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EL SURGIMIENTO DE LA TOLERANCIA

In document La estética de Shaftesbury (página 68-78)

CONTEXTO CULTURAL Y POLÍTICO

EL SURGIMIENTO DE LA TOLERANCIA

Las guerras civiles habían asegurado en Inglaterra ciertas prerrogativas consideradas fundamentales y que el Parlamento no podía rechazar en modo alguno, siendo la inviolabilidad de la conciencia la principal de ellas. Estos fundamentos se incorporaron de modo claro al Instrument of Government, requiriéndosele a cada miembro del Parlamento, como condición de ingreso, reconocer este hecho y comprometerse a no alterarlo. Cromwell, en una proclamación de fecha 15 de febrero de 1655, estableció necesario aceptar que la misericordia suprema de Dios con Inglaterra había consistido en lograr esta libertad religiosa. Ningún político moderno superó a Cromwell en su enfrentamiento con las grandes dificultades de su época para conseguir el establecimiento de las libertades religiosas.

Fue Cromwell quien, estableciendo una tolerancia administrativa, intentó educar a Inglaterra inculcándole una libertad religiosa, y poniendo, así, en práctica lo que Milton había pedido que se hiciera en su Aeropagitica. En la misma línea, John Goodwin fue el primer pensador inglés que se hizo notable por defender la separación de funciones entre Iglesia y Estado. Chillingworth conmovió también el espíritu de su época con las siguientes palabras: “Dejad de perseguir, quemar, maldecir y condenar a los hombres que no acepten las palabras humanas como si fueran las de Dios”. Richard Baxter fue testigo de los grandes beneficios de la tolerancia que el Protector había impuesto, casi a la fuerza, sobre la nación: el pensamiento y punto de vista de Baxter se habían configurado dentro de la mayor atmósfera de pensamiento que acompañó al colapso de la autoridad eclesiástica en Inglaterra.

Cuando, más tarde, Locke escribió sus cartas sobre la tolerancia, resumió así las convicciones que expresaban el amor apasionado por la verdad, y el odio por la tiranía, que sintieron los grandes hombres que le precedieron.

Thomas Hobbes (1588-1679) representa una de las principales figuras en esta época de guerras civiles, revoluciones e intento de establecer la tolerancia. El contexto histórico que vive Hobbes, así como las experiencias políticas que había experimentado, le hicieron ser testigo de uno de los peores momentos de la democracia. Hobbes “cuando vio venir la guerra civil se dirigió a Francia”150, exilándose allí y haciendo así coherente su idea de que el ser humano teme a la muerte. Una idea parecida fue también el origen de su rechazo a la religión, pues, según indica Shaftesbury, “la misma época le infundió el mismo terror en este otro aspecto. Ante sus ojos no existía otra cosa que los estragos del entusiasmo y el artificio de quienes originaron y guiaron este espíritu”151. Hobbes critica así las dos teorías que en la Inglaterra de su época estaban teniendo lugar, el origen del derecho divino de los reyes, basado en las Sagradas Escrituras, que tenía como precedente histórico al rey David, y la teoría, proveniente de la Historia, que establece la dependencia del Soberano de los Lores y los Comunes. Hobbes no invoca ninguna de estas dos fuentes: “rompe con toda la discusión al apelar a un nuevo método, tomado de Galileo, que le permitirá no sólo comprender los elementos de la vida social, sino estimar el valor de las invocaciones a la Historia y a las Sagradas Escrituras”152.

¿En qué consiste este método? El método consiste en la resolución de cualquier situación compleja en sus elementos simples y lógicamente primitivos, y en la posterior

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Macintyre, A., Historia de la Ética, editorial Paidós, Buenos Aires, 1970, p. 139.

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Shaftesbury, Characteristics, 1900, I, pp. 61-62.

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utilización de estos elementos simples para mostrar cómo la situación compleja puede reconstruirse. Así se habrá mostrado cómo la situación se construye de hecho. ¿Y qué encontramos cuando la sociedad se resuelve en sus elementos simples? Una colección de individuos, cada uno de los cuales constituye un sistema cuyo fin es la conservación de sí mismo. Los móviles humanos fundamentales son el deseo de dominio y el deseo de evitar la muerte: “Los hombres desde su mismo nacimiento, y por naturaleza, luchan denodadamente por todo lo que ambicionan y, si pudieran, harían que todo el mundo les temiera y obedeciera”153.

Según Hobbes, antes de existir la sociedad tuvo lugar una lucha de todos contra todos que hizo insoportable la convivencia. Al parecer, la enemistad y desconfianza que existía en su mundo cultural le influyen al determinar el origen de la sociedad en la teoría del pacto y su consiguiente convencionalidad originada en el egoísmo individual, rompiendo así la tradición aristotélica de la naturaleza social del hombre. De este modo, afirma que la cultura es algo que se logra a partir de la barbarie. Todo esto es consecuencia del pensamiento de Hobbes, según el cual no existe nada natural ni innato en el hombre que le haga amar la religión, la moral, o lo que le trascienda, como por ejemplo la sociedad.

Sin embargo, Shaftesbury, menos pesimista, no acepta el origen meramente convencional de la sociedad, basado estrictamente en el egoísmo, porque cree que hay un impulso natural en el hombre que le lleva a asociarse con sinceridad y buena intención. Afirma que Hobbes muestra en su obra el mismo principio que intenta rechazar, demostrando así que sentía un espíritu público que él mismo no estaría dispuesto a reconocer: “¿Es posible que alguien que realmente ha descubierto tal cosa se moleste en comunicar tal descubrimiento?”154

Según Shaftesbury, el estado de naturaleza que propone Hobbes es una condición teórica, un principio metafísico, pero ¿es una hipótesis útil? : “Si hubiera existido alguna vez en la naturaleza, no habría durado lo más mínimo, no hubiera podido tolerarse en modo alguno ni habría sido suficiente para conservar la raza humana. Tal condición no puede considerarse que constituya verdaderamente un estado. Porque, qué pasaría si, hablando de un niño que acaba de venir al mundo, y en el momento de nacer, yo me aventurase a denominar esto un estado, ¿sería apropiado decir algo semejante?”155.

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Hobbes, T., Collections. The English Works of Thomas Hobbes, now first collected and edited by Sir W. Molesworth, 11 Vols., Londres, 1839-45, Vol. VII, p. 73.

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Shaftesbury, Characteristics, 1900, I, 61-62.

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Shaftesbury responde que no. Empíricamente no tenemos ningún tipo de evidencia de que tal estado existiese en alguna ocasión, y teóricamente, como pre-condición de la naturaleza social actual del hombre, resulta insatisfactorio. Si tal estado hubiera existido en alguna ocasión según lo describe Hobbes, no habría sido verdaderamente humano. Se habría tratado de otra especie que todavía no se habría desarrollado en hombre156.

Shaftesbury critica el concepto de “estado” propuesto por Hobbes, y el uso que éste hace de la palabra natural. Según Shaftesbury, si existiese un grupo de animales que se pareciesen al hombre y viviera aislado de cualquier tipo de sociedad, sin lenguaje y sin arte, éstos no podrían considerarse hombres, pues estos rasgos son las características naturales que le definen como tal. El huevo humano o embrión no es, según Shaftesbury, totalmente humano por estas mismas razones157.

Hablando empírica e históricamente, no existe ningún tiempo real que haya sido determinado con toda precisión y que constituya “el estado de naturaleza” del hombre. La investigación científica revela que todas las criaturas parecidas al hombre muestran características sociales. Es evidente que todas estas criaturas, en especial el hombre, no podrían haber sobrevivido si no hubiera sido por sus instintos sociales originales. Hobbes queda así refutado pues, según él, el hombre no era un animal social en el “estado de naturaleza”. Shaftesbury se muestra, por tanto, partidario de lo que podría denominarse como la hipótesis evolutiva: parece que existe efectivamente algún tipo de principio directivo que funciona en los hombres y en la sociedad, y su desarrollo demuestra en todo lugar la existencia de un propósito, orden y progreso. Naturaleza significa para Shaftesbury casi lo mismo que para Aristóteles, esto es, la lucha para realizar formas apropiadas. El hombre está obligado interiormente a procurar la sociedad, y esta autoconservación depende de este mismo impulso.

Aunque en algunos aspectos Shaftesbury alaba a Hobbes, en lo concerniente a su ignorancia referente a la historia natural no puede sino criticarle. Según Shaftesbury: “Estoy sinceramente de acuerdo con quienes transforman la naturaleza humana y, considerándola de un modo abstracto y separada del gobierno o de la sociedad, la representan con caras monstruosas de dragones, leviatanes y no sé qué más criaturas devoradoras. Deberían haber expresado su gran máxima de un modo más apropiado. Pues, decir en descrédito del hombre

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Ibidem. 157

que ‘es como un lobo para el hombre’ parece algo absurdo cuando consideramos que los lobos son para los lobos unas criaturas muy amables y cariñosas”158.

Según Hobbes, para conseguir seguridad y evitar la desaparición de la especie, el hombre intenta sustituir el status naturae por un status civilis, mediante un convenio en que cada uno transfiere su derecho al Estado. Al despojarse los hombres de su poder, lo asume íntegramente el Estado que manda sin limitación; es una máquina poderosa, un monstruo que devora a los individuos y ante el cual no hay ninguna otra instancia. Hobbes no encuentra nombre mejor que el de la gran bestia bíblica: Leviatán, esto es, el Estado, superior a todo, como un dios mortal.

El estado de Hobbes lo decide todo, no solo la política, sino también la moral y la religión: si ésta no está reconocida por él, no es más que superstición. Este sistema, agudo y profundo en muchos puntos, representa la concepción autoritaria y absolutista del Estado, fundada a la vez en el principio de igualdad y en un total pesimismo respecto a la naturaleza humana. Aunque Hobbes habla a veces de Dios, se siente en el fondo ateo. Frente a las ideas de espiritualidad y libertad, el sistema político de Hobbes está dominado por el mecanismo naturalista y la afirmación del poder omnímodo del Estado.

John Locke (1632-1704), aunque mantiene el esquema contractual de la sociedad, lo fundamenta en unos fines diferentes: la visión optimista del hombre y los fines de cooperación para el bienestar, defendiendo consiguientemente un gobierno suave no intervencionista de donde surgirá el “dejar pasar” y “dejar hacer” del liberalismo económico inglés, y que influirá posteriormente en Adam Smith en el siglo XVIII.

La influencia que Locke ejerce en Shaftesbury es muy importante. Locke surge en la vida de Shaftesbury a través de su abuelo a quien Locke le había aconsejado una operación con éxito, y que hizo que el Primer Conde de Shaftesbury (1621-1683) convenciera a Locke para que abandonara sus estudios de medicina en la Universidad y estudiara asuntos religiosos y civiles. Le convenció también para que se fuera a vivir con ellos a su residencia, convirtiéndose así en médico de la familia y en profesor del padre de Shaftesbury, y posteriormente de Shaftesbury y de sus hermanos159. En casa de Ashley se convirtió en filósofo y economista así como en un médico virtuoso, y parte de todo este logro suyo debe agradecérselo al pequeño y feo noble que fue su patrón y anfitrión160. La confianza que le tenía Shaftesbury era tan grande como para pedirle que le buscara esposa, cosa que hizo con

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Ibid., p. 232. 159

Rand, B., Philosophical Regimen, “Letter to Jean Le Clerc”, p. 332.

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éxito, así como una profesora de latín y griego que le enseñó profundamente el dominio y cultura de las lenguas clásicas.

Locke y Shaftesbury representan en la tradición filosófica inglesa a dos pensadores cuyas filosofías rechazan el innatismo. Locke rechaza el innatismo y argumenta que si éste fuera cierto niños e idiotas tendrían desde el momento que nacen un conocimiento de aquellos principios que se supone trae el alma desde el momento de nacer161. Contra quienes afirman que la razón es la facultad capaz de descubrir estos principios, Locke afirma que “la razón es sólo la facultad de deducir verdades desconocidas a partir de principios o proposiciones ya conocidas”162. Shaftesbury rechaza la artificialidad del concepto de innatismo que presenta y rechaza Locke, aunque ambos pensadores opinan que los hombres aprenden de modo efectivo utilizando sus facultades naturales, afirmando ambos la existencia de ciertas verdades autoevidentes aunque no se haya nacido realmente con ellas en la mente.

Según Locke, existen principios de acciones asentados en los apetitos de los hombres, pero estos principios no son morales, porque si se indagara más en ellos se vería que conducen a la inmoralidad. Afirma, así, que la única ley original que existe en los hombres es la certeza del miedo al castigo por actuar erróneamente163. Shaftesbury rechaza esta teoría, pues según él todo lo que venga del exterior es artificial y dogmático, afirmando que el hombre no necesita que le coaccionen para ser bueno. Shaftesbury creció confiando en los ideales clásicos, especialmente en Cicerón y en los estoicos. Esperó, por respeto, a que falleciera su preceptor Locke para declarar públicamente que “la psicología empírica de Locke era tan peligrosa para la moral como el materialismo de Hobbes”164.

En el siglo XVIII, quienes defendían a Hobbes afirmaban que la intención de éste era sustituir la ley natural por el derecho positivo o ley del magistrado. Los escritores ingleses que reflexionaban sobre el problema de la ley natural lo hacían basando sus ideas en las inclinaciones sociales del hombre, no en las reales sino en las potenciales, y esta sería la línea de pensamiento que heredarían en primer lugar los Platónicos de Cambridge165 y en segundo

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Según Locke, el innatismo defiende la existencia de “algunas nociones primarias... caracteres, por así decirlo, impresos en la mente del hombre, que el alma recibe en su primer ser y trae al mundo consigo”. John Locke,

Essay Concerning Human Understanding, Libro I, “Neither Principles nor Ideas Innate”, Nueva York: Dover

Publications, Inc., 1959, Capit. I, Apart. I y Apart. 5. Edición británica: An Essay concerning Human

Understanding, edited with a foreword by Peter H. Nidditch, Clarendon Press, Oxford University Press,

1975, edición de 1988. 162 Ibid., Apart. 9. 163 Ibid., Apart. 13. 164

Voitle, R., The Third Earl of Shaftesbury (1671-1713), Louisiana State University Press, 1984, p. 651.

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“El espíritu del hombre es la antorcha del Señor que busca todas las partes interiores de su vientre”. De Pauley, Rev. W. G., The Candle of the Lord, published for the Church Historical Society, Londres. Society

lugar Shaftesbury. De este modo, cuando los humanistas del siglo XVIII estudiaban y hablaban de la naturaleza, se referían casi siempre a la naturaleza humana, denominando al hombre como el espejo o microcosmos del todo.

Hobbes pensaba que el hombre era un animal egoísta que sólo perseguía beneficiarse. Shaftesbury, influenciado por Locke, intentó implantar unas bases humanistas para la ética que fueran independientes de toda Revelación y constricción exterior, pues Hobbes al hacer al hombre completamente egoísta, no sólo destruía las bases de la ética, sino que hizo dudar respecto a la bondad de la creación y de Dios, a cuya imagen está hecho el hombre. Afirmaba, por tanto, que el sentimentalismo en ética no hace referencia al hombre que se extasía o llora, sino al hombre que “no necesita convertirse en un tirano de sí mismo coaccionándose para ser bueno”166.

Las diferencias existentes entre Locke y Shaftesbury son bastante pequeñas si las comparamos con las semejanzas que les unen. Exceptuando que Locke atribuía el genio de la naturaleza a un Dios cristiano, su descripción de la correspondencia entre la mente del hombre y la naturaleza es notablemente parecida a la de Shaftesbury. Locke rechaza la existencia de un sentido moral interno, aunque afirma la existencia de una ley moral suprema que hace de norma permanente para los hombres. Aunque el origen es Dios, forma parte de la naturaleza reaccionando la mente de los hombres de forma positiva o negativa (obligaciones y pecados). La intención de Locke no es tratar los fundamentos de la moralidad verdadera necesaria para alcanzar la felicidad verdadera y perfecta, sino demostrar más bien de dónde ha obtenido el hombre sus ideas morales.

Locke afirma que la autoevidencia de la verdad de ciertos principios es algo que se conoce por intuición y por medio de la razón. La mente percibe el acuerdo o desacuerdo de ciertas ideas de modo inmediato, por ejemplo, las verdades matemáticas, y el ejercicio de la razón es un prerrequisito para ello. Sin embargo, la autoevidencia no constituye las bases del innatismo, aunque puede llegarse a un acuerdo público o social en cuanto a la verdad o certeza de ciertos tipos de conocimiento. De este modo, Locke afirma que las verdades especulativas se conocen por intuición, y las verdades morales, por deducción, pero que para esto último se requiere el razonamiento y el discurso, y su descubrimiento implica una tediosa aplicación de la mente. Locke no cuestiona su existencia o verdad, sino que afirma que hay for promoting Christian Knowledge. Nueva York: The Macmillan company, 1937, first published, 1937. Printed in Great Britain by T. and A. Constable Ltd. at the University Press, Edimburgo. Cita introductoria al libro que sería lema de los Platónicos de Cambridge y que aparece en Proverbios XX.

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Bernstein, J. A., Shaftesbury, Rousseau, and Kant - An Introduction to the Conflict between Aesthetic and

Moral Values in Modern Thought, Londres y Toronto: Associated University Press, Printed in the United

que examinarla continuamente, pues la razón es una actividad y el conocimiento de la moral depende de ello. Critica así a quienes en cualquier momento de su reflexión se detienen y no se plantean nada más, tachándoles de vagos y perezosos.

Shaftesbury resume toda la controversia sobre el innatismo en una de sus cartas a Michael Ainsworth, joven a su servicio y a quién envió a la Universidad de Oxford costeándole sus estudios. Propone la palabra connatural afirmando que lo crucial no es cuándo entraron en la mente humana ciertas ideas, principios o predisposiciones; lo importante es si tales ideas son naturales y comunes a todos los hombres sin importar el momento en el que entraron en la mente. Acusa a Locke de quebrantar todos los fundamentos de la moral, arrojando fuera del mundo todo orden y virtud, y haciendo que su idea, que son las mismas ideas de Dios, no fuese natural y no tuviese ningún fundamento en nuestras mentes: “Innato es una palabra que se usa poco; la palabra adecuada, aunque menos utilizada, es connatural”167. Porque, ¿qué tiene que ver el nacimiento o evolución del feto fuera de la matriz? El problema no trata de cuándo entraron las ideas, o el momento cuando un cuerpo salió de otro, sino que lo importante es establecer si la constitución del hombre es tal que, en un momento u otro, tarde o temprano sin importar cuándo, surgen en él de modo infalible y necesario las ideas y sentido del orden, administración y de un Dios.

Según Locke y Shaftesbury, la mente está, por tanto, estructurada para recibir y rechazar ciertas nociones, y para reconocer la verdad y la falsedad. Esta estructura es común y natural a todos los hombres. Locke no especifica qué ideas nos atraen y qué ideas no nos atraen. Shaftesbury está convencido que las ideas morales y estéticas se hallan entre las que, finalmente y a través de una serie de procesos irreflexivos y reflexivos, reconocemos como

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