CAPÍTULO SEGUNDO
QUINTA ETAPA
V.- EL TERRITORIO NACIONAL Y LA SOBERANÍA
La Época volvió editarse desde el 17 de febrero de 1866. El primer periódico de esta quinta etapa, que continuó con el correlativo No. 2692, inició comentando que hacían 9 años que La Paz carecía de un diario.180 Predicó al diarismo como un inmenso motor de progreso universal, pues en todos los países civilizados consignaba en sus páginas los eventos del comercio, la política y los grandes intereses del país. Por consiguiente, el contenido del periódico continuaría ligado al pensamiento ilustrado, siendo su meta máxima el contribuir a la civilización del país. Mencionaba también el “espantoso” retroceso de Bolivia en lo referido a la prensa, pues se había quedado estacionaria, muda, con mala calidad tanto de redactores (implícito) como de material. Advierte que Bolivia se aísla y pierde el contacto con las naciones cultas.
Hace explícita la intención de romper con el pasado. Sólo pide del pasado el mantener la tradición del medio que más ha durado en el país, para consignarlo en el porvenir. Pero prefiere que ese pasado no exista. “Lo reputaremos un cadáver envuelto en el sudario y echaremos sobre él la más pesada loza que podamos”. Se refiere a las épocas anteriores cuando la prensa no podía vivir sino al servicio de una causa política o de una persona. Se propone emprender una “nueva vía” y demostrar que un periódico puede tener larga existencia ocupándose solamente de los intereses generales del país, “sin herir a partido ni bando alguno”. Parecen deseos sinceros, veremos más adelante su verdadero alcance.
La conexión entre la ilustración y el liberalismo continuaron, así, se mencionó la siguiente verdad universal: “Empresa de titán es hablar con la fría calma de la razón”. En el mismo sentido, se apeló al orden y a la paz con la sentencia prescriptiva ética: “cerrando los ojos a todo, olvidando la esplosión pasada, balbucir siquiera paz y concordia; mostrar el peligro de mañana mayor que el de ayer á los que no oyen mas voz que la de la pasión y el encono”.181 Para entonces, el lenguaje político enfocado en la ilustración y el liberalismo quedaba ya banalizado porque se lo repetía de memoria. La gran ambigüedad de la prensa en el siglo XIX: El constante “nuevo comienzo” con un discurso que no era nuevo.
La intención en el fondo, latente, era apoyar un nuevo régimen gubernamental, partiendo de cero, lo que se vino haciendo desde la fundación de la República. La Época estuvo ligada, esta vez, al gobierno del Gral. Mariano Melgarejo.
180 [Primer ejemplar de La Época en su quinta etapa], en La Época, No. 2692, La Paz, 17 de febrero de 1866, p. 1. 181 Sic. Ibíd.
En la historia de Bolivia, Melgarejo fue el Presidente más trágico, dramático y con ciertos rasgos cómicos; y esto combinado con algo de “razonables” medidas liberales en su Gobierno.182 La premonición de Belzu al momento de perdonarle la vida años atrás se cumpliría, trágicamente para el propio Belzu. La forma cómo se hizo del poder fue dramática. La manera como gobernó fue trágica. Y su ingenuidad para ceder territorio boliviano a países vecinos tuvo característica incluso cómicas. Más allá de lo tenebrosa que fue su personalidad, su gobierno es recordado porque en ese lapso Bolivia empezó a perder importante territorio frente a Chile y el Brasil. Una rápida reseña de lo acontecido desde la caída de Córdova hasta la asunción de Melgarejo va a continuación, siempre en el afán de contextuar la existencia del periódico objeto de estudio con el entorno político conflictivo.
Nueve años de actividades subversivas no habían roto el espíritu combativo de Linares, pero bastarían algo más de tres años como Presidente para acabar con su salud física y psicológica. Tuvo pretensiones de reformador moralista, para lo cual se había declarado dictador. Tal como La Época lo había presagiado en una de sus publicaciones, Linares fue depuesto por sus propios colaboradores, personas de su confianza. José María Achá, Ruperto Fernández y Manuel Antonio Sánchez lo sacaron del poder el 14 de enero de 1861. Para entonces había fracasado su objetivo principal de moralizar la conducta de ciudadanos y gobernantes en la Nación. Murió en el exilio, en Valparaíso, el 23 de octubre de 1861, a los 53 años, pocos meses después de haber dejado la Presidencia.
El Gral. José María Achá se hizo cargo del primer mando de la Nación. El 28 de diciembre de 1864 el Gral. Mariano Melgarejo se proclamó Presidente en Cochabamba, luego de haber amotinado al cuartel de rifleros. Todos pensaban que el aguerrido militar se había amotinado en favor de Adolfo Ballivián; una vez consumados los hechos sus propios acólitos se enteraron de que el motín lo había hecho en favor de sí mismo. Achá, que se encontraba en Cochabamba, quien había tomado el poder con la colaboración de Melgarejo, se vio obligado a renunciar. Pero todavía no estaba asegurado el mando de Melgarejo, tendría que derrotar una tenaz oposición especialmente en el Departamento de La Paz. Para su molestia, Belzu retornó a La Paz el 22 de marzo de 1865, y fue conducido en medio de “vivas” hasta la casa de Gobierno por el populacho, virtualmente aclamado como Presidente.
Melgarejo nació en Tarata, Cochabamba, el 13 de abril de 1820, en una familia pobre. Ingresó desde niño al ejército, participando valientemente en las campañas de Santa Cruz y en la batalla de Ingavi. De padres mestizos, tenía los rasgos físicos de cholo cochabambino, tez morena, corpulento. Indudablemente, era muy valiente y audaz, lo que le valió ascender en el ejército por méritos propios. A sus 20 años, siendo
182 Se ha escrito bastante acerca de Melgarejo, especialmente pasajes anecdóticos de su existencia. Véase p. ej: Tomás O’Connor D’Arlach, El General Melgarejo. Dichos y hechos de este hombre célebre, La Paz, Juventud, 1951. Cfr. Alfredo Sanjinés G., El Quijote mestizo...
sargento, sublevó en Oruro a un batallón en contra del gobierno de Velasco. Fue partidario acérrimo del Gral. Ballivián, aunque al proclamarse Presidente traicionó al hijo de éste, Adolfo. Conspiró contra Belzu y Córdova. Apoyó a Achá y Linares y también los traicionó. Alfredo Sanjinés menciona que el periodista Félix Reyes le dedicó varias publicaciones y epigramas que lo ridiculizaban, por ejemplo: “Al talento y al valor del sargento bebedor [alude a Melgarejo]. Al valor y al talento del come pan jumento [alude a Muñoz]”.183 Mariano Donato Muñoz fue su Secretario y el “cerebro” del Gobierno de su Gobierno. Félix Reyes fue condenado a muerte, pero escapó.
El 25 de marzo de 1865, estando Belzu proclamado por la población, Melgarejo se acercaba a La Paz. El pueblo paceño organizó la defensa de la ciudad y de su caudillo, con barricadas en las calles. Entablaría una feroz batalla con el ejército de Melgarejo. El 29 de marzo Melgarejo no lograba ingresar hasta la casa de Gobierno. Sus soldados desertaban y se iban al ejército contrario. Todo parecía indicar que había perdido la guerra. Pero con una actitud increíblemente audaz, saltó con su caballo las barricadas que circundaban la Plaza central, acompañado por el Gral. Narciso Campero y algunos coraceros. En la Plaza el populacho ya festejaba el triunfo del Tata. Cuando Melgarejo ingresó al Palacio, parece que Belzu pensó que venía a entregarse ante él, pero en una acción aún no aclarada por completo, un disparo a quema ropa asesinó al Tata Belzu. No se aclaró hasta el día de hoy si fue el mismo Melgarejo quién disparó o fue uno de sus coraceros.
La muerte de Belzu todavía no aseguró la Presidencia de Melgarejo. Aun tuvo que sortear levantamientos en su contra en Potosí y Sucre. Los insurrectos en el sur de la República fueron aplacados por el mismo Melgarejo en el terrible combate de “La Cantería” el 5 de septiembre de 1865. Pero uno de sus contrincantes, Casto Arguedas, se había replegado hacia el norte. Melgarejo lo derrotó el 24 de enero de 1866 en el cerro las “Letanías”, cerca de Viacha, a unos 30 kilómetros de La Paz. Con el triunfo de Melgarejo, los paceños temblaron, pues conocían su carácter pusilánime y vengativo, por consiguiente, una comitiva de vecinos fue a esperarlo antes de su ingreso a La Paz a fin de hacer las paces. Melgarejo ingresó a La Paz el 26 de enero de 1866.
En estas circunstancias La Época reapareció el 17 de febrero de 1866. Como ya se vio, La Época enfáticamente se comprometió a que superaría el pasado del periódico que apoyaba a los gobiernos de turno, mas tampoco empieza por buen camino. El segundo número del 19 de febrero predica implícitamente de manera favorable acerca de Melgarejo.184 Luego de aludir a su triunfo en las Letanías, prefiere no hacer comentarios acerca de la revolución y su desenlace en Viacha para no ofender los ánimos; dice que la historia juzgue. Es un párrafo algo indeciso, actitud comprensible, pues si hablara explícitamente bien de Melgarejo
183 Véase: Alfredo Sanjinés G., El Quijote mestizo..., p. 324.
heriría a los paceños, y si hablara explícitamente bien de la resistencia paceña heriría a Melgarejo; los redactores se están ajustando a las exigencias políticas del momento.
No obstante, el texto dice que se esperaba que el vencedor redujese al vencido a una dura condición de derrotado. Se esperaba desolación, ruina, miseria. Pero la Divina Providencia podía salvar al pueblo. La Providencia concedió la victoria a Melgarejo, puso en su corazón sentimientos de paz y benevolencia para los vencidos, y el vencedor otorgó a La Paz las más amplias garantías y olvido de lo pasado, a petición de la respetable comisión que salió de esta ciudad a excitar su clemencia, dice el periódico. Anotar que se recurre otra vez a la Providencia, que estuvo con Belzu dentro de un campo de pensamiento favorable a la soberanía del pueblo, y ahora está con Melgarejo dentro de un campo de pensamiento que, como se verá más adelante, tiene otro concepto de soberanía; es decir, la Providencia utilizada como parte del discurso reiterativo y “mecánico”, uso quizá impelido por el fuerte raigambre religioso en la población desde épocas coloniales.
El texto recurre al patriotismo a fin de que los vencidos se inclinasen ante el vencedor. “Los buenos paceños, los hombres honrados, los patriotas verdaderos debemos tener valor para someternos resignados y de buena fé á la suerte que la Providencia nos ha deparado; y debemos también evitar con cuidado toda resistencia al gobierno y todo motivo de queja, resentimiento y cólera, si queremos alejar de La Paz el luto, lágrimas y dolores”.185 A nivel latente, el texto se torna amenazador. Más adelante dice que los sacrificios deben ser recíprocos. Recurre a verdades universales como: “Vencer con sólo el valor, á los enemigos es glorioso. Vencerse á si mismo, en obsequio del bien común, es heroico. Perdonar al vencido es justo. Hacer bien al enemigo es sublime, es cristiano, es santo, es imitar a Dios!”186
Con ese objetivo supuestamente de pacificación, La Época justifica la ejecución de dos ciudadanos el 8 de febrero, pues “debido al patriótico celo de algunos chismosos y á la valerosa imprudencia de algún pasquinista, quienes, deseosos de perturbar, en provecho suyo, la marcha pacífica del Gobierno y la tranquilidad de este vecindario, no cesaron en provocar é irritar la cólera mitigada del vencedor. Gozaos, chismosos y pasquinistas, en vuestra obra: pero Dios pedirá algún día de vuestra mano la sangre de las infelices víctimas”. Este párrafo no menciona que los sujetos fueron fusilados, lo deja sobre entendido, y echa la culpa de las muertes a quienes impulsan la insurrección.
El texto termina mencionando una carta de San Agustín al conde Bonifacio, Gobernador de las provincias de Ágrica por los romanos, la cual dice que el reino de los cielos será para los pacíficos, que se hace la guerra para conseguir la paz, y que se debe tener misericordia con el vencido. El elevado contenido religioso del escrito pareciera imitar a La Época de los tiempos de Belzu, pero esta vez para encumbrar a otro caudillo, paradójicamente al asesino de aquél. En el mismo sentido se utilizan los términos de paz, orden y la
185 Sic. Ídem. 186 Sic. Ibíd.
alusión a civilización, ligados al liberalismo. Otra muestra de cómo se usaron las ideas antiguas o nuevas, locales o extranjeras, no importaban en sí mismas, lo que interesaba era la argumentación política que proporcionaban para consolidar tal o cual gobierno.
En esta quinta etapa, el periódico se publicaba con un encabezado sencillo, con el nombre en letras grandes de molde. Encima del nombre, la fecha. Debajo del nombre la leyenda: “Diario de la tarde. Editor responsable: José Manuel Buergo”. Desde el 22 de mayo en vez de la anterior leyenda se colocaba: “Diario. Director, César Sevilla”.
Nicolás Acosta ubica a su vez dos subetapas de La Época entre 1866 y 1867.187
La primera que va del 17 de febrero al 13 de septiembre de 1866, cuando fungieron como redactores quienes a la postre serían recordados como los más importantes intelectuales paceños del siglo XIX, como fueron José Rosendo Gutiérrez, Casimiro Corral y Agustín Aspiazu. Asimismo colaboraron: Lucas Palacios, F. Diez de Medina, Pedro José Iturri, Manuel Salgueiro, y como cronistas: Agustín Tapia y Leonardo Valverde.
En la segunda subetapa se editaba dos o tres veces por semana, y se convirtió en periódico oficial. No obstante, a través de la presente investigación se corrobora que el periódico fue progubernamental desde su reaparición el 17 de febrero. Acosta menciona como redactores en la segunda subetapa a Victoriano San Román en los dos primeros meses –en efecto, a partir del 22 de septiembre de 1866 en el encabezado debajo del título se coloca: “Redactor oficial, Dr. Victoriano S. Román” -, y a Pablo R. Machicao en los meses siguientes. Desde que apareció San Román como redactor, dejaron de publicarse los asuntos locales cotidianos.
José Rosendo Gutiérrez (1840-1883) es considerado como el principal bibliógrafo e historiador paceño del siglo XIX,188 sólo superado a nivel nacional por Gabriel René Moreno. Gutiérrez y Moreno entablaron una enconada rivalidad. Terminó sus estudios profesionales en la Universidad Mayor de San Andrés, de la cual fue su Vicecancelario. Profesor y rector del Colegio Ayacucho. Fue también poeta, dramaturgo, orador, docente universitario y periodista. Se destacó por su erudición enciclopédica. Elocuente orador en el parlamento. Diputado en las legislaturas ordinarias de 1864 y 1879, asambleísta en las constitucionales de 1868, 1877 y 1878, y en las convencionales de 1880, 1881 y 1882. Presidente Concejo
187 Véase: Nicolás Acosta, Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz..., pp. 34-36. Cfr. Gabriel René- Moreno, Ensayo de una bibliografía general..., pp. 123-125.
188 Acerca de la biografía de José Rosendo Gutiérrez véase: Arturo Costa de la Torre, Catálogo de la bibliografía boliviana..., pp. 111-123. Cfr. José Agustín Morales, Los primeros cien años de la República de Bolivia, Tomo II..., pp. 608-609. Cfr. Nicanor Aranzaes, Diccionario histórico..., pp. 376-377. Cfr. Manuel Rigoberto Paredes, Don José Rosendo Gutiérrez.
Municipal, Prefecto, Fiscal General y Ministro Plenipotenciario en Chile por el Gobierno de Melgarejo. Tenaz defensor del tratado de 1867 con el Brasil, uno de los tópicos de sus polémicas con Moreno.
Era excéntrico de carácter, misántropo austero y a veces eufórico y polemista. Publicó ensayos y estudios de historia en periódicos como Nueva Época, El Industrial, El Artesano, El Elector, El Club
Popular, el Eco del Norte, El Oriente, El Titicaca, La Reforma, El Comercio, El Ciudadano, y otros
nacionales e internacionales.
A la caída de Melgarejo, se exilió en Tacna, Perú. Volvió a La Paz en 1872. Hecho prisionero por Agustín Morales, fue confinado al Río Madera, de donde escapó nuevamente a Tacna. Acudió a la Guerra del Pacífico en 1879, donde fue por unos meses Secretario General del Ejército, puesto al cual renunció por desavenencias con el Gral. Daza. Falleció prematuramente a los 43 años en julio de 1883, víctima de una ataque de aplopegia.
Agustín Aspiazu (1817-1897), abogado, fue profesor de instrucción secundaria y de derecho por largos años. Diputado por La Paz en la Constituyente de 1861, donde no favoreció con su voto para la elección de Achá como Presidente.189 Diputado en los Congresos de 1862 y 1864. Diputado para la constituyente de 1868, a la que no concurrió, pues tuvo que huir a Tacna puesto que no aprobaba el Tratado de Límites con el Brasil, el cual Melgarejo hizo aprobar bajo presión. Participó en los levantamientos contra Melgarejo. Diputado en la Constituyente de 1871, donde se opuso al sistema federal. Congresista en 1874. Ministro de Guerra en 1876. Prefecto de Cochabamba y Ministro de Justicia, Instrucción y Culto durante el Gobierno de Daza. Prefecto de La Paz en la gestión de Campero.
Aspiazu tuvo en el periodismo una apasionada inquietud. De la Torre menciona que fue un periodista de fuste y de enfrentamientos polémicos. Se inició en 1851 en el periódico El Estudiante (junco con Bernardino Sanjinés Uriarte, Félix Reyes Ortiz y Nicolás Acosta). De La Quintana menciona que cultivó preferentemente el género de la crónica o ensayo científico. Escribió en La Época, La Casa Americana y otros.
Pablo Rodríguez Machicao (1834-1882) estudió Derecho en Europa. Director del Liceo Bolívar. Profesor de la Universidad. Diputado suplente por La Paz en el Congreso de 1864 y en la Constituyente de 1871. Cancelario en 1873. Inició su carrera periodística escribiendo a favor de Linares en los periódicos La
Armonía y La Revolución en 1857. Arguedas lo menciona como nuevo periodista que dirigió sus ataques
189 Apuntes biográficos acerca de Agustín Aspiazu véase en: Nicanor Aranzaes, Diccionario histórico..., pp. 78-79. Cfr. Arturo Costa de la Torre, Agustín Aspiazu: Sabio boliviano del siglo XIX, La Paz, 1973. Cfr. Julio Díaz Arguedas, Síntesis
histórica de la ciudad de La Paz, La Paz, Litografías e imprentas unidas S.A., 1978, p. 30. Cfr. Raúl de la Quintana
contra el cholo Belzu, no con encono ni rencor, sino para indicar las deficiencias de su vida y carácter. Posteriormente se lo encuentra en La Época en su quinta etapa.
Entre 1857 (triunfo de Linares sobre Córdova) y 1866 (triunfo de Melgarejo) varios periódicos circularon en La Paz: El Artesano de La Paz, La Armonía, La Revolución, La Esperanza, El Eco de la
Revolución, El Club revolucionario, Nueva Época, Boletín Oficial, Gaceta de Gobierno, El Industrial, El Artesano, La Democracia, Boletín de Ejército, El Telégrafo, Gaceta de Gobierno, La Polémica, El Rayo, La Voz de la Juventud, El Eco del Ejército, El Indicador, El Padre Cobos, La soberanía, La Verdad Constitucional, La Antorcha, El Eco del Norte, La Voz de Bolivia, El Club Popular, La Píldora, El Verdadero Artesano, Crónica Municipal, El Verdadero Boliviano, El Consejero del Pueblo, El Imparcial, El Oriente, La Causa Americana, El Eco de La Paz, La Voz de la Patria, La Unión Nacional, El boletín, La Opinión Nacional, El Eco Popular, El León, Crónica Administrativa, El Defensor del Pueblo, Boletín, La Palanca del Progreso, La Unión, Boletín del Día, La Causa de Diciembre y El Progreso Social. La mayoría
eventuales.
Uno de esos periódicos merece especial mención: El Telégrafo cuyo primer número apareció en 16 de octubre de 1858 y el último el 31 de diciembre de 1864. Entre 1858 y mediados de 1860 fue partidario de Linares. En ese lapso lo dirigió Félix Reyes, el mismo que había iniciado su carrera periodística en La Época