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5. APORTACIONES DE WINNICOTT A LA PSICOTERAPIA 97

5.3.   Transferencia y contratransferencia en Winnicott 106

El trabajo de Winnicott con patologías graves, psicosis y trastornos límite, le llevan a replantearse el fenómeno transferencial y contratransferencial. Es en 1955 en el Simposio sobre Transferencia del XIX congreso Psicoanalítico Internacional donde expone por primera vez algunas de sus propuestas.

La transferencia tal como es descrita por Freud, se da en pacientes sanos o de la esfera neurótica, éstos desarrollan una relación con el terapeuta impregnada de forma simbólica por sus transferencias infantiles. Pero en los pacientes graves el paciente necesita vivir en la transferencia aquellas vivencias del pasado que no fueron recogidas por no tener capacidad para ello. No tiene que ver con el inconsciente reprimido, sino con lo que hoy llamamos memoria de procedimiento (Coderch, 2010, 2012, 1014). Freud había tomado conciencia de que la transferencia era por un lado una resistencia y por otro una forma particular de recordar. Pensamos que entender la transferencia como una resistencia es un error epistemológico. El paciente no se resiste, en todo caso repite algo que vivió sin saber que lo vivió. Winnicott parte, desde nuestro punto de vista, de Freud en cuanto a entender la transferencia como una forma particular de recordar del paciente, pero lo que es verdaderamente significativo y distinto en Winnicott es que el paciente necesita las condiciones creadas por el analista, el sostén (holding) para que se pueda propiciar la transferencia como algo nuevo. Pero el terapeuta no es un mero receptáculo de la transferencia, es generador de ella. Su actitud, su persona real, su forma de estar con el paciente, sus intervenciones, generan las condiciones para el despliegue transferencial, pero a la vez generan directamente reacciones emocionales de paciente. Lo más relevante en Winnicott es que considera que las fallas del analista en tanto sujeto, son las que disparan las situaciones transferenciales del paciente de aquello que vivió sin saber que había sido vivido.

Winnicott desarrolla esta idea especialmente en el “Miedo al derrumbe” diciendo: La finalidad de este artículo es llamar la atención hacía la posibilidad de que el derrumbe ya haya sucedido, cerca de los inicios de la vida del individuo. Este necesita “recordarlo”, pero no es posible recordar algo que no ha sucedido aún, y esta cosa del pasado no ha sucedido porque el paciente no estaba allí para que sucediese. La única manera de “recordar”, en este caso es que el paciente experiencia por primera vez esta cosa del pasado en el presente, vale decir en la transferencia. (1963b, p. 117)

En el miedo al derrumbe lo que Winnicott nos muestra es que el paciente vivirá las fallas del analista como algo tan real que pondrá en marcha sus vivencias traumáticas, podrán sentirlas e incluso expresarlas. Si las fallas no son excesivas, se podrán asimilar y paciente y terapeuta podrán pensar en lo sucedido, vivirlo y comprenderlo. Se observa que esto no tiene nada que ver con la interpretación transferencial ortodoxa, especialmente promulgada por el grupo kleiniano y post kleiniano. Para ellos, es la interpretación transferencial lo que permitirá el cambio psíquico. El terapeuta le dice al paciente, “vea como siente que yo le fallo, pero esto es una distorsión que su mente hace debido a lo que vivió en su pasado o creyó vivir, dado que incluso en el pasado podían ser proyecciones de su propio mundo interno. Ahora cree que yo soy alguien que le abandona, que no le entiende y le perturba”.

Consideramos que son dos formas claramente distintas de entender y de utilizar la transferencia.

Los autores actuales ubicados dentro del Psicoanálisis Relacional entienden la transferencia como una construcción nueva que se da entre los dos integrantes del proceso. Winnicott lo conceptualizó de esta forma bidireccional en su experiencia con pacientes

con patologías severas. Nosotros pensamos que la transferencia es un fenómeno que surge de las vivencias del paciente y de su pasado pero en la que también contribuye el analista en la situación terapéutica. En realidad, es un hecho que ocurre con todos los pacientes y conviene estar atentos.

En cuanto a la contratransferencia, Winnicott (1947) en su obra como psicoanalista, desplegó el concepto de odio en la contratransferencia. Entonces también se inspiró en la casuística de pacientes graves, psicóticos y límites y especialmente en la temática delincuencial y en trastornos de la personalidad antisocial.

El odio de la madre hacia su bebe es una emoción y un sentimientos que se dan de una forma natural en toda crianza. Aunque sorprenda por las connotaciones negativas que conlleva la palabra odio, Winnicott cree que es natural que la madre pueda sentir hostilidad con su niño, la pueda pensar y comprender. El peligro es cuando el odio se da sin ningún tipo de reconocimiento por parte del adulto. Probablemente dedicado a la su supervisora Melanie Klein, Winnicott cree que la madre odia a su hijo antes que éste pueda odiarla a ella.(1947, p. 271).

Insta a los adultos a reconocer sentimientos hostiles de éstos hacia las personas que dependen de ellos. Creemos que la persona que puede sentir su odio y expresarlo es la que puede amar sin miedo a su propio amor.

En 1947 introduce la idea de que el terapeuta puede sentir odio hacia el paciente y que incluso puede verbalizárselo. El interés es poder mostrar una franqueza contratransferencial que movilice al paciente. Al trabajar con chicos carenciados con tendencias antisociales, Winnicott, supo en primera persona lo que se sentía cuando trataba de darles sostén y cariño con el fin de que pudieran tener una experiencia

relacional válida. En muchas ocasiones estos chicos respondían con desprecio, robos e insolencias. Tenía motivos Winnicott para desesperarse y sentir el odio, la rabia; la ingratitud de estos jóvenes movilizaba en Winnicott sus aspectos menos educados y por otro lado más espontáneos. Una persona proclive a la autenticidad ,como Winnicott, no podía substraerse a la necesidad de comunicar a estos chicos los sentimientos que le despertaban. Las reacciones fueron muy auténticas también. Enfadarse con razón y comunicárselo a quien provoca el enfado, da sentido a la relación. Muchos de estos chicos habían sido maltratados y carenciados, es decir dañados y agredidos sin motivo ninguno, que alguien pudiera manifestar su agresividad hacia ellos, daba sentido a los sentimientos. Si se puede odiar, también se puede amar y reparar el mal causado.

Para Winnicott, el sentimiento de reparación, no sale únicamente del mundo interno, como postula Klein, sino que emerge de las experiencias reparatorias que han tenido lugar, es decir cómo han reparado los sujetos significativos cuando han hecho daño al niño. Reparar lleva implícito siempre el reconocimiento del daño causado y la responsabilidad de la culpa. Winnicott sostendrá que es muy difícil causado los suyos.

Sentir la contratransferencia, pensarla y compartirla, de alguna manera, con el paciente, fue una valentía de Winnicott que encontramos en esencia en el propio Ferenczi y que hoy los autores del Psicoanálisis Relacional han puesto en boga (véase, Mitchell, Aron, Coderch etc).