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Capítulo II. Embarazo en adolescentes

2.7. Consecuencias del embarazo en adolescentes

3.1.1. Morbilidad en los adolescentes

3.1.1.4. Elementos del “Cuestionario de Estilo de Vida Promotor de la Salud”

3.1.1.4.5. Soporte interpersonal

Como soporte interpersonal, Marañon y Balcells (2002) consideran como definición conceptual, el apoyo mutuo entre dos o más personas para un fin común y la correlación de acciones para lograr un mismo propósito. Por otro lado, Walker y colaboradores (1990) contemplan como definición operacional de soporte interpersonal, a la relación que el sujeto manifiesta mantener con su familia y grupo de amigos, en cuanto a contacto físico y manifestación de emociones.

Las actitudes son fundamentales en lo referente al concepto de soporte interpersonal, éstas son una categoría psicológica compleja que se va formando como resultado de la actividad y se desarrolla a lo largo de la vida humana. De ahí la importancia de evaluar el soporte interpersonal, incluyendo las actitudes, en las adolescentes embarazadas, por ser la etapa de la adolescencia una manifestación de emociones y actitudes contendidas.

Con respecto a las actitudes, Hiebsch y Vorwerg (1998) mencionan que desde el ángulo funcional, la “actitud” es el término de la Psicología Social que equivale a un motivo. Definen la actitud como el “estado anímico-mental y neurològico de la disposición, nacido de la experiencia, y que ejerce una influencia directriz o dinámica en las reacciones individuales frente a todos los objetos y situaciones relacionadas con el estado anímico” (p. 26). En esta definición se destacan tres aspectos de la actitud: su carácter de tendencia o disposición, su carácter de aprender mediante la experiencia, y su influencia en las conductas del sujeto.

Por otro lado, y según lo mencionado por Calviño (1995), para que exista una actitud tienen que presentarse siempre tres elementos:

1. El objeto: aquello frente a lo cual se reacciona, sea material o ideal y puede ser una persona, un objeto o una situación.

2. La dirección: el signo de la actitud que va de la aceptación (+) al rechazo (-); por ejemplo: mi médico familiar me puede caer “bien” o caer “mal”.

3. La intensidad: fuerza que reviste la actitud, es decir, su magnitud. Aquí existen, a la vez, tres niveles: mínimo, medio y máximo.

Este autor señala que no debemos confundir intensidad con dirección; por ejemplo, a una persona puede parecerle desagradable (-) que fumen a su lado, pero quizás la intensidad de la actitud sea mínima, y, por tanto, acepta pacientemente que el humo le moleste.

Calviño (1995), también comenta que, estructuralmente, toda actitud está constituida por tres componentes, que son los siguientes:

1. Afectivo: aspecto central de la actitud que se refiere a los sentimientos y emociones que despiertan el objeto de actitud.

2. Cognoscitivo: ideas, información y creencias que se tienen sobre el objeto de la actitud, integradas en una organización lógica.

3. Conductual (puede estar o no presente), este componente está integrado por las tendencias de conductas que producen acciones para proteger o ayudar al objeto de la actitud, o para agredirlo, castigarlo o destruirlo.

Las actitudes surgen y se modifican a lo largo de la vida, pero en este proceso de modificación tienen mucha importancia, en cuanto a la salud, la práctica de la promoción y la prevención, por lo que se hace necesario conocer los mecanismos básicos de formación y modificación de las actitudes.

En cuanto a esto, y según lo refieren Hiebsch y Vorwerg (1998), existen cuatro mecanismos en la formación y modificación de actitudes, éstos son:

1. Imitación: las personas copian ciertos modos de conducta o reacciones de otras personas de rango social superior o de prestigio en alguna actividad social; ejemplo: el niño que imita al papá.

,2. Identificación: la persona se identifica con otro ser humano y adopta conscientemente sus disposiciones evidentes o supuestas a la reacción; ejemplo: el joven que se identifica con su líder.

3. Instrucción: la persona es instruida directamente por otra acerca de actitudes para unos u otros problemas; el saber y la conducta pueden no estar en armonía; ejemplo: el orientador de salud en cáncer que fuma para relajarse. 4. Enseñanza: consiste en inculcarle al educando modos de conducta o

reacciones que él asimile e interiorice, con vivencia emocional positiva; mayor actividad subjetiva promete mayor efectividad; ejemplo; el aprendizaje de conductas saludables en dinámicas grupales no homogéneas (fumadores y no fumadores).

Por otro lado, y abordando específicamente el área de educación en salud, Polaino (1997) ha revisado diversas categorías 'que aporta la psicología científica contemporánea para incorporarlas a la optimización de los procesos de aprendizaje

en salud. Considera que un proceso efectivo en ésta área tiene las siguientes características:

1. Aportar al sujeto un conocimiento asimilable a las condiciones intelectuales de los problemas de salud a los que puede estar expuesto y de sus posibles soluciones.

2. Programar experiencias de aprendizaje variadas, dinámicas y vivenciales. 3. Tomar en cuenta los valores, las creencias y la cultura de las personas, a la

hora de incidir en la producción e inducción de cambios en los conocimientos, actitudes y práctica de las personas frente a la salud.

4. Como característica final de todo esto, se espera se refleje un incremento de la calidad de vida en los sujetos.

Para este autor, un correcto proceso educativo debe entenderse esencialmente como, una programación de oportunidades de aprendizaje de muy diversa índole (información, modelamiento, entrenamiento, capacitación) y que este proceso no puede lograrse solamente a partir de la transmisión de información, ya que, obviando, se debe contemplar el papel de los aspectos psicológicos, además de involucrar procesos que propicien la autorregulación y favorezcan el proceso de adopción de precauciones.