Como hemos afirmado en el capítulo anterior, los hechos ocurridos durante el día
domingo 22 desbordaron los límites dentro de los cuales debía enmarcarse el desfile de petición
para la abolición del impuesto al ganado. Dentro de esta perspectiva, el presente capítulo
abordará cómo la irrupción de la asonada logró transformar las representaciones sociales, tanto de
los periódicos El Chileno y El Diario Popular, ahondando los análisis en la problemática del roto
ocioso y criminal y su inconsciencia que lo llevaba a la acción violenta. El énfasis en esta representación afirmará profundamente el carácter republicano que ostentaba el PD, y por otro
lado, se desarrollará complementariamente un análisis de matices católicos, expresados en El
Diario Popular, como agente religioso para la regeneración moral y espiritual del pueblo.
La violencia espontánea sobrepasó el accionar del Comité Central, el cual desde el día
domingo 22 se diluyó como eje central del movimiento abolicionista. El día lunes 23 se enmarcó
dentro de otra lógica de acción, desde muy temprano la ciudad se encontraba en movimiento, “se
esparcen voces sobre el pronunciamiento de la huelga general de todos los gremios”127. Desde la transformación de la manifestación de orden y petición hacia una asonada espontánea, el
periódico del PD planteaba el temor que también compartía la oligarquía chilena: el de una
huelga general. Este temor estaba sustentado en la potencialidad revolucionaria que los
anarquistas le adherían a la Huelga General, como el principio de la Revolución Social128. Por lo
127 “El día de ayer”, El Chileno, 24 de octubre de 1905.
128 “El conseguir beneficios materiales por parte de los patrones a través de la movilización, era la primera etapa en
el plan a largo plazo de los anarquistas, seguido de la consolidación de la fuerza de la clase obrera y la eliminación del sistema capitalista por medio del acto revolucionario. La manera como debía ocurrir la derrota final del capitalismo se mantuvo indefinida hasta 1905, cuando se aceptó en forma generalizada el concepto de la huelga general revolucionaria”. DeShazo, op cit, pág. 149. En el mismo sentido “la huelga general revolucionaria, sería el
tanto dicho temor que ostentaba, tanto la clase política como la clase terrateniente, evidenciaba la
continua criminalización que recaía sobre los anarquistas, al igual que sobre el roto ocioso –como
veremos más adelante- sin ser los ácratas quienes organizaron el movimiento de petición.
La violencia de la tarde del día domingo y del día lunes, produjo “nubes de
incertidumbres que se ciernen sobre el porvenir”129. El lunes comenzó desde temprano con bastante movimiento en diferentes puntos de la ciudad, a las 7 am la policía ya se había enterado
que algunas comisarías de la Policía de Aseo se habían declarado en huelga, y que “por todos los
barrios de la ciudad, [iban] haciendo propaganda a favor de un movimiento de huelga general”.
Seguían en la misma línea “los obreros de la fundición Libertad, de Strickler y Kuffer, los
empleados de la Maestranza y operarios de otros talleres de los Ferrocarriles del Estado, los de
las Cervecerías Unidas, los de la Tracción Eléctrica, del Alcantarillado, los de edificios en
construcción, etc., abandonaron el trabajo poco antes de las 8, juntándose a los huelguistas”130. Según Grez, estas manifestaciones “portaban el sello del movimiento obrero organizado,
expresándose prácticas, tendencias y confluencias de más largo arrastre que la mera protesta
inorgánica u ocasional”131. Las solidaridades se entrelazaban, principalmente, entre los trabajadores de la Tracción Eléctrica y los panificadores, éstos habían apoyado a los tranviarios
en la huelga que desarrollaron a principios del mes de Octubre. Pero, ante la violencia “la
principio de la Revolución Social. El problema era que entre la huelga –parcial o total- y el triunfo de la Causa no había una mediación clara, un objetivo nítido, realista y atractivo que proponerle al pueblo. No existía, en rigor, una distinción y un enlazamiento entre estrategia y táctica”. Grez Toso, Los anarquistas y el movimiento obrero…op cit, pág. 91.
129 “La lección” op cit, El Diario Popular.
130 Parte de la Prefectura de Policía N° 1502. Citado completamente en El Diario Popular, 27 de octubre de 1905. 131 Grez, “Una mirada al movimiento popular”…op cit. pág. 18
espontaneidad primó por sobre cualquier conducción inicial de gremios y grupos de trabajadores
que habían concurrido de manera ordenada”132.
Desde temprano muchos obreros comenzaron a declararse en huelga, pero no
específicamente por el asunto central de la jornada anterior, es decir para la abolición del
impuesto al ganado argentino. Este es un hecho muy importante, ya que con el correr de los días
posteriores a la asonada había una clara aceptación al hecho de que el precio de la carne, no era
exclusivamente por causa del impuesto, ya que éste gravaba sólo en tres centavos más el kilo de
carne.
Los trabajadores de los Ferrocarriles del Estado comenzaron a agruparse durante el lunes
23 en la Estación Central, desvinculándose del eje central que movilizó a la ciudad el día
domingo. Esto se evidencia en un estandarte que decía “los trabajadores de los Ferrocarriles del
Estado piden el 25% de aumento de sus jornales”133. Ante este ejemplo de reivindicaciones específicas, totalmente alejada del motivo de la manifestación del domingo 22, Sergio Grez
establece que “ilustran el paso de las viejas asociaciones de corte mutualista, que encarnaban el
proyecto de regeneración del pueblo, hacia formas de organización de tipo sindical, que
levantaban la bandera más radical de la emancipación de los trabajadores”134. En la Estación
Central se logró juntar a una cantidad considerable de gente, 3.500 aproximadamente, quienes
comenzaron a avanzar hacia el centro de la ciudad vigilados muy de cerca por la policía, ya que
se podían visualizar “grupos de obreros, de turba de los arrabales y de gente venida de las
132 Ibid, pág. 19.
133 Parte de la Prefectura…op cit.
comunas rurales, vecinas a Santiago, con la intención de aprovechar del desorden (…) en actitud
subversiva”135.
La representación que desarrolló la Policía, acerca de los hechos del domingo y del lunes,
se centraba en hacer un continuo énfasis en la caracterización de las personas que participaron de
los hechos de violencia:
“el aspecto de la mayor parte de los individuos (…) era siniestro y revelaba claramente su procedencia de las últimas capas sociales del pueblo, y no era difícil distinguir entre ellos a muchos rateros, ladrones y delincuentes conocidos de antemano por la policía, a mucha gente de malvivir, a agitadores de profesión, y a la chusma que siempre está lista para acompañar cualquiera manifestación contra el orden público, en donde pueda ella entregarse al libertinaje del robo y del saqueo”136.
La policía hacía un fuerte énfasis en declarar que las personas que eran parte de esas
“turbas” que desfilaban por Santiago, eran personas de la más baja condición social. Pero al
mismo tiempo, afirmaban que “también andaban mezclados con estas turbas, conocidos obreros y
hombres de trabajo”, pero cuando empezó la represión a los disturbios “los obreros se habían
separado de la chusma y entró ésta a dar expansión francamente a sus propósitos de saqueo”137. Esta caracterización de la policía se centraba en la turba que se desplazó desde la Estación
Central hacia el centro de Santiago, la cual en su desplazamiento y en su llegada hasta la calle
Ahumada fueron saqueando algunos negocios, destruyendo el alumbrado público y atacando la
propiedad privada y de la policía. Pero este tipo de hechos no se produjeron solamente en el
centro, en todos los barrios de la ciudad se desarrollaron desórdenes, “las depredaciones de las
turbas se hicieron sentir también en las propiedades y elementos de servicios de las policías; así
135 Parte de la Prefectura... op cit,
136 Idem. Este extracto también es citado por Grez Toso en: Una mirada al movimiento popular…op cit. Pág. 11. 137 Idem.
la 7ª Comisaría, fue víctima de un conato de asalto, y los teléfonos los inutilizó en muchas partes
la chusma”138.
La policía hacía referencia a que fueron objeto de la violencia de las turbas, e incluso
llegan a manifestar que “el movimiento (…) comenzó a crecer en intensidad y audacia en
procedimientos, manifestando a las claras su franco propósito de lanzarse al saqueo de las
propiedades”139. Como podemos evidenciar, la lógica de acción sobre la cual se desarrollaban los hechos es sobre el saqueo, la destrucción de la ciudad, pero no se vislumbran continuidades con
la jornada del día 22 en lo relativo a la abolición del impuesto al ganado argentino. El ejemplo de
los obreros de los Ferrocarriles es importante, su reivindicación se centra en el aumento de su
salario, es decir se puede contemplar la reivindicación específica desde diferentes gremios, pero
no una unión de fuerzas y objetivos claros, como sí lo representó la jornada del día 22. La jornada
del lunes comenzó con rumores de una huelga general, pero no había una comunidad de objetivos
ni menos aún de reivindicaciones. Por lo tanto, la fractura que manifestó la irrupción de la
asonada durante la manifestación para la abolición del impuesto al ganado, en el
desenvolvimiento del día lunes se fue intensificando aún más, ya que la violencia espontánea del
día domingo no se logró encausar nuevamente en un movimiento unido desde el hambre y la
miseria.
La policía manifestaba que no estaban tratando con “grupos de pueblo y manifestantes
simplemente subvertidores del orden público, sino chusma de la más baja y peligrosa condición
social, a cuyas hazañas quedaría entregada la ciudad durante la noche, si la policía no procedía a
138 Idem. 139 Idem.
gastar todo el rigor de su energía para contenerlas, intimidarlas y dispersarlas”140. Esta expresión es indudablemente importante, ya que podemos entender la representación de los manifestantes
como “chusma de la más peligrosa condición social” como una justificación compartida por todas
las fuentes –a excepción de las ligadas al mundo popular como José Arnero, El Proletario, El
Alba y la Lira Popular141- para una represión violenta y sin compasión. Esta justificación se basó en la imagen que se construyó del roto ocioso, como se ha demostrado anteriormente, sustentada
en la marginalización de las relaciones que se desarrollan dentro de la sociedad.
El diario que representaba las expresiones políticas del Partido Democrático, El Chileno,
en una editorial interpelaba a las autoridades, dándoles el apoyo:
“Respecto de las autoridades, su deber, apenas necesitamos decirlo, es mantener el orden en la forma dolorosa pero necesario en que hasta aquí lo han hecho, buscando como fin no las venganzas o las represalias, sino el restablecimiento de la paz y la tranquilidad públicas, el pronto término de un estado de cosas que es de verdadera angustia para la sociedad, el comercio y la industria, y de afrentoso oprobio ante el extranjero”142.
La forma violenta para imponer el restablecimiento del orden público, era justificada
como un mecanismo doloroso pero necesario. En otro tono, el Comité Abolicionista que había
designado a algunos hombres para que recorrieran las calles tratando de calmar a la gente, en una
proclama divulgada en el periódico El Chileno, hablaban del profundo malestar con el que han
asumido la crítica situación en la cual se encontraba la ciudad, ya que “la actitud del pueblo, que
140 Idem.
141 Las representaciones sociales del mundo popular, que analizan el choque de las expectativas propuestas antes del
domingo 22 con la adversa realidad, que se manifiesta en expresiones de violencia inherentes a una clase social, contestadas con mucha mayor violencia por el Estado, serán analizadas en el siguiente capítulo.
142 “En la hora presente: que les corresponde hacer a las autoridades y que les corresponde hacer a los obreros”, El
ha ido hasta atacar la propiedad privada, produciendo desórdenes que comprometen la causa en
que estamos empeñados (…) puede hacerse odiosa si no se respeta el orden y la propiedad”143.
Como hemos advertido, la actitud legalista del Comité queda evidenciada en dicha
proclama, ya que resisten y desaprueban directamente la imposición de ciertas prácticas de
protesta mediante la violencia. Como atestigua una declaración del PD, muy cercano al Comité,
establece que las asonadas sólo servían para ser reprimidos por la policía causando un inútil
derramamiento de sangre, por eso llaman a sus adherentes a que propaguen “nuestras ideas de
amor y de respeto al orden social, y condenarán con toda energía las propagandas subversivas de
algunos espíritus inquietos”144.
Este respeto al orden social, llega hasta el punto en que el periódico El Chileno, construyó
una imagen de la policía en la cual los llenaban de elogios y alabanzas. Para aminorar un poco el
tenso ambiente social que se vivía durante los días posteriores al domingo y lunes, “hai que
decirle al pueblo que no debe odiar a la policía ni a la sociedad por su actitud en los últimos
sucesos”, debido a que “no hizo otra cosa en el cuerpo social que lo que hace el cirujano con el
cuerpo humano: cauterizar aun las partes dañadas, a fin de salvar el resto del organismo”.145 Esta alabanza a la policía iba aún más allá, se reproducía la asimilación del policía como
un hijo más del pueblo que solamente cumplía con un “sagrado deber: defender la propiedad y
defender el orden público. Y con esta defensa amparaba por igual al rico y al pobre”146. A pesar de la violencia con la que se ejerció la represión, se aludió al motivo de la legítima defensa al
verse enfrentados con una turba inconsciente, que solamente desfilaba destruyendo, saqueando la
143 “Proclama del Comité Abolicioinista del Impuesto”, Ibid, 24 de octubre de 1905. 144 Proclama del Directorio del Partido Demócrata, Ibid, 25 de octubre de 1905. 145 “Armonía Social”, Ibid, 26 de octubre de 1905.
ciudad, apedreando a la policía y atacando todo tipo de establecimiento extranjero y/o comercial.
Dentro de esta línea, el Diario Popular propone “un proyecto de ley que mejore los sueldos de los
guardianes y oficiales que se les haga gozar de beneficios de jubilación y pensión para los que
murieran o se imposibilitaran en el servicio, y por último, que se establezca el rancho policial y
pedimos que se ponga en el primer lugar de la tabla del Senado”147.
Si bien la policía es representada como un hijo del pueblo que cumplió con su sagrado
deber reprimiendo a sus mismos hermanos, pero inconscientes y llevados por sus pasiones al
saqueo, el látigo de las consecuencias golpeaba en la espalda de todo el mundo popular. Esto está
en relación a que todas las empresas extranjeras, que sufrieron daños materiales en los días de la
asonada, cobraron los perjuicios al Municipio y al Fisco, “es decir, contra el mismo pueblo, ya
que de su bolsillo salen los dineros públicos”148. Sobre la pérdida de vidas humanas, estimada por Izquierdo entre 200 y 250 personas, sumadas las 825 personas que fueron arrestadas y los más de
500 heridos que dejaron las dos jornadas149, ante esta realidad, el Diario Popular declara resignadamente que: “el hambre estará pintada en el rostro de sus hijos y la desolación reinará en
sus hogares”150.
Cuando el populacho se entrega a sus pasiones.
Al dar cuenta de la magnitud de los hechos acontecidos el domingo 22, la transformación
de un desfile de petición en una asonada popular de violencia, que logró extenderse durante todo
el día lunes, y en una medida totalmente menor durante los siguientes días, se proyectaron dos
representaciones totalmente divergentes, la perspectiva popular y la “católica-republicana”.
147 “Los gravísimos sucesos del domingo. Vergüenza nacional”, El Diario Popular, 24 de octubre de 1905. 148 “El balance de dos días de anarquía”, Idem, 25 de octubre de 1905.
149 Izquierdo, “Octubre de 1905”.. op cit. Pág. 68 150 “Los gravísimos…” op cit, El Diario Popular.
Estas son el resultado de las diferentes posiciones desde donde se representó la coyuntura de la
Huelga de la Carne, y la que se desarrollará a continuación es la convergencia entre las lecturas
republicanas que desarrolla el PD y el Comité Central, evidenciados en el periódico El Chileno, y
la postura católica que emanaba desde El Diario Popular. Cabe destacar que la conjunción entre
ambas posturas se desarrolló después de los hechos, ya que durante los días anteriores había una
serie de diferencias explícitas en sus postulados.
Las diferencias se centran en que, por un lado el periódico El Chileno, en su postura
legalista condenaba directamente cualquier tipo de accionar que se alejara de los límites
impuestos por el contexto del Parlamentarismo, como lo era la práctica social de las asonadas
populares. El camino encausado por el PD fue claramente el derecho de petición formal que
amparaba constitucionalmente a todos los ciudadanos, y que les permitía hacer llegar las
solicitudes a las distintas esferas del poder político151. Por otra parte, el periódico El Diario Popular nos entrega una visión de la élite que Luis Alberto Romero, estudiando la última mitad
del siglo XIX, denomina como la mirada horrorizada152. Ésta observación estaba sustentada en
el impacto que resultó para la oligarquía el crecimiento urbano, con un aumento considerable de
la población y de los barrios populares en los arrabales de Santiago. El problema que presentaba
la ciudad se analizó desde perspectivas europeas, las cuales veían en las pésimas condiciones en
las cuales vivía el “bajo pueblo” y asumían la desmoralización de las personas que habitaban bajo
ese ambiente. Como se observará a continuación, para la perspectiva católica, la desmoralización
151 Fernández Labbé, Marcos; “Los usos de la taberna: renta fiscal, combate al alcoholismo y cacicazgo político en
Chile. 1870-1930”. En: Historia N° 39, Vol. 2, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile,
Santiago, 2006, pág. 416.
152 Romero, Luis Alberto; ¿Qué hacer con los pobres? Elite y sectores populares en Santiago de Chile. 1840-1895.
dentro de la cual vivía “la hez más corrompida del populacho” era una de las principales causas
de su inconsciencia, de su accionar de manera violenta.
La representación católica-republicana, se basó en un relato de carácter catastrófico
acerca de los hechos acontecidos en Santiago ya que establecen que “una especie de tempestad
humana (…) acaba de cernerse sobre la ciudad, produciendo la destrucción y la muerte”. Los
acontecimientos no se van explicando desde causalidades materiales, sino que emanan de
sentimientos de odio y de desprecio contra la sociedad, contra la autoridad, “una nube de odio
parece haber cegado a muchos hombres, incitándoles a la destrucción, al incendio, al crimen”.
Este odio incitado por agitadores153 demostró la inconsciencia del pueblo, según esta representación, ya que “una verdadera embriaguez de sangre se ha apoderado de los cerebros y
una rabiosa sed de exterminio [sic.] de los corazones”154. Es dentro de esta perspectiva, que Grez plantea que los agitadores actuaron dentro de un contexto general de gran espontaneísmo, ya que
no lograron otorgarle una orientación global al levantamiento, a la asonada que presentaba
caracteres sociales y no políticos155. Las ansias de emborracharse de sangre fueron saciadas por el exterminio, por la destrucción material –según esta visión- ya que durante la asonada se pudo
observar “un pueblo inconsciente (…) sembrando el espanto y el horror por todas partes (…) un
populacho entregado [sic.] a sus pasiones y odios”156.
El ambiente catastrófico al quedar expuesta la ciudad al pillaje y al saqueo, fue expresado