INFANTILES Y JUVENILES
LOS TRASTORNOS DEL HABLA Y EL LENGUAJE
Los trastornos del desarrollo del lenguaje están muy relacionados con dificultades de rendimiento escolar, con trastornos emocionales y sociales, y se dan en aproximadamente un 6 a 15% de la población infantil y juvenil, por lo
169 que deben ser conocidos por los educadores. Incluiremos en este capítulo: los trastornos del lenguaje expresivo, del lenguaje receptivo, de la pronunciación, la afasia adquirida con epilepsia y la tartamudez.
Trastornos del lenguaje expresivo
También conocidos como afasia o disfasia del desarrollo, se refieren a un retraso en la adquisición de la comunicación verbal que puede acompañarse de dificultades en la pronunciación aunque no siempre. La capacidad de comprender el lenguaje se mantiene normal o está levemente disminuida. La producción de palabras en los dos primeros años de la vida es muy escasa o nula, e igualmente la formación de frases a edades en las que ya suelen aparecer normalmente, esto es, entre el tercero y el cuarto años.
Cuando el lenguaje va desarrollándose, se dan deficiencias en el uso adecuado de las palabras, la semántica y la sintaxis, omisión de elementos gramaticales. Los niños con retraso en el lenguaje recurren a menudo a la comunicación por señas, gestos o mímica para darse a entender. El tiempo que les toma superar el retraso varía ampliamente dependiendo de la gravedad del mismo, del nivel de inteligencia del niño y de la estimulación que reciba. Si el lenguaje insuficiente e inadecuado se prolonga más allá de los 6 o 7 años, es más probable que haya secuelas importantes en la vida del niño como disminución de su capacidad cognitiva, problemas emocionales como timidez, mutismo selectivo, y dificultades de interacción social. En la edad preescolar, los niños con escaso o pobre lenguaje tienden a ser más inquietos y temperamentales; su dificultad para comunicarse los torna a menudo irritables. Al iniciar la etapa de educación preescolar, tienen problemas para comunicarse con sus compañeros, lo que les hace más difícil la integración. En el primer grado, la lectura y la escritura también se pueden ver afectadas.
Trastornos del lenguaje receptivo
Se les conoce también como sordera verbal o afasia del desarrollo de Wernicke y consisten en un retraso de la compresión y expresión del lenguaje hablado muy por debajo de lo esperado para la edad y para el nivel de inteligencia no verbal. Es de naturaleza más grave que el anterior y sus consecuencias emocionales, sociales y del aprendizaje son más frecuentes.
170 Cuando el trastorno mixto receptivo-expresivo es muy marcado, se puede confundir con el autismo infantil, por el aislamiento, la ausencia del lenguaje, la ecolalia que aparece muchas veces, y la imitación de sonidos sin comprenderlos, planteando así un problema diagnóstico en un primer momento. No obstante, la observación por más tiempo del niño demuestra que están más conscientes de su ambiente, tienen más capacidad de relacionarse de participar en actividades de juego que los autistas. Aunque no hablen ni comprendan el lenguaje, desarrollan un lenguaje interior que les permite hacerse entender e ir entendiendo, lo que a un autista típico le cuesta mucho más. Rutter explica la diferencia entre afasia receptiva y autismo así:
el trastorno del lenguaje en el autismo es más severo;
el daño del lenguaje en el autismo es más extenso abarcando más allá del lenguaje hablado incluyendo gestos, lenguaje escrito, secuenciación y abstracción;
el autismo usualmente presenta desviaciones como también retardo en el desarrollo del lenguaje;
del autismo incluye un uso inadecuado tanto del lenguaje hablado como de los gestos, así como disminución de las habilidades en estas áreas. Estas diferencias, a juicio del mismo autor, sobrepasan las similitudes que puedan existir entre ambos tipos de trastornos.
Trastornos de la pronunciación
Otros nombres de estos trastornos son: dislalia, trastorno del desarrollo de la articulación del lenguaje y lambdacismo. La pronunciación de los fonemas está a un nivel inferior al adecuado a la edad mental de la persona, no existiendo otros problemas del lenguaje como los anteriores. Se dan en estos casos omisiones, sustituciones, adiciones o distorsiones de fonemas: ame por dame, pedo por perro, mengo por vengo, folor por flor, estuata por estatua, etc. Es el más leve de los trastornos específicos del lenguaje ya que la mayoría de los niños los superan, y si queda todavía en el adolescente y el adulto algún defecto de pronunciación, como la dificultad para la doble r, no suele causar menoscabo importante en la vida social o laboral de la persona. Sin embargo,
171 en algunos niños el habla puede ser ininteligible en los primeros años lo que les dificulta mucho su relación y el aprendizaje.
La tartamudez
La tartamudez o espasmofemia afecta aproximadamente un 2 a 4% de los niños y es causa de problemas emocionales y sociales importantes. Las personas tartamudas tienen tendencia a la baja autoestima debido al estigma que les resulta tener ese defecto. Generalmente son objeto de burlas y chistes, lo que provoca en ellos inhibición social. Hablar con personas desconocidas, o en público, sostener una conversación telefónica, ir a una entrevista, pedir algo en una tienda o restaurante, son situaciones que la persona tartamuda trata de evitar porque le causan mucha ansiedad. Existe una tartamudez que suele aparecer entre los 2 y los 5 años que desaparece en pocos meses y por tanto no requiere tratamiento. Pero en otros casos la tartamudez se hace crónica y persiste en un porcentaje pequeño en la vida adulta.
La tartamudez es una alteración de la fluidez normal del habla con repeticiones de sonidos o palabras, bloqueos o pausas, interjecciones, fragmentación y sustitución de palabras. Es común que en casos muy acentuados, aparezcan movimientos faciales y a veces de todo el cuerpo que revelan la tensión que se produce al tratar de hablar. Por supuesto que se trata de un trastorno involuntario que debe ser tratado y que requiere fuerza de voluntad para superarlo.
Entre las posibles causas de los trastornos del lenguaje están:
Pobreza de estimulación verbal en los primeros meses de la vida.
Pérdidas auditivas tempranas.
Factores genéticos.
Lesiones neurológicas (especialmente en el hemisferio izquierdo del cerebro). Esto es más frecuente en la afasia receptiva-expresiva y en algunos casos de tartamudez.
Aprendizaje de defectos de expresión en el ambiente inmediato (familia, parvulario).
Todos los niños que tienen defectos en el desarrollo del lenguaje deben ser evaluados en sus diferentes capacidades: intelectual, psicomotora,
172 sensoperceptiva, aprendizaje. También se debe hacer un examen psicológico para detectar problemas emocionales o sociales; el examen por el neurólogo, el foniatra o fonoaudiólogo. El tratamiento es fundamentalmente logopédico, añadiendo el psicológico cuando existan alteraciones emocionales.
Recomendaciones para docentes
Si tiene un alumno con problemas de desarrollo del lenguaje o el habla, preocuparse por conocer el estado de madurez de las demás funciones psicológicas y de sus habilidades de aprendizaje y sociales.
Si el alumno no recibe atención profesional, sugerir a los padres que sea visto por un especialista en lenguaje para que indique el tratamiento a seguir.
Tener contacto con el especialista tratante para que aconseje como ayudar al niño en la escuela.
Ante un niño que exhibe conductas de aislamiento y no tiene lenguaje, no adelantarse a sugerir la posibilidad de que sea autista pues puede tratarse de una afasia receptiva-expresiva.
Al niño con defectos de lenguaje expresivo, dislalias o tartamudez, no ponerlo en situaciones que le generan estrés, especialmente cuando ya están conscientes de su problema. Se debe esperar a que el tratamiento vaya dando resultados para progresivamente ir acostumbrando al niño a esas experiencias.
Si se debe corregir el habla de un niño, hay que hacerlo en forma discreta y no humillante.
Si un niño tartamudea, no se le debe apurar para que termine de hablar, ya sea verbalmente o con gestos. Hay que dejar que finalice no importa lo que demore, y adoptar una actitud serena para no causarle más ansiedad, la que a su vez agrava la tartamudez y la inhibición social del niño.
No permitir al grupo de la clase chistes o burlas sobre el modo de hablar de algún compañero.
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En caso de que el problema de lenguaje esté ocasionando dificultades del aprendizaje, coordinar con los padres del niño y el fonoaudiólogo, la ayuda necesaria en este sentido.
Si se presentan problemas emocionales o de integración, solicitar la intervención del psicólogo escolar, y éste determinará si debe ser tratado por otro profesional de la salud mental infantil fuera de la escuela.