(Índices 2000=100)
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras oficiales.
70 120 170 220 270 320 E ne- 1997 Jun- 1997 Nov- 1997 Abr- 1998 S ep- 1998 F eb- 1999 Jul- 1999 Dic- 1999 May- 2000 Oct- 2000 Mar- 2001 Ago- 2001 E ne- 2002 Jun- 2002 Nov- 2002 Abr- 2003
Real respecto del dólar Real Efectivo
Abandono de la convertibilidad Depreciación de Brasil en 1999 Real Efectivo Real Efectivo Elecciones en Brasil
En enero del 2002, Argentina abandonó el sistema de “caja de conversión» y dejó flotar el peso, en un contexto de importantes salidas de capital y de crisis política y social, tras la moratoria de los pagos de la deuda soberana y el congelamiento de los depósitos bancarios.53 En diciembre del 2001, el tipo de cambio
real efectivo estaba en su nivel más bajo en 10 años. El peso se depreció marcadamente en la primera mitad del 2002, pero a partir del tercer trimestre empezó a recuperarse, a medida que aumentaba el control de la situación monetaria en el país y los excedentes comerciales resultantes de la reducción de las importaciones asociada a la crisis empujaban a la baja el tipo de cambio nominal. Así, el 2002 terminó con un alza del 137,7% del tipo de cambio real efectivo. En el 2003, el peso se ha apreciado a pesar de una parcial relajación de los controles sobre la salida de divisas y de las intervenciones periódicas del Banco Central, en un contexto de excedentes comerciales considerables y entrada de capitales a corto plazo en el segundo trimestre del año. Esto conllevó apreciaciones reales respecto del dólar (19%) y del euro (7,1%), aunque la rápida apreciación de la moneda brasileña determinó que la apreciación efectiva del peso argentino fuera menor (10,9%).
Uruguay sufrió una corrida bancaria en la primera mitad del 2002. Esto se tradujo en una aceleración del ritmo devaluatorio del peso en el marco del sistema de banda cambiaria deslizante vigente y en una ampliación de dicha banda, pero la magnitud de la crisis llevó al gobierno a dejar flotar la moneda en junio del 2002, tras lo cual el peso uruguayo registró una gran depreciación, en un ambiente de incertidumbre y crisis bancaria. En consecuencia, el 2002 terminó con una depreciación real del 57,3% respecto del dólar y del 32% efectiva, ligada a las depreciaciones en Argentina y Brasil. La moneda continuó depreciándose nominalmente hasta junio del 2003, cuando una mejoría de las expectativas y el canje de deuda externa a mayores plazos condujo a una apreciación. En el 2003, el peso se apreció un 6,7% en términos reales respecto del dólar, pero como la apreciación de las monedas de Argentina, Brasil y la Comunidad Europea (el euro) respecto del dólar fue mayor, la de Uruguay tuvo una depreciación real efectiva del 4,3%.
En Paraguay, en una situación marcada por la intervención oficial del tercer banco más importante del
país y la turbulencia cambiaria imperante en Argentina y Brasil, el Banco Central trató de estabilizar el guaraní, pero aun así este se depreció en términos reales respecto del dólar (33,7%), aunque registró una apreciación real tanto frente al peso argentino (46,5%) como al real brasileño (4,3%). Así, la depreciación real efectiva fue del 8,1%. En el 2003, como la moneda se ha apreciado nominalmente respecto del dólar, la apreciación real ha sido del 14,4%, en particular gracias a las exportaciones de soja. Sin embargo, dado que Argentina y Brasil apreciaron más sus monedas respecto del dólar, la apreciación real efectiva del guaraní fue solo del 3,8%. En Bolivia, las depreciaciones de las monedas de los socios comerciales respecto del dólar llevaron al Banco Central a devaluar el boliviano con respecto a esa moneda, lo que llevó a una devaluación real del 9,5% en el 2002. Durante el primer semestre del 2003, la apreciación de las monedas tanto brasileña como Argentina ha reducido el ritmo de devaluación nominal del boliviano respecto del dólar, pero se depreció un 11,4% en términos reales efectivos, por lo que el tipo de cambio real efectivo se ubicó en su punto más alto desde 1995.
En un segundo grupo estarían aquellos países que no pertenecen al Mercosur y cuyas monedas también se depreciaron agudamente en el 2002. Aquí figuran Haití, Venezuela y República Dominicana, cada uno con evoluciones cambiarias diferentes y ligadas sobre todo a fenómenos internos.54 Jamaica también puede incluirse
en este grupo pues, aunque su moneda se depreció solo un 1,2% respecto del dólar en el 2002, en lo que va del 2003 la depreciación ha sido del 11,3%, debido al deterioro del marco macroeconómico (en particular, la situación fiscal).
En Venezuela, hasta febrero del 2002 el Banco Central intentó, con poco éxito, desalentar la salida de capitales mediante el aumento de las tasas de interés, manteniendo el régimen cambiario de banda deslizante. En febrero, este fue reemplazado por el de flotación, tras lo cual las tasas de interés interbancarias bajaron rápidamente, pero la demanda de dólares, en un contexto de turbulencia política, continuó depreciando rápidamente el bolívar en la primera mitad del año. La huelga general de diciembre del 2002 marcó otro punto de inflexión y condujo a una depreciación nominal del bolívar del 26,9% de diciembre del 2002 a enero del 2003. Así, el 2002 cerró con una depreciación real del 37,1% respecto del dólar. En febrero del 2003, el
53 Un sistema doble rigió brevemente: un cambio de 1,4 pesos por dólar para las transacciones comerciales y otro flotante (aunque con restricciones) para el resto.
54 En Haití, el tipo de cambio real respecto del dólar se depreció un 26,9% en el 2002, para luego apreciarse un 20,8% en términos reales durante el primer semestre del 2003.
gobierno introdujo controles cambiarios y fijó el tipo de cambio nominal por debajo de la paridad vigente hasta entonces. Posteriormente, surgió un mercado de cambios paralelo en el que la cotización era superior a la paridad oficial. La fijación del cambio en un contexto inflacionario ha llevado a la apreciación real del bolívar
a partir de febrero del 2003. Cabe acotar que, en Venezuela, el Estado es el principal exportador (Petróleos de Venezuela, S.A.), mientras que el sector privado es un importador neto. Por ello, las oscilaciones del tipo de cambio tienen importantes efectos fiscales y en el ingreso privado disponible.
Gráfico II.26