LA MEDICIÓN EN EL CAMPO DE LA PSICOLOGÍA CLÍNICA
LOS TESTS APLICADOS AL CAMPO DE LA PSICOLOGÍA CLÍNICA
Problemas de validez y confiabilidad de los Tests psicológicos de uso clínico
Una de las múltiples funciones de todo psicólogo clínico es hacer el llamado
psicodiagnóstico. Aún en la actualidad se cree que esta función es la única que lleva a cabo el
psicólogo, en cuanto a la clínica, quien debe subordinarse a las indicaciones del psiquiatra. Los propios psicólogos desconocen que poseen una metodología y una instrumentación, de la cual carecen tanto la psiquiatría, rama de la medicina, como el psicoanálisis, método clínico para el tratamiento de algunas alteraciones conductuales, que hacen de la psicología una ciencia totalmente independiente de las demás, aún cuando tiene grandes nexos con todas ellas, dada la naturaleza del universo que estudia e investiga: el ser humano.
De tal suerte, el psicólogo clínico restringe su campo de trabajo y se concreta a hacer lo que sólo es una mínima parte de su desempeño profesional, que es el instrumental por medio del cual puede llegar a la comprensión, predicción y planeación de la reorganización de la conducta de la persona o personas bajo su responsabilidad como especialista, de la manera más rápida.
Emplear tests para advertir y comprobar los problemas que tiene una persona que acude a tratamiento psicológico, es más práctico que esperar solamente a que, a través del paso del tiempo, mediante la observación un tanto pasiva de la conducta, se pueda determinar qué es lo que ocurre, con el peligro, además, de que los juicios estén influidos por la particular manera de ver o de manejar determinado tipo de problemas por parte de quien evalúa.
Así pues, suele suceder que el psicólogo clínico vaya abandonando si no el campo, sí el uso de tests psicológicos, debido a que va advirtiendo que tiene dificultades para manejar el instrumental con que cuenta, ya que, por una parte, tal instrumental revela una baja capacidad de consistencia, y por otra, un contenido que por su ambigüedad, tanto en el dominio de ítemes como en todos aquellos aspectos que deben ser cubiertos como requisitos indispensables para considerar a un test confiable y válido, no permite dar resultados que realmente resuelvan problemas que lleven al psicólogo clínico
a establecer la instrumentación y las técnicas apropiadas para cambiar, reestructurar, entrenar, etc., al sujeto en nuevos comportamientos que le ayuden a adaptarse mejor a su situación real.
Las técnicas proyectivas se originan a partir del concepto dinámico de la personalidad. Este concepto implica que la personalidad es un proceso de organización de las experiencias y de la estructuración del espacio vital, lo cual lleva a plantear la pregunta acerca de cómo se podrá descubrir, y en qué forma, la personalidad de un individuo que organiza esas experiencias con el fin de comprender, o al menos intentar penetrar en el mundo de sus sentimientos, deseos, pautas, etc.
El psicólogo clínico se ha aproximado al estudio de la personalidad, induciendo al individuo a que revele su forma de organizar sus experiencias, proporcionándole un campo en el cual encontrará objetos o situaciones poco estructuradas y ciertos patrones culturales, para que su personalidad pueda proyectar, sobre ese campo dúctil, su manera de ver la vida, sus deseos, sus patrones conductuales y, muy especialmente, sus sentimientos. Se espera del sujeto que, al manipular el material que se le presenta, exprese su mundo privado al interpretar el campo vital que lo rodea en ese momento dado y que reaccione afectivamente hacia él.
Los métodos de proyección para el estudio de la personalidad consisten en la presentación de estímulos seleccionados y diseñados específicamente para ello, porque serán significativos para el sujeto que ha de expresar su idiosincrasia y su organización privadas.
Cuando se revisan los procedimientos para obtener la información acerca del mundo privado de un individuo, se encuentran numerosas técnicas planeadas con ese objetivo. Para estos fines se han desarrollado, así como para otros tópicos acerca de la medición, una gran cantidad de teorías sobre el significado de la personalidad, y muchas de ellas han dado lugar a la construcción de instrumentos que permitan detectar y probar sus conceptos y construcciones teóricas. Algunas definiciones han sido muy amplias, pero suficientemente ambiguas para no permitir una clara visualización de lo que se trata de entender por personalidad.
De tal suerte, ha habido muchas discusiones de la medición de esos atributos que componen lo que se ha entendido por personalidad. Para fundamentar tales discusiones, deben tenerse en consideración los siguientes aspectos: a) el hombre es un organismo que existe en el mundo común de la naturaleza; b) además, pertenece a un grupo, y como miembro de él, desarrolla el curso de su vida en el mundo social compuesto de patrones y prácticas culturalmente preescritas, y c) el hombre vive en su mundo privado, desarrollado a partir de sus experiencias personales. Así pues, el hombre es un organismo que reacciona en forma abierta y fisiológicamente a los impactos del ambiente. La actividad humana presenta problemas de observación y medición similares a los de cualquier otro organismo o evento. El átomo, por ejemplo, tiene procesos internos de los cuales sólo se pueden hacer inferencias a través de sus manifestaciones externas, como son las transformaciones de actividad y energía que se pueden ver y frecuentemente medir.
El principal problema que se presenta en la medición de esos procesos del ser humano es la existencia de las diferencias individuales. El inicio de los primeros estudios para medir algunos aspectos del individuo, desde hace muchas décadas, puso de manifiesto la variabilidad que existía entre cada individuo en relación con ciertos atributos o características de diversas índoles: anatómicas, fisiológicas, antropológicas, psicológicas, etc., que producen en la emisión de una
conducta cualquiera hacia una misma situación, diferentes formas de comportamiento de uno a otro individuo.
Desde el punto de vista de las diferencias individuales de la personalidad y dependiendo de los diversos significados que se le han adjudicado, ya que se interpreta en distintas formas y circunstancias, los psicólogos han intentado ponerse de acuerdo acerca de lo que miden, aún cuando no hayan podido decir con exactitud qué es la personalidad.
Como resultado de los diversos enfoques que se han dado a las definiciones de personalidad, ha perdurado una que la define como el conjunto de rasgos o cualidades. (Desde luego, el concepto de rasgo se ha conservado desde los días precientíficos). En primer lugar, las variables para el estudio de la personalidad a veces son poco explícitas y muy estrechas conceptualmente, y otras demasiado amplias. Al respecto, Allport y Odberg, en 1936, demostraron que existen más de 5000 palabras para describir los rasgos o cualidades de una persona, en cualquier idioma más o menos desarrollado.
Sobre estas ideas se han elaborado cientos de tests para detectar estos rasgos; sin embargo, parece que éstos han constituido medidas gruesas de tal contenido que pueden abarcar varios rasgos medidos. Además, existe el problema de que los rasgos no son totalmente independentes uno de otro, y que algunos son mucho más importantes que otros en la estructura de la personalidad dada. Debido a las dificultades que presenta el concepto de rasgo, algunos psicólogos han eliminado de su preocupación científica esos aspectos y han intentado elaborar otras formas de medir la experiencia única de cada persona. Esto, desde luego, limita la intención de construir instrumentos de medición psicológica, porque no permite la comparación entre sujetos.
La formación de los rasgos particulares de cada individuo depende de situaciones muy complejas, a las cuales debe ponérseles la debida atención. Por una parte, los rasgos son, en cierta medida, productos que hay que comprender desde el marco de referencia de la genética, la herencia y las predisposiciones genéticas que tienen lugar en la formación de los rasgos. Por otra parte, en vista de que nuestro mayor conocimiento lo tenemos sobre el aprendizaje social y teniendo en cuenta que éste es aún de mayor importancia que la composición genética de los individuos para ciertos fines, tendremos que recurrir a las teorías del aprendizaje. Además, no debe olvidarse que la medida de los rasgos de la personalidad está estrechamente relacionada con las diferencias individuales.
En estas condiciones, la medida de los rasgos de la personalidad, para su comprensión, se clasifica en tres grandes grupos:
a) Rasgos de personalidad sociales, que se explican a través de la “capa” que cubre la personalidad, es decir, la superficie de ésta con la cual el individuo se enfrenta a la sociedad.
b) Rasgos motivacionales, que pueden traducirse en la dinámica de la personalidad.
c) Rasgos de categorías de ajuste y de desajuste de la personalidad que, en otras palabras, son la “normalidad” y la “enfermedad”.
Se ha indicado anteriormente que, a pesar de las apariencias, estas tres categorías de rasgos no son independientes entre sí, sino que unos influyen en los otros, y viceversa.
Como los rasgos sociales son los de más fácil observación, la mayoría de los instrumentos de medición de la personalidad que han sido estandarizados tienen un contenido que denota rasgos sociales. Los otros dos sólo pueden inferirse de los resultados de la medición, si ésta se ha realizado correctamente.
Es menester aclarar que para los psicólogos, el término rasgo significa lo mismo que atributo, elemento o característica. Sencillamente, es algo que puede medirse porque está presente, en alguna cantidad, en la estructura humana.
MÉTODOS PARA MEDIR LOS RASGOS DE