a sujetos split brain. Cuando se les presenta, por ejemplo, la mitad de un rostro de una persona conocida, comple tan espontáneamente este hemi-rosLro con su mitad faltante. Esta experiencia re sulta incluso más concluyente si se le presenta el hemi-rostro a un solo hemisferio a la vez, tapando un ojo, y luego el otro. Entonces, uno se da cuenta de una carac terística esencial: el hemisferio dominante puede nombrar el rostro vuelto a com pletar que percibe, mientras que el hemisferio no relativo al lenguaje no lo consi gue, aunque pueda reconocerlo. Los tests de Robert Sperry, y luego los de Karl Po- pper y John C. Eccles,4 muestran que las experiencias del hemisferio no relativo al lenguaje sólo se vuelven conscientes luego de ser transmitidas al hemisferio dom i nante. Esta experimentación sugiere fuertemente que la conciencia humana siem pre es verbal. Si, por medio de un proceso asociativo, el hemisferio dom inado evo ca cierto tipo de sensación, este “ recuerdo” no accede a la conciencia, que requie re del hemisferio relativo al lenguaje para actualizarse. Asimismo, si las actividades oníricas que se desarrollan en el hemisferio derecho no pueden ser transpuestas al hemisferio izquierdo, no serán memorizadas: la memoria supone una conciencia relativa al lenguaje de antemano.5
3. Los mensajes se intercambian entre los dos hemisferios gracias a relaciones, siendo la que corres ponde al cuerpo calloso (alrededor de 200 millones de fibras nerviosas de conducción rápida) la más importante.
4. K. Popper, J. C. Eccles, The Self and ¡ts Brain, New York, Springer, 1977.
5. Las efracciones subliminales sólo pueden, en el mejor de los casos, preparar a la conciencia.
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I , H M U I A S N I ' . l l K l l l I h N C I A S 1 I K M U I . S T R A N I I l 'S H .U A I N A I .IS I S
Robert Sperry concluyó de sus experimentos que existe un reconocimiento sen sorial independiente de la nominación y que es necesario distinguir dos cualidades de la conciencia: una sensorial y otra verbal. Bastaría con realizar un paso suplemen tario para describir una “conciencia primaria”, independiente del lenguaje y orien tada directamente hacia la percepción, tanto para el hombre com o para el animal.6 Esta hipótesis supone que las reacciones no verbales se distinguen de las manifesta ciones verbales, que las unas pueden funcionar sin las otras, com o si, en consiguien te, se tratase de centros orgánicos innatos. Sin embargo, esta hipótesis se bosqueja a propósito de sujetos cuyo proceso de hominización ya fue realizado, es decir, una vez hecha la bipartición entre los hemisferios de la pulsión y de lo verbal.
Ahora bien, esta bipartición no es innata, com o lo muestran las propias experien cias de Sperry en los niños. En el split brain, se constata que, a diferencia de los adul tos, los niños pueden decir lo que tienen en la mano izquierda, y pueden comparar los objetos que tienen en cada mano, com o si el corte entre los hemisferios no se hu biese producido. Cuando la separación de los hemisferios antecede a la pubertad, el cerebro se reorganiza com o si la lateralización hubiese sido adquirida no al nacer, sino luego de la operación. Los neurocirujanos notaron una gran plasticidad del cerebro luego del split brain, hasta una edad que va de los doce a los veintitrés años.
Esta última observación hace pensar que la lateralización de los hemisferios ce rebrales corresponde a una necesidad de la represión. Las huellas mnésicas diferen ciales del lenguaje se localizan en el hemisferio izquierdo para el 98% de los dies tros. Las transferencias de la dominancia relativa al lenguaje del hemisferio izquier do al hemisferio derecho son posibles durante los primeros diez años de vida. Esta plasticidad del área relativa al lenguaje muestra que la localización en sí misma no es innata y que no puede compararse con otras lateralizaciones del cuerpo huma no. La misma da crédito a la hipótesis de su dependencia respecto de la represión. En efecto, la represión no se realiza por completo sino al final de la fase de latencia,7 cuando la adolescencia llega a su término y la dimensión traumática de la sexuali dad se descubre en toda su amplitud. Cuando el deseo sexual se conforma con las condiciones de su realización, la infancia se clausura en una represión masiva y bru tal.8 No resulta sorprendente que a esta edad también el split brain tenga de repente distintas consecuencias. Esta observación significa que, si el quiasma intracerebral izquierda-derecha no es el lugar de la represión, lo que sucede en su nivel lo refleja,
6. R. Sperry escribió a propósito de esto: “Uno de los hemisferios, el izquierdo, que es el hemisferio do minante o mayor, posee el lenguaje y normalmente es parlanchín. El otro, el hemisferio menor, es mudo y no puede expresarse más que a través de reacciones no verbales”. ( R. Sperry, Brain Bisection
and Conscionsncss: Brain and Consáonss Experience, New York Springer Verlag, 1966, p. 298-313 ).
7. La sexualidad infantil impone al sujeto problemas complejos que no puede resolver, porque le faltan algunos datos relativos a la genitalidad. Esta puesta en suspenso de los problemas define la tase de latencia.
8. Esta represión constituye la amnesia infantil.
sin embargo, casi de inmediato. El quiasma intracerebral “encarna” en el sentido de la represión, ya que, cuando la estructura psíquica pasa un límite irreversible, esta encarnación se vuelve igualmente irreversible.
Además de estas importantes experiencias relativas a la articulación entre lo sen sorial y lo verbal, Robert Sperry notó en los split brain operados que una recupera ción bastante buena de la conciencia sucede a la separación de los hemisferios ce rebrales. Pareciera com o si estos pacientes poseyeran dos cerebros, que rehabilitan, cada uno por su cuenta, ciertas funciones faltantes. Por lo tanto, habría que concluir que no son dirigidos por centros determinados. Pero Robert Sperry quiso preservar una concepción organicista al conjeturar que el reconocimiento sensorial y la con ciencia verbal habitualmente eran simultáneos en ambos hemisferios, aunque ina- parentes mientras que no estuviesen separados.9 ¿Es esta tentativa de unificación ver daderamente útil? Ya que no se trata de centros orgánicos, sino de la realización de una función: la duplicidad de la localización procede de la conjunción disyuntiva en tre lo inconsciente pulsional y lo consciente verbal puestos así a la obra. Cuando los neurofisiólogos hablan de preferencias del lóbulo derecho por la imagen y lo afecti vo, y del lóbulo izquierdo por las “ actividades superiores”, resulta posible reducir es tas calificaciones a funciones, si se considera que la pulsión subsume las cualidades “derechas”, que el lóbulo izquierdo va a simbolizar (o incluso reprimir). Esta com pleja relación entre lo consciente y lo inconsciente es el motivo efectivo de la latera lización cerebral. Mientras las dos cabezas de esta hidra no sean seccionadas, una re produce la otra, aprovechando la lateralización cerebral, o por medio de cualquier otra vía intra-hemisférica.
Es la función la que cuenta: cada hemisferio posee áreas que podrían recibir la sensación o la verbalización. Esta repartición entre ambos hemisferios puede inver tirse: el lado derecho puede tomar el rol del lado izquierdo, y a la inversa. Esta re partición atípica a menudo parece aleatoria, o bien sucede a los accidentes. Pero, sea cual sea el caso, siempre se impone una distribución funcional de las áreas. Parecie ra com o si el cuerpo debiese repartir entre dos lugares la relación contrariada entre la imagen y el significante. La plasticidad de las localizaciones posibles (que no son innatas) muestra que la única regla es la que esta coacción impone. La disyunción entre la imagen y el habla utiliza la anatomía, la mayoría de las veces gracias al quias ma derecha/izquierda.10 Esta lateralización responde a un imperativo: disponer de áreas distintas que mantengan una diferencia de nivel entre lo pulsional (a la dere-
v i r n n n i » n i m i v i i n n
9. Véase R. Sperry, “Mental Unity Following Surgical Disconnection of the Cerebral Hemispheres”,
op. cit.
10. Ambos hemisferios se comunican gracias a varios millones de fibras que atraviesan el cuerpo calloso. Véase B. D. Maclean, “Sensory and Perceptive Factors in Emotional Functions of the Tribune Brain”, en M. Clynes, Emotions, Their parameters and Measurement, New York, Raven Press, 1975.
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cha) y su simbolización (a la izquierda). La doble localización observable por medio de imágenes de diagnóstico médico corrobora la hipótesis según la cual el trayecto que va desde el lóbulo izquierdo al lóbulo derecho corresponde a la represión de lo pulsional por parte del habla. Esta unión de las áreas corticales sensorio-motrices y del área del lenguaje diferencia cualitativamente al hombre del animal: en este últi mo, no existe un relevador entre la sensación y la simbolización.
Otras observaciones realizadas a partir del split brain corroboran esta vectoria lización. Robert Sperry com enzó su carrera com o cirujano intentando interrum pir crisis de epilepsia paroxísticas por medio de la separación de ambos hemisferios cerebrales. Así, las crisis se detenían, al menos provisoriamente. El hecho de que se reanuden muestra que en realidad el cerebro sólo pone la repartición cerebral dere cha/izquierda al servicio de una función, la de la represión de lo pulsional por medio de su simbolización. Si las crisis cesan durante un tiempo, es gracias al aislamiento del significante (a la izquierda) respecto a la imagen (a la derecha).
Existen crisis de epilepsia de origen orgánico que son ocasionadas por la hiper- sincronía de varios conjuntos de neuronas. El mismo resultado también se produce tras un recalentamiento psíquico, cuando se abóle la diferencia de potencial entre el deseo y su realización: en este caso, se produce igualmente entre varios conjuntos de neuronas una sincronía que provoca una crisis." En la histeria, algunas imágenes “ realizan” el deseo momentáneamente por m edio de un símbolo. Por ejemplo, un olor, una música, la visión de cierta escena, una situación particular, el reencuentro de un objeto fóbico actualizan, por la vía indirecta de su símbolo, un recuerdo de deseo del padre, e incluso un fantasma de seducción. Un símbolo formalizado por una imagen (a la derecha) realiza un goce y por consiguiente vuelve inútil una repre sión por parte del pensamiento (a la izquierda). En este caso, la hipersincronía entre la derecha y la izquierda ocasiona una crisis de epilepsia.12 La realización del deseo inconsciente abóle la diferencia de potencial entre lo pulsional y lo relativo al len guaje, hipersincronía cuyo resultado será una pérdida de conciencia. De m odo mu cho más común, se producen ausencias, desvanecimientos o pérdidas de memoria histéricas (por ejemplo, olvidos de nombres propios: se “ve” mentalmente la perso na que no se puede nombrar) en circunstancias análogas. La percepción “ realiza” el símbolo bruscamente, y este último pone en equivalencia sincrónica la pulsión y el significante. La descarga hipersincrónica de conjuntos de neuronas desfasados ha-
11. Véase S. Freud, “Dostoievski y el parricidio”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu, vol. XXI, 1988.
12. Esta realización del deseo encuentra su contra-experiencia en el orgasmo sexual, del que muchos autores notaron la similitud neurofisiológica con la crisis de epilepsia. J.-P. Changeux compara el orgasmo con una variedad de crisis de epilepsia refleja (L’Homme neuronal, op. cit.). Asimis mo, véase R. G. Heath,“Pleasure and Brain Activity in Man. Deep and Surface Electro Encepha- lograms During Orgasm”, Journal o f Nervous Mental Diseases, 154, 1972, p. 3-18.
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bitualmente genera una pérdida de conciencia, cuando existe una causa orgánica. Tanto en un caso com o en el otro, lo que se pone en juego es la “ conciencia”.
Finalmente, en experimentaciones recientes aún más finas, las imágenes de diag nóstico médico muestran la disociación entre lo pulsional y lo relativo al lenguaje en un punto crucial: la formación de las palabras. En efecto, las palabras se constituyen en primer lugar con sonidos “ pulsionales”, sonidos que después tienen una signifi cación en términos de lenguaje. La formación del acto relativo al lenguaje se distin gue del lugar donde, en cierto m odo, se almacenan los sonidos. El área de Broca se ilumina cuando alguien comienza a hablar, pero brilla igualmente si buscamos una palabra, si intentamos separar las vocales de las consonantes o si nos imaginamos rimas. Según un proceso distinto, el núcleo dorso-lateral-prefrontal elige las pala bras, mientras que la región motriz prepara su pronunciación: la palabra está sepa rada del acto asociativo. Las “ huellas mnésicas” de sonido difieren del habla.
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