2.2. Pobreza y estructuras espaciales
2.2.3. Teoría del sesgo urbano
Las diferencias en el nivel de riqueza entre áreas urbanas y rurales identificadas especialmente en los países en desarrollo durante una temporalidad que coincidía con altas tasas de crecimiento urbano, dio lugar a la generación de una teoría conocida como “Urban bias" o Teoría del Sesgo Urbano. Su principal mentalizador es Michael Lipton quien expone sus principales ideas en su libro “Why poors rest poors?” (1.976). Es importante subrayar en esta teoría ya que se constituyó como el discurso dominante que influenció las políticas y acciones de los organismos internacionales para el combate a la pobreza, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Según la teoría de Lipton, las diferencias en el nivel de riqueza entre áreas urbanas y rurales se reflejan en una ruptura espacial entre estos espacios. El origen de la pobreza en los campos serían las políticas de proteccionismo de las industrias en los países del Tercer Mundo, en el marco de la Sustitución de Importaciones, mientras que la Revolución Verde sería la mejor alternativa para salir de la pobreza.
La política de Sustitución de Importaciones habría concentrado sus beneficios en las áreas urbanas, lo que es causa de su gran crecimiento. Este crecimiento estaría concentrado en una única ciudad por país, lo que se entiende como el triunfo de las estructuras urbanas macrocefálicas en detrimento de las ciudades intermedias y pequeñas. En este contexto la única alternativa viable de los rurales para beneficiarse de este modelo de desarrollo sería su migración hacia las grandes ciudades, donde se concentra la riqueza. Estas migraciones de los
rurales hacia las áreas urbanas son el origen de los cinturones de pobreza en las ciudades. En este contexto, la urbanización, también denominada como “inflación
urbana”, es entendida como el principal vector de miseria y pauperización.
Se considera en esta teoría, que las economías rurales fuertemente relacionadas con la agricultura, serían incapaces de evolucionar hacia los nuevos requerimientos de unas ciudades en constante y alto crecimiento, por lo que el abastecimiento alimenticio estaría a cargo de la importación de alimentos, lo que ahondaría la crisis rural y se reflejaría en el cambio de hábitos alimenticios de los urbanos quienes preferirían comestibles importados desde el extranjero, lo que se conoce como una “occidentalización de la alimentación”. Quienes permanezcan en los campos son considerados como “sobrevivientes rurales” haciendo una analogía con el proceso que despobló los campos europeo durante la Revolución Industrial.
La tesis de Lipton tiene el mérito de haber organizado alrededor de un solo corpus teórico coherente varias observaciones empíricas y reflexiones conceptuales, lo que, como se ha observado, ha sido sumamente complejo en la historia del pensamiento sobre la pobreza. Sin embargo varios trabajos de campo en décadas posteriores han mostrado el carácter unilateral de la tesis de Lipton y han subrayado en la enorme diversidad de situaciones en los campos de los países del Sur.
Las dinámicas de los países del Sur, si bien muestran un movimiento de urbanización sumamente importante no son comparables al despoblamiento ocurrido en Europa durante la Industrialización. En efecto, en varios países la población en los campo continúan teniendo tasas de crecimiento demográfico positivas, como es el caso ecuatoriano. Los movimientos de migración no siempre se han desarrollado hacia una única ciudad, sino que son bastante más complejos y utilizan varias ciudades pequeñas e intermedias, lo que ha consolidado las redes urbanas.
Las migraciones, en la mayoría de los casos, responden a la lógica de los movimientos brownianos, es decir de ida y retorno, y muy pocas veces implican un rompimiento total con su lugar de origen, por lo que el concepto de movilidad es el más apropiado. Una parte importante de las “migraciones” de los rurales hacia las ciudades está relacionada con la obtención de recursos económicos que posteriormente sirven para la inversión en los campos.
Todas estas dinámicas han mostrado que los campos lejos de estar en decadencia, muestran gran dinamismo, lo que ha resultado en un repunte del interés –tal vez nunca perdido- por parte de empresarios, campesinos, Estado, entre otros actores territoriales. Los campos actualmente son objeto de inversiones que no se limitan a lo agropecuario, sino que promueven una diversificación de actividades cada vez más importante. En este contexto el
vínculo “rural-agricultura” no logra expresar toda la diversidad de actividades
económicas realizadas en los campos.
Los análisis que disocian las áreas urbanas y rurales a menudo se basan en la producción estadística que separa estas áreas. Sin embargo es importante subrayar que no hay técnicas globalmente aceptadas que permitan tal diferenciación. En algunos casos se utiliza una línea arbitraria (2000, 2.500,
5.000… habitantes) que dividiría los centros poblados que por su tamaño
poblacional son considerados urbanos de los que no; en otros casos se utiliza la dotación de servicios públicos o las categorías de actividades económicas de la población; o, como en el caso ecuatoriano, se puede utilizar la organización territorial del Estado. La comparación de datos de urbanización a niveles regionales y globales es, entonces, sumamente compleja y debe ser realizada con gran atención, así como también todas las interpretaciones de ellas derivadas, como los estudios de pobreza urbana o rural. Adicionalmente, la diferenciación estadística de las categorías urbano/rural es aún más complejo en la actualidad debido a las dinámicas de crecimiento urbano que privilegian la peri-urbanización y el uso de las áreas rurales próximas a las ciudad.
Finalmente es importante subrayar que la asociación entre pobreza y vida rural no muestra la estructura real de la sociedad. En efecto, para fines de la década de los 90, los datos del PNUD muestran que el 90% de las familias pobres de América Latina viven en las ciudades.
Las visiones contestatarias de la tesis de Michael Lipton han logrado mostrar los vínculos entre campos y ciudad, sin embargo no han logrado articularse en un solo cuerpo teórico que permita comprender la distribución de la pobreza en el territorio.
Les teorías que han logrado vincular la pobreza y sus expresiones espaciales, brevemente estudiadas, han subrayado en la importancia de las estructuras y dinámicas territoriales. La expresión territorial de la pobreza es compleja de aprehender por su dificultad intrínseca así como por la falta de herramientas teóricas que la expliquen. En este sentido es necesario utilizar marcos teóricos- conceptuales generados no necesariamente para la comprensión de la pobreza pero que han mostrado su utilidad en investigaciones de otras estructuras territoriales. Se trata de los estudios realizados sobre “discontinuidades espaciales”, lo que se detalla a continuación.