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“JE SUIS PARTOUT”

In document Thule - La Cultura de La Otra Europa (página 33-36)

La historia de "Je suis partout” es más que la de un periódico, la del grupo que lo realiza, y que llega a incidir poderosamente en la vida cultural francesa. Lanzado su primer número por el editor Fayard el 29 de noviembre de 1930, irá evolucionando, sin cambios bruscos, pero constantemente, desde una postura vagamente nacionalista y reaccionaria, a una actitud claramente nacional-revolucionaria, superados los chauvinismos del principio, hasta el último número, aparecido el 16 de agosto de 1944.

Entre los periódicos nacionalistas más o menos vinculados con espíritu de Action Française, "Candide" (340.000 ejemplares de tirada en 1939) y "Gringoire" (640.000 en el mismo año), surge "Je suis partout" como una necesidad de atender principalmente a la información internacional: el 90 por ciento de sus páginas irán destinadas a noticias de todas las naciones europeas. Ello marcará notablemente la línea del periódico y a la larga incluso la mentalidad de su equipo, que conseguirá salir del patriotismo francés al sentimiento de Europa. Los nacimientos de los diversos fascismos (Rex, Falange, Guardia de Hierro, etc) tendrán mayor repercusión en la páginas de "Je suis partout" que incluso en muchos diarios de sus respectivos países.

Pierre Gaxotte es el director y el hombre más estrechamente vinculado a la historia del periódico. En los primeros años, la admiración del equipo va hacia la Italia que celebra el X aniversario de la Marcha sobre Roma; el cuerpo de redactores va formándose: Junto a Pierre Villette y Claude Jeantet, destacan Lucien Rebatet y Pierre-Antoine Cousteau; en noviembre de 1931 empieza a colaborar Robert Brasfilach, con algún comentario sobre D.H. Lawrence. Rebatet, fanático de Wagner, se dedica a música y pintura, razones por las que vino a París, pero su postura (llegará a ser especialista en racismo y antisemitismo, en exacta visión del mundo) queda ya clara desde el principio; ya en 1924 escribía a un amigo: "Sufrimos desde la Revolución un grave desequilibrio porque hemos perdido la noción del jefe... Aspiro a la dictadura, a un régimen severo y aristocrático".

"Hay sin duda en el ejemplo fascista -escribe Cousteau ya en 1932- enseñanzas que los jóvenes de su generación están tentados a considerar más como una promesa que como una amenaza". Los conceptos que en 1932 empezaban a intuirse en el seno del equipo (corporativismo, racismo, antisemitismo, antidemocracia, oposición por igual a derechas e izquierdas, necesidad, de la revolución, elogio de la cultura: cine, música, literatura, teatro, arte) se harán plenamente conscientes con el cambio de propiedad del periódico: A raíz del triunfo del Frente Popular en las elecciones francesas de 1936, Fayard detiene la publicación de un periódico demasiado comprometedor para un simple derechista. Pero los redactores, decididos a que no se cierre lo que para ellos es algo más que un medio de subsistencia, acuerdan con Gaxotte pedir a Fayard la cesión del periódico. La propiedad real de "Je suis partout" queda así -como caso único en el periodismo de la época- en manos de un "soviet", una cooperativa de los mismos que lo escriben, aunque para la subsiguiente financiación del mismo deben emitir acciones. La conciencia de la propia ideología se hará, a raíz de este hecho, más evidente y "Je suis partout" será algo tan lejano al nacionalismo francés tradicional como a cualquier otra tendencia reaccionaria.

El interés por todos los movimientos europeos hace que "Je suis partout" devenga, a ojos de sus adversarios, "algo así como el órgano oficial del fascismo internacional". La amistad une, además del trabajo, a los escasos veinte miembros de la redacción: Rebatet trababa amistad con Ralph Soupault, Brasillach y Bardeche con Cousteau... las decisiones importantes se adoptan en común, y al final Gaxotte decide, hasta que en 1937 Brasillach es nombrado redactor-jefe (en expresión de Rebatet "Brasillach se encargará del periódico como jefe de nuestro amistoso soviet"). Con Brasllach, "Je suis partout", ya a la punta de la lucha política, se convierte en vanguardia literaria (colaboran Virginia Woolf, Hans Carossa, se habla de Rilke y Yeats, etc.). Gaxotte subraya: " ... lo hemos compuesto como lo hacemos todo en Je suis partout, en equipo, amistosamente, cada uno en su trabajo, en la comunidad de doctrina, de voluntad y de lucha".

Los viajes por toda Europa, siempre en busca de reportajes, unen más al equipo: Cousteau se ha entusiasmado con los fascistas holandeses. Brasillach es recibido por Degrelle y Rex encontrará amplio y constante eco en el periódico. En 1938 sale un número especial en homenaje a Franco, Falange y España. J. Lassaigne ha estado en Rumania, y la Guardia de Hierro es otro de los movimientos a menudo recordados. En 1937, Brasillach viaja dos veces por Italia. Los viajes a Alemania son harto frecuentes, y las reseñas sobre la evolución del país vecino se suceden; Cousteau viaja en 1936 por el Sarre y Alemania, Jeantet es enviado a los Juego Olímpicos de Berlín en 1936, una delegación asiste a los Congresos de Nuremberg de 1937, de la que Brasillach y Cousteau vuelven asombrados. Luego, en 1943, Cousteau evocará todos aquellos viajes de los "buenos viejos tiempos", en los que con sus amigos "recorrían Europa en busca de las verdades fascistas".

"Je suis partout" se distancia de la escuela de Maurras por su espíritu revolucionario, ajeno al grupo de Action Française. "Si hubo un tiempo en que la corriente estaba a favor de las democracias -escribe Gaxotte en 1937-, ahora está con el fascismo. La democracia parlamentaria y socializante es algo vetusto que ya no subsiste más que en los países muy atrasados o muy primitivos".

En 1938, P.A. Cousteau dedica una serie de artículos a diez políticos bajo el título "Los solemnes cretinos de la democracia", como figuras simbólicas de la ruina de un sistema; se trata del conde Sforza, Kerenski, Alcalá Zamora, el conde Karolyi, Lloyd George, Titulesco, Gil Robles, Winston Churchill, Benés y Milioukov. "Je suis partout" propone constantemente una Revolución Nacional, en palabras de Gaxotte: La decadencia del país, gracias a la democracia, es demasiado visible; es, por tanto, el edificio entero del país el que hay que cambiar en una auténtica revolución. Brasillach enumera las siete internacionales que hay que combatir: la internacional comunista, la socialista, la judía, la católica, la masónica, la protestante y la de los trusts. "Je suis partout" adquiere plena conciencia del problema judío: incorpora textos de Céline a sus páginas, publica (en 1938 y en 1939) dos números especiales, "rigurosamente objetivos", titulados "Los judíos" y "Los judíos y Francia", presentados por Brasillach y escritos por Rebatet.

"Debemos proclamar contra los judíos las leyes de defensa de la sangre. Nuestra definición del judío debe ser racial", escribe finalmente Rebatet. Y Brasillach llega a la poética conclusión del fascismo como única solución definitiva (1942) así:

"Es porque el fascismo ha tomado la forma de práctica y poesía a la vez, la forma de política que arrastra las imágenes más exaltadas de nuestro tiempo, por lo que la juventud puede entregarse al fascismo. Es porque el fascismo es la doctrina de la amistad nacional, y es la doctrina de una rivalidad pacífica en la vitalidad con las otras naciones, es porque el fascismo es la juventud, por lo que Francia no puede ser una nación vieja, y debe llegar a ser una nación fascista para permanecer joven. Y es a condición de ser fascista que Francia durará y que Francia vivirá".

La guerra para temporalmente la publicación de "Je suis partout". Sus miembros son alistados. Pero en febrero de 1941 reaparece ya el periódico, para convertirse en el principal órgano político-literario de la ocupación (mientras Drieu La Rochelle hace la "Nouvelle revue française", la mejor revista literaria de la ocupación). El éxito de "Je suis partout" es absoluto, llegando a tirar 300.000 ejemplares: es una publicación bien hecha, literariamente muy aceptable, y en la que los talentos abundan, como ha escrito recientemente P.M. Dioudonnat. literatura, cine, teatro, artes, se alternan con la visión política en una concepción global del mundo.

El 21 de marzo de 1941, "Je suis partout" publica un artículo de Brasillach desde un campo de prisioneros en Alemania, antes de ser puesto en libertad. Los redactores del periódico conocen una gran popularidad en París: Brasillach es un escritor joven reputado y aplaudido; P.A. Cousteau es nombrado redactor-jefe de "France Soir"; Laubreaux, Lesca, Blond, Bardeche, Brasillach, Cousteau o Rebatet ven publicadas las mejores críticas a sus libros en toda la prensa francesa; "Les décombre”, de Rebatet, conoce un éxito apoteósico, vendiendo más de 100.000 ejemplares. La crítica de teatro, de cine, literaria, es detentada, en toda la prensa por los miembros de la redacción de "Je suis partout".

Paralelamente, se produce una clara evolución: Si el fascismo es la verdad histórica del momento, "Je suis partout” se ve como la más pura personificación del ejemplo de la Alemania nacionalsocialista. La evolución a las doctrinas estrictas del NSDAP, distanciándose más y más –en palabras de Brasillach- de la “inmensa farsa de la revolución nacional" de Vichy, es evidente, Alemania adquiere la misión de regeneración europea, y una colaboración intelectual se inicia: delegaciones francesas asisten a los congresos de escritores europeos de Weimar, los años 1941 y 1942; en ellas participan Brasillach Bonnard, Drieu La Rochelle, Blond, etc. La amistad les une con el director del Instituto Alemán en París. Y "Je suis partout" se vuelca en la promoción de la "Legion Volontaires Français", que peleará en Rusia bajo uniforme alemán. Lucien Rebatet llegará a afirmar: "No tengo más que un pensamiento: quiero ir al frente de Rusia... Nuestra guerra, la de los nacionalistas, entendemos ahora más que nunca que son los ejércitos alemanes los que la están haciendo. Y yo quiero participar..."

En agosto de 1943 , Brasillach deja la redacción de "Je suis partout", siendo sustituido por Cousteau. En enero de 1944, los redactores del periódico, ante la evolución de los acontecimientos bélicos, organizan un gran mitin en la sala Wagrarn. "Los hombres de Douaumont, los del Alcázar de Toledo o los de Stalingrado, no buscaban saber quién vencería y quién sería vencido. Luchaban. Si se hubieran deshinchado, hubieran sido desertores". Cousteau, Soupault, Lébre, Jeantet, Laubreaux toman sucesivamente la palabra, para acabar Rebatet así: " ¡Muerte a los judíos! ¡Viva la revolución nacional-socialista! –Viva Francia!" En el número del 28 de julio, Rebatet insiste en su "fidelidad al nacionalsocialismo" y su admiración por Hitler, pero "Je suis partout" tiene ya lo días contados; el mes siguiente dejará definitivamente de publicarse.

El capítulo siguiente es el de la aplicación de las medidas "democráticas" a los miembros de la redacción de "Je suis partout": Brasillach será encarcelado y fusilado, tras encontrarse en la cárcel, entre tantos, a Benoist Mechin o Béraud. Georges Suarez, periodista, es fusilado el 9 de noviembre. Lesca y Laubreaux pueden escapar a España, Rebatet es detenido en Austria y condenado a trabajos forzados a perpetuidad. El proceso a "Je suis partout" es uno de los más importante de la "liberación", y sus bienes confiscados. La historia de un periodismo revolucionario, político y a la vez fuertemente cultural, es así tronchada de cuajo. A un futuro más objetivo corresponde el hacer justicia a esta incomparable iniciativa literaria y creadora. J.T.

In document Thule - La Cultura de La Otra Europa (página 33-36)