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ha teoría de la evolución

N i los hechos observados ni la simplicidad han de­ sempeñado ningún papel prominente en la constitución

3.4. ha teoría de la evolución

¿Qué fue lo que dio a la teoría darviniana de la evo­ lución por la selección natural la victoria sobre sus diver­ sos rivales, y en particular sobre el creacionismo y el lamarckismo? La teoría de Darwin fue declarada defec­

tuosa desde el punto de vista lógico (recuérdese la idea de que la «supervivencia del más apto» es un círculo vicioso); contenía diversas aserciones falsas o por lo me­ nos no probadas («Toda variación es buena para el in­ dividuo», «los caracteres adquiridos, cuando son favora­ bles, se transmiten hereditariamente»); no había sido contrastada con la observación, salvo mediante la expe­ rimentación sobre especies vivientes bajo condiciones con­ troladas (el desarrollo de especies de bacterias resistentes a los antibióticos, el melanismo industrial en las maripo­ sas y algunos otros procesos que apoyan la teoría fueron observados décadas después de que apareciera The Origin of Species); su capacidad explicativa era claramente me­ nor que la de sus rivales (las teorías irrefutables son las que tienen la mayor capacidad explicativa post factum)\

no tenía ninguna base inductiva sino que constituía, por el contrario, una invención audaz cargada de elementos inobservables de elevado nivel. Y por si no bastaban estos pecados para condenar la teoría, el sistema de Dar­ w in era mucho más complejo que cualquiera de sus ri­ vales: compárese el postulado único que establece la creación individualizada de cada especie, o los tres pos­ tulados de Lamarck (que establecen la tendencia inma­ nente a la perfección, la ley del uso y de la atrofia y la herencia de los caracteres adquiridos), con el sistema de Darwin, que comprendía entre otros los siguientes axio­ mas: «Una elevada tasa de crecimiento de la población lleva al aumento de la densidad de ésta», «una alta den­

sidad de población conduce a la lucha por la vida», «en la lucha por la vida sobreviven los que tienen mayor adaptabilidad innata», «las diferencias favorables son he­ reditarias y cumulativas» y «los caracteres desfavorables llevan a la extinción».

Los rasgos que aseguraron la supervivencia de la teo­ ría de Darwin a pesar de su complejidad y de sus diver­ sos fallos parecen haber sido los siguientes: a) coheren­ cia externa: la teoría era compatible con la geología

evolucionista y con la teoría evolutiva del sistema solar;

b) capacidad unificadora y fecundidad: la teoría se ex­ tendió con rapidez, audacia y fecundidad a la antropología física, a la psicología y a la historia, y se extrapoló sin garantías hacia la sociología (darwinismo social) y la on- tología (progresismo spenceriano); c) originalidad: aun­ que la idea de evolución era vieja, el mecanismo propues­ to por Darwin era nuevo y sugería numerosos puntos de partida audaces en todos los terrenos, así como el establecimiento de relaciones entre campos hasta enton­ ces inconexos; d) escrutabilidad: la teoría de Darwin no empleaba predicados inobservables, como ‘'creación’, “fi­ nalidad’, “perfección inmanente’ y otros análogos, y no implicaba supuestos modos de conocer no científicos (co­ mo la revelación); e) refutabilidad empírica: contraria­ mente a las teorías rivales, en la de Darwin cada elemen­ to de prueba significativo era favorable o desfavorable; /) parsimonia de niveles: no se invocaba ninguna enti­ dad espiritual para dar cuenta de fenómenos de nivel inferior, y tampoco se recurría a ningún mecanismo pu­ ramente físico-químico; g) solidez metacientífica: en par­ ticular, compatibilidad con el postulado de legalidad, vio­ lado por la hipótesis de la creación; sin embargo, por otra parte, la teoría era incompatible con la metodología inductivista entonces dominante y a muchos les resultaba sospechosa bajo este ángulo; h) coherencia desde el pun­ to de vista de la concepción del mundo: paralelismo muy preciso con la visión naturalista, agnóstica, dinamicista, progresista e individualista de la intelectualidad, sobre la cual habían producido una profunda impresión los re­ cientes cambios sociales y culturales (especialmente 1789, el cartismo y 1848). Estas virtudes del darwinismo su­ peraron con creces sus debilidades y lo hicieron merecedor de correcciones en varios pim íos, hasta que fue superado por la genética (sólo en la década de 1930).

En resolución, la simplicidad no se tuvo en cuenta en la génesis y desarrollo de la teoría de la evolución.

La teoría mendelíana de la herencia ha sido impug­ nada desde sus orígenes por el circunstancialismo (envi- ronmentalism) o neolamarckismo. La teoría de la omni­ potencia del entorno es atractiva para muchos por estar mucho más cerca del sentido común, por ser causal, por­

que nos permitiría — en caso de ser cierta, y ¡ojalá lo fuera!— pronto controlar la evolución de una manera planificada y por último porque es superficialmente com­ patible con una visión optimista y progresiva de la vida humana, en la que el cuidado podría compensar toda de­ ficiencia de la naturaleza. Frente a ella, la genética men­ delíana es formal, semántica y epistemológicamente mu­ cho más compleja; emplea términos teoréticos tales como ‘gene1; exige el uso de estadísticas; no proporciona por ahora el control preciso de la evolución; apunta hacía perspectivas bastante poco halagüeñas y refuerza — por lo menos en la versión que da Weismann de la teoría— el anacrónico supuesto ontológico de la existencia de una sustancia inmutable (el plasma germinativo). Ade­ más, la teoría genética no explica satisfactoriamente la herencia en el caso de los organismos superiores, y mu­ chos genetistas están comenzando a pensar en una inter­ vención paralela, aunque más débil, del citoplasma en la transmisión de caracteres.

¿Por qué la mayoría de los biólogos acepta, pues, la genética mendeliana? Las principales razones parecen ser las siguientes: a) es representacionab. localiza con preci­ sión cada factor hereditario en un fragmento de materia (gene o complejo génico), y describe un mecanismo pro- babilístico (mezcla de genes) que explica el resultado final, mientras que el circunstancialismo es una teoría fenomenológíca; b) es coherente con la teoría de la evo­ lución por selección natural (siempre que ésta sea mo­ dificada para cumplir precisamente este requisito) y con

la bioquímica (recientemente se ha descubierto un me­ canismo plausible y preciso de transmisión de información genética y de duplicación de genes); c) tiene capacidad predictiva\ con la ayuda de sus leyes son a menudo po­ sibles las predicciones estadísticas cuidadosas (no las in­ dividuales); d) es refutable y confirmable por experi­ mento (por ejemplo, por mutación mediante acción física directa de rayos X sobre los cromosomas), mientras que la teoría circunstancialista es sólo confirmable, puesto que habla de vagas influencias del entorno; e) es compa­ tible con algunas concepciones filosóficas bien fundadas y ampliamente aceptadas, tales como el naturalismo (base material de las características biológicas) y el atomismo (existencia de unidades discretas de uno u otro tipo en cada nivel de organización). Una última razón, no por esto menos importante, es que su principal enemigo, el lyssenkismo, se vio perjudicado por el fraude, el dog­ matismo y ciertas concomitancias desagradables con li­ mitaciones de la libertad académica. Pero, ¿quién po­ dría negar que se produjeron actitudes antiacadémicas y desleales en ambos campos, hace algunos años, sim­ plemente porque toda la controversia se concibió como parte integrante de una guerra santa?

En cualquier caso, la simplicidad — que, dicho sea de paso, estaba del lado de Lyssenko— no desempeñó ningún papel en la discusión si se compara con las consi­ deraciones ideológicas y políticas.