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TEORIAS FENOMENOLÓGICAS

Siempre que se siente la necesidad de una nueva teo­ ría en algún campo de la ciencia factual, tanto el cons­ tructor de la teoría como el metacientífico se ven con­ frontados con el problema de elegir la clase de teoría que debería plantearse a continuación. ¿Deberá la si­ guiente tentativa ir en la dirección de un creciente de­ talle y profundidad (crecimiento de la población de en­ tidades teoréticas)? ¿O deberá evitar la especulación en torno a lo que sucede en los más íntimos recovecos de la realidad y dirigir su atención, por otra parte, hacia el ajuste de datos, con la sola ayuda de variables obser­ vables exclusivamente de modo directo? En otras pala­ bras, el futuro de la teoría ¿deberá ser representacional o fenomenológico, concebirse como un cuadro más fiel de la realidad o sólo como un instrumento más efecti­ vo de resumir y predecir observaciones? Ambas tenden­ cias — la representacional por un lado y la fenomenoló- gica e instrumentalista por el otro— han tenido sus de­ fensores ya desde Demócrito y Platón.

Las teorías fenomenológícas — como la termodinámi­ ca y la psicología E-R— ■ se recomiendan a menudo por su reconocida generalidad, y en otras ocasiones por su alegado valor filosófico de no rebasar la descripción de fenómenos, de abstenerse de introducir dudosas entida­ des ocultas tales como los átomos o la voluntad. D es­ graciadamente, tal recomendación no es necesariamente prudente, y aún así sería difícil de ejercitar dada la am­ bigüedad del término ‘fenomenológico*. En lo que sigue,

se investigarán los aspectos distintivos de las teorías

fenomenológícas {de la caja negra o conductistas) y se apuntarán sus méritos o deméritos. El resultado claro será que las cajas negras son necesarias pero no sufi­ cientes y que el caja-negrismo propende a obstaculizar el progreso del conocimiento.

1 , La s t e o r í a s c i e n t í f i c a s c o m o c a j a s

Tanto las teorías científicas como sus referentes han sido comparados a menudo con dispositivos en forma de cajas con cuadrantes externos que pueden manipularse.1 Los cuadrantes corresponden a las variables «externas» las cuales representan propiedades observables, tales como la extensión y la dirección del movimiento de los cuerpos visibles; las piezas en el interior de la caja corres­ ponden a las variables «internas» o hipotéticas, tales como la tensión elástica y el peso atómico. Sí para que la caja funcione sólo hay que manipular los cuadrantes, tenemos una teoría de la caja negra — un nombre útil acuñado por los ingenieros electricistas para describir el tratamiento de ciertos sistemas, tales como transforma­ dores o cavidades resonantes, como si fuesen unidades carentes de estructura. Si, además del manejo de los cua­ drantes que representan a las variables externas, nos vemos obligados a introducir un mecanismo interno hipotético descrito con la ayuda de variables «internas» (construcciones hipotéticas), entonces nos hallamos fren­ te a lo que puede denominarse una teoría de la caja traslúcida. Las teorías de la caja negra se llaman también

fenomenológícas; y las teorías de la caja traslúcida pue­ den llamarse representacionales.

Representantes distinguidos de la clase de teorías de la caja negra son:

1. Véase, v. g,, J. L. Synge, Science: Sense and tiom ense (Lon­ dres, Cape, 1951), y W arren Weaver,«The imperfectíons of Science» Ptoc, Ámer. P hilosophkd Soc,, vol. 104 (1960), p. 419

a) La cinemática, o el estudio del movimiento sin considerar las fuerzas involucradas — cuyo estudio se deja a la dinámica, típicamente una teoría de la caja tras­ lúcida,

b) La óptica geométrica, o la teoría de los rayos de luz, que no bace suposición alguna acerca de la natura­ leza y estructura de los rayos de luz — un problema tra­ tado por la óptica física, una teoría representacional.

c) La termodinámica, que no bace suposición algu­ na acerca de la naturaleza y movimiento de los consti­ tuyentes del sistema, problema que trata la mecánica estadística, una teoría de la caja traslúcida.

d) La teoría de los circuitos eléctricos en la que todo elemento en un circuito es considerado como una unidad carente de estructura interna; esta estructura es el objeto de la teoría de campo y la teoría del electrón.

e) La teoría de la matriz de dispersión (Scattering- matrix) en la física atómica y nuclear que concentra su atención en las características mensurables de los flujos de partículas entrantes y salientes; la correspondiente teoría de la caja traslúcida es la usual teoría cuántica hamiltoniana, que postula interacciones definidas entre las partículas.

f) La cinética química clásica que trata de veloci­ dades de reacción y evita la cuestión de los mecanismos de reacción.

g) La teoría de la información, que ignora la clase y estructura de los elementos implicados (transmisor, canal, etc.) a la vez que el significado de los mensajes transmitidos.

b) La teoría del aprendizaje, en la psicología con- ductista que evita cualquier referencia a mecanismos fi­ siológicos y estados mentales.

Las teorías de la caja negra son, pues, aquellas cuyas variables son todas externas y globales, sea directamen­

te observables (como la forma y color de los cuerpos perceptibles) o indirectamente mensurables (como la temperatura y la diferencia de potencial). Las teorías de la caja traslúcida, por otra parte, contienen además refe­ rencias a procesos internos que se describen por medio de variables indirectamente controlables, las cuales no ocurren en la descripción de la experiencia ordinaria; ejemplos de tales construcciones Hipotéticas son la posi­ ción del electrón, la fase de onda y la utilidad subjetiva. Ninguno de estos conceptos puede manejarse de la mis­ ma forma que las variables externas, si bien a menudo son objetivables de una manera, más o menos tortuosa, que, habitualmente, coimpHca alguna teoría sofisticada. En pocas palabras, las teorías de la caja negra se concen­ tran en la conducta de sistemas y, particularmente, en sus entradas y salidas observables. Las teorías de la caja traslúcida no consideran la conducta como un algo últi­ mo sino que intentan explicarla en términos de la cons­ titución y estructura de los sistemas concretos de que se ocupa; a tal fin introducen construcciones hipotéticas que establecen detallados vínculos entre los inputs y

outputs observables. 2

2 . Al g u n o s m a l e n t e n d i d o s

Los términos ‘caja negra’, ‘externo’, y no-represen- tacional’, equivalentes entre sí, parecen preferibles a ‘fe- nomenológico’, un calificativo altamente equívoco. D e hecho, fenomenológico sugiere descripción de fenómenos (hechos experienciales) más bien que de hechos objeti­ vos; incluso sugiere una teoría hecha en lenguaje feno­ ménico — el inexistente lenguaje de los sensa soñado por algunos filósofos— . Pero ninguna teoría científica con­ siste meramente en un sumario de fenómenos, o siquie­ ra de hechos objetivos; y ninguna teoría científica pres­ cinde en su totalidad de términos diafenoménicos o

trascendentes, esto es, términos tales como ‘masa’ y ‘na­ ción’, que representan entidades y propiedades no dadas en la experiencia ordinaria. A sí la termodinámica — el paradigma de la teoría fenomenológica— no trata de describir fenómenos de calor, sino más bien propiedades y leyes muy generales, con la ayuda de construcciones de alto nivel tales como energía y entropía. A fortiori,

nunca una teoría científica ha sido moldeada en térmi­ nos puramente fenoménicos tales como cualidades secun­ darias (sensibles): apenas nadie se interesa por mis sen­ saciones privadas. La tarea, más bien, es dar cuenta del mundo — incluyendo aquella parte del mundo que llama­ mos nuestras experiencias privadas— por medio de teo­ rías objetivas.

Antes de proceder a un anáfisis más detallado deben aclararse posibles malentendidos ulteriores relacionados con las teorías de la caja negra. En primer lugar, ‘la caja negra’ se refiere a una clase de planteamiento más que a un objeto; sugiere que nos estamos ocupando más de la conducta global que de la estructura interna — sin implicaciones concernientes a la no-existencia de una es­ tructura. D e ahí que no debiera igualarse ‘caja negra’ o ‘fenom enológico’ con, digamos, macroscópico.2 Una y la misma entidad macroscópica puede alternativamente abordarse como una unidad o como un sistema de par­ tes independientes o interdependientes; y sistemas mi­ croscópicos, como partículas nucleares, pueden ser trata­ dos como cajas negras o como sistemas complejos.

En segundo lugar, no todas las teorías de la caja negra contienen variables «externas» u observables tan sólo. Corriente y voltaje, las principales variables de la teoría del circuito eléctrico, no son directamente obser- 2

2. Véase, por otra parte, la exposición clásica de A, d ’ABRO, en The Decline of Mechantes (Nueva York, Van Nostrand, 1939), p. 91: «En las teorías fenomenológicas, nuestra atención se restringe a las pro­ piedades macroscópicas que aparecen en el nivel de la experiencia co­ mún».

vables; sus valores se infieren de la lectura de indica­ dores con la ayuda de la teoría. Tampoco el momento de partícula y la función de estado — las principales variables de la teoría de la matriz-ó'— son directamente observables. Lo que es esencial en el planteamiento de la caja negra no es tanto la restricción a observables — una restricción que haría imposible la teorización— cuanto la interpretación de todas las variables inobser­ vables como auxiliares meramente de cálculo carentes de referencia concreta,3 o como característica del siste­ ma como un todo. A sí la entropía, que en la mecánica estadística es, en la mayoría de los casos, una medida del desorden microscópico, es tratada en la termodiná­ mica como una abreviatura conveniente para cierta rela­ ción entre el contenido de calor y la temperatura del sistema. Usando una terminología familiar a los psicólo­ gos,4 podríamos decir que las teorías de la caja negra no pueden dejar de contener variables intermedias, esto es, variables que median entre la entrada y la salida; las teorías de la caja traslúcida, contienen además construc­ ciones hipotéticas, esto es, variables que se refieren a entidades, acaecimientos y propiedades inobservadas.

Una tercera aserción engañosa habitual es la de que todas las teorías fenomenológicas son no-fundamentales o derivadas. Es verdad que las teorías de la caja negra macroscópicas no apelan a las propiedades de los cons­ tituyentes «fundamentales». A sí la teoría de la elastid-

3. Así, v. g,, Ernest W, Adam, «Survey of Bemouíllian Utility Theory», en Herbert Solomon, ed., Matbematzcal Thinktng tn tbe

Measurement of Bebavior (Glencoe, III., The Free Press, 1960), p. 158: «Desde el punto de vista conductista, el análisis de los procesos menta­ les implicados en la decisión funciona simplemente como una guía heurística en la construcción de teorías cuyos significados se apoyan en­ teramente en sus consecuencias observables».

4. Kenneth McCorquodale y Paul E, Me e h l, «Hypothetical Constructs and Intervening Variables», Psychologtcal Review, vol. 55 (1948), p. 95.

ciad clásica trata ios sólidos como medios continuos, sin referirse a su estructura atómica. Pero las teorías feno- menológicas de las partículas «fundamentales», tales como aquella en la que el parámetro de «extrañeza» juega un papel-clave — son contra-ejemplos de la ecuación Fenomenológico = No-fundamental, la cual por consi­ guiente debe rechazarse.

En cuarto lugar, las teorías de la caja negra no son dispositivos puramente descriptivos. Ninguna construc­ ción científica puede recibir legítimamente el nombre de teoría sí no proporciona explicaciones en el sentido lógi­ co de la palabra, esto es, subsunciones de enunciados singulares bajo enunciados generales. Lo que es verdad es que las teorías de la caja negra aportan sólo explica­ ciones superficiales, en el sentido de no suplir interpre­ taciones en términos de acaecimientos y procesos dentro del sistema de que se ocupa. (Volveremos a esta cuestión

en la sección 9.)

En quinto y último lugar, las teorías de la caja negra no son incompatibles con la causalidad. A sí la teoría que considera los organismos como unidades empujadas aquí y allá por estímulos externos es a la vez causal y fenomenológica.5 Es más, que las teorías conductistas deban tener un ingrediente causal se sigue de la defini­ ción de causa eficiente y de la definición del compor­ tamiento como el conjunto de respuestas a cambios en el medio. Que un conocimiento de causas no suple el mecanismo lo ilustra dramáticamente la patología actual: una etiología muy avanzada del cáncer es consistente con una ignorancia tenaz de los mecanismos provocados por las causas actuantes. En consecuencia, Caja negra ¥*

No-causal.

5. Véase Mamo Bunge, «Chance, Cause and Law», American Scientist, vol. 49 (1961), p. 432, y The Myíh of Simplicity (Engle- wood Cliffs, N. J., Prentice-Hall, 1963), cap. 11,

Una inspección más cerrada sobre el cometido de las variables «internas» confirmaría las anteriores argumen­ taciones.

3. Estructura de las teorías de la caja negra

Cualquier teoría científica que se ocupe de las trans­ acciones de un sistema con su medio puede ser resumida en la siguiente relación simbólica:

O = M I

(1)

donde T ’ designa o el estado inicial del sistema en cues­ tión o el conjunto de estímulos (input), * 0 ’ representa o el estado final o el conjunto de respuestas (output), y ‘AP resume las propiedades de la caja. En las teorías de la caja negra el «mecanismo» que conecta I con O se dejará sin especificar; esto es, ‘AP será justo un símbo­ lo (v. g., un operador) que ejecuta el vínculo sintáctico

entre los datos input I y los datos output O. En las teorías de la caja traslúcida, por otro lado, *AP se refe­ rirá a la constitución y estructura de la caja — en una palabra, *AP representará el mecanismo responsable de la conducta abierta de la caja.

Tres tipos de cuestiones pueden suscitarse en rela­ ción con la ecuación (1):

a) El problema de la predicción: dado el input I y la clase de caja (esto es, AT), hallar el output O.

b) El problema inverso de la predicción: dado el output O y la clase de caja (esto es, M) hallar el input I.

c) El problema de la explicación: dado el input I y el output O, hallar la clase de caja — esto es, determi­ nar Af,

E l contraste entre las teorías representacionales y las no-representacionales no ocurre en conexión con los dos

primeros problemas tan tajantemente como con el terce­ ro. Si sólo se dispone o se quiere una teoría de la caja negra, el problema de la explicación c) se resolverá calcu­ lando el inverso, í" 1, del input pues, de acuerdo con (1), tenemos

M = O I~l (2)

La terminación de esta tarea coincidirá con la cons­ trucción de la teoría de la caja negra; o, en caso de disponer de la última, se habrá respondido entonces a la cuestión particular. Pero esto es sólo una primera etapa

en la construcción de la teoría y en sus aplicaciones si el planteamiento de la caja traslúcida es adoptado, pues en éste se requiere la interpretación de M. Esta inter­ pretación comporta la hipotetización de las entidades que componen M, y la asignación de significado específico (físico, biológico, etc.) a todos los parámetros, de lo con­ trario no-interpretados, que usualmente infestan las teo­ rías fenomenológicas.

En otras palabras, un «mecanismo» que enlace I

con O se requiere en el planteamiento de la caja tras­ lúcida. Ahora bien, ninguna doble columna de datos in­ put y datos output apunta nunca sin ambigüedad al me­ canismo simbolizado por *M\ Si éste está más allá de nuestros sentidos, lo que no sucede con nuestro reloj pero sí ciertamente con nuestro equipo biológico, tal me­ canismo debe ser inventado. Y una invención tal no exi­ ge más o aún mejor observación sino un esfuerzo de la imaginación 6 — lo que ha constituido con frecuencia una fuente de desconfianza respecto de las teorías represen- tacionales. Una vez inventado, contrastado y satisfacto­ riamente fundamentado el «mecanismo» (esto es, no re­ 6. Véase Karl R.. Popper, The Logic of Scientific Discovery (Lon­ dres, Hutchinson, 1959), pp, 31-32 {trad. cast. de V. Sánchez de Zavala, La Lógica de la investigación científica, Madrid, [Ed. Tecnos, 1962]) y Bunge, Intuición y ciencia, cap. 3.

futado hasta el momento) se considera, hasta nuevo avi­ so, como «establecida» la teoría de la caja traslúcida. N i que decir tiene que el «mecanismo» M no necesita ser mecánico o visualizable; puede ser un campo o una ca­ dena de reacciones químicas o un sistema de relaciones sociales. Lo que caracteriza a las teorías representado- nales no son modelos visualizables sino la suposición de que la teoría es en sí misma un modelo del sistema total al que se refiere la teoría y que incluye las entrañas del sistema.

4. Algunas limitaciones de las teorías

DE LA CAJA NEGRA

La tarea de analizar e interpretar el símbolo M que media entre los inputs y outputs no siempre se com­ pleta: la forma de la relación (1) puede a menudo ave­ riguarse, pero la naturaleza del mecanismo puede per­ manecer desconocida; decimos entonces que podemos dar cuenta de la conducta pero no de la estructura de nuestra caja. Si nos paramos a mitad de camino, dejan­ do a M en términos descriptivos (v. g., físicos) sin es­ pecificar, tenemos una teoría de la caja negra.

D e acuerdo, pues, con la anterior exposición, las teorías fenomenológicas tienen lugar primaria aunque no exclusivamente en las etapas iniciales de la construcción de las teorías científicas, a saber, en la realización de la tarea del ajuste de datos. Una comprensión más plena de la relación entre I y O sólo se obtendrá mediante el relleno del esqueleto O = M I con un mecanismo defi­ nido. N o se trata de una exigencia meramente psicoló­ gica, de una necesidad de satisfacer la prisa por com­ prender lo que se ha descrito con precisión. Es una exi­ gencia científica: las teorías de la caja negra son incom­ pletas, pues dejan los interiores de la caja en la oscuri­ dad. Un desiderátum del planteamiento representacional

(realista, no-convencionalista) es derivar M de suposi­ ciones relativas a la constitución y estructura de la caja. Y una derivación tal conduce usualmente a la constata­ ción de inadecuaciones, o, al menos, limitaciones, en el planteamiento fenomenológico — como en el caso del descubrimiento de fluctuaciones estadísticas de la termo­ dinámica y de las variables del circuito eléctrico.

La derivación de M a partir de leyes fundamentales, y particularmente la expresión de los coeficientes que ocurren en M en términos de constantes fundamentales, involucra la introducción de variables «internas», y en ocasiones hasta «ocultas». D e hecho, desde un punto de vista lógico, el «mecanismo» representado por M con­ siste en una red de relaciones entre variables interme­ dias y ostensibles. Ahora bien, según el positivismo, el operacionalismo, el fenomenalismo y el convencionalis­ mo, las variables «internas» son parásitos y en conse­ cuencia deben eliminarse. Pero en la medida en que el anterior análisis sea correcto, las variables internas no sólo son psicológica y heurísticamente instrumentales, sino que su introducción incrementa la profundidad y cobertura de la teoría a la vez que aumenta su riesgo de refutación — lo que, según Popper,7 equivale a aumentar su contenido y contrastabilidad.

La historia de la ciencia factual puede ser construi­ da como una secuencia de transiciones de teorías de la caja negra a teorías de la caja traslúcida, pese a irnos pocos contratiempos ocasionales en esta tendencia prin­ cipal. La revolución copernicana acarreó la introducción de variables «internas» que describían, no el movimien­ to aparente, sino el camino real de los cuerpos celestes. La física de campo que reemplazó a las teorías de la acción a distancia, comporta intensidades de campo in­