A partir de mediados de siglo, los tratados de arquitectura se limitan al campo de las construcciones civiles (y algunas veces sólo a las reglas de los órdenes arquitectónicos, como en el tratado de Vignola) (1); se publican simultáneamente tratados de agrimensura, mecánica, hidráulica, arquitectura rural e incluso de construcciones antisísmicas, que pueden considerarse entre los best sellers de la época y figuran con todos los derechos junto a los manuales científicos de Agrícola, Vesalio o Frascatoro; pero la serie más numerosa está constituida por los tratados de construcciones militares que siguen los textos tradicionales de Valturio (2) y Durero (3), anticuados ya debido al progreso de la artillería y de las técnicas de fortificación; ... (...)
También el tema tradicional de la ciudad se divide en dos partes: las consideraciones sobre el emplazamien- to, el clima y las características de los edificios se incluyen en libros de arquitectura civil, mientras la descripción de trazados geométricos se encuentra sobre todo en libros de arquitectura militar; la casuística de los esquemas ortogonales o estelares -basada en el simbolismo cósmico que inspira a los tratadistas de finales del XV (Filarete, Francesco di Giorgio, y más tarde Fra Giocondo) y se mantiene viva en los autores de las ediciones ilustradas de Vitruvio (Fra Giocondo en 1511, Cesariano en el ’21, Caporali en el ’36, Martín en el ’47, Rivius en el ’48, Barbaro y Palladio en el ’56, que tienen que interpretar el oscuro texto del autor respecto a la orientación de las calles)- tropieza con las exigencias de la técnica militar que exige una plaza central para la concentración de tropas y un perímetro preferiblemente poligonal, con ángulos obtusos.
Quizá no sea casual que los dos textos sobre la ciudad, arquitectónicamente más importantes y todavía depen- dientes de la cultura ecléctica del alto Renacimiento -el de Ammannati y el de Giorgio Vasari el Joven (4)- hayan permanecido inéditos; no se requieren ya estudios de este género.
Las variantes gráficas seleccionadas por estos teóricos -en parte motivadas por razones funcionales, en parte debidas a que el gusto por las combinaciones o mezclas de estilos es típico de este período- vacían poco a poco de sentido los antiguos significados simbólicos, y multiplican hasta el infinito los posibles modelos; una sistematización verdaderamente científica de este tema, desvinculada de toda concesión formal, no se llevará a cabo hasta el siglo XVII.
El incremento de la tratadística militar está justificado por el hecho de que las ciudades nuevas, fundadas en los finales del XVI, son en su mayor parte plazas fuertes fronterizas. En general, las nuevas ciudades europeas pueden ser clasificadas, según su función predomi-nante, de la siguiente manera:
1- ciudades fortificadas;
2. ciudades residenciales, para albergar a una minoría de ciudadanos expulsados durante los conflictos religiosos;
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3. nuevas capitales de pequeños estados.
1. Las ciudades fortificadas, como ya hemos dicho, constituyen el grupo más numeroso. Después de la tregua de Crépy-en-Laonnois, el ingeniero boloñés Girolamo Marini proyecta por encargo de Francisco I, el año ’45, dos nuevas plazas fuertes -Vitry-le-François y Villefranche-sur-Meuse- ocupando el lugar de dos burgos destruidos por las tropas imperiales. En ambos casos se elige una nueva situación y se traza un plano regular; en Vitry, en damero, compuesto por dieciséis manzanas cuadradas con una gran plaza de la misma forma construida en el centro de la ciudad -que se obtiene cercenando las cuatro manzanas centrales- y cercada por un perímetro amurallado también cuadrado. Las manzanas se parcelaron dividiendo por la mitad el cuadrado mediante una calle secundaria, orientada de manera variable según los casos, y segmentando en solares las submanzanas rectangulares.
Esta disposición deriva de las ordenaciones de carácter eco-nómico... y es análoga a alguna de las ciudades americanas, si bien adaptada a las exigencias militares: la plaza principal sirve como centro de reunión o concentración de tropas, lo que obliga a reservar una plaza secundaria para el mercado.
Villefranche es una ciudad mucho más pequeña, donde la función militar predomina absolutamente sobre las demás; también aquí el perímetro es cuadrado y el área interna está dividida por ocho calles -dispuestas según los ejes y las diagonales- que confluyen en una plaza cuadrada. (...)
Dos de las más importantes plazas fuertes construidas en las últimas décadas del XVI reproducen exactamente las indicaciones recomendadas por los tratadistas: Palmanova, realizada en 1593 por los venecianos, y Coerworden, realizada en 1597 por los holandeses. Palmanova tiene la forma de un polígono de nueve lados con dieciocho calles radiales, de las cuales seis convergen en la plaza central hexagonal; cada haz de tres calles equivale a un barrio, que posee una plaza secundaria. El elegantísimo plano se supone obra de Savorgnan, y las construcciones monumentales quizá fueran dirigidas por Scamozzi.
La disposición de Coerworden es más simple: un perímetro de siete lados y una plaza central, también de siete lados, en la que convergen catorce calles; interrumpe la simetría del esquema la ciudadela, injertada en uno de los vértices perimetrales.
2. Las ciudades construidas para las minorías religiosas son también pequeños burgos fortificados; algunas de ellas -Pfalzburg, construida en 1560 por el conde de Veldenz; Bourg Fidèle, realizada en el ’66 por el conde de Porcien, y más tarde Lixheim, fundada en 1608 por el elector palatino Federico IV- son fortalezas análogas en todo a las ya tratadas; dos de ellas -Freudenstadt, fundada en 1599 por Federico I de Württenberg, y Henrichemont, construida por Sully entre 1608 y 1610 por cuenta de Enrique IV- se distinguen por la impor- tancia conferida a la función residencial y por los lazos que las unen a la tradición de la ciudad ideal humanística. Freudenstadt fue construida en la Selva Negra para hospedar a los protestantes prófugos de Francia (según otros autores, a los trabajadores de las minas próxi-mas); el plano fue trazado por Heinrich Schickhardt (1558-1634)
arquitecto de Federico IV, y es similar tanto al de la ciudad ideal de Durero de 1527, como al de Christianopolis publicado por Andrae en 1619. (...)
3. Antes de tratar de las nuevas capitales, debemos considerar otra vez las relaciones que existen entre el poder político y la arquitectura,... Ahora bien, en los últimos decenios del siglo XVI el poder político tiene nuevas exigencias y modifica su comportamiento, sobre todo en el campo que nos interesa.
Hasta ahora, hemos constatado una característica común: el distanciamiento que existe entre la vida de la corte y la de las grandes ciudades; los soberanos residen en los castillos o bien trasladan su residencia de una ciudad a otra, y sus iniciativas de reformas no consiguen modificar profundamente la organización de las ciudades. Precisamente en las iniciativas áulicas, se manifiesta más claramente el contraste entre la praxis tradicional y la nueva cultura artística, debilitando la coherencia de los resultados.
En cambio, a finales de siglo la inserción de la nueva clase dirigente en la ciudad es un hecho consumado, y el poder político asume decididamente la responsa-bilidad de la gestión y transformación de los organismos urbanos. La nueva clase de administradores y técnicos subalternos, de la que depende el funcionamiento de la máquina estatal, está en condiciones de aplicar los criterios de regularidad y simetría del clasicismo arquitectónico con la misma confianza que antes había demostrado la clase de los constructores y de los hombres de negocios.
Al pasar de la esfera de las realizaciones a la esfera burocrática, los modelos del clasicismo se van empo- breciendo. El repertorio de soluciones y de trazados urbanos que hemos analizado hasta este momento, es asumido por el poder político, por razones de prestigio, pero se independiza de las exigencias técnicas de los distintos sectores y sufre un proceso de abstracción, transformándose en un repertorio de formas convencionales. De ahí que las ordenaciones áulicas de finales del XVI -sobre todo en los países de la Contrarreforma- tengan un carácter esquemático y artificioso, diferente de la espontaneidad que caracteriza a las precedentes y del refinamiento de las sub- siguientes.
La gama de estas ordenaciones comprende la creación
ex novo de algunas pequeñas ciudades capitales
(Sabbioneta, Nancy, Charleville) y, en ciudades mayores, algunas intervenciones aisladas (Madrid, Nápoles, Palermo) o coordinadas en un plano (Roma).
(1) Regole delli cinque ordini d’architettura, Roma, 1562. (2) R. Valturio, De re militari, 1472.
(3) A. Durero, Unterrichtung zur Befestigung der Städte, Schlösser
und Flecken, Nüremberg, 1527.
(4) Libro di diverse piante che possino occorrere nel fabbricare
una citta.
De Leonardo Benevolo, Historia de la arquitectura del
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