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Transformación a través del liderazgo misional

In document LIDERAZGO DINÁMICO EN TIEMPO DE CRISIS (página 102-105)

Una iglesia puede ser conocida por sus edificios, propiedades y pro- gramas. Se puede ver muy bien desde fuera. Pero si una iglesia no está trabajando para el avance en el reino de Dios, difundiendo el evangelio, haciendo discípulos y sirviendo a las necesidades de la comunidad, en- tonces no será más que un fracaso atractivo. La única manera de medir adecuadamente una iglesia es a través de su impacto en la sociedad.

La iglesia alcanzará el propósito de ser un agente de transformación cuando el liderazgo sea ejecutado a la luz de su relación con el cumpli- miento de la misión de Dios. Así, cada actividad que se desarrolle en la iglesia tendrá la capacidad de hacer los ajustes necesarios para enfocarse hacia sus objetivos. Los ministerios de hombres, de mujeres, de parejas, de jóvenes, y otros, deberían enfocarse más en formar discípulos pre- parados para salir a ganar a otros. Si están preparados serán capaces de establecer relaciones con sus comunidades, de tal manera que podrán replicar el proceso de evangelizar y discipular a otros. Haciendo así, se asegurará el avance del Reino de Dios y el cumplimiento de la misión.

Básicamente, el liderazgo misional es transformador y debe tener la cualidad de cumplir con la misión de la iglesia tanto dentro como fuera de ella, es decir en la comunidad en la que sirve. La característica

esencial del liderazgo misional es lograr que cada miembro de la iglesia sea un discípulo de Cristo que esté comprometido a llevar a cabo la Gran Comisión por medio de la evangelización y la compasión.

El liderazgo misional también es aquel que, en cumplimiento de la misión, logra conectar la iglesia con la comunidad mediante el discipu- lado y, a su vez, logra conectar a la comunidad con la iglesia mediante el evangelismo. Para lograr este propósito, se deben trazar planes y estra- tegias tendientes a lograr la movilización de la iglesia. Al hacer así, sus miembros serán capaces de conectarse con la comunidad e identificar áreas de acción específicas. Una vez conocidas éstas, mediante el disci- pulado intencional la iglesia podrá comprometerse y ayudar a satisfacer necesidades de la comunidad y cumplir su labor evangelizadora.

Conclusión

El autor de todo es Dios. Él es el autor del cielo y de la tierra, de la vida y de los tiempos, de los pueblos y de la iglesia, y también es el autor de los contextos sociales y de la misión de la iglesia. Al igual que en los tiempos de Abraham, de Moisés, de Jesús y de la iglesia del primer siglo, Dios llama hoy a su pueblo para que hagan conocer su gloria y su plan de salvación a todos los habitantes de la tierra. Este ha sido y seguirá siendo el llamado de Dios a su iglesia. Pero para vivir ese llamamiento, la iglesia deberá primero estar convencida de su misión y de que necesita participar activamente en la búsqueda y el desarrollo de ese llamamiento a través de su liderazgo.

Dios a través de iglesia siempre ha jugado un importante papel en la sociedad, y en nuestros días no es diferente. Jesús nos llama a ser la sal de la tierra y luz del mundo. Este llamado debe mover al liderazgo de la iglesia a estar siempre dispuesto y activo para afrontar los nuevos y diferentes desafíos que le presenta un mundo contemporáneo y, así, esta- blecer nuevas estrategias que le permitan cumplir con su misión. Donde Dios se esté moviendo, allí también deberá moverse la iglesia, pues la mi- sión no consiste en mantener encendido el fuego de un pequeño grupo de cristianos que se reúnen en un edificio cada semana, sino en incendiar

ciudades y comunidades enteras con el fuego del evangelio. Esta realidad requiere esfuerzo planeado y acción decidida.

La mayoría de la sociedad postmoderna no recibe el mensaje del evangelio porque muy pocas personas en la iglesia están preparadas para proclamarlo con eficacia. Muchos de los esfuerzos de la iglesia actual han estado encaminados a mantener el statu quo de su organización y sus tradiciones, olvidando que el caos moral en el que vive la sociedad moderna en gran parte se debe a la poca presencia que la iglesia tiene en su contexto social. La iglesia es también responsable de los resultados que hoy tenemos en la sociedad.

Por esta razón, en virtud del llamado de Dios a cumplir la misión, la iglesia debe reconocer la urgencia de salir de las cuatro paredes se sus edificios para llevar el mensaje del evangelio a aquellos que necesitan a Jesús. La misión de la iglesia no es solo predicar a los cristianos, sino ir hasta donde están los más necesitados, los desamparados, los pobres, los hambrientos, los enfermos, los menos afortunados, los discriminados y los perdidos, y llevarles la esperanza y el amor que solo Jesucristo pue- de darles. Para ello, es necesario que los líderes de la iglesia establezcan nuevas visiones y estrategias para preparar a todos los que pueda, laicos y clérigos, para que como agentes de transformación vayan a cumplir con la misión. La Gran Comisión se trata de eso. No solo de enseñar lo que dice la Biblia, sino de encarnar en el corazón de los creyentes fieles lo que demanda el Señor. En la medida en que la iglesia asuma la responsabili- dad de los resultados de su labor en el mundo, veremos avanzar el Reino de Dios.

Si la iglesia alguna vez tendrá un impacto en la sociedad, deberá entender que es parte de un reino establecido donde Dios hace las reglas. Una de sus reglas para la iglesia es que debe estar unida en cada aspecto, sea racial, económico, cultural o político. Sólo cuando la iglesia abrace la diversidad será el refugio que Dios quiere que sea. Sólo así la iglesia podrá impactar un mundo de personas perdidas para traerlos al reino de Dios y, así, cumplir su misión.

Liderazgo

transformacional

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