Metarrepresentación y psicopatología
2.2. Los mecanismos de la metarrepresentación
2.2.3. Teoría de la mente y psicopatología
La arquitectura cognitiva presupuesta por la teoría de Leslie y sus colaboradores sitúa la teoría del mecanismo de la mente en el inte- rior de una vasta red constituida por la interconexión de mecanismos modulares y no modulares. En esta red, el output de un módulo actúa frecuentemente como input (o parte del input) para uno o más módu- los que se encuentran “más abajo” del flujo de información. Los mecanismos modulares coexisten con mecanismos generales para cada dominio, con bases de datos no especializadas y estructuras cognitivas de otro tipo.
Estas consideraciones arquitectónicas han permitido a Murphy y Stich (2000) trazar algunas diferencias entre los problemas que pue- den conducir a los síntomas de un trastorno mental. Una primera posibilidad es que el problema sea interno a un módulo. Este último podría generar un output problemático porque su mecanismo com- putacional específico de un dominio funciona mal; o bien porque la base de datos a la que recurre no es la que debería ser; o por ambas razones.
La patología autista es el caso más estudiado de un problema
interno a un módulo. En Baron-Cohen, Leslie y Frith (1985) tres gru-
pos de niños fueron sometidos al test de la falsa creencia: niños autis- tas, niños con síndrome de Down y niños con un desarrollo normal. La pregunta crítica, la que requería razonar sobre la representación mental de Sally, fue superada por la mayoría de los niños normales y de los niños con síndrome de Down, pero sólo por el 20% de los niños autistas. Los niños autistas dieron resultados muy inferiores a los niños de los grupos control, aunque sus prestaciones en los tests de inteligencia fueran mejores que las de los niños Down.
Otro tipo de problema que podría manifestarse en una mente dotada de la arquitectura descrita más arriba, es externo al módulo. Se podría por ejemplo producir una interferencia más arriba del flu- jo de las informaciones; el módulo recibiría entonces un input pro-
blemático, generando en consecuencia un output problemático.
Un ejemplo es el ofrecido por Baron-Cohen (1995), que ha integra- do la teoría del mecanismo de la mente en un sistema de lectura de la
mente (mindreading system) más amplio en el que descompone el pro-
ceso de atribución de estados mentales en cuatro mecanismos relati- vamente autónomos: 1) EDD (Eye Direction Detector, detector de la dirección de la mirada) que detecta la presencia y la dirección de estí- mulos que tienen forma de ojo e interpreta cómo “ver” la relación subyacente entre los ojos y aquello hacia lo que se dirigen. 2) ID (Intentionality Detector, detector de la intencionalidad) que determina cuándo un agente actúa con vistas a un objetivo. 3) SAM (Shared
Attention Mechanism, mecanismo de la atención compartida) que
identifica las situaciones en las que el mismo agente y otro sujeto están prestando atención al mismo objeto. 4) Las representaciones consti- tuidas por los primeros tres mecanismos constituyen el input para el cuarto, que es la teoría del mecanismo de la mente. Si uno de estos tres mecanismos resultara afectado, faltaría el input para la teoría del mecanismo de la mente y, en consecuencia, la teoría del mecanismo de la mente no podría funcionar adecuadamente. Por lo tanto, un pro- blema relativo a un componente anterior al sistema de lectura de la mente provoca la disfunción del módulo de la teoría de la mente.
La asimetría entre la primera y la tercera persona. ¿Cómo considerar
los mecanismos subyacentes al proceso de lectura de la mente? ¿Se tra- ta de un mismo mecanismo que permite leer los estados mentales pro- pios y ajenos? ¿O bien se trata de dos mecanismos diferentes? Muchos estudiosos están convencidos de que la hetero o la autoatribución han sido posibles gracias a la teoría del mecanismo de la mente (véase por ejemplo Carruthers, 1996; Frith, 1994; Frith, Happé, 1999; Gopnik, 1993). Las atribuciones a la tercera y a la primera persona serían ambas irreductiblemente teóricas. De ahora en adelante denominare- mos a esta tesis antiintrospeccionista “tesis de la simetría”.
Dicha tesis ha sido recientemente criticada por Nichols y Stich (2002). Los dos estudiosos distinguen principalmente entre la atribu- ción de un estado mental y las inferencias que sobre tales estados se puedan concluir. Por ejemplo, observando el comportamiento de una persona S en el contexto de una determinada situación, puedo reco- nocer los estados mentales: por ejemplo, Mario desea una cerveza y cree que el lugar más cercano para conseguirla es el bar que está a la
vuelta de la esquina. Estos estados mentales pueden utilizarse des- pués para hacer inferencias: si Mario desea una cerveza y está con- vencido de poder conseguirla dirigiéndose al bar que está en la esqui- na, entonces Mario se dirigirá a dicho bar.
Tanto si se trata del reconocimiento de un estado mental, como de las inferencias que sobre ello se concluyan, pueden referirse a la pri- mera o a la tercera persona. Puedo reconocer tener un estado mental y entonces utilizar esta conciencia en mi razonamiento; o bien, como en el ejemplo citado, puedo atribuir a otro un estado mental y valer- me de ello para desarrollar un razonamiento sobre él. Tenemos por lo tanto cuatro casos posibles: reconocimiento en primera y en terce- ra persona, razonamiento en primera persona y en tercera persona.
Según Nichols y Stich, la mente dispone de un mecanismo de mo-
nitorización dedicado a identificar los propios estados mentales y
totalmente independiente de los mecanismos para identificar los estados mentales ajenos. El mecanismo de monitorización asume como input un estado mental y genera como salida la creencia de estar en este estado mental. Por lo tanto, si S cree p y se activa el mecanismo de monitorización, el mecanismo copia la representación
p contenida en la “caja” de las creencias de S, “encaja” esta copia en
un esquema representacional del tipo “yo creo”, y se inserta esta nue- va representación en la caja de las creencias de S. Se trata, como se ve, de un mecanismo computacional muy simple.
El mecanismo de monitorización es por lo tanto un mecanismo introspectivo independiente, dedicado al reconocimiento de los pro- pios estados intencionales. En cambio, la heteroatribución de estados mentales y el razonamiento en primera persona o en tercera persona se basarían en los mecanismos de la teoría de la mente.
El mecanismo de monitorización se adecúa bastante a la noción de módulo: es específico a un dominio, su ontogénesis es precoz y previsible, sus disfunciones son típicas y específicas y –como veremos en breve– parece conservarse selectivamente intacto en los sujetos autistas. Las elaboraciones del mecanismo de monitorización son rápidas pero extremadamente elementales: no hacen otra cosa que insertar una representación mental en un esquema de autoatribu-
ción. Bajo este aspecto, la disfunción del mecanismo de monitoriza- ción se parece mucho a la actuación “obtusa” de los módulos per- ceptivos encapsulados.
Ahora bien, como sugieren Nichols y Stich, es posible que la teo- ría del mecanismo de la mente, subyacente a la capacidad de (i) iden- tificar los estados mentales ajenos, (ii) razonar sobre los estados mentales ajenos y (iii) razonar sobre los propios estados mentales, funcione mal aunque el mecanismo de monitorización, dedicado a la (iv) identificación de los propios estados mentales, continúe funcio- nando normalmente. Podría darse también el esquema opuesto: en este caso el déficit correría a cargo de (iv), dejando intactas (i)-(iii). En consecuencia, una manera de confirmar la hipótesis del módulo de monitorización consistiría en encontrar una doble disociación: casos en los que una población de sujetos presenta el mecanismo de monitorización intacto pero un mecanismo de la teoría de la mente deficitario y casos en los que una población de sujetos mantiene la teoría del mecanismo de la mente intacto pero un mecanismo de monitorización deficitario. Una indicación que va en este sentido procede de la comparación entre sujetos autistas y esquizofrénicos: en el autismo, la teoría del mecanismo de la mente se hallaría grave- mente afectada pero el mecanismo de monitorización funcionaría con normalidad; en pacientes que presentan los síntomas positivos de la esquizofrenia, estaría afectado, por el contrario, el mecanismo de monitorización, mientras que la teoría de la mente funcionaría con normalidad. Consideremos principalmente algunos datos que parecen indicar un ahorro selectivo del mecanismo de monitoriza- ción en los sujetos autistas.
Desde el momento en que la tesis de la simetría afirma que la teo- ría del mecanismo de la mente hace posible la comprensión tanto de los estados mentales propios como de los ajenos, predice que los suje- tos autistas manifestarán un déficit de comprensión tanto en la pri- mera como en la tercera persona. A favor de esta hipótesis, Ca- rruthers (1996) y Frith y Happé (1999) citan un estudio reciente sobre los informes introspectivos de adultos afectados por el síndrome de Asperger (Hurlburt, Happé, Frith, 1994). El estudio se basa en una
técnica de “muestreo de la experiencia” (Hurlburt, 1990). Se sumi- nistraba a los sujetos experimentales un dispositivo que emitía una señal a intervalos de tiempo prefijados; en aquel instante los sujetos debían intentar “congelar” su experiencia mental y anotarla en un cuaderno.
Hurlburt, Happé y Frith (1994) utilizaron esta técnica con tres Asperger, constatando una notable diferencia entre los informes de estos sujetos y los de sujetos normales. Dos Asperger citaron imáge- nes visuales, mientras que los informes de los sujetos normales se caracterizan normalmente por verbalización interna, “pensamiento no simbólico” (pensamiento no asociado a la experiencia de palabras, imágenes u otros símbolos dotados de significado) y estados emocio- nales. El tercer sujeto no aportó experiencia interna alguna. Ca- rruthers concluye de ello que “los sujetos autistas tienen graves difi- cultades para acceder a sus procesos de pensamiento y a sus emo- ciones “ (ibíd, p. 261). Frith y Happé sostienen que estos datos “con- firman [la] hipótesis de que la autoconciencia se basa, al igual que la conciencia de las mentes ajenas, en la teoría de la mente” (1999, p. 214).
Es legítimo dudar de la corrección de esta interpretación. Lo que indican estos datos es que la vida mental de un Asperger es notable- mente diferente a la de un sujeto normal. Predominan las imágenes, el discurso interno es menos importante y dedica poco tiempo a inte- rrogarse sobre la vida mental ajena. Sin embargo, estos datos indican también que los Asperger tienen acceso a su propia vida mental. Son conscientes de sus propias creencias, deseos, pensamientos y emo- ciones actuales; son capaces también de contar y recordar estos esta- dos mentales. Por ejemplo, uno de los sujetos (Robert) contó que:
... estaba “pensando en” lo que debía hacer aquel día. Este “pensar en” estaba asociado a una serie de imágenes de las tareas que se había prefijado. En el momento de la emisión de la señal, Robert estaba intentando saber cómo encontrar la calle para la Cognitive Development Unit, donde tenía una cita con nosotros. Este “intentar saber” era una imagen de sí mismo que caminaba a lo largo de la calle cerca de la estación de Euston (Frith, Happé, 1999, p. 388).
E incluso Peter, el sujeto que hallaba mayor dificultad con el método de muestreo de las experiencias, era capaz de hablar de su experiencia presente:
aunque Peter fuera incapaz de hablarnos de su experiencia interna pasa- da usando el método del [muestreo de las experiencias], era posible discutir con él de la experiencia interna que tenía lugar en el curso de la entrevista (ibíd., p. 14).
Resultados parecidos se pueden explicar hipotetizando que en los sujetos autistas, a la disfunción de la teoría del mecanismo de la men- te no va acompañada de una alteración del mecanismo de monitori- zación.
Hay por lo tanto datos que nos llevan a hipotetizar que en el autis- mo la teoría del mecanismo de la mente se encuentra gravemente afectada, mientras que el mecanismo de monitorización funciona normalmente o casi normalmente. Ahora bien, parecería que en algu- nos pacientes que manifiestan algunos síntomas de primer rango de la esquizofrenia sea el mecanismo de monitorización el que funciona mal, mientras que la teoría del mecanismo de la mente funcionaría normalmente. Varios estudios confirman esta hipótesis.
Hurlburt ha empleado el método de muestreo de la experiencia en un estudio realizado sobre cuatro sujetos esquizofrénicos. Dos de estos sujetos contaron experiencias y pensamientos extraños o abe- rrantes (goofed up). Uno de los pacientes, que había estado sintomá- tico durante todo el período del muestreo (y entre cuyos síntomas habían los de primer rango) fue incapaz de realizar el ejercicio. Otro paciente fue capaz de realizar el ejercicio pero sólo hasta el momen- to en que se volvió sintomático. Hurlburt (1990, p. 239) sostiene que estos dos sujetos, mientras se encontraban en fase sintomática, no tenían acceso a su experiencia interna:
Lo que esperábamos descubrir en el caso de Joe era que sus experiencias internas fueran insólitas, quizá caracterizadas por imágenes aberrantes como las que había descrito Jennifer, o por varias voces que hablaban al mis- mo tiempo de manera ininteligible, o por cualquier otro tipo de experiencia
interna anormal que habría explicado […] sus delirios. Sin embargo no se encontró nada de esto: Joe no era capaz de describir ningún aspecto de su experiencia… (ibíd., pp. 207-208).
Lo que más impresiona es el contraste entre esta afirmación y la de Hurlburt, Happé y Frith relativa a los Asperger. Hurlburt (1990) esperaba que los esquizofrénicos sintomáticos fueran capaces de contar sus experiencias internas, mientras que Hurlburt, Happé y Frith (1994) esperaban que los Asperger fuesen incapaces de hacerlo. Los resultados de los experimentos testimonian justo lo opuesto. Los Asperger, al contrario de los esquizofrénicos sintomáticos, eran capa- ces de relatar sus experiencias mentales. Además, Frith y Corcoran (1996, p. 527), pese a sostener una teoría de la esquizofrenia como consecuencia de una alteración de la teoría del mecanismo de la mente, admiten que: “es sorprendente que pacientes que manifiestan características de pasividad (delirios de control, inserción de pensa- mientos, etc.) hayan sido capaces de responder bastante bien a pre- guntas de teoría de la mente”. Este resultado no sin embargo sor- prendente para la teoría del módulo de monitorización desde el momento en que esta última sostiene la independencia de este meca- nismo del mecanismo destinado a la identificación de las intenciones ajenas.
2.2.4. Síntesis de la arquitectura de referencia utilizada en el