D. La Ley del Antiguo Testamento en la Era del Nuevo Testamento
12. Los temas éticos del Nuevo Testamento
LOS TEMAS ETICOS DEL
NUEVO TESTAMENTO APOYAN LA LEY ---
"La presuposición de los autores del Nuevo Testa- mento es continua y consistentemente que la Ley del Antiguo Testamento es válida para hoy.'‛
--- El Nuevo Testamento utiliza un gran número de expresiones y conceptos cuando comunica la instrucción moral al pueblo de Dios―tanto así que un breve estudio no los puede mencionar a todos. La variedad de temas hallados en la ética del Nuevo Testa- mento nos ayuda a confirmar en nuestros corazones el mensaje y demanda de Dios. Cubre nuestra obligación moral desde muchas perspectivas, ofrece muchísimos modelos y motivaciones para una forma correcta de vida, y nos ayuda a producir y mantener en nosotros la madurez ética.
No obstante, la gran variedad de temas éticas no implica una gran diversidad correspondiente de demandas conflictivas. Dios es consistente y no cambia (Malaquias 3:6); en Él no hay varia- ción ni mudanza (Santiago 1:17). Su Palabra no se equivoca, diciendo "sí" desde una perspectiva pero "no" desde otra (2a a los Corintios 1:18; véase Mateo 5:37). Por lo tanto, Sus principios de conducta no se contradicen, aprobando o condenando las mis- mas cosas, dependiendo de que tema estamos considerando en la ética neo-testamentaria. El Señor nos prohíbe seguir autori- 75
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dades conflictivas (Mateo 6:24) y requiere que nuestra conducta en el mundo refleje "sinceridad piadosa" ― es decir, una actitud no mezclada y una unidad de mente o juicio (2a a los Corintios 1:12), De este modo la instrucción ética del Nuevo Testamento nos muestra una diversidad en expresión pero una unidad en obli- gación. Esto solamente indica que los varios temas morales del Nuevo Testamento están en armonía los unos con los otros. En la medida que revisamos algunos de estos temas neo testamentarios, será significativo nota: como presuponen consistentemente o propa - gan explícitamente el estándar de la Ley del Antiguo Testamento ― la cual, dado el Carácter inmutable de Dios y la consistencia de Su estándar ético, no es nada sorprendente. La Ley de Dios está entretejida a través de los temas éticos del Nuevo Testamento. La Justicia del Reino
La demanda central de Jesús en el sermón del monte es la de una justicia digna del reino de Dios. La justicia y el reino de Dios están íntimamente relacionados: la persecución por amor a la justicia es recompensado en el reino (Mateo 5:10), y el Señor requiere de una justicia que exceda la de los escribas y los fariseos para entrar en el reino (Mateo 5:20). Tal como Moisés entregó un pronunciamiento divino desde el monte, al cual declara el estándar de Dios acerca de la justicia, así también Jesús habla desde el monte acerca del requisito de Dios hacia la justicia, confirmando cada detalle; hasta el mandamiento mas pequeño del Antiguo Testamento (Mateo 5:19). Él proclamó, ";Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia!" (Mateo 6:33). ¿Cómo se puede alcanzar tal justicia basada en el reino? Jesús explicó en la oración del Padre Nuestro: cuando pedimos "Venga tu reino," estamos orando “Hágase tu voluntad, como en el ciclo, así también en la tierra” (Mateo 6:10). El hacer la voluntad de Dios, la cual Jesús encontró en la Ley del Antiguo Testamento, es crucial al tema del Nuevo Testamento relacionado con la justicia del reino.
Dios es representado en el Nuevo Testamento como un Dios de justicia (Juan 17:25), y el fruto que Él produce en la gente es
Las Temas Éticos del Nuevo Testamento Apoyan la Ley 77 de justicia (Efesios 5:9). "Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él" (1a de Juan 2:29), y "todo aquel que no hace justicia no es de Dios (1a de Juan 3:10). Como dice Pablo, no debemos dejamos engañar: "los injustos no heredaián el reino de Dios," y como ejemplos de los injustos él pone en lista los violadores de la Ley de Dios (1a a los Corintios 6:9-10). Se requiere, pues la justicia del reino, a todos los creyen - tes. "Sigue la justicia" puede servirle a Pablo como un breve re- sumen del deber moral de Timoteo (la a Timoteo 6:11).
Pero, ¿dońde se encuentra el carácter de esta justicia del reino para los escritores del Nuevo Testamento? ¿Que requiere tal justicia en cuanto a conducta y actitud? Pablo le dice a Timoteo que una "instrucción en justicia" totalmente suficiente se encuen- tra en cada escritura del Antiguo Testamento (2a a Timoteo 3:16· 17), por lo tanto la Ley de Dios encontrada allí esta incluida. De hecho, hablando de la Ley del Antiguo Testamento, Pablo declara categóricamente que "la ley es. . . justa" (Romanos 7:12). La justicia del reino, por lo tanto, no se puede comprender como contraria a los mandamientos justos del Rey. En la perspectiva de Pablo son los, "hacedores de la ley" los que serán justificados (Romanos 2:13).
La justicia en el Nuevo Testamento está absolutamente divor― ciada de la infracción de la ley (la palabra griega para "iniquidad,” (2a a los Corintios 6:14). El amar la justicia es precisamente odiar la infracción de la Ley (Hebreos 1:9). Los que desean practicar la justicia del reino de Dios según el entendimiento de la ética del Nuevo Testamento no pueden descartar ni despreciar la Ley de Dios. Eso incluye, como hemos visto, todos los mandamientos de todas las escrituras del Antiguo Testamento — "la rectitud" no por- mite ninguna desviación dc los mandamientos de la Ley de Dios (véase Deuteronomio 6:25).
El Camino de la Justicia
En su segunda epístola, Pedro describe al cristianismo del Nuevo Testamento como “el camino de la justicia" (2:21). "El camino” fue un titulo temprano para la fe cristiana (por ejemplo,
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Hechos 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:22), que se originó probablemente en la declaración propia de Cristo de que Él era "el camino" (Juan 14:5). La expresión es adaptada a través del Nuevo Testamento, donde leemos acerca del "camino de salvación" (Hechos 16:17), "el camino de Dios" (Mateo 22:16; Hechos 18:26), “el camino del Señor" (Hechos 13:10), “el camino de la paz" (Lucas 1:79; Roma- nos 3:17), “el camino de la verdad" (2a de Pedro 2:2), y "el camino justo" (2a de Pedro 2:15). Sin embargo, la terminología distintiva de 2a de Pedro 2:21 es "el camino de la Justicia," y Pedro usa en este versículo la frase "el santo mandamiento“ como intercambiable con ella. Los que profesan ser cristianos que conocen el camino de la justicia y luego se alejan del santo mandamiento son apósta- tas. Michael Green dice en su comentario sobre este versículo que esta es una "inferencia justa del texto considerar que la primera etapa en su apostasía fue el rechazo de la categoría de la Ley ... El rechazo de la Ley de Dios es la primera etapa del rechazo de Dios, porque Dios es un ser moral." 1 El "camino de la justicia" describe el reino verdadero de Dios en el Nuevo Testamento. Así que, el cristianismo del Nuevo Testamento no puede ser puesto en pugna con la Ley de Dios, en oposición a Sus principios, porque tal oposición significaría alejarse del santo mandamiento entregado por nuestro Señor y Salvador (véase 2a de Pedro 3:2). Cristo mismo habló del "camino de justicia" con respecto
al ministerio y mensaje de Juan el Bautista: “Vino a vosotros Juan en camino de justicia" (Mateo 21:32). Desde luego Juan era pre-eminentemente un predicado justo que pertenecía a la era de la Ley y los profetas (Mateo 11:11, 13). Proclamó que la venida del reino de Dios demandaba el arrepentimiento (Mateo 3:2), la confesión de pecado (3:6), y la producción del buen fruto digno del arrepentimiento (3:8, 10). Como el último predicador en la era de la Ley y los profetas (y precursor del Señor), debe ser obvio lo que haya sido el estándar de pecado, arrepentimiento, y buen fruto para Juan y sus oyentes—la Ley de Dios. Confirmación de
1. Michael Green, The Second Epistle of Peter and the Epistle of Jude, Tyndale New Testament Commentaries, ed. R.V.G. Tasker (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1968), pag. 120,
Los Temas Éticos del Nuevo Testamento Apoyan la Ley 79 eso se encuentra en los detalles de su predicación donde los
requisitos de la Ley de Dios fueron explicados (Lucas 3:10-14, 19; Marcos 6:18).
Juan vino por el “camino de la justicia,” poniendo en práctica la Ley de Dios. Esto era lo único que se podía esperar de uno que llenó las expectaciones como el Elías que había de venir para restaurar todas las cosas (Mateo 11:14; 17:10-13). El mensaje angelical del nacimiento venidero de Juan aclara que el ministerio de Elías que Juan haría, sería según el modelo de la profecía de Malaquias: "Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual en- cargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel, He aquí,
yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible" (Malaquías 4:4-5, véase v. 6 con Lucas 1:17). La
predicación de Juan en "el camino de la justicia" no fue en lo mas mínimo antagónica a la Ley del Señor del Antiguo Testamento. De la misma manera, los que pertenecen al “camino de la justicia" hoy en día deben reconocer el lugar importante que la Ley de Dios tiene en la ética Cristiana.
Desde luego, ya sea que consideremos la justicia del reino de Dios o el camino de la justicia, debemos enfocar nuestra atención en Dios Mismo como el modelo de toda justicia. Los fieles descri- tos en Apocalipsis 15 quienes han tenido la victoria sobre la bestia están representados como cantando al Señor, “justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos” (v. 3). Los que ensalzan la justicia de Dios en este caso son creyentes que resisten el intento de la bestia para sustituir la Ley de Dios por su propia Ley (véase Apocalipsis 13:16 y Deuteronomio 6:8), y el canto que ellos cantan es llamado "el cántico de Moisés siervo de Dios" — una frase que refleja Josué 22:5, “Solamente que con diligencia cuidéis de cum- plir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma." La justicia de Dios se expresa en Su Ley. Por ende, tanto la justicia del reino demandada por Cristo y los apóstoles como el "camino de justicia" que abarca la fe cristiana presupone y aplica
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la Ley de Dios. Cada vez que estos temas aparecen en la ética del Nuevo Testamento, expresan la norma de los mandamientos de Dios como fundadas a través del Antiguo Testamento. Tal fue la comprensión de los escritores mismos del Nuevo Testamento. Santidad y Santificación
Un concepto bíblica estrechamente relacionado con este de la justicia es el concepto de la santidad y la santificación. Mientras el primero destaca la conformidad recta con un estándar de la perfección moral, el otro recalca la separación total de
impureza moral. Sin embargo, la norma para ambos es igual en la Escritura. Un injusto no puede ser considerado santo, y una persona no santa no se verá como justo.
Sobre todo, Dios es el "Santo" (1a de Juan 2:20; como aplicado, a Cristo, Marcos 1:24; Juan 6:69; Hechos 3:14; Apocalipsis 3:7). Cuando El nos salva y nos trae a Sí Mismo, nos hace santos -- es decir, nos "santifica" ― también. Fuimos elegidos en Cristo antes de la fundación del mundo "para que fuésemos santos y sin mancha" (Efesios 1:4); desde el principio Dios nos eligió para que fuesemos salvos al creer en la verdad y en la santidad (santifi- cación) producido por el Espíritu Santo (2a a los Tesalonicenses 2:13). Por medio de Su propio sacrificio y la obra dc reconcilia ción ganada por Su muerte (Hebreos 10:14; Colosenses 1:22), Cristo santifica la Iglesia, dedicándose a presentarla como santa y sin mancha delante de Dios (Efesios 5:26-27). Es Dios quien santifca (1a a los Tesalonicenses 5:23), especialmente por medio del ministerio del Espíritu Santo en nosotros (1a de Pe. 1:2). Así que, la santidad es un tema ético importante del Nueve Testamento. Dios llama a los creyentes precisamente para ser "santos" (Romanos 1:7; 1a a los Corintios 1:2). Los cristianos de una localidad o iglesia particular se suelen designar como los
“santos" de Dios (Hechos 9:13, 32; Romanos 15:25; 2a a los Corin- tios 1:1; Filipenses 4:22); el Espíritu Santo hace intercesión por estos santos (Romanos 8:27), y Dios manifesta Sus misterios a ellos (Colosenses 1:26), y nosotros hemos de mostrar actus de amor hacia ellos (Colosenses 1:4; Romanos 12:13; Hebreos 6:10;
Las Temas Éticos del Nuevo Testamento Apoyan la Ley 81 1a a Timoteo 5:10). Ellos son los elegidos, redimidos, y llamados a ser “santificados," a saber, aportador, consagrados al servicio de Dios, o santos ante Él.
La inclusión de los gentiles en el reino redentor de Dios
significa que ellos han llegado a ser “conciudadanos de los santos" (Efesios 2:19) de la "ciudadanía de Israel" (2:12). Por ende, la Iglesia se constituye de los santificados en Cristo Jesús y llamados a ser los “santos" (1a a los Corintios 1:2). Los cristianos son los “hermanos santos” (Hebreos 3:1), un "templo santo de Dios" (la a los Corintios 3:17; Efesios 2:21), vasos de honor limpios, “santiliea- dos, útiles al Señor" y listos para toda buena obra (2a a Timoteo 2:21).
Todo concepto de la ética del Nuevo Testamento que esquiva la santidad o sostiene cualquiera cosa contraria a ella está opuesto diametralmente al texto de la Palabra de Dios. La santidad de
vida es un requisito ineludible para el pueblo de Dios. Deben presen- tar sus cuerpos como sacrificios santos (Romanos 12:1) y sus miembros como siervos de justicia para santificación (Romanos 6:19). Dios les ha llamado a la santidad en vez de a la inmundicia (la a los Tesalonicenses 4:7) y les ha libertado del pecado para que puedan producir fruto de Santidad (Romanos 6:22). Como creyentes debemos permanecer con nuestros corazones irreprensibles en santidad delante de Dios (1a a los Tesalonicenses 3:13) y asegurar que nuestra conducta en el mundo sea basada en la santidad (2a a Corintios 1:12). Dondequiera que miramos en el Nuevo Testamento, el tema ética de la santidad sigue reapare- ciendo; su demanda es constante. La emocionante exhortación de Pablo resume bien esta demanda: “limpiémonos de toda con- taminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2a a los Corintios 7:1).
¿Cuál es el carácter de esta santidad para que el Nuevo Testa— mento lo tenga como un tema moral tan preveniente? ¿Por medio de cuál regla se mide la santidad y dónde Se encuentra la guía concreta de la santidad? La realidad de que los cristianos han de ser santos está declarado con tanta frecuencia en el Nuevo Testa- mento que debemos presuponer ciertamente que la norma o criterio
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de la santidad ya era bien conocida; no hace falta decir mucho para explicar a los lectores del Nuevo Testamento lo que esta santidad requiere. La sugerencia de que los estándares de moralidad del Antiguo Testamento ya definían lo suficiente la santidad que Dios deseaba de Su pueblo es ineludible. Hebreos 12:10 indica que Dios nos castiga para que lleguemos a ser "partícipes de su san- tidad,” y por eso la santidad del Nuevo Testamento es nada menos que un reflejo del carácter de Dios a nivel de creatura. ¿Como, siendo nosotros pecadores de pensamiento, palabra, y acción podemos llegar a saber lo que la santidad de Dios requiere de nosotros? Pedro aclara lo que es implícito en el tema de la santidad a través de todo el Nuevo Testamento cuando escribe, "como aquel que os llamó os santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed Santos, porque yo soy santo" (1a de Pedro 1:15-16). En estos versículos Pedro reproduce la Ley del Antiguo Testamento de pasajes como Levítico 11:44-45; 19:2, y 20:7, donde es aparente que el pueblo de Dios se santificaría y seria santo siguiendo todos los estatutos de la Ley revelada de Dios. Seguramente, Cristo incluía el Antiguo Testamento en Su referencia, cuando Él oró que Su pueblo sea santificado por Su Palabra de verdad (Juan 17:17). De cierto, Pablo dice explícitamente que la Ley del Antiguo Testamento es nuestro estándar de santidad actual tal como lo era para los santos de Israel: "De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Romanos 7:12). En el libro de Apocalipsis, Juan no deja duda alguna acerca del lugar que ocupa la Ley de Dios en la santidad del pueblo de Dios. Él define a los “santos" precisamente como "los que guardan los mandamientos de Dios y la le de Jesús" (14:12; véase 12:17), En la teología moral de Jesús, Pedro, Pablo, y Juan, el con- cepto de la santidad se ajusta explícitamente a la Ley de Dios fundada en la Palabra de verdad del Antiguo Testamento. Por lo tanto, nosotros vemos una vez mas que la ética del Nuevo Testa- mento no se puede poner en pugna contra la Ley de Dios sin dañar el tema central de las Escrituras del Nuevo Testamento.
Las Temas Éticos del Nueva Testamento Apoyan la Ley 83 La Separación del Mundo
Otra tema ético del Nuevo Testamento, uno que está estre- chamente vinculado con el de la santidad (el separarnos hacia Dios y lejos de toda profanación), es el tema de la separación del mundo. Desde luego, esto no denota un deseo de retirarse de los asuntos de la vida o la sociedad de los hombres: Cristo hizo esto abundantemente claro al orar por nosotros de este modo: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (o del malo)” (Juan 17:15).
Cuando el Nuevo Testamento habla de la separación del mundo, el termino "mundo" se refiere a la condición ética de rebelión pecaminosa contra Dios. La "corriente de este mundo" es satánica y hace que uno sea un hijo desobediente de ira (Efesios 2:2-3). "La amistad del mundo es enemistad contra Dios," dice Santiago (4:4), y por lo tanto “la religión verdadera es guardarse sin mancha del mundo" (1:27). El "mundo" se entiende como el lugar central de corrupción y contaminación (2a de Pedro 1:4; 2:20). Juan lo expresa dramática y claramente cuando dice, "el mundo entero está bajo el maligno" (la de Juan 5:19) —como También el evangelio muestra continuamente que "el mundo” se sobrentiende como el imperio de desobediencia, incredulidad, y oscuridad ética (Juan 1:29; 3:17, 19; 4:42; 6:33, 51; 8:12; 9:5; 12:46, 47; 16:8). Juan dice en otro lugar que "todo lo que hay en el mundo" es "el deseo de los ojos, y la vanagloria de la vida" (1a de Juan 2:15-17),
Hebreos 12:14 nos exhorta a "Seguid. . . la santidad, sin la cual nadie verá al Señor,” indicando que los que son aceptables a Dios deben ser “apartados" (santificados) para El y "separados“ de ls contaminación pecaminosa del mundo. Esto implica la limpieza de toda contaminación (2a a los Corintios 7:1), que conduce a una vida sin mancha (2a de Pedro 3:14) —— un lenguaje evocativo de la pureza y leyes sacrifícales del Antiguo Testamento. Segunda de Timoteo 2: 19 resume el tema neo testamentario de la separación del mundo: "Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nom- bre de Cristo."
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¿Cómo se hace esto? ¿Cuál es la naturaleza de tal separación de injusticia y contaminación? ¿Según cuál estándar se separa el creyente del Nuevo Testamento “del mundo"? Santiago nos ins- truye que la Palabra de Dios ― lo que para Santiago seguramente incluía las Escrituras del Antiguo Testamento de su tiempo ― es lo principal de esta separación ética: “. . . desechando toda inmun- dicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la pala- bra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (1:2l-22). Nosotros podemos desechar los vicios y contaminaciones mundanos al hacer lo que la Palabra de Dios indica,