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4. La Política Exterior Alemana en el contexto Post-Guerra Fría

4.2. El Tratado de Maastricht: la consolidación de la UE

El proceso unificador fue exitoso en su consecución, pero trajo consigo una serie de problemas domésticos sobre todo en el campo económico y financiero. Los graves vacíos económicos y las desigualdades que había en el oriente alemán repercutieron en la economía de todo el país y generaron posiciones encontradas y desconfianza alrededor del gobierno de Kohl. El canciller alemán tuvo entonces que fijar negociaciones y relaciones abiertas con las contrapartes para generar grupos de trabajo de coalición que realizaran propuestas políticas para el progreso y la estabilización del nuevo Länder (Anderson, 2004, pág.41). Las principales críticas venían del PSD y algunos representantes opositores del Este, y se fundamentaban en debatir la tendencia privatizadora y capitalista del régimen federal y evocaban antiguos valores socialistas democráticos y la economía de la sociedad de mercado. En forma paralela, los costos de la unificación no sólo se concentraron en la superación de la crisis de la ex-RDA también recayeron en la dimensión social. Ante esta situación, en los inicios de los Noventa se planteaban dos hipótesis para la solución de este problema: 1. Que los costos de la unión fuesen abiertamente discutidos y justamente distribuidos; 2. No se reconocía el problema social, argumentando que todos los alemanes se beneficiarían de la unificación. Kohl tomó partes de ambas hipótesis, por un lado no desconoció el problema social, pero para resolverlo se enfocó en el aspecto económico, que según él traería beneficios para la unidad y la estabilidad nacional y social; por otro lado concertó las distintas partes de oposición y de apoyo al gobierno, y generó grupos de trabajo de concertación para la solución de problemas de la unificación (Patton, 2001, págs.120-121). En relación con los países de Europa occidental y la CE, el suceso más significativo de principios de los años noventa, fue la ratificación del Tratado de Maastricht o Tratado de la Unión Europea, cuyos precursores fueron Francia y Alemania. Lo

precedente al Tratado según Mazzucelli, se encuentra en dos fases anteriores: de 1983 a 1987, periodo caracterizado por la consolidación del Mecanismo de tipo de cambio (MEC) del Sistema Monetario Europeo (SME), la inauguración del proceso de mercado único, la expansión de la CE al incluir a España y Portugal, y las negociaciones que conllevaron al Acta Única Europea bajo la presidencia de Luxemburgo. El segundo periodo de 1987 a 1990 incluye, el Consejo Europeo de Bruselas en febrero del 88, seguido por la reelección de Mitterrand y los consecutivos cambios en el continente que se dieron bajo la presidencia francesa del Consejo (Mazzucelli, 1997, pág.35). Posteriormente en negociaciones sobre la Unión Económica y Monetaria (UEM) entre los distintos países de la CE, se acordó iniciar diálogos hacia una integración política. Fue así como en febrero de 1992 en la ciudad holandesa de Maastricht se firmo el Tratado que instituía la creación de la Unión Europea que poco a poco se iría consolidando con la adhesión de nuevos miembros y una moneda única que circularía para la Unión.

Puede parecer corto el tiempo de las negociaciones del Tratado de Maastricht, y por supuesto existieron muchas contradicciones y desigualdades dentro de los distintos estados para lograr entablar un objetivo común que diera como resultado una unión monetaria y política. Para Alemania particularmente, el Tratado produjo una serie de debates internos esencialmente en dos aspectos, el constitucional y el económico. En relación al ámbito constitucional alemán, esto se resolvió con la creación de un nuevo artículo 23, que daría un significativo reordenamiento de las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo, en particular el Bundesrat. En lo económico, se le criticaba al gobierno de Kohl, dar mucho a la UEM sin recibir las suficientes ventajas políticas de adhesión y participación en la naciente Unión Europea (UE), especialmente para la antigua RDA. Esto trajo una serie de deudas y problemas económicos internos y externos, que acompañarían a Kohl hasta el fin de su gobierno. En adición a esto, el presupuesto para la financiación de países miembros de la Unión con un menor nivel de desarrollo a los demás Estados, era demasiado alto. En consecuencia, primero hubo en un déficit porque los grandes países desarrollados, como Alemania, que otorgaban el dinero para la financiación de los otros empezaron a quedarse sin dinero, y segundo la distribución de este dinero no

era del todo equitativa y regiones como la antigua RDA no recibían lo suficiente. Por último, la cuestión de la expansión de la Unión hacia más miembros empezó a chocar con el presupuesto y el financiamiento de nuevos Estados (Anderson, 2004, págs.45-54).

Más adelante en 1997 se firmaría el Tratado de Ámsterdam, que significó la extensión y modificación del Tratado de Maastricht: “El Tratado de Ámsterdam, firmado el 2 de octubre de 1997, entró en vigor el 1 de mayo de 1999. Modificó el texto y la numeración de los Tratados UE y CE, y fue la versión consolidada de ambos. Los artículos del Tratado de la Unión Europea pasaron a designarse

mediante números en lugar de letras (A a S)”48. En definitiva, el compromiso con una

unión tanto monetaria como política para Europa, sería el precio que tendría que pagar Alemania por su unificación (Judt, 2005, pág.640).

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